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martes, 10 de marzo de 2015

CRÍMENES IMAGINARIOS. (Patricia Highsmith)

CRÍMENES IMAGINARIOS (A Suspension of Mercy)
Patricia Highsmith
TRADUCCIÓN: Jordi Beltrán
ANAGRAMA S. A., 2015
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Sydney Bartleby ha matado a su esposa, Alicia. Al menos lo ha rumiado de manera compulsiva, una y otra vez. Para ello ha trazado esquemas, ha manipulado peldaños, ha estudiado coartadas. La ha empujado escaleras abajo, la ha estrangulado, la ha ahogado en una bañera, la ha  quemado... En definitiva la ha ajusticiado veinte, treinta, cuarenta y, porqué no, hasta cien veces.

Con su característica precisión y sensibilidad sin igual, Patricia Highsmith retrata sorprendentemente la caída de Sydney Bartleby en el traicionero mundo de sus propias ficciones. En “Crímenes imaginarios” Highsmith explora las obsesiones, las carencias y las chifladuras de Sydney. La narración se inicia en la sobria y deslucida casa rural que los Bartley tienen arrendada en la campiña inglesa. Sidney es un escritor sin porvenir y Alicia una pintora ocasional. Forman parte de los clásicos personajes que pueblan las novelas de Highsmith, gente vulgar, auténticos fracasados.

Alicia percibe una modesta asignación familiar -cincuenta libras  mensuales-, y Sidney se contenta con los beneficios de unas acciones que un tío suyo de América le dejara en herencia -unos cien dólares mensuales que recibe cuatro veces al año-. El tendero del pueblo les fía. Compran en tiendas de segunda mano. Para los Bartley, fumar cigarrillos es como enrollar billetes de diez chelines y encenderlos, mientras que el vino les da la impresión de ser oro derretido. El televisor lo han alquilado en una tienda. Cualquier locura desajusta su presupuesto familiar. Una copa rota es una incontestable tragedia. La relación entre ambos se va deteriorando con el paso de los días. La mayoría de sus conversaciones son banales, tratan de cuestiones domésticas –como eliminar la basura, la limpieza de la casa, el medio a emplear para desplazarse al pueblo a comprar provisiones-. De todas estas tareas, fregar la vajilla y los cubiertos es la más dolorosa. Highsmith da cuenta de cada plato y cada taza que acaba en al fregadero. Actividades necesarias que apenas requieren tiempo Sydney las utiliza como excusa para postergar su trabajo. Lleva años reescribiendo -quizás fuera mejor decir “sudando”- una novela sin argumento sobre personas ociosas de Manhattan. Su padre había intentado ser dramaturgo y sólo tenía publicada una de sus obras, pagando la edición de su propio bolsillo. Con frecuencia Sydney piensa que la mediocridad de aquél pesa sobre él.

«Hay algo que no funciona en “Los estrategas”. De lo contario la venderías. Dices que estás lleno de argumentos... fuera del papel», se queja Alicia, que considera su actitud como cobarde por depender de la opinión ajena en lugar de seguir su propio olfato. Por comentarios como éste, Sidney reprueba a Alicia Considera que hace mucho que perdió su crédito ante ella, y colérico la culpa de su anquilosamiento: «¡La culpa la tienen tus continuas interrupciones!».

Tras contrarias e irritantes secuencias, Alicia y Sidney se encuentran en el filo de la navaja, en ese punto en el cuál una persona «normal» es capaz de cometer un asesinato. Sin embargo en ese momento Alicia, harta de su marido, decide realizar un viaje incierto y la desquiciada imaginación de Sidney le lleva a cavar una fosa en el bosque en la que sepulta su pesada y vieja alfombra como si contuviese el cuerpo de Alicia. La idea del asesinato de su pareja le enloquece y la toma como pretexto para una nueva novela. Es la primera vez que Sidney se encuentra ante una idea que verdaderamente le provoca escribir. Y quiere ser conciso y descarnado. Recoge en un cuaderno de notas el hastío, el pánico y el sentimiento de servidumbre que le abruma por anular y hacer desaparecer a Alicia.

Los padres de Alicia hacen llegar un suplicatorio a la policía para que averigüen el paradero de su hija. No obstante, Sidney apoya y alimenta la simulación, comportándose ante sus amigos, sus conocidos y ante misma policía como lo haría un criminal. Concibe mantener la broma hasta que Alicia dé señales de vida. Pero Alicia, aunque se sabe escudriñada, no está por la labor y se siente vacilante a aparecer en público. Ha encontrado refugio en los brazos de otro hombre, y no desea que los periódicos se hagan eco de ello.

“Crímenes imaginarios” es una obra maestra de la fantasía negra en la que Highsmith se deleita con la provocación de inquietantes fuerzas psicológicas que se esconden bajo la superficie de la vida cotidiana. Highsmith  desarrolla en “Crímenes imaginarios” el sofisma que preside toda su obra y que fue expuesto en su primer trabajo “Extraños en un tren” por uno de sus personajes: «Cualquier persona es capaz de asesinar. Es puramente cuestión de circunstancias, sin que tenga nada que ver con el temperamento. La gente llega hasta un límite determinado... y solo hace falta algo, cualquier insignificancia, que les empuje a dar el salto».
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jueves, 5 de marzo de 2015

LA TORMENTOSA VIDA SENTIMENTAL DE MISS HIGHSMITH

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Todo comenzó cuando Marijane Meaker destapó el baúl de los recuerdos y procedió a leer una carta de amor, de coloración amarillenta, obra de la escritora Patricia Highsmith: “Querida Marijane, mi querida Marijane”, comienza. “Te amo y te quiero y, más que nada en el mundo, quiero pasar el resto de mi vida contigo”.

Meaker y Highsmith se enamoraron a finales de 1950. Su relación, tempestuosa en gran medida, fue la más relevante que cualquiera de ellas experimentara en su vida: “Ciertamente nunca había estado tan perdidamente enamorada de nadie como lo estuve de Pat”, comenta Meaker. “Estaba loca por ella... Y ella me dijo que era más feliz conmigo de lo que nunca lo había sido en cualquier otro momento de su vida”.

Marijane Meaker, nacida el 27 de mayo de 1927, es una escritora estadounidense que ha cultivados múltiples géneros en los que ha empleado diferentes seudónimos. De 1952 a 1969 escribió veinte novelas de crimen y misterio bajo el nombre de Vin Packer, incluyendo la inmensamente popular “Sring Fire”, considerada como la generadora del surgimiento del género de la “pulp fiction lésbica”, aunque la mayoría de sus obras no tratan el tema de la homosexualidad o contienen personajes gays.

En 1972 cambió de género y pseudónimo para escribir novelas dirigidas a jóvenes adultos, y obtuvo bastante éxito como M. E. Kerr, llegando a desarrollar veinte novelas y ganando numerosos premios. Fue descrita por The New York Times Book Review como “una de las grandes maestras de la ficción para jóvenes adultos”. 

Highsmith y Meaker trabaron relación en un bar de lesbianas en Greenwich Village, Nueva York, cuando tenían 38 y 32 años respectivamente. En su libro “Highsmith, un romance de los años cincuenta (Highsmith: A Romance of the 1950´s), Meaker describe sus primeras impresiones sobre Highsmith, ya famosa en aquél entonces por ser la autora de “Extraños en un tren”, narración que Hitchcock sacó del anonimato en una versión considerablemente aguada de la novela. “Pat era una mujer hermosa, de pelo oscuro, que usaba gabardina y bebía ginebra. Era alta y delgada. Cabello negro, largo hasta los hombros, con los ojos de color marrón oscuro. En aquellos momentos me pareció una combinación del Príncipe Valiente y Rudolf Nureyev”.
“Era tan diferente de las mujeres normales que me atraían como la noche del día, y creo que a la inversa. Pero las dos éramos escritoras y bebedoras compulsivas. Tuvimos muy pocos problemas para establecer una relación inmediata. Cuando una mesa quedó libre, nos sentamos. Pat fumaba Gauloises y bebía ginebra pura”.

Estos últimos días, con motivo del vigésimo aniversario del fallecimiento de la autora, la editorial Anagrama rescata la integralidad de la obra de Miss  Highsmith y el cine adapta varias de sus novelas. “El talento de Mr. Ripley”, “Extraños en un tren”, “Crímenes imaginarios”, “Ese dulce mal”, “El grito de la lechuza” y “El diario de Edith” son las seis novelas reeditadas hasta el momento por Anagrama, en una edición simultánea española y americana, como anticipo de la “Biblioteca Patricia Highsmith” en su Colección Compactos de novela negra. Un auténtico “revival” de Highsmith, que está siendo relanzada también, además de por Anagrama, por W. W. Norton, la editorial independiente más prestigiosa de Estados Unidos, la feminista británica Virago, la italiana Bompiani y la suiza Diógenes, a la que la autora, fallecida en 1995, nombró albacea de su obra. También el séptimo arte se suma a este resucitar de Highsmith. Todd Haynes ha concluido el rodaje de “Carol”, protagonizada por Catte Blanchett y Rooney Mara, adaptación de la novela del mismo título que escribió a sus 27 años y que narra el amor entre dos mujeres a principios de la década de los años 50 del siglo XX.

En la escritura de Highsmith, Meaker observa que ella se reconocía a si misma en sus personajes masculinos. “Recuerdo haberle preguntado cuánto tenía en común con su creación más famosa, Tom Ripley, el psicópata encantador que tiene un inquietante predicamento en las simpatías del lector. Ambos Highsmith y Ripley, Ripley y Highsmith, son como el buen vino y la buena comida, los dos sienten un gran amor por Europa, ambos aman la música y la jardinería. Ripley es completamente inmune a la responsabilidad, lo mismo le sucedía a ella. Pero ella no era como Ripley en lo relativo al concepto del mal. Sentía miedo de la ley. Todo estaba en su cabeza”.

“Creo que tras la forma de ser maravillosamente caballerosa de Pat se escondía mucha resentimiento. Estaba enojada con tantas cosas... Con su madre, que había intentado abortarla; con su editorial, que muchas veces rechazó sus libros; con este país, por no amar su trabajo como sí hicieron los europeos... Eso es lo que le provocó el deseo de vengarse. Pero lo hizo sobre el papel. Ella me comentó una vez que la vida no tenía ningún sentido si no había un crimen presente”.

“Highsmith se sentía atraída por mujeres de carácter fuerte. Pensé que para mí era una suerte tenerla y estaba tan enamorada de ella que cuando se fue de viaje a Europa, poco después de conocernos, no le escribí. No quería pasar por la agonía de perderla, por lo que pensé en romper con ella antes de que destrozara mi corazón”. Highsmith, sin embargo, se sentía terriblemente herida y no podía entender por qué Meaker no contactó con ella en Europa. Inundó a Meaker con cartas y regalos. Temerosa de que Highsmith se fugara con otra persona o tuviera la tentación de volver a Europa -donde ella siempre pensó que su trabajo era más productivo-, Meaker sugirió alquilar una casa en el país. “Tenía miedo de quedarme en Nueva York con ella. Yo era muy celosa y  las mujeres se sentían muy atraídas por su figura, al igual que los hombres. Pat me comentó que le gustaban los hombres más que las mujeres, pero no en la cama. Ella tenía una forma de ser abierta y convincente, era brillante, era guapa y tenía mucho estilo”.

En un principio Highsmith se mostró encantada con la idea de vivir en el país. Encontraron una casa en una zona remota de Pennsylvania y se mudaron allí con sus respectivos gatos. Al principio fueron felices juntas, cada una creyendo que había encontrado a su compañera ideal. 
A pesar de que la homosexualidad era un tema tabú en la década de 1950, Highsmith nunca tuvo ningún reparo en demostrar físicamente sus sentimientos en público. “En la calle, ella me agarraba la mano. No le importaba. Recuerdo una vez que estábamos en un ferry y tenía sus brazos alrededor de mí y todo el mundo nos estaba mirando. Yo no podía soportarlo, pero ella me sonrío”. Después de unos meses su relación comenzó a agriarse. Highsmith bebía cada vez más. Una mañana, durante el desayuno, Meaker tomó un sorbo de jugo de naranja del vaso de Highsmith y lo encontró lleno de vodka. Y, además, Meaker no podía abandonar la idea de que Highsmith preferiría residir en Europa. O, lo que era aún peor, incluso con otra persona. En dos ocasiones, Highsmith reservó un camión de mudanzas para trasladar sus cosas, pero cuando estaban cargando los muebles, cayó en brazos de ella otra vez. Como medida circunstancial Highsmith se trasladó a unos pocos kilómetros de distancia, y continuaron su romance.

Finalmente Meaker rompió el vínculo iniciando una aventura con otra mujer. En represalia Highsmith escribió un libro amargo, “El grito de la lechuza”, un estremecedor caso de asesinato, en el que se propone un absorbente y destructivo juego entre cuatro personajes movidos por el deseo, el despecho y los anhelos de venganza.

Y eso fue todo. Hasta que, después de 27 años de silencio, Highsmith intentó restablecer el contacto. “Creo que al final de su vida, ella sintió que tenía algunos asuntos pendientes conmigo”. Highsmith  realizó un último  viaje desde Suiza, donde pasó los últimos años de su vida, con destino a América. “Pat llegó a mi puerta un poco borracha, sonriendo tímidamente. Me llevó un tiempo reconocer su añorado y tierno rostro, sus ojos tímidos y la sonrisa sesgada con los que estuve tan familiarizada. Recordé lo guapa que fue una vez”. Pero en cuestión de minutos, Highsmith se transformó. Una especie de locura mental la dominó; en aquellos momentos odiaba a todo el mundo. Fue la última vez que las dos mujeres se vieron. En aquellos instantes el amor de Highsmith estaba reservado exclusivamente a su “impasible” gato negro, Spider, cuya actitud distante y su impenetrable negrura eran un reflejo de la hostilidad, la frustración y la soledad que pobló la vida de su dueña en sus últimos años de vida.
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NOTA.- “Las sentencias entrecomilladas han sido entresacadas de la obra “Highsmith, un romance de los años cincuenta (Highsmith: A Romance of the 1950´s) de Marijane Meaker.  

lunes, 2 de marzo de 2015

FRANCISCO GONZÁLEZ LEDESMA (1927 - 2015)

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El escritor y periodista Francisco González Ledesma (1927-2015) fallecido esta madrugada, es el “padre” del inspector Méndez, uno de los referentes de la novela negra barcelonesa de corte social, junto a Manuel Vázquez Montalbán. González Ledesma sufrió un ictus en el 2011, en el 2013 publicó “Peores maneras de morir”, última entrega de su inspector, ya envejecido y paseando por una ciudad que casi no reconoce. El año pasado, salió a la venta “El adoquín azul”, una novela corta donde se rastrea el caso de una víctima de la brigada político-social del franquismo.

Francisco González Ledesma nace en Barcelona el 17 de marzo de 1927. Fue periodista, guionista de historias y novelista especializado en el género policíaco. Su madre era modista de Poble Sec, barrio popular de Barcelona y marchó a Zaragoza, a casa de una tía, para estudiar en un colegio religioso de cuyas vivencias deja constancia en su libro “Tiempo de venganza”. Vuelve a Barcelona en 1941, donde cursa Bachillerato en el colegio Escolapios y en el Instituto Balmes.

Se inició escribiendo guiones de historietas para la editorial Bruguera y novelas del oeste, bajo el pseudónimo Silver Kane, lo que le proporciona oficio y recursos tanto literarios como económicos. Con ellos se costea la carrera de Derecho.

Obtuvo en 1948 el Premio Internacional de Novela, instituido por el editor Josep Janés, por su novela “Sombras viejas”. La censura franquista prohibió su publicación, lo que le sumió en el silencio como novelista y le llevó a dedicarse a la abogacía y luego al periodismo, en el Correo Catalán, y durante 25 años en La Vanguardia, donde llegó a ser redactor jefe.

En su tiempo libre escribió “Los napoleones” que también fue censurada, “Las calles de nuestros padres” y “Expediente Barcelona”, finalista del Premio Ciutat de Valencia, en 1983. En 1984 recibió el Premio Planeta por “Crónica sentimental en rojo”. El protagonista de sus novelas, el comisario Ricardo Méndez, mezcla de escepticismo y pundonor, sigue los cánones del detective de relato popular.

González Ledesma, casado con María Rosa Torralba, deja tres hijos, el periodista Enric González y sus hermanas Gloria y María Victoria. El velatorio será hoy a partir de las tres de la tarde en el tanatorio de Sant Gervasi, donde mañana, a la una, se celebrará el funeral.
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lunes, 23 de febrero de 2015

EXTRAÑOS EN UN TREN. (Patricia Highsmith)

EXTRAÑOS EN UN TREN (Strangers on a Train)
Patricia Highsmith
TRADUCCIÓN: Jordi Beltrán
ANAGRAMA
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El arquitecto Guy Haines viaja a Texas con el objetivo de obtener el divorcio de su esposa Miriam, embarazada de otro hombre. Guy espera comenzar una nueva vida con Anne, joven sofisticada y sensible, con la que mantiene una relación  estable. En el tren en que viaja se tropieza con el inquietante Charles Bruno, personaje que alimenta un odio visceral hacia su padre. Bruno incita a Guy a que confiese su animadversión por Miriam, la única grieta en su ordenada existencia, y luego le propone un doble plan de asesinato donde cada uno acabaría con el problema que afecta al otro. Horrorizado, Guy rechaza semejante maquinación. Transcurren apenas diez días, mientras se encuentra de vacaciones con la familia de Anne en México, cuando Guy recibe de su madre la noticia del asesinato de Miriam. Bruno, una vez cumplida su parte del plan le reclama el desempeño de la suya. Guy se siente cada vez más atormentado por el carácter inestable de Bruno. Las inquietudes afectan a su trabajo, le conducen a la bebida y lo hunden en un estado en el que su única salida es matar al padre de Bruno siguiendo las indicaciones que éste le dicta. Así lo hace. Su carrera parece agonizar. Bruno se presenta sin ser invitado en su boda y se inmiscuye amenazadoramente en su vida matrimonial. Anne se siente preocupada por el proceder de su marido y recela de Bruno. Los dos hombres se consideran obligados por su secreto, que abarca una especie de atracción animal arraigada en la sensación de haber compartido una vida en común. La historia podría haber continuado así indefinidamente de no ser por la intervención del detective Gerard…

“Extraños en un tren” es un estudio de gran alcance sobre la psicología psicópata de Charles Bruno y también sobre la capacidad de una persona decente para revertir en un asesino sin sentido. Highsmith utiliza la narración omnisciente para llevar a cabo una exploración en la mente perturbada de Bruno, de Guy y, a veces la de sus respectivas progenitoras. La narrativa realista de los dos asesinatos es sorprendente y está llena de humor banal. Bruno es un ser patológico obsesionado con la planificación del crimen perfecto. Dedicado a su madre, odia a las demás mujeres y de alguna manera piensa que la muerte de su padre los unirá más.

Guy tiene dotes artísticas, un futuro prometedor y un profundo sentido de la responsabilidad social. La exposición a Bruno lo reduce a un accidente terrible y lo transforma en un asesino. Bruno no siente ninguna culpa en absoluto; sin embargo en Guy se instala la confusión y desea alguna forma de absolución. Pero no hay absolución posible sin confesión. Se siente perplejo por su propia reacción ante Bruno, se cuestiona porqué lo tolera y no lo entrega. La duda se instala en su mente. ¿Hasta qué punto está la demencia de Bruno arraigada en su persona? El tema recurrente en la narración gira en torno a la idea de que en ambas personalidades cohabitan dos polos opuestos: el bien y el mal.

Este psicodrama escalofriante fue el primer libro de Highsmith. Al año siguiente, cuando Hitchcock realizó una película, considerablemente aguada, fundamentada en las directrices de la novela, la figura de Highsmith se proyectó desde su posición de escritora marginal hasta un estamento de considerable prestigio. Sus novelas se caracterizan por polémicas connotaciones homoeróticas y por sus antihéroes que, literalmente, logran salirse con la suya. El aspecto más preocupante de este cuento es su plausibilidad horripilante.
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miércoles, 18 de febrero de 2015

HAMMETT EN LAS ISLAS ALEUTIANAS

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Dashiell Hammett permanece aproximadamente 24 meses, entre 1943-1945, en el ejército estadounidense. Asignado al Cuerpo de Señales, escribe manuales de capacitación y da conferencias y programas de radio sobre la marcha de la guerra en todos los frentes. Edita un periódico, convirtiéndose en la figura de un mentor y un padre para los jóvenes soldados, siendo muy bien acogido por ellos. Dos de sus discípulos llevaron una exitosa carrera en el periodismo estadounidense. Todo ésto ocurre en las Islas Aleutianas, un lugar que Hammett, en contraste con los muchos miles de soldados que sirvieron allí en la Segunda Guerra Mundial, amaba en realidad.

Samuel Dashiell Hammett es recordado hoy como uno de los más grandes escritores de novela negra de Estados Unidos. “El halcón maltés”, un relato cuyo atractivo continúa hoy en día, se puede considerar como una de las pocas historias de detectives que vulnera sin esfuerzo el camino que va del género de misterio a la literatura. Hammett inventó allá por los años 1920, el duro y lacónico detective privado, de temperamento viril y seductor, que deambula por las calles impartiendo su particular justicia. “Hammett fue el primer poeta de la delincuencia”, escribe el novelista y crítico literario Jerome Charyn.

Que el ejército americano aceptara a Hammett es un fiel reflejo tanto de las necesidades de “mano de obra” en el año 1942 como de la persistencia del escritor. A sus 48 años de edad Hammett está enfermo de los pulmones, y éste no es precisamente un hecho que inspire confianza a las tropas. Pero ese año Estados Unidos no tenía la seguridad de la victoria que adquiriría más tarde, por lo que Hammett fue admitido. Pero en lugar de enviarlo a Europa, donde sin duda esperaba ir, los militares lo enviaron a Alaska después de un año de trabajo de escritorio en Fort Monmouth, Nueva Jersey. Adak y otros puestos de las islas Aleutianas fue el lugar donde terminaron muchos de esos soldados  considerados alborotadores, homosexuales e izquierdistas.

A pesar de los problemas políticos de Hammett, el Ejército de Adak es amable con él y sabe exactamente cómo utilizarlo. Como soldado, Hammett nunca negoció con su fama y nunca se interesó por un rango más alto –ejerció de sargento algunos meses antes de su puesta en libertad en 1945-. La victoria de las Aleutianas sirvió de alivio a la nación ante cualquier amenaza de los japoneses contra Alaska y la Costa Oeste y mejoró la posición estratégica de Estados Unidos en el Pacífico Norte. Pero no representó un bálsamo para las decenas de miles de soldados que seguían estacionados allí. 
                
Poco después de llegar a Adak, a principios de septiembre de 1943, el cabo Dashiell Hammett retoma un manuscrito que había sido iniciado por el cabo Robert Colodny, un historiador experto que aterrizó con anterioridad en aquellas tierras. Hammett mantiene los subtítulos de Colodny, pero vuelve a escribir el texto. “La Batalla de las Aleutianas: Una historia gráfica 1942-1943”, folleto que da por terminado en octubre de 1943, con unas 24 páginas de texto y densamente ilustrado, y que es impreso y distribuido a las tropas al año siguiente. Hammett es sancionado por la Sección de Inteligencia del Ejército aunque su propósito, así como el de todos sus proyectos en Alaska, no fue otro que mejorar la moral de las tropas.

Su siguiente proyecto es la creación de un periódico que toma por nombre “El Adakian”. El general Harry F. Thompson, comandante de la base aérea de Adak, piensa que un periódico puede aportarle una conexión con la guerra en el resto del mundo. Hammett, con poca o ninguna experiencia en el mundo periodístico, se dispuso pues a publicar un periódico matinal, cuatro páginas en total, -eventualmente seis páginas los domingos-, cuya tirada llega a alcanzar los 5.000 ejemplares. Toda la operación, incluyendo a los periodistas e ilustradores, sus mesas y sillas y el mimeógrafo, es confinada a un cobertizo situado en las colinas justo al noroeste de la pista de aterrizaje y a pocos kilómetros del puerto. El personal encargado de su redacción trabaja con ahínco todas las noches. El periódico suministra noticias de la guerra, la política, los deportes y el entretenimiento. El “Adakian” de Hammett brindó a sus lectores más noticias de la guerra que las  ofrecidas por cualquier otro folleto militar. Fue un periódico concebido exclusivamente para los habitantes de Adak; por motivos obvios no podía ser enviado por correo. Sin embargo, los soldados de otras bases en las islas Aleutianas tenían conocimiento de su existencia, debido a sus “dibujos cómicos”. La publicación incluía  dos, tres y a veces hasta cuatro caricaturas aludiendo a problemas que eran muy populares. Hammett ordenó a sus ilustradores -Bernie Anastasia, Oliver Pedigo y Donald Miller- que representaran la vida y las quejas del soldado raso en Adak. Es el propio Hammett quien suministra la mayor parte de sus títulos. Se inspira en los dibujos animados de The New Yorker, aplicando su propia ironía y humor burlón a la vida de Adak.

Hammett escribió cientos de cartas de Adak -a su ex esposa, a sus dos hijas, a otras amantes y, por supuesto, a Hellman-. Muchas de ellas fueron publicadas en 2001 como “Cartas escogidas de Dashiell Hammett: 1921-1960”,  libro editado por el estudioso  biógrafo de Hammett, Richard Layman, con la colaboración de la nieta del escritor, Julie M. Rivett. Las cartas muestran el lado más ardiente del escritor y su encantador ingenio.
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lunes, 16 de febrero de 2015

EL CAMEO DE RAYMOND CHANDLER

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El éxito de sus novelas - “El sueño eterno” fue la primera en ser publicada, en 1939- llevó a Chandler a probar suerte en la escritura de guiones cinematográficos. Llama la atención su debut como guionista adaptando el thriller “Perdición” de James M. Cain, un escritor al que profesaba una total aversión. “Perdición” fue llevada a la gran pantalla bajo la dirección de Billy Wilder. Su colaboración fue fértil y productiva, pero a la vez rebelde. Chandler aprendió mucho de Wilder y Wilder logró sacar el máximo partido de Chandler. Pero ellos nunca volvieron a trabajar juntos y nunca hablaron con entusiasmo de esta experiencia.

En 2009, más de 60 años después de su lanzamiento, un historiador de cine francés y dos escritores de novela criminal, estadounidenses ambos, casi al mismo tiempo, realizan un extraño descubrimiento. Raymond Chandler, sin aparecer en los títulos de crédito de la película y totalmente desapercibido, tiene un pequeño cameo en Perdición. El 14 de enero de 2009, el escritor de misterio estadounidense Mark Coggins, avisado por otro escritor, John Billheimer, publica la noticia en su sitio web,  mientras que el periodista francés Olivier Eyquem, escribe en su blog acerca de este mismo hecho en el mes de marzo del citado año.

Un “cameo” es la aparición breve de una persona conocida en una película, normalmente representándose a sí mismo o a un personaje sin nombre que, por regla general, no tiene importancia en la trama. Esta persona ni siquiera aparece en los títulos de crédito. En sentido amplio, el término también se refiere a elementos inanimados que aparecen de forma reiterada en una película. Los cameos, por regla general, son del dominio exclusivo de actores famosos o de los propios directores de cine. En el caso de la versión cinematográfica de “Cementerio de animales” el director permitió que Stephen King interpretase el papel de cura en el entierro de uno de los personajes. Roman Polanski tuvo una pequeña actuación en “Chinatown”, película que también dirigió, en la escena donde aparece con un cómplice, arrincona y sujeta contra una cerca al protagonista Jack Nicholson, metiéndole una navaja en su nariz y produciéndole una severa cortada. Las apariciones de Alfred Hitchcock en sus propias películas son notablemente conocidas. Stanley Kubrick hizo un cameo en el filme “La naranja mecánica” leyendo la prensa en una tienda de discos.

Chandler era una especie solitaria. No concedió muchas entrevistas de ningún tipo. No existen imágenes de televisión o una película de él en absoluto, aparte de un fragmento de un rodaje casero. Su forma preferida de comunicación era la epistolar, aunque no hay una aparente referencia en cualquiera de sus cartas a su aparición frente a la cámara durante el rodaje de “Perdición”. Wilder, por su parte, nunca lo mencionó.

A pesar de todo ésto, ahí está Raymond Chandler, en el minuto 16 de la película, sentado a la entrada de una oficina. Cuando Fred MacMurray sale de ella y pasa a su lado, Chandler levanta la vista de un libro de bolsillo que está leyendo, una pista bastante obvia acerca de la verdadera identidad de este extra. Quién sabe cuál fue la idea que generó este pequeño momento mágico. Tal vez Billy Wilder en uno de jugadas más amistosas, pensó que sería una buena broma. Las razones que motivaron este cameo es poco probable que lleguen a ser conocidas. Pero, de alguna manera, nos conformamos con este soplo cautivador, con un Chandler en secreto inscrito en la película. 
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sábado, 14 de febrero de 2015

¿POR QUÉ "NOIR"?.

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La “Ficción Noir” (o novela negra) y el “Hard Boiled” han seducido a muchos de los mejores escritores del mundo y es copioso el número de seguidores de estas corrientes que se encuentran entre los lectores del género detectivesco. Sin embargo una buena parte de estos lectores no tiene claro cuál es la distinción entre ambas. ¿Cuál es la diferencia entre noir y el llamado hard-boiled (“novela dura”)? ¿Es noir lo mismo que la ficción detectivesca? Noir es sinónimo de perdedor. Los personajes de estos relatos son nihilistas, existenciales y están condenados al fracaso. En toda historia negra el perdedor es impulsado por la codicia, la lujuria, la envidia o la alienación en una espiral descendente que, inevitablemente, le absorbe y de la que no puede escapar. No pudiendo encontrar la salida de su personal carretera al infierno, apunta a una ciudad llamada Esperanza. Es su propia falta de moralidad la que ciegamente lo lleva a la ruina. El abuso y el homicidio, la perversión y depravación sexual, la ansiedad y la ambigüedad matizan la existencia de una humanidad alienada. Con una visión fatalista, los individuos en estas novelas caen presas de un mal endémico, en un sistema y una sociedad donde los valores de la democracia, la ley, el orden y la justicia se han desmoronado.

La “Ficción Noir” y el “Hard Boiled” tienen sus raíces en las historias del duro detective privado que emana de la imaginación de Dashiell Hammett y que son noveladas en las páginas de la revista Black Mask allá por la década de 1920. En estas historias abundan las damas taimadas, la violencia, la traición, el asesinato y los nefandos enredos. Dashiell Hammett es considerado como la figura catalizadora que une las características estéticas con los valores míticos haciéndolos participes de una forma literaria; así aparecen las llamadas revistas pulp, que, por su medio de producción, introducen lo noir en la lucha de clases. El bajo costo y el tamaño compacto de estas revistas no sólo facilita la circulación de los textos entre las clases obreras, sino que también introduce el ritmo acelerado en las tramas y los diálogos de muchos de los cuentos. La “Ficción Noir” y el “Hard Boiled” son variantes de la “Ficción Policiaca Clásica” y basan gran parte de su argumento en elementos como el crimen. La “novela negra” es una versión sobria del “Hard Boiled”, ya que en ella no intervienen elementos notablemente lascivos como la violencia extrema y el sexo explícito. Ambas corrientes cuentan con personajes relacionados con el crimen, normalmente héroes que laboran como detectives privados de gran enjundia moral, encargados de resolver misteriosos asesinatos y robos, o policías que persiguen a gánsteres. El nihilismo articulado primero por Hammett se arraigó en distintos autores norteamericanos como Raymond Chandler, James M. Cain, Horace McCoy, David Goodis y otros para forjar una poética negra que es la manifestación en la cultura popular de la angustia existencial.

Así se expresa james Ellroy sobre la novela negra: «De entre todos los retoños que brotaron de la ficción hard-boiled, el género negro es el más escrupulosamente estudiado. La fascinación de lo negro está en la fuerza de la renuncia moral y de la entrega a la excitación. La importancia social de lo negro radica en su capacidad para fundarse sobre los grandes temas de raza, clase, género y corrupción sistémica. El júbilo dominante y el atractivo definitivo de lo negro consisten en hacer de la condena una diversión. Lo negro no va a morir: nos brinda un divertimiento demasiado demencial para no florecer en las mentes de los escritores modernos que desearían viajar en el tiempo para llegar a 1948 y vivir el malestar general y la psicosis la posguerra».

La historia es optimista, sin embargo el detective de la novela negra no lo es. Un cliente necesita ayuda y recurre a un tipo en mal estado, que convive con una botella de bourbon en el cajón de su escritorio y busca de alguna manera resolver su problema. ¿Hay algo más optimistas que eso? Además el detective es un personaje mal pagado, falto de respeto, amenazado, a veces acribillado y golpeado,  que aduce un código ético que garantiza lo mejor para su cliente, a quien probablemente mienta de todos modos. Una figura heroica se sitúa en el centro de la novela clásica de detectives privados; no hay figuras heroicas en la novela negra.

La “Novela negra” depende de su héroe para mantener la superioridad ética, mientras que casi todo el mundo con el que interactúa miente, engaña, roba y mata. El resto de características está íntimamente ligado con las personas que se revuelcan en el muladar que constituye su mundo. 

Los finales felices no son necesarios ni siquiera frecuentes en una historia privada pero el lector, en general, tiene un sentido de la justicia que hace que el héroe solitario supere todas las fuerzas que han sido desplegadas contra él. La historia negra con final feliz nunca se ha escrito, ni va a ser escrita jamás. Las almas perdidas y corruptas que pueblan estos relatos fueron condenadas hace tiempo a causa de sus corazones huecos y sensibilidades depravadas.

Me encanta la novela negra. Se burla de la perdición. Hace de la condena una diversión. ¿Y a quién no le gusta la diversión?
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miércoles, 11 de febrero de 2015

PERSONAL. (Lee Child)

PERSONAL
Lee Child
TRADUCCIÓN: V. M. García de Isusi
R.B.A. 2014
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Una de las razones por la cual las novelas de Jack Reacher son enormemente populares es que su autor, Lee Child, escribe muy bien. En el ámbito de la ficción popular, pocos novelistas pueden igualar sus escenas de acción explosivas, sus descripciones brillantes y sus giros argumentales inesperados. Aún así, la escritura elegante por si sola rara vez es capaz de vender, y el verdadero secreto del fenomenal éxito  de la serie es, sin lugar a dudas, la figura de Jack Reacher.

Reacher es un ex policía militar que de por sí se identifica con un ejército de un sólo hombre. La mayoría de los combatientes del crimen de ficción se asocian a su propia ciudad, pero Reacher viaja por el mundo sin cesar, es  un ciudadano del  planeta Tierra. Su figura es legendaria, una gran fantasía masculina. 

Child escribe una historia al año, aunque eso solo le lleva seis meses. El escritor se enfrenta al mismo problema que padecen tantos otros escritores que se comprometen a producir un libro nuevo cada año: inevitablemente, algunas de sus obras son más sólidas, tienen más cuerpo que otras, y, por consiguiente, esas otras son mucho menos consistentes. 

La serie de Jack Reacher, ex policía militar, hijo de militares, vagabundo superdotado, adicto al café desde los cuatro años, mercenario de cuerpo imponente y amante de la violencia como medio de venganza, se compone de 19 títulos. En "Personal", precisamente la novela que completa este número, un general de las Fuerzas Especiales lo convoca con urgencia después de un fallido intento de asesinato contra el presidente de Francia. Una tentativa a larga distancia con un fusil. En París. Está cercana la reunión de la Unión Europea, con todos sus presidentes y primeros ministros. Y dos reuniones más, la del G8 y la del G20. Sí, veinte mandatarios mundiales reunidos en un mismo sitio, todos posando para la fotografía de grupo, en las escalinatas de un edificio público. Una presa tentadora para cualquier terrorista que se precie de serlo.

El tirador de París disparó desde una distancia de 1.400 metros, y Reacher y el general saben que sólo un puñado de francotiradores en el mundo tiene capacidad para realizar ese tiro. Uno de ellos es un americano llamado John Kott, a quien Reacher envió a prisión 15 años atrás. John Knott es el primogénito de dos emigrantes checos que escaparon del viejo régimen comunista y se establecieron en Arkansas. A los quince años era capaz de abatir ardillas entre las ramas de los árboles a distancias a las que la mayoría de las personas ni siquiera las veían. A los diecisiete mató a sus padres. Sin embargo es una persona de lo más calmada y tranquila, capaz de hacer descender su ritmo cardíaco a cotas insospechadas. Tiene una vista sobrehumana; es un francotirador nato. Ahora está en libertad, y la misión de Reacher es encontrarlo, aún sabiendo que a Kott nada le agradaría más que matar a su perseguidor.

La historia, que se desarrolla entre París y Londres, es compleja y fascinante. El conocimiento que destila sobre francotiradores y rifles es de alto voltaje. En Londres, Kott está protegido por una banda criminal liderada por Little Joey. Reacher une sus fuerzas a las de una ayudante militar de 28 años de edad, atractiva, de ojos verdes, rostro en forma de corazón, con una agradable sonrisa dibujada en él, y que responde al sugestivo nombre de Casey Nice. A lo largo de la novela Child realiza el magistral trabajo de desarrollar su historia con sorpresas interminables y un feroz suspense.
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Lector insaciable, excelente narrador, bravucón vocacional, Child, que vive en EE UU desde 1998, comparte con Reacher el placer de solucionar las cosas de manera directa, algo que aprendió en la violenta Birminghan en la que se crió. ¿Cómo un admirador de Chandler y Christie escribe thrillers comerciales tan alejados de ellos?  "No hay ninguna contradicción en que sea fans esos escritores tan clásicos y haga thrillers porque soy un admirador de cualquier cosa que se haga bien, y ellos lo hacían muy bien", son las palabras de este impertérrito escritor. Child, que no tiene ningún problema con la naturaleza comercial de sus libros, asegura siempre que tiene oportunidad que no va a pedir perdón por lo que escribe.
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