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domingo, 14 de junio de 2015

UN ÁNGEL NEGRO VOLÓ SOBRE HARLEM

CHESTER HIMES BOMAR
Jefferson City (Missouri),  29 de julio de 1909 /
 Moraira (Alicante) España, 12 de noviembre de 1984
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Vida y obra de Chester Himes

A diferencia de los escritores más sublimes del relato criminal –Chandler, Hammett, Highsmith- que fabularon en pos de una visión tremendista del hampa de su tiempo, Chester Himes, delincuente antes que escritor, se limitó a reproducir una realidad que conocía perfectamente. Himes nunca olvidó nada, y mucho menos su orgullo y su ira. En ningún momento de su vida dejó que la pobreza y la indiferencia del mundo se apartasen de su lado. Chester Himes nunca fue un hombre libre.

Hijo de una familia de clase media, Chester Himes Bomar nació el 29 de julio de 1909 en Jefferson City –Missouri- y creció en la propia Missouri y Ohio. Sus padres fueron Joseph Sandy Himes y Estelle Bomar Himes. Chester se educó en una familia no ajena a los libros y la escritura. Su padre fue profesor de  metalurgia en el Lincoln Institute. Sin embargo, la dominación de su padre de piel oscura por su madre de piel clara fue una fuente de profundo resentimiento que dio forma a la perspectiva racial de Himes. Su padre también enseñó en Alcorn State  de Mississippi y en el Instituto Branch de Arkansas. Los traslados frecuentes de la familia, así como el cegamiento accidental de su hermano, afectaron aún más su infancia. Estudió en el instituto de Cleveland (Ohio) y en la Universidad de Columbus, de donde fue expulsado en 1926, tras su detención, por participar en un robo. Por aquel entonces ya se desenvolvía en ambientes delictivos y relacionados con el juego. La adolescencia de Himes transcurrió en Ohio en la década de los años 20 y trazó una trayectoria punteada de bebidas, prostitutas y crímenes. Fue ayudante de camarero en un hotel elegante al este de Cleveland y perdió su virginidad con “una fea puta grasa y vieja”. Se inscribió en la Universidad Estatal de Ohio y fue expulsado bajo presión después de que llevó a un grupo de lo él denominó “estudiantes jóvenes negros apropiados” a una danza de fraternidad en un burdel. Himes conoció a su primera esposa, Jean Johnson, en una fiesta relacionada con el mundillo del opio. Fue detenido por un robo de armas en Ohio, por utilizar cheques sin fondos en tiendas de ropa y, finalmente, por el robo a mano armada a una pareja de ancianos de Cleveland Heights. En diciembre de 1928, Himes recibió una pena de prisión de 20 a 25 años de trabajos forzados.

Himes escribió «Yo llegué a la edad adulta en la Penitenciaría del Estado de Ohio». Contaba tan sólo 19 años de edad cuando ingresó en ella y fue entonces cuando empezó a escribir historias cortas. Publicó sus relatos por primera vez en los periódicos y revistas para gente de color y en 1934, en la revista Esquire.

Dos años más tarde salió en libertad condicional y emigró con Jean a California, el escenario de su primera novela, «If He Hollers Let Him Go» (Si grita, déjalo ir), 1945. Ya en California redacta un primer borrador de su experiencia penitenciaria, que con posterioridad dará lugar a una de sus obras más escalofriantes, la autobiográfica «Por el pasado, llorarás» (Muchnik Editores, 1998). Corre por aquellos días el año 1941 y Himes se emplea en industrias de guerra alrededor de Los Ángeles y San Francisco.

En 1945, tras la aparición de “If He Hollers Let Him Go”, se traslada a Harlem. Será el gueto neoyorquino el que inspirará las páginas que le procurarán la celebridad, pero lo hará en la distancia ya con Himes instalado en París. Resentido por la pobre acogida de «The Lonely Crusade» (Una cruzada en solitario), 1947 y «Cast the First Stone» (Tirar la primera piedra), 1953, Himes se traslada a París el mimo año de la publicación de esta última obra. Antes de embarcarse, se deshace de Jean -posiblemente Chester pensó que una esposa negra sería una desventaja en Europa-. Tres años más tarde, Marcel Duhamel, el editor de la editorial Gallimard de novela negra, -“La Série Noire”-, y el traductor francés de “Si grita dejarlo ir”, le convencen para que escriba una novela de detectives sobre Harlem. Nace así «For Love of Imabelle» (Por amor a Imabelle), 1957, primera obra de la serie Harlem. Al igual que tantos músicos de jazz, el escritor descubre que, en la capital francesa, su raza no le criminaliza inexorablemente como sucede en su país. La publicación francesa de sus obras, convenientemente aligerada de los fragmentos más violentos –podríamos decir que «escabrosos» para la crítica de la época- llama la atención del mundillo literario galo.

Las novelas publicadas por Himes durante su estancia en la capital francesa pueden parecer una mezcla idiosincrásica de mensaje y locura. Las armonías proletarias raciales de «If He Hollers Let Him Go» (Si grita, déjalo ir), 1945, le llevan a expresarse con las siguientes palabras: «Eso es todo lo que quería -sólo ser aceptado como un hombre- y sin ambición, sin distinción, ya sea de raza, credo o color». Así Chester Himes creó, casi sin darse cuenta a la edad de 47 años, una obra incisiva, radical y duradera. La  hipersaturación de detalle en las novelas de Harlem -resaltando primeros planos de rostros, calles, nombres de tiendas, callejones secretos y la violencia del acto delictivo- le inclinan hacia la desorientación y el surrealismo. Pero es el foco vigoroso de los detectives Ataúd Ed Johnson y Grave Digger Jones quien proporciona coherencia a sus relatos. Es en él donde confluyen sus personajes imperecederos: la monja travesti, Goldy, en «For Love of Imabelle» (Por amor a Imabelle), 1957, o el motociclista decapitado en «All Shot up» (Todos muertos), 1960.

Himes -un escritor noir notable- vivió para ver su trabajo reconocido y revivió, no sólo en Europa como Goodis y Thompson, sino que fue el primer escritor negro estadounidense en recibir el prestigioso Grand Prix de la «Littérature policière» francesa. Su notoriedad alcanzó incluso a su país de origen, los Estados Unidos, donde fue aclamado durante un par de retornos triunfales en los años anteriores a su muerte, acaecida en España en 1984. Sus libros entran y salen en la actualidad de forma natural y continuada de la imprenta. Pero sus novelas de Harlem –engendradas y consignadas inicialmente a través de la puerta trasera de la novela negra- lo han hecho mundialmente famoso y lo han situado a la altura de otros reconocidos autores del género.
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jueves, 11 de junio de 2015

CORRE, HOMBRE, CORRE. (Chester Himes)

CORRE, HOMBRE, CORRE (Run Man Run)
Chester Himes
TRADUCCIÓN: Axel Alonso Valle
EDICIONES AKAL, S. A. 2012
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Transcurre una gélida noche invernal cuando Matt Walker, un amargado y solitario policía, deambulaba por las calles de Nueva York en avanzado estado de ebriedad sin recordar apenas dónde ha abandonado su auto. El alcohol lo ha transformado en un violento salvaje y cuando se tropieza con unos mozos de color, empleados de una cafetería, los acusa de haber participado en el robo del vehículo. La pistola con silenciador que sostiene en su mano es suficiente para poner nervioso a cualquiera, no obstante el gordo Sam intenta hacerle razonar ofreciéndole café y una ración de pollo frito. Walker simplemente se lo quita de en medio sin más disquisiciones ofertándole tres disparos en la barriga hasta que logra expulsar las tripas. La profunda borrachera que soporta Walker se le disipa completamente y comienza a ver claro. La comprensión de lo que ha hecho explota en su interior como una carga de dinamita, y es que lo mató solo porque «estaba allí cuando no debía haberlo estado». Pero esos resquemores de conciencia se transforman en cuanto el policía se deshace del segundo negro y no consigue matar a Jimmy, el tercero y último testigo, por unas pequeñas complicaciones de última hora; no obstante lo deja malherido tras un impacto de bala que no da enteramente en el blanco -¿o quizás debería decir en el negro?-. Jimmy es un joven estudiante de derecho y trabajador nocturno en la cafetería Schmidt & Schindler y acaba de ser testigo del asesinato de sus dos compañeros. Jimmy acusa a Walker de homicidio, sin embargo no encuentra quien le crea. Incluso su persona más allegada -amante, cantante y vecina a un tiempo- Linda Lou Collins, no logra ver la verdad en sus ojos.

«Corre, hombre, corre» ofrece maravillosos ejemplo de la sombría prosa de Himes, a veces un poco macabra. Al principio de la historia cuando Walker liquida a su primera víctima, Fat Sam deja caer los pollos que sostiene en la mano y que resbalan uno a uno por sus flácidos dedos, al tiempo que una densa y fría salsa de pavo baña su cabello al dar contra el suelo. «Maldita sea mi suerte -piensa Walker-. Pobre cabrón. Muerto en la salsa que tanto le gustaba.»

Al igual que su obra, la realidad de Himes está llena de contradicciones e incertidumbres, de giros repentinos, de puñaladas de violencia y centros oscuros en el corazón de la luz. La vida de Himes es tan fascinante como su ficción y a pesar de su aparente diversidad ambas parecen singularmente vinculadas. La imagen que nos ha llegado del escritor es que no fue un hombre fácil de tratar a pesar de que los filtros del tiempo han tamizado algo esa percepción. Hay tantas cosas en su deambular mundano, conoció tantos lugares, a tantas personas, llevó una existencia tan intensa, que su narrativa transmite una estampa de la sociedad demasiado exagerada. De su mano degustamos los espacios del hampa, los bares de jazz y blues llenos de tabaco y alcohol, y la música, sobre todo la música. «Música exclusiva de los cantantes negros, que se encuentra a medio camino entre soprano y contralto, ronca en los graves y quejumbrosa en los agudos y que posee esa manera lastimera de tomar aire entre un golpe de voz y otro».

Himes poseía un conocimiento único del lado oscuro de la naturaleza humana y de la influencia corruptora del racismo. Creía en la brutalidad básica del hombre y, sobre todo, en sus primeras obras valoraba en demasía la impotencia del individuo frente a las circunstancias. Himes retuvo esta perspectiva a lo largo de su carrera, tal vez porque evolucionó a partir de su propia experiencia.
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lunes, 1 de junio de 2015

DESPÍDETE DEL MAÑANA. (Horace McCoy)

DESPÍDETE DEL MAÑANA (Kiss Tomorrow Goodbye)
Horace McCoy
TRADUCCIÓN: Axel Alonso Valle
EDICIONES AKAL, S. A. 2011
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Horace McCoy (1897-1955) ejerció como uno de los mejores escritores de la escuela hardboiled de la ficción americana. Fue coetáneo de figuras de la talla de Hammett y Chandler y forma parte de esa generación de escritores que publicó sus primeros relatos en los tumultuosos años de la Gran Depresión. No obstante su obra se mantiene relativamente al margen de las directrices académicas establecidas por éstos. McCoy no puede ser  considerado realmente como un escritor de delitos, al menos tal como entendemos hoy este concepto. El crimen ocupa un lugar  periférico en sus libros, como ocurre en el caso de su obra más conocida «They Shoot Horses, Don´t They?» (¿Acaso no matan a los caballos?). Lo más parecido a una novela negra genuina en su novelística es “Despídete del mañana” (Kiss Tomorrow Goodbye), que apareció en 1948. La novela fue una de las primeras obras de crimen en centrarse en la psicología de un asesino psicópata vicioso, anteponiéndose en varios años a la novela de Jim Thompson «The Killer Inside Me». El libro de McCoy es, -y ésto puede sonar a atrevimiento por mi parte-, el mejor de los dos. El problema con historias de crímenes que tratan de psicópatas es que los protagonistas son generalmente tan detestables que es imposible cuidar los sentimientos que hacia ellos detentan los lectores. Estas historias suelen ser tan desagradable que leerlas es más un calvario que un placer. «Despídete del mañana» evita este problema, en cierta medida, al ejercer su protagonista de narrador.

La historia comienza con la huida de Ralph Cotter de una granja-prisión dejando cuatro muertos tumbados en el camino. La fuga es organizada por Holiday, hermana de uno de los presos. Éste infeliz casi ha terminado su condena, pero está a punto de ser extraditado a otro estado para enfrentarse a cargos de asesinato. Cae muerto durante la fuga -no podía ocurrir de otra manera- por un disparo de Cotter practicado durante el tiroteo con los guardias de la prisión. Cotter forma un equipo delictivo con Holiday y otro criminal de poca monta, Jinx, a los que con posterioridad se unirá un abogado sin escrúpulos. Holiday y Cotter terminan convertidos en amantes y envueltos en una tormentosa relación basada en la violencia y la lujuria. Ahora que está fuera, Ralph necesita contar con algo de dinero, para lo cual roba un supermercado. Mata a un hombre en el transcurso del robo, lo que nos aporta una primera idea de la actitud terriblemente informal de Ralph hacia la violencia. Es un hombre carente en su totalidad de conciencia, egoísta hasta el punto de  desafiar cualquier creencia. Poco después del robo un par de policías se presentan en el apartamento compartido por Ralph y Holiday. No están interesados ​​en hacer un arresto. Lo que les interesa es el botín derivado del atraco al supermercado. Si Ralph entrega los fondos de su rapiña es libre para coger un autobús que lo conduzca fuera de la ciudad. Sin embargo a Ralph se le ocurre la genial idea de atraer a los policías de nuevo al apartamento y ofrecerles más dinero si dejan que se quede en la ciudad, además de embaucarlos en el robo de una nómina de sueldos que podría reportarles 20.000 dólares. Esta interesante conversación es grabada por Jinx, y con la reproducción de la misma y la ayuda de un abogado sombrío llamado Mandon, Cotter  chantajea a los agentes de policía en una acción criminal sin precedentes.

Hasta ahora ésta  podría considerarse una historia de crímenes que involucra a policías corruptos, pero no es ésto lo que interesa a McCoy. Él está más preocupado en el funcionamiento interno de la mente de Cotter y en los resultados funestos de su encuentro con la joven, extraña y extremadamente rica Margaret Dobson. La breve relación sexual de Cotter con Margaret desencadena una serie de inquietantes recuerdos relativos a su infancia en la memoria de éste que son la clave para la concepción del personaje y su fascinación por la violencia y la muerte. Existen, sin embargo, otros aspectos de la personalidad de Cotter que son asimismo jugosos. Él no se vio obligado a la delincuencia por la pobreza, nació en la riqueza y el privilegio. Asistió a un colegio de la Ivy League y fue un estudiante brillante. Es un gran conocedor de las bondades de la vida, es un gourmet, un amante del arte y un aficionado al buen vino. Es un sinvergüenza elitista, un snob intelectual que se refiere a sus cómplices criminales con desprecio y que se cree  destinado a la grandeza. El libro es un estudio psicológico de un inadaptado, dotado e inusual, pero totalmente depravado, un criminal salvaje y completamente inmoral, un hombre cuyo desprecio por la ley, el orden y la vida humana le conducen a una carrera  de absoluta perversidad. «Despídete del mañana» pasa por ser la obra más ambiciosa de McCoy y base de inspiración para tantas  y tantas películas de gánsteres que por ese entonces fueron llevadas a la gran pantalla.
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sábado, 30 de mayo de 2015

EL PENSAMIENTO DE PATRICIA HIGHSMITH EN PALABRAS

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  • Creo que mis novelas no deberían figurar en las bibliotecas de las cárceles.
  • Tal vez, para un escritor, la suerte consista en que se le haga una buena publicidad en el momento más indicado.
  • Lo que hace que la profesión de escritora sea animada y apasionante es la constante posibilidad de fracasar.
  • Me interesa la moral, a condición de que no haya sermones.
  • Encuentro la pasión por la justicia bastante aburrida y artificial, porque ni a la vida ni a la naturaleza les importa que se haga o no justicia.
  • Tal vez lleve dentro de mí un impulso criminal grave y reprimido, pues de lo contrario no me interesarían tanto los delincuentes o no escribiría sobre ellos tan a menudo.
  • Los tristes creen que los vientos gimen; los alegres, que cantan.
  • Así pues, los gérmenes de los que nace la idea para un relato pueden ser pequeños o grandes, sencillos o complejos, fragmentarios o bastante completos, quietos o móviles. Lo importante es reconocerlos cuando se presentan. Yo los reconozco gracias a cierta excitación que siento en seguida, una excitación parecida a la que produce un buen poema o una sola línea de un poema. Algunas cosas que parecen ser ideas para un argumento no lo son; no crecen ni permanecen en la mente. Pero el mundo está lleno de ideas germinales. Es realmente imposible quedarse sin ideas, ya que éstas se encuentran en todas partes.
  • Mi imaginación funciona mucho mejor cuando no tengo que hablar con la gente.
  • No puedo escribir si alguien más está en la casa, ni siquiera la mujer de la limpieza.
  • No se me ocurre nada peor o más peligroso que comentar mi trabajo con otro escritor.
  • Nunca pidas disculpas, nunca des explicaciones, dijo un diplomático inglés, y un escritor francés, Baudelaire, dijo que las únicas partes buenas de un libro son las explicaciones que se han omitido en él.
  • Una novela es una cosa emocional.
  • Hay que proteger al libro mientras se escribe.
  • Me llevo mucho mejor con los pintores, y la pintura es el arte que está más íntimamente relacionado con el del escritor. Los pintores están acostumbrados a utilizar los ojos, y es bueno que el escritor haga lo mismo.
  • Es sorprendente ver cuán a menudo una frase anotada en una libreta conduce inmediatamente a otra frase. Puede ocurrir que se desarrolle un argumento a medida que vas tomando notas.
  • ¿Cómo se mejora un argumento? Mejorar o “espesar” un argumento consiste en crearle complicaciones al héroe o quizás a sus enemigos. Estas complicaciones tienen efecto cuando cobran forma de acontecimientos inesperados. Si el escritor es capaz de espesar el argumento y sorprender al lector, lógicamente, la trama mejora.
  • Después de todo, un argumento nunca ha de ser una cosa rígida que se encuentra en la mente del escritor cuando éste empieza a trabajar. Yo llevo esta idea un poco más lejos y creo que un argumento ni siquiera debe estar terminado. Tengo que pensar en mi propio entretenimiento y la verdad es que a mí me gustan las sorpresas. Si sé todo lo que va a pasar, entonces escribirlo no es tan divertido. Pero es más importante que los personajes se muevan y tomen decisiones como personas de carne y hueso, que les dé la oportunidad de deliberar, de elegir, de volverse atrás, de tomar otras decisiones, como hacen las personas en la vida real. Los argumentos rígidos, aunque sean perfectos, pueden hacer que los personajes de un libro parezcan autómatas.
  • Desarrollar la idea para una narración es un proceso de avance y retroceso, como tejer.
  • Yo me dedico a crear debido al aburrimiento que me producen la realidad y la monotonía de la rutina y de los objetos que me rodean.
  • Escribir novelas o relatos es un juego y, para seguir jugando, es necesario que en ningún momento deje de divertirte.
  • Y ningún libro, y posiblemente ningún cuadro, es, cuando está terminado, exactamente igual a como lo soñamos al principio.
  • El arte se basa en el deseo de comunicar, el amor a la belleza y la necesidad de crear orden del desorden.
  • Escribir es una forma de organizar la experiencia y la vida misma, y la necesidad de hacerlo sigue estando presente aunque no se tenga público.                                          
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viernes, 29 de mayo de 2015

HOWARD FAST, UN ESCRITOR DE OFICIO

HOWARD FAST
Nueva York, 11 de Noviembre de 1914 /
 Greenwich (Connecticut), 12 de Marzo de 2003
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Howard Fast nacido en Nueva York en el Lower East Side, un barrio de emigrantes judíos pobres, -barrio que reproduciría con auténtico realismo en su novela «Infancia en Nueva York»-, demostró ser un lector voraz a temprana edad y asiduo a las salas de la biblioteca pública del  estado. Editó su primer cuento a la edad de 17 años. Su madre fue una inmigrante judía británica y su padre -Barney Fastovsky, que con el paso de los años degeneró en Fast-, a su vez, inmigrante judío ucraniano. Al morir su madre en 1923 y con su padre en paro, el hermano más joven de Howard, Julius, pasó a vivir con los parientes, mientras que Howard y su hermano mayor Jerome trabajaron vendiendo periódicos.

En la década de los años 40 publicó «Los soberbios y los libres» y «Lugar de sacrificio», que junto con su relato sobre Washington, «El hombre invencible», conforman una extraordinaria trilogía sobre la guerra de la independencia estadounidense. Fast alcanzó gran renombre con «Camino de libertad», una novela sobre la rebelión de la raza negra después de la Guerra de Secesión.

Durante la Segunda Guerra Mundial su condición de antifascista lo mantuvo alejado de los frentes de guerra y le permitió ejercer de periodista en la Oficina de Información de Guerra de Estados Unidos, escribiendo para la Voz de América. Se unió al Partido Comunista de los Estados Unidos en 1944 y fue objeto de la represión política de postguerra. Llamado por el Comité de Actividades Anti-Americanas, rechazó divulgar los nombres de los contribuyentes al Joint Antifascist Refugee Comittee (Comité de Ayuda a los Refugiados Antifascistas) y lo encarcelaron por tres meses en 1950 por desacato al Congreso. Cuando se enfrentó a McCarthy en una de las audiencias del Senado, durante la época de la «caza de brujas», logró exasperarlo de tal manera al explicarle minuciosamente la historia estadounidense, que McCarthy le interrumpió gritándole: ¡Vaya y escriba un libro! ¡Vaya si lo hizo! Mientras permaneció en la cárcel comenzó a escribir su novela más famosa, «Espartaco», en la que retrata la sublevación de los esclavos romanos encabezada por éste, ya legendario, gladiador. Fast se lo envió a su editor en Little, Brown and Company, al que le encandiló la novela, pero J. Edgar Hoover le envió una carta conminándole a que no lo publicara. Tras esto el libro pasó por las manos de otros siete conocidos editores con idéntico resultado. Finalmente Fast lo editó de su propio bolsillo, con el apoyo de liberales y el escaso sueldo de su mujer, y lo vendió directamente a los lectores. Para admiración de todos se vendieron más de cuarenta mil ejemplares de la obra, que pasaron a ser varios millones tras el final del Macartismo.

Ubicado en la “lista negra” por sus actividades comunistas y sus antecedentes penales, Fast se vio incapacitado para publicar bajo su propio nombre, por lo que utilizó varios seudónimos, incluyendo E. V. Cunningham, con el que publicó una serie de novelas policíacas con títulos de nombres femeninos: Phillys, Penélope, Sylvia, Sally...

Fast es autor de «El ciudadano Tom Paine», «Max», la mejor novela sobre los magnates de Hollywood, «Torquemada», «El caso Winston», «La pasión de Sacco y Vanzetti»... En el año 1956 después de los acontecimientos de Hungría, rompió con el comunismo oficial y escribió un libro escalofriante, «El dios desnudo». En los años 80 volvió a la carga pertrechado de sus enormes virtudes como narrador, con dos novelas espléndidas: «The Pledge», que recuperaba una historia recogida en Bengala durante la Segunda Guerra Mundial sobre la hambruna provocada por los ingleses y reincidió con «La confesión de Joe Callen», un libro que provocó que hasta el liberal New York Times lo tildara de ultra. Una historia sobre los manejos sucios y las guerras secretas de la CIA en Centroamérica.

Para un lector despojado de prejuicios y hambriento de talento, es siempre un placer leer a Fast. Howard Melvin Fast fue un escritor de vocación, hecho a sí mismo, de los que sabían construir argumentos compensados y armoniosos y establecer moldes paradigmáticos, muy difícil de encajar en cualquier generación literaria. La narrativa histórica de Fast conjuga siempre una cuidada y elegante prosa con un profundo –aunque a veces perspicaz- lustre de ideología política y social. 
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ENLACES:
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martes, 26 de mayo de 2015

SALLY. (Howard Fast)

SALLY  (Sally)
Howard Fast
TRADUCCIÓN: José  Luis Piquero
NAVONA EDITORIAL, Abril 2015
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La producción literaria de Howard Fast es ingente; parte de ella la publicó bajo el seudónimo de E.V. Cunningham, obligado posiblemente por la caza de brujas del senador McCarthy. «Sally» es una novela corta y dinámica, una obra propia de escritor experimentado, de las que utilizan el género a través de recetas elementales, patrones y giros de trama. Fast fue un escritor de los que se sirven del noir para retratar la realidad de su mundo, para recrear una imagen del mismo y ofertarnos una reflexión moral de su paisaje.

Sally Dillman es una chica de pueblo, que tras asimilar con estupor los resultados de un análisis en los que se le detecta una leucemia en estado avanzado y completamente incurable, urde un grotesco final para su vida. Cuando el médico de su pequeña ciudad natal –Timmerville- le dice a Sally Dillman que le quedan seis meses de vida, la joven  maestra de escuela vende su casa y se traslada a la ciudad de Nueva York. No acude allí a ver lugares de interés ni por puro placer, sino para morir lo más rápido posible. Ella paga a un mafioso 3.000 dólares para que la asesine de forma sorpresiva antes de que la leucemia agote sus fuerzas. Con éste arrollador inicio más propio de la literatura pulp con la que el autor juguetea constantemente, «Sally» lía más su antecedente argumental al tomar más tarde conciencia de su terrible error. A medida que la fecha de su muerte se acerca Sally deja de sentir los síntomas de su enfermedad. Una visita al hospital confirma que el primer diagnóstico estaba equivocado. Ella ya no está en peligro de muerte pero es demasiado tarde para detener al asesino. Sally debe luchar para escapar de la trampa mortal que ella misma fraguó.

Si algo sobresale en «Sally» es la capacidad de Fast para explorar el pensamiento humano utilizando como recurso a sus personajes protagonistas. Ayudada por un detective de origen puertorriqueño –Frank González-, Sally analiza su aciaga adversidad para dar con el secuaz contratado por ella misma con la misión de asesinarla. Salpimentada con pequeños brochazos de intriga, la novela explora el género desde la vertiente del melodrama, dejando el regusto de que sus personajes solo son capaces de sentir algo cuando se encuentran enfrentados a situaciones extremas. Ambos protagonistas, maestra y policía, están imbuidos de una especie de vacío que les acompaña en su deambular por la vida. Son gente que todavía no ha aprendido a decidir por sí misma, dominada por convencionalismos ya caducos y decadentes tradiciones que se escenifican en burlescas conversaciones telefónicas con sus progenitores y en huidas hacia ninguna parte.

En «Sylvia», -novela publicada recientemente por Navona Editorial, en su serie negra- Fast nos dibuja la historia amorosa que clarea entre un detective y una enigmática mujer cuyo pasado emerge a medida que transcurre la investigación; en Sally ocurre algo similar, y es otra indagación policial la que une a los personajes. El escritor amalgama todo un batiburrillo de indagaciones, simulaciones y juegos sexuales, que le sirven como trebejo de salvación que ofrecer a un par de náufragos perdidos en la soledad de la gran ciudad. Frente a una novela –Sylvia- que pone al descubierto las cicatrices que una rancia e irracional caza de brujas ha dejado en el pensamiento del escritor se antepone una narración en la que la historia se conjuga en tiempo presente. Una historia que levita sobre un enorme vacío que proyecta sus sombras entre las calles de una inmensa Nueva York que la heroína, sustraída a su vida de provincias, patea en busca del destino que ha de servirle para sustraerse a su pasado y resucitar a la vida. 
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lunes, 18 de mayo de 2015

EL DIARIO DE EDITH. (Patricia Highsmith)

EL DIARIO DE EDITH (Edith´s Diary)
Patricia Highsmith
TRADUCCIÓN: José Luis López Muñoz
ANAGRAMA, Colección Compactos, enero 2015
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“El diario de Edith” puede ser considerada tanto un drama doméstico como un thriller psicológico. La casi inclasificable Patricia Highsmith es famosa por su habilidad para representar despiadadamente mentes criminales y motivos oscuros. Lo que es verdaderamente inquietante es su facilidad en la creación de una psique asesina tan convincente que el lector, que sigue la historia con un equilibrio absoluto entre el horror y la fascinación, empatiza con el personaje a través del nivel de precisión proporcionado por la autora.

“El diario de Edith” es un retrato desgarrador e implacable, de una mujer cuya mente, a causa de una serie de decepciones sufridas a lo largo de su vida, se va deteriorando gradualmente. Edith Howland cuenta treinta y seis años al comienzo de la historia; es bonita, felizmente casada, escritora –publica regularmente en periódicos y revistas populares de élite- y aunque sus padres -Julia y Bill- viven en el campo dedicados al cultivo de rosas y se mantienen algo alejados de su vida, tiene una tía abuela –Melanie- con quien cultiva un contacto más inmediato. Edith sostiene un matrimonio afortunado con Brett; ambos tienen un hijo -Cliffie- y no hay escasez de amigos en sus vidas. La pareja trueca su existencai en Manhattan por otra suburbana en Pennsylvania. Lo que parece ser el comienzo del típico sueño americano se convierte en una pesadilla suburbana y a lo largo de 15 años la vida de Edith se deteriora gradualmente. Su marido abandona sus responsabilidades y, finalmente, deja a Edith por su secretaria. Cliffie, no cumple siquiera una sola de sus esperanzas; se convierte en un desperdicio que no deja el nido ni contribuye económicamente, emocionalmente, o de otra manera a su mantenimiento; se vuelve cada vez más delincuente y psicótico. Y, para colmo  de males, un moribundo y senil tío de Brett, –George-, se viene a vivir a la casa familiar. Los deberes domésticos de Edith se intensifican por el envejecimiento de George, a quien Brett ha dejado a su cuidado; una presencia persistente por cuyo mantenimiento corporal debe velar y a quien debe proporcionar cada día té y comidas regulares.

En la novela Edith es el personaje más convincente y mejor logrado. Su diario se convierte en un indulto a su monotonía cotidiana. En un principio, el diario narra los detalles exactos de su vida, pero a medida que las cosas se deshacen a su alrededor, misteriosamente aquél se vuelve cada vez más alegre. En los albores de la novela, los conocimientos de Edith la enriquecen intelectualmente, es co-editora de una revista independiente, y muchos de sus amigos también son escritores o polemistas de izquierda. Su escritura fluctúa desde la apófosis de una figura pública hablando descaradamente sobre cuestiones políticas a los vacíos fondos de una cronista frustrada y engañada, intentando forjar una vida ideal de fantasía en las ringleras de un papel. Estas últimas entradas del diario representan una regresión a un estado en el que Edith romantiza arquetipos burgueses porque son fácilmente representables e inaccesibles para ella. En la medida que su verdadera existencia se vuelve más y más difícil de tolerar, Edith se impregna cada vez más a sí misma de fantasía, hasta que a veces se vuelve incapaz de distinguir lo verdadero de lo falso, y su preocupación por su diario comienza a inmiscuirse en su vida pública. Highsmith es resueltamente sutil en la representación de la desintegración de Edith. Los lectores son conscientes desde el principio de la dualidad que se adueña de la heroína; sin embargo, su eficacia a la hora de ocultar esta perturbación ante los ojos de sus amigos más cercanos la erosiona lentamente. “El diario de Edith” es la crónica de la dicotomía entre el mundo real de Edith y el escape que representa el universo alternativo de felicidad que su diario le ofrece y que refleja un retrato devastador de una mujer incapaz de comprender sus propias emociones.
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viernes, 15 de mayo de 2015

CARICATURA EN NEGRO: STEPHEN KING

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Stephen King visto por el ojo de Paul Mosey
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PAUL MOSEY
De Stephen King, reciente ganador del Edgar Allan Poe Award a la mejor novela -con Mr. Mercedes-, se han realizado infinidad de remedos pero ninguno alcanza la excelencia y el realismo de los ejecutados por Paul Mosey. Moyse es un ilustrador independiente a la vez que dibujante especializado en caricaturas y retratos. Prefiere trabajar con medios tradicionales, como óleo, acrílico, acuarela, lápiz y papel, pero es igualmente feliz pintando y dibujando en el ordenador. Paul es un profesional talentoso al que le gusta equilibrar el realismo que pone en sus pinturas escribiendo rimas y dibujando para libros infantiles. Vive en el histórico balneario Ramsgate en la costa sureste de Kent -Reino Unido-, con su compañera y sus dos hijos.
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«MR. MERCEDES» YA ESTÁ DISPONIBLE EN CASTELLANO

En noviembre se publicó en España y Argentina la novela Mr Mercedes, de Stephen King, una historia de suspenso de 500 páginas, y que es además la primera entrega de una trilogía.
En las frías horas antes del amanecer, en una ciudad castigada del medio Oeste, cientos de desempleados desesperados esperan en fila para un puesto en una feria de empleo. Sin avisar, un conductor solitario barre la multitud en un Mercedes robado, pasando por encima de los inocentes, dando marcha atrás, y cargando de nuevo. Mueren ocho personas; hay quince heridos. El asesino huye. En otra parte de la ciudad, meses después, un policía retirado llamado Bill Hodges todavía sigue obsesionado por el crimen sin resolver. Cuando recibe una loca carta de alguien que se identifica como el “privilegiado” y amenaza con un ataque aún más diabólico, Hodges sale de su deprimido y desocupado retiro, empeñado en prevenir otra tragedia".
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