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jueves, 8 de diciembre de 2022

PRIMERA EDICÓN: "DEAD CALM". (C. WILLIAMS)

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DEAD CALM
(DEAD CALM)
CHARLES WILLIAMS
THE VIKING PRESS - NEW YORK
1963

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Relectura: MILDRED PIERCE (James M. Cain)

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James Mallahan Cain, nacido en 1892 y fallecido en 1997, está considerado como el poeta del “asesinato sensacionalista”. Después de Dashiell Hammett y Raymond Chandler es el escritor que más se identifica con las historias urbanas de violencia, sexo y dinero que caracterizaron tanto el cine como la ficción popular en la década de los veinte, treinta e incluso cuarenta en los Estados Unidos. Sin embargo a diferencia de Hammett y Chandler, Cain no centró su atención en la consoladora figura del detective que pone una gota de orden en todo el caos urbano. Sus novelas están relatadas desde la perspectiva de los actores centrales, unos personajes confusos, ignorantes y demasiado corruptibles en sus dramas de traición y asesinato. Sus dos primeras novelas, “El cartero siempre llama dos veces” y “Double Indemnity” están narradas por hombres destruidos por mujeres fatales y ambas se convirtieron en películas de incalculable éxito.

En 1941, Cain publicó “Mildred Pierce”, su primera novela centrada en una protagonista femenina. Ya en 1945 fue llevada al celuloide protagonizada por Joan Crawford, en su única actuación ganadora de un Oscar de la Academia, como una madre sobreprotectora que intenta encubrir a una hija homicida. Esta versión de “Mildred Pierce” es hoy una pieza clásica del cine negro, pero su trama y su tono difieren marcadamente de la novela, una historia más “realista” sobre una mujer divorciada que intenta criar a sus hijas en una época tan difícil como fue la de la Gran Depresión en California.

En 1931, cuando la inseguridad y la miseria se transmitían a golpe de pandemia, un ama de casa de clase media de los suburbios de Los Ángeles, Mildred Pierce, con un don especial para la cocina, pone de patitas en la calle a su cada vez más perezoso y mujeriego marido, Bert, y consigue trabajo como camarera para mantener a sus dos hijas. Posteriormente, Mildred, construye un próspero negocio de restaurantes y tiene una apasionada aventura con un rico playboy llamado Monty, con quien finalmente contrae matrimonio. Al final de la historia, Mildred lo pierde todo debido a su abrumador amor por su pretensiosa, narcisista y engañosa hija mayor, Veda.

Lo curioso del asunto es que la novela no culpa exactamente a Veda; en todo caso, la disculpa. Los propios deseos de Mildred están decididamente enfrentados: los dos hombres con los que se casa provienen de estratos sociales más altos que el de ella, ambos se sienten por encima del trabajo manual que ella realiza. Debido a la depresión, ambos terminan sin un duro en el bolsillo. A Mildred le molesta ayudarlos, pero le gusta el poder que esto le otorga sobre ellos; igualmente le desagrada su superioridad, digamos que fingida, y sobre todo quiere poder  compartirla. Veda puede ser una solución, alguien a quien arrimarse. Pero Veda no es de fiar, Veda es una víbora...

Considere usted, amigo lector, estas oraciones, en las que Cain incluye un mundo de juicios sobre los valores de sus personajes: “Mildred adoraba a Veda, por su apariencia, su promesa de talento y su esnobismo, que insinuaba cosas superiores a su propia naturaleza”. Y esta otra, “Pero Veda adoraba a su padre, por sus modales grandiosos y maneras finas, y si él desdeñaba el trabajo lucrativo, ella estaba orgullosa de él por ello”. Cain es muy claro acerca de Vera: “Había nacido en una forma de vida que incluía gusto, modales, pero sobre todo un vivaz distanciamiento del dinero”. De lo que Vera no llegó a darse cuenta nunca fue precisamente de esto último, de que todas estas cosas descansan precisamente en el dinero.

Cain llegó a manifestar que veía a Mildred como una “víctima de la depresión, una venal ama de casa estadounidense que no sabía que  estaba usando a los hombres, pero se imaginaba a sí misma bastante noble”. Lo cierto es que la Mildred que creó Cain no es meramente inmoral, y si nunca es noble, a menudo sí es admirable, decidida, fuerte y segura de sí misma, así como lo suficientemente independiente para prescindir de la aprobación de todos, excepto de la de sus hijas. Mildred es una madre devota, pero ama a Veda de una manera que Cain considera  “antinatural, un poco enfermiza.” Cain opina que Mildred es vulgar e insípida, atractiva pero nunca hermosa. La Mildred de Cain es una víctima de la traición de los que ama; pero ella elige amarlos, y así es humillada por su propio esnobismo, codicia y egoísmo. Se muestra orgullosamente desafiante sobre sus propios orígenes sociales, rechaza la pretensión de Veda y se muestra furiosa con Monty por tratarla como una criada, pero también aspira a la riqueza y tiene sueños nebulosos de grandeza para su hija, imaginando vagamente cualquier tipo de éxito artístico.

“Mildred Pierce” está impulsada por el resentimiento de clase, la economía sexual y el chantaje emocional que Veda, eventualmente, trasmuta en chantaje literal. Lo que Mildred hace en formas socialmente aceptables (casarse con aspiraciones de mejora persiguiendo así el éxito social y material), Veda lo lleva a extremos obscenos. Mildred exige devoluciones emocionales, incluida una necesidad de afecto físico por parte de su hija -ya adulta- y constantemente trata de controlar sus decisiones, exigiendo el amor y el respeto que no obtiene de los hombres. Aspiraciones estas muy lógicas si Veda no fuera tan  repelente...

Al final de la trama el climax se vuelve apresurado, inexplicable y absurdo y todo depende de que Veda, cual Cenicienta, derive en una talentosa cantante de ópera en unas pocas semanas. Y como esto es ficción y en la ficción todo es posible, Veda transmuta en una gran soprano. Y de repente su talento se convierte en la razón de su crueldad. En un discurso maravillosamente desquiciado, un profesor de música italiano –un tal Treviso, Carlo Treviso- trata de explicarle a Mildred (quien le ha preguntado si está insinuando que su hija es una víbora), que de eso nada: “una viborita joven, en todo caso”. Él responde: “No, es una soprano ligera, que es mucho peor. Una viborita joven es capaz de querer a su mamá y hacer lo que su papá le dice, pero una soprano ligera no puede querer a nadie más que a sí misma. Es una hija del diablo, mucho peor que todas las víboras del mundo. Señora, no se meta con ella”. La inadecuación tautológica de esta explicación resume perfectamente la opinión de Cain sobre Veda.

La fábula de Cain que comienza como realismo social y desciende a un melodrama gótico surrealista, es la historia arquetípica de la competencia sexual entre generaciones de mujeres, en la que Cain no termina de decidir si simpatizar con la madre, que alguna vez fue deseable pero que envejece, o con la hermosa, talentosa y poderosa hija. Al final decide convertir a Veda en una serpiente, una perra, en una soprano ligera. “Una soprano ligera”, una voz de poca sonoridad y con graves limitados... si al menos la hubiera definido como una soprano lírica, todo este lío podría haberse evitado. 

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jueves, 27 de octubre de 2022

TODOS TE RECORDARÁN (Andreu Martín)

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Apenas unos meses después del atentado yihadista de las Ramblas de Barcelona, y con unas controvertidas elecciones autonómicas prácticamente encima, aparece en la escollera del puerto, entre bloques de hormigón y un alborotado mar oscuro, el cuerpo sin vida de Santiago Ortuño, inspector de la Policía Nacional, con dos impactos de bala en la cabeza, ambos con orificio de salida.

Hasta el momento de su fallecimiento Santiago Ortuño ejercía el trabajo burocrático más inútil, aburrido y despreciable del Cuerpo, en el Departamento de Extranjería de la plaza de Espanya, cuando un buen día se presenta en su despacho, exuberante y sin cita previa, Leire Alfaro, la Dorothy Gale del grupo musical Sandunga y los Rottweilers, una chica menuda, de veintisiete años, con un pelo negro corto, que lo que hace, precisamente, es cortarle la respiración a cualquiera. Leire solicita un permiso de residencia para su pareja, un tal  Abdullah Fayad, lampista iraquí que trabaja en el sospechoso, al tiempo que peligroso, negocio de los hermanos Shaddad, y a quien encontró abandonado en los escalones de la salida del metro de Liceu.

El enamoramiento desenfrenado de Ortuño con la cantante hace que éste se entrometa en una crucial investigación antiterrorista que llevan a cabo los Mossos D´Esquadra en el barrio del Raval con el punto de mira en la tienda de los Shaddad, donde se esconde una peligrosa célula yihadista interesada en adoctrinar a víctimas como Abduh en el terrorismo más radical. En medio de un gran revuelo, los diferentes grupos sociales y unos cuantos delatores tendrán que conducir la operación con toda la sutileza posible y torear cada una de los escollos con los que se van tropezando.

Andreu Martín ya había tratado el tema de las mafias con anterioridad. La mafia lionesa en “Barcelona conection” –Premio Hammett en 1989-, inspirada en el asesinato de Raymond Viccarizzi en su celda de la Modelo y la mafia china en “Societat negra”, Premio Crims de Tinta en 2012.

Martí es un apasionado del jazz y buena muestra de ello es la concreción del personaje de Leire, que además de cantante es contorsionista; sí, de esas que tanto tienen los pies en el suelo como en la cabeza. “¡No jodas! Y dices que es «contraformista», ¿eh? ¡Una «contraformista», tío, tiene que ser la leche!” Esa idea es “un capricho”, confiesa Martí, surgido de la noticia de un ladrón con esa habilidad que, metido en una maleta, hurtaba objetos de otras en el maletero de un bus Girona-Barcelona.

Pese a la atmósfera política que se vive en la Barcelona de “Todos te recordarán” no es precisamente esta una novela centrada en el tema, no obstante, si es un condicionante que marca la acción. Estamos, pues, ante una buena historia donde los malos, como no podía ser de otra forma, son los más fascinantes. Espero que la disfruten.

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domingo, 16 de octubre de 2022

CLÁSICOS DE LA NOVELA NEGRA

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CLÁSICOS DE LA NOVELA NEGRA
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El término Novela Negra empieza a cobrar especial relevancia a partir del año 1968 cuando cineastas como Jean-Luc Godard o Francois Truffaut muestran un especial interés por este tipo de literatura.

La denominación Hard-Boiled, sin embargo está reservada a un grupo de narraciones que surgen en la revista Black-Mask, publicación popular norteamericana que comienza a editarse allá por los años veinte, y que siguen el modelo de escritores como Carroll John Daly. Daly había dado vida a un popular investigador, Race Williams, personaje tosco, duro y de gran aceptación popular. Estas narraciones están escritas en primera persona, con argot callejero, haciendo hincapié en el cínico carácter del detective.

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PRIMERA EDICIÓN : "UN CIEGO CON UNA PISTOLA". (C. HIMES)

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UN CIEGO CON UNA PISTOLA
(BLIND MAN WITH A PISTOL)
CHESTER HIMES
WILLIAM MORROW & CO., INC.
1969
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jueves, 13 de octubre de 2022

LA CÁMARA DEL CRIMEN: WEEGEE

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“Aunque figure entre los enemigos públicos número uno de la lista del FBI, ningún malhechor alcanza la consagración hasta que yo lo he fotografiado”. Así de contundente y seguro de la calidad de su trabajo se mostraba en su momento Weegee, el cronista de Nueva York más oscuro de la década de los 30 y 40. No solo eso, el fotoperiodista confiaba tanto en sí mismo y anhelaba tanto alcanzar el reconocimiento público que, antes de que su nombre alcanzara la celebridad, ya firmaba sus instantáneas con un sello que rezaba: “Weegee, The Famous”.

Weegee era siempre el primero en llegar al lugar de los hechos y obtener instantáneas que revelaba en el maletero de su coche. Logró alcanzar un gran éxito, tanto es así que su personaje fue inmortalizado por Joe Pesci en la película “El ojo público”. El film de Howard Franklin, sin embargo, no fue el único en poner la vista en el reportero; Curtis Hanson, en “L. A. Confidential”; Sam Mendez, en “Camino a la perdición” y Dan Gilroy, en “Nightcrawler” también se inspiraron en su trabajo.

Su nombre real era Usher Felig, nació en 1899 en la ciudad de Zolochev, en lo que hoy es Ucrania, y a los diez años, cuando su familia llegó a la Isla Ellis –la puerta del sueño americano- se convirtió en Arthur Fellig. El alias, cuenta la leyenda, era una deformación fonética de “ouija”, mote con el que le bautizaron por su supuesta capacidad para comunicarse con los muertos, o al menos, de encontrar a los que habían fallecido de forma violenta antes de que lo hicieran las fuerzas de seguridad.

Encontró su profesión siendo adolescente, cuando un fotógrafo callejero le hizo un retrato. Quedó paralizado por la cámara, la placa, el procesamiento y la imagen de sí mismo. La idea de especializarse en asesinatos, accidentes, incendios y toda clase de sucesos truculentos fue consecuencia de observar lo que publicaban los diarios así como de percatarse que los reporteros, de noche, dormían.

A los 14 años dejó la escuela y comenzó a trabajar por cuenta propia para varios periódicos y agencias de noticias de Nueva York al tiempo que realizaba otros trabajos ocasionales. Uno de esos trabajos implicaba tomar fotos de ataúdes para un catálogo, otro mejorar las impresiones fotográficas para “The New York Times”. Pronto pasó a la fotografía de noticias y llegó a convertirse en un personaje con una habilidad especial para llegar a asesinatos y accidentes en el momento correcto. ¿Cómo?, se preguntarán ustedes. En el momento más importante de su vida Weegee decidió que Nueva York después del crepúsculo era toda suya. Y se instaló en su coche. “Se convirtió en mi hogar. Era un biplaza, con un maletero especial extra grande. Guardé todo allí, una cámara extra, los casquillos de las bombillas del flash, una máquina de escribir, botas de bombero, cajas de cigarros, salami, película de infrarrojos para disparar en la oscuridad, un recambio de ropa interior, uniformes, disfraces y zapatos extras... La radio de la policía era mi modo de vida. Mi cámara y mi amor... eran mi lámpara de Aladino”, asegura Weegree en su biografía.  

Él le puso ganas y los protagonistas de sus instantáneas se lo pusieron fácil a él. No en vano, el fotoperiodista, por origen o por empatía, congeniaba con los desheredados y estos estaban encantados de salir en sus instantáneas. Weegee siempre buscaba hacer la mejor fotografía posible, aguantaba el flash encima de la cámara y obtenía duros contraluces que daban veracidad y dramatismo a sus retratos.

Fotografiaba cadáveres y también personas vivas. A veces, en actitudes desesperadas: durmiendo en la calle, huyendo de un incendio o, simplemente, detenidos por la policía, pero también disfrutando de la vida al entrar a un teatro, bailando en una fiesta popular o tocando en un club nocturno. Llegó incluso a fotografiar la luz del día en una de sus instantáneas más icónicas en la que se aprecia una multitud en la playa de Coney Island, sonriendo y mirando a la cámara.

En 1945 le llegó la fama con la publicación de “Naked city”, su primer libro, del que se realizaron tres ediciones en un año. El éxito conllevó encargos para revistas que buscaban “imágenes tipo Weegee”, o lo que es lo mismo “la autenticidad”. Y eso significó una invitación para acudir a Hollywood. Sin embargo, su estancia en la meca del cine no le entusiasmó demasiado.

Muchas de sus tomas icónicas se centran en los espectadores. En octubre de  1941 un jugador de poca monta recibió un disparo nocturno cerca del patio de una escuela. Weegee, además de fotografiar el cuerpo, inmortalizó a la multitud de niños empujándose unos a otros para ver al hombre muerto. Esta fotografía es un sorprendente catálogo de emociones humanas, que van desde la alegría hasta la agonía. La estrella es una niña cuyo rostro revela una excitación y una curiosidad extremas. Weegee lo tituló: “Su primer asesinato”.

A mediados de la década de los 40, se convirtió en uno de los fotógrafos fundadores de “PM”, un nuevo periódico liberal dedicado a contar historias con imágenes. Los editores estaban interesados no solo en sus fotografías sino además en su personalidad: su cara de ojos de insecto, su enorme cámara Speed Graphic, el baúl de su automóvil lleno de trastos, sus hábitos nocturnos y sus formas descuidadas.

El punto de inflexión en su carrera y, según algunos, su gran tragedia fue exhibir su obra en el Museo de Arte Moderno a mediados de la década de los 40. Comenzó a verse a sí mismo como un artista y a firmar sus fotos como “Weegee, the Famous”. A partir de ahí se casó, produjo libros de arte, y se desplazó a Hollywood. En definitiva, se convirtió en una caricatura de sí mismo.

Cuando Arthur Fellig se convirtió en Weegee, el verdadero hombre desapareció. Y cuando quiso recuperarlo, no pudo: “Mi verdadero nombre es Arthur Fellig. Creé este monstruo, Weegee,  y no puedo deshacerme de él”. A los 69 años murió de un tumor cerebral.    

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jueves, 22 de septiembre de 2022

LA GRAN SERPIENTE (Pierre Lemaitre)

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Tras una cubierta con perro se esconde la historia de Mathilde Perrin, una viuda sesentona, puñetera y soñadora que combate el aburrimiento ejerciendo de sicaria a tiempo parcial por encargo de Henri Latournelle, su antiguo jefe en la Resistencia. Mathilde reside en Melun, un pequeño vecindario de los alrededores de París. Allí pasa sus días con Ludo, un baboso dálmata de un año, de mirada estúpida y suspicaz. Cada fin de semana, y para matar su hastío, Mathilde se desplaza en su Renault 25 de color crema a una casa de campo en Normandía -casa que apesta a burguesía corta de miras-, donde vive su hija Françoise con el gilipollas de su marido, un norteamericano petulante adicto al deporte.

Sin embargo, tras esa imagen de mujer pulcra y distinguida que permanece muy atenta a los más mínimos detalles -ropa elegante y cara, visita semanal a la peluquería, maquillaje profesional y, sobre todo, sobre todo, una manicura perfecta-, y a pesar, incluso, del agobio que le producen sus kilos, se esconde una despiadada asesina al servicio de la inteligencia francesa. Mathilde es infalible, perfeccionista y meticulosa; nunca una bala más alta que otra; trabajos limpios y sin problemas. Su ritual es claro y preciso: aprovecha sus ratos libres para, después de ubicarlas correctamente, endilgarle a sus víctimas, a sangre fría y sin pestañear, una buena dosis de plomo con su Desert Eagle, su Luger 9 mm Parabellum o su Wildey Magnum (ella siempre se ha negado a trabajar con calibres pequeños que, en su opinión, sólo sirven para dramas burgueses y peleas por adulterio). Tres balas en tres segundos y a otra cosa mariposa. Ludo –testigo involuntario del descocido y acostumbrado ya al espectáculo- aprovecha que su ama está ocupada en sus quehaceres para echar una cabezadita en el coche.

El mal carácter que ha ido destilando con los años, los frecuentes olvidos –los jodidos años de nuevo- y cierta dosis de crueldad gratuita, la traen a mal traer. Mathilde está cometiendo demasiados errores. ¡Qué rayos!, como ella bien dice: ¡No voy a renunciar a mi ritual por una estúpida regla dictada por cualquier cabeza hueca! Pero..., en toda historia que se precie siempre hay un pero, eso es algo que empieza a preocupar en las altas esferas. El director de recursos humanos –o más bien, el inhumano que maldirige los recursos- no está contento, y parece dispuesto a deshacerse de ella antes de que esta perdonavidas de andar por casa los meta en un brete de tres pares de narices. Matilde ya se barrunta algo. Está claro, que cuando uno ejerce la profesión de asesino a sueldo nunca espera que la jubilación sea una opción, pero... el tiempo no perdona.

A partir de este momento la novela gira en tono y términos y se convierte en una narración más que divertida para el lector. Una mezcla de géneros con una asesina que da miedo incluso a sus propios compañeros y que protagoniza una historia que pone de manifiesto el talento del autor. Y es que este libro es la encapsulación perfecta del cómic negro: Lemaitre es un satírico increíblemente dotado, y eso se palpa alto y claro en esta novela. Todos los tropos de alguien que se niega a aceptar que está envejeciendo y necesita dar un paso atrás son de alguna manera mucho más divertidos cuando se los explora a través de la lente de una asesina a sueldo.

Aunque esta es una de sus últimas novelas publicadas, “La gran serpiente” tiene el honor de ser la primera obra que escribió Pierre Lemaitre, allá por el año 1985. Durante todo este tiempo el escritor francés la ha condenado a permanecer secuestrada en un cajón y, como él mismo confiesa en el prólogo, la ha rescatado de pura pena después de que sus lectores le pidieran encarecidamente que volviera al género policial, género del que se convirtió en referente gracias a la serie del dominante inspector de metro y medio Camille Verhoeven.

Así pues, abróchense el cinturón amigos, porque este libro está absolutamente loco. Cuenta Lemaitre que esta narración va a ser su despedida del género negro, curiosamente aquel que le diera a conocer, como si con ello cerrara un ciclo de forma consciente. Y el cierre es ingenioso, con una protagonista complicada y maravillosa y un final osado, de esos que ya no se estilan. Están ustedes ante una historia perversamente divertida. Que la disfruten.

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martes, 30 de agosto de 2022

MANHUNT MAGAZINE, DIGNO HEREDERO DE BLACK MASK

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Las revistas «Pulp», también conocidas como «Pulp Magazine» o «Pulp Fiction», se desarrollaron con gran éxito en EE.UU. desde 1856 hasta mediados del siglo XX, cuando desaparecieron absorbidas por los libros de cómics, la televisión y las novelas de tapa dura. «Pulp»  es un vocablo que hace referencia a un formato de encuadernación en rústica, de coste muy bajo, hecho de pulpa de papel y de consumo popular, empleado en la confección de revistas especializadas en narraciones de diferentes géneros de la literatura de ficción. La temática que abordaban estas publicaciones era muy variada e iba desde las historietas policiacas y de misterio, a las de horror, romance e incluso amorosas. Sin duda, fueron las dedicadas a la novela policiaca las que tuvieron un mayor éxito. Ya hemos hablado en otras ocasiones del legado de Black Mask, probablemente la revista literaria más influyente de la primera mitad del siglo XX.

Hoy toca hablar de MANHUNT MAGAZINE, que apareció por primera vez en los quioscos en enero de 1953, y que fue el sucesor reconocido de Black Mask -que había dejado de publicarse el año anterior- como sede de la ficción policiaca de alta calidad. En abril de 1956 Manhunt Magazine se anunciaba como la "Revista de ficción criminal más vendida del mundo". En sus páginas y a lo largo de sus 15 años de su existencia, apareció un verdadero Quién es Quién de las mejores plumas de misterio del mundo, entre ellas: Ed McBain, Mickey Spillane, Richard Deming, Jonathan Craig, Hal Ellson, Robert Turner, Jack Ritchie, Frank Kane, Craig Rice , Fletcher Flora, Talmage Powell, Richard S. Prather, David Alexander, Harold Q. Masur, Gil Brewer, Helen Nielsen, Erskine Caldwell, Henry Slesar, David Goodis, Lawrence Block, John D. MacDonald, Clark Howard, Fredric Brown, Donald E. Westlake, Harlan Ellison, Harry Whittington y Steve Frazee.

Manhunt se jactaba de ser la revista de ficción criminal más vendida del mundo y, sin duda, era el “estándar de oro” con el que se comparaban todas las demás revistas criminales de la época. Comenzó a publicarse, como ya hemos dicho, en enero del 53 como un resumen mensual y coqueteó brevemente (desde marzo de 1957 hasta mayo del 58) con un formato mayor para mejorar las ventas en los quioscos. Sin embargo, esta idea no obtuvo el éxito esperado y pronto volvió al tamaño resumen y ajustó su tirada a bimensual. En total, Manhunt Magazine funcionó durante quince años y alcanzó una dimensión de 114 ejemplares, todos ellos muy respetables. 

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