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lunes, 3 de agosto de 2020

UNIVERSIDAD PARA ASESINOS (Petros Márkaris)

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UNIVERSIDAD PARA ASESINOS
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Petros Márkaris nació en Estambul en 1937, de padre armenio y madre griega. Obtuvo la ciudadanía después de la caída de la Dictadura de los Coroneles, allá por 1974. Márkaris cuenta que la idea de la gestación del comisario Jaritos -un desilusionado  policía ateniense que le sirve de fundamento para hacer crítica de la sociedad griega actual- le surgió después de estar escribiendo durante varios años guiones de la serie televisiva “Anatomía de un crímen”. Para el propio Márkaris la idea de Jaritos fue una sorpresa: «Como fui por largo tiempo un activista de izquierda, no tenía ninguna simpatía por los policías. En Grecia, habían sido sinónimo de fascistas... Pero de pronto, por primera vez, caí en la cuenta que esos pobres policías son pequeños burgueses, que tienen los mismos sueños de que sus hijos puedan estudiar para convertirse en doctores o abogados. Así se comenzó a desarrollar esta construcción: un crimen y una historia familiar contadas paralelamente». 

Un viejo profesor universitario, Kléarjos Rapsanis, ministro de Reordenación Administrativa, ha sido envenenado con una tarta. De todos es conocida la bulimia que padecía Rapsanis. De todos es conocida su obesidad, una humanidad que le llevó a hacerse acreedor al sobrenombre de “Oliver”, en memoria de Oliver Hardy, aquél cómico orondo que hizo pareja cinematográfica con Laurel a principios del siglo pasado. El asesinato de este profesor de Derecho es el punto de partida de un enredo policial que va complicándose a medida que avanza la investigación.

Escrita, como ya es costumbre en Márkaris, en primera persona, “Universidad para asesinos” ofrece al lector la oportunidad de conocer la realidad social, política y económica de la Grecia del momento a través de los juicios de valor de Kostas Jaritos, “El escarabajo”, una persona meticulosa en su trabajo y  condescendiente en su vida privada. Un personaje que ha traspasado fronteras y adquirido reconocimiento internacional.

La sensación que queda una vez concluida la lectura de “Universidad para asesinos” se resume en una palabra:  “desconcierto”. Con el transcurrir de los acontecimientos el interés de la narración va decayendo. A mitad de la novela todo se hace predecible. La trama no se sostiene. Jaritos parece no tener idea de nada en lo concerniente al caso y sus pesquisas van adquiriendo forma en base a lo que le cuentan sus ayudantes, incluso a lo que en un momento determinado le comenta una periodista. Aquí no hay complejos procedimientos, ni sesudas cavilaciones. No hay subtramas que deriven hacia la principal ni sospechosos que devienen en inocentes. Los argumentos se hacen poco creíbles. Y así todo desemboca en un final pobre en recursos. Algo que sorprende en un escritor, Márkaris, que ha llevado al género negro griego a sus más altas cotas. 

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viernes, 17 de julio de 2020

ERNEST CHIRIACKA (DARCY), EL REY DEL PULP

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ERNEST CHIRIACKA (DARCY)
11 mayo 1913 - 26 abril 2010
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Anastassios Kyriakakos nació en Nueva York el 11 de mayo de 1913. Sus padres, Portia y Herakles, fueron emigrantes y arribaron a América allá por 1907 desde Spartia, en Grecia. En 1927, siendo un adolescente, Ernest creaba ya letreros para comercios locales y fue contratado para trabajar en una empresa profesional de diseño. En 1932 estudió  dibujo e ilustración en el Mechanics Institute, en el 20 West 44 Streets, la escuela no oficial más antigua de New York.

Chiriacka trabajó durante dos años en una empresa de exhibición y estudió ilustración avanzada con Harvey Dunn en la Grand Central School of Art. En 1937 contrajo matrimonio con Katherine y ambos pasaron a residir en Brooklyn. En 1952 se mudaron a una espléndida mansión en Greact Neck en Long Island, donde criaron a sus dos hijos, Leonard y Athene. En 1939 sus primeras ilustraciones de historias publicadas aparecieron reunidas en la revista pulp Love Story de Street and Smith. Las cubiertas pulp de Chiriacka, que empleaba una variedad de seudónimos como Acka, Darcy y AD, solían aparecer sin firmar.

Ernest Chiriacka llegó a vender cubiertas pulp para revistas tan conocidas como Ace-High Western, Adventure, Big Book Western, Black Book Detective, Detective Fiction Weekly, Dime Western, Exciting Detective, Fifteen Western Tales, 44. Western, G-Men Detective, New Detective, Phantom Detective, Rodeo Romances, Star Western, Sweetheart Stories, Ten Detective Aces, 10-Story Western, Texas Rangers, Thrilling Mystery, West y Western Aces.

Darcy pintó muchas cubiertas para libros de bolsillo hasta 1965, año en que se retiró de la ilustración comercial para centrarse en pintar paisajes del viejo Oeste, paisajes que han seguido atrayendo a los coleccionistas a las galerías de arte de todo el mundo.

Darcy Chiriacka murió en su casa de Long Island el 26 de abril de 2010 a la edad de noventa y seis años. 
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CLASSICS IN PULP COVERS: RAYMOND CHANDLER

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jueves, 16 de julio de 2020

LAS DOS AMELIAS (José Luis Correa)

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LAS DOS AMELIAS
José Luis Correa
ALBA EDITORIAL
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Amelia Hermoso no era una joven cualquiera. Amelia Hermoso era «influencer», una estrella de Instagram, alguien que se ha dejado notar en las redes sociales. Una persona con más de medio millón de seguidores, medio millón de desconocidos. Hermoso estuvo firmando ejemplares de su libro la tarde anterior en San Telmo. Sí, porque Amelia Hermoso había escrito un libro. ¿Por qué somos infelices pudiendo ser otra cosa? Toda un compendio de lo que fue su vida. Quien a última hora de la noche la vio subir a su habitación en compañía de un músico callejero no pudo nunca llegar a imaginar lo efímero que es el éxito...
 
Amelia Moreno llevaba dos años trabajando de camarera de piso cuando una mañana de finales de abril se dio de bruces con el cadáver de la Hermoso en la 104 del hotel Parque. Desnuda, tumbada a lo largo de la cama  y con los brazos abiertos, Amelia Hermoso parecía dormir plácidamente. Y la realidad es que lo hacía, solo que esta vez el sueño era demasiado profundo y no estaba en su pensamiento despertar jamás.

La influencer filósofa había recalado en la isla hacía una semana con el fin de promocionar su tratado de la infelicidad en la Feria del Libro de Las Palmas. Pero más tardó en llegar que lo que empleó en desaparecer.

La noticia de la muerte de Amelia Hermoso saltó a la luz como un zarpazo. En una hora se hizo viral. Y en una hora Amelia Moreno fue transportada a los infiernos. En una hora vio como su vida se venía abajo. Las redes comenzaron a arder. La Moreno fue despellejada viva por los seguidores de la Hermoso. Los insultos y las amenazas virtuales proliferaron como moscas. Más de uno la culpó del asesinato. «El mundo entero la odiaba  y la lluvia de insultos no escamparía con una sonrisa y una palmada en la espalda» Y todo motivado por la envidia, el pecado más miserable.

Y es ahí cuando la familia Moreno le propone a Blanco investigar el crimen de la influencer... ¡Bonito marrón! Qué sabrá él de redes sociales, de seguidores, fans, me gustas y otras zarandajas. Pero así son los gajes del oficio.

José Luis Correa aprovecha esta undécima entrega de Blanco para hablarnos de soledad. De la conexión causal entre las redes sociales y la soledad. Unas redes sociales muy cercanas al mundo de la inmediatez, al universo de las apariencias, a todo aquello que prima por encima del esfuerzo y de la calidad. A los éxitos momentáneos, las carreras meteóricas, los amigos virtuales a los que nunca se ha tenido la suerte de conocer, a los embaucadores likes, en definitiva a todo un comistrajo moderno que no garantiza la buena digestión de nuestras relaciones sociales, sino que apunta exactamente a todo lo contrario.

No deja de sorprenderme la maestría de este escritor para transmitir tanto en tan pocas páginas y sobre todo para lograr plasmar con tanto detalle los sentimientos. «Cené en la mesa de la cocina con los dos libros a mi alcance, Thelonious Monk en el salón y mi reflejo en el microondas. El reflejo de un viejo dinosaurio con ojeras, sin afeitar y en puro desconcierto. Hasta la cena era de otro tiempo, ¿quién cena ya viandas con Tolstói frente a un microondas? Al fondo de la copa había un cadáver que me miraba cada vez que bebía. El cadáver de una chiquilla de veinticuatro años, con el cuello tronchado, en la cama de un cuarto de hotel.» La violencia, la ternura, el verbo avispado, todo está presente aquí. Y es que las novelas de Correa tienen carácter, son propias de un novelista que goza de un gran dominio de los recursos narrativos. Su lenguaje poético e inmediato a la emoción, su prosa viva y vigorosa, sus personajes solitarios y complicados, el tema recurrente de la muerte y sobre todo el humor, esa manera socarrona y mordaz de mirar el mundo tan propia de la literatura hecha aquí, en Canarias. Todo un lujo.
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domingo, 21 de junio de 2020

FRASES PARA LA HISTORIA (CHESTER HIMES)

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CHESTER BOMAR HIMES 
(Jefferson City (Missouri) 1909 - Moraira (Alicante) 1984
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viernes, 19 de julio de 2019

LA NOCHE EN QUE SE ODIARON DOS COLORES (José Luis Correa)

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LA NOCHE EN QUE SE ODIARON DOS COLORES
José Luis Correa
ALBA EDITORIAL
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«La noche en que se odiaron dos colores» es la décima novela que el escritor grancanario José Luis Correa dedica a Ricardo Blanco, un personaje del que tuvimos noticias allá por 2003 y que aquí, alcanzadas ya las sesenta y tantas primaveras, nos reconduce por los pueblos de la isla y las calles de la capital en un viaje para el que no existen los imposibles.

Humberto Caballero tendría nueve o diez años cuando fue sacado de la escuela para ir a trabajar a Víveres Caballero, la tienda de aceite y vinagre que su padre Marcial regentaba en la bajada de San Nicolás. Marcial fue un trabajador honrado a carta cabal, uno de esos que ya no se estilan, un ser incansable que laboraba como un burro de sol a sol para obtener la renta justa con que mantener a su progenie. Una noche, sin embargo, lo trincaron solo en la tienda y lo atracaron. Y ahí comenzó la desgracia de la familia Caballero. Años después, tras dejarles el comercio a sus hermanos, Humberto emigró de la isla para terminar regresando y acabar sus días dedicado a la fotografía. Un arte que le sostuvo hasta que los teléfonos móviles vinieron a joderlo todo. A partir de entonces Humberto malvive en El Caracol, una pensión de mala muerte en la calle Diderot, en la zona de las Canteras, donde tiene un cuartito arrendado a precio de saldo. Y es en ese momento, cuando la marea parece calma, cuando se le pierde el rastro...

¿Por qué piensa Niágara Caballero en un secuestro? Pues muy sencillo: porque la alternativa la aterra. La alternativa ya podemos suponer cual es. Niágara, de profesión peluquera  (estilista según los cánones de la época) es vecina de Reyes Católicos y está acostumbrada desde pequeña a la soledad. Una soledad que deriva en ella la necesidad de aferrarse a la memoria de su padre para sobrevivir. Un padre, Humberto, Humberto Caballero, que lleva seis días en paradero desconocido.

Cuando Blanco inicia la búsqueda de Caballero «Nadie ha desaparecido. A nadie han encontrado muerto. En el depósito de cadáveres no espera ningún cuerpo a que vengan a reconocerlo. La vida sigue igual y el paradero de Humberto Caballero continua siendo una incógnita.» Sin embargo (siempre hay un pero) lo que comienza como una simple búsqueda deriva con el paso de las páginas en un lío de enfrentamientos de tres pares de narices entre colombianos y moros. Moros, sí, libios para ser más exactos. Una guerra que amenaza con poner la ciudad de Las Palmas patas arriba. Una guerra que va a tener su punto culminante la Noche de Finados (por si no lo saben ahora la llaman Halloween, ya que los finados no los celebra ni el obispo) con la detonación de un cargamento de explosivos previamente sustraído de una fábrica de voladores de Telde. Y es que en la ciudad del sol todo es posible.

Buena parte de «La noche en que se odiaron dos colores» transcurre en el sur de Gran Canaria, en el pequeño pueblo costero de Melenara. «¿Les gusta el pescado?, porque conozco un sitio donde preparan una lubina a la espalda para chuparse los dedos.» Melenara, presume de ser un lugar de gentes tranquilas, aguas calmas y ambiente generoso, un litoral donde el sol no falta a su cita diaria para alumbrar con su luz cristalina un escenario de encuentros felices. Allí, un Neptuno de cuatro metros lo observa todo desde su privilegiada ubicación. A los rojos cangrejos que pululan por la escollera del muelle, a la gente que degusta sentada en la terraza de una pulpería el pescado del día, al niño curioso que excava juguetón la negra arena a la búsqueda de tesoros olvidados y a Caballero, sí, a Humberto Caballero, quien un mal día cruzó indefenso su destino con abyectos personajes.    

«La noche en que se odiaron dos colores», como no podía ser de otra forma, se lee de un tirón, no en vano José Luis Correa tiene un estilo ágil, un estilo capaz de provocar la curiosidad del lector. Su lenguaje es directo, plagado de ironías y sutilezas. Asperja las páginas de esta novela el ya clásico humor socarrón del escritor así como su ambicionada renovación formal –sobre todo en lo concerniente a los diálogos, diálogos que Correa incorpora a la narración-, su lenguaje poético, consecuencia de su inequívoca habilidad narrativa, y el empleo de formas gramaticales y expresiones propias de las islas. Nada nuevo para quien se sienta próximo a su obra. 
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jueves, 14 de marzo de 2019

LA BUENA HIJA (Karin Slaughter)

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LA BUENA HIJA (The Good Daughter)
Karin Slaughter
TRADUCCIÓN: Victoria Hornillo Ledesma
HARPER COLLINS
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Después de que su casa de ladrillo rojo fuese incendiada, la familia Quinn se mudó a una granja. Allí, Harriet (Gamma para sus deudos), en su papel de madre, y sus dos hijas Samantha y Charlotte, reciben la visita de dos hombres armados de pistola que se presentan en busca de Rusty Quinn, notorio abogado defensor de las causas perdidas que ejerce de esposo de Harriet. Zachariah Culpepper y Bon Jovi son dos crápulas de la vida. Culpepper le debe dinero a Rusty y su  intención es liquidar la deuda con la muerte del abogado. Ante la ausencia de este, ambos terminan liquidando a Harriet y obligan a sus dos hijas a punta de pistola a penetrar en el bosque. Allí, Samantaha y Charlotte corren para salvar sus vidas. Samantha recibe un disparo en la cabeza y luego es enterrada viva. Charlie, por el contrario,  consigue escapar pero es perseguida por Culpepper y violada salvajemente. Sin embargo, ambas, Samantha y Charlie, consiguen sobrevivir. Estos hechos acaecieron el 16 de marzo de 1989. Veintiocho años después...

...veintiocho años después Charlie acude a la escuela donde estudió secundaria con la sana intención de devolverle su  teléfono a un tal Mason Hucleberry, un profesor de historia con quien recientemente mantuvo una aventura de una noche. Mientras  se encuentran en el aula de éste, oyen tres detonaciones. Ya en el pasillo se dan de bruces con el cadáver del director del centro adornado con tres disparos de bala. Su esposa llora a pocos metros de distancia mientras acuna el cuerpo de una niña muerta de un impacto en la cabeza. La sangre lo salpica todo. Todo es una horrible pesadilla. Charlie no solo es la primera testigo en la escena de los hechos sino que el caso desata sus recuerdos más terribles, recuerdos que ha tratado de reprimir durante mucho tiempo. Porque aquella carnicería le resulta familiar a Charlie. No es la primera vez que contempla aquello...

La historia que aquí nos relata Karin Slaughter está llena de escenas horribles. Ya hemos visto como dos hombres atacan a una familia en su casa con la intención de asesinar al marido y terminan liquidando a la esposa y como una colegiala le dispara a su director y a otra compañera en la escuela local dejando  el pasillo regado de cadáveres. Además, un abogado es apuñalado repetidamente mientras sale a recoger su correo diario. Todas estas historias están relacionadas y tienen lugar en la pequeña ciudad sureña de Pikeville, en Georgia. Slaughter nació allí, en Georgia, y escribe sobre ella y sus habitantes con conocimiento de causa, facilidad y comprensión. Conoce a los fanáticos y a los acosadores, así como a los protectores y defensores de la ley. Ella es capaz de condensar en unas pocas líneas la angustia de una niña sin madre así como la soledad de una hija alejada de su padre. Según sus propias palabras: «Muchas de mis historias reflejan lo que no encuentro en otros libros que leo, o lo que me gusta especialmente de los que he leído. Los lectores que conozcan mi obra desde hace tiempo sabrán que intento ser inclusiva en mis novelas y mostrar como es el mundo para las personas con discapacidades. Este es un tema que también trato en mi novela.» Y es que las hermanas Quinn, aunque salen con vida del atentado en el bosque veintiocho años atrás, siguen huyendo de los horrores de esa noche devastadora.  

Los libros de Karin Slaughter han sido acusados de ser demasiado oscuros y violentos. Su maravillosa novela «La buena hija» hace gala de estas cualidades. Hay escenas muy perturbadoras y sangrientas en ella. La muerte de Gamma es descrita con gran crudeza: «El disparo de la escopeta le había destrozado el pecho, el cuello, la cara. El lado izquierdo de su mandíbula había desaparecido. Parte del cráneo. Su hermoso y enrevesado cerebro. El arco altivo de sus cejas.» Sin solución de continuidad los acontecimientos en el instituto de secundaria nos dejan escenas como la presente: «El señor Pinkman estaba tendido boca arriba. Tenía la corbata azul echada sobre el hombro. La sangre se había extendido desde el centro de su camisa  blanca. Tenía abierta la cabeza por el lado izquierdo y la piel colgaba como jirones de papel alrededor del cráneo blanco. Había un profundo agujero negro donde debía estar su ojo derecho.» Slaughter desata sus emociones más profundas mientras cuenta con una crudeza bestial una historia que se centra en la relación entre dos hermanas, la idolatría que sienten por su madre y el deseo de seguridad y la protección que les proporciona su padre. 

«La buena hija» es una mezcla de suspense psicológico con la investigación de un misterio sin resolver. Un thriller que solo se presenta una vez cada mucho tiempo, una historia impactante, tierna y desgarradora. Mundialmente aclamada por su potencial narrativo, página a página Salaughter desgrana la historia de dos hermanas atrapadas en una red  de culpa, amargura y amor. Es ésta una brillante y atrevida novela policíaca que cuestiona el vínculo inquebrantable de la familia y el deseo de dos mujeres por descubrir la verdad sobre los brutales secretos que esconde su pasado. Repleta de giros inesperados, y rebosante de emoción, «La buena hija» es esencialmente un drama familiar, profundamente emocional. Una novela apasionante. Suspense en estado puro.
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viernes, 1 de marzo de 2019

EL ÁNGEL (Sandrone Dazieri)

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EL ÁNGEL (L'Angelo)
Sandrone Dazieri
TRADUCCIÓN: Xavier González Rovira
ALFAGUARA
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Sandrone Dazieri retornó a las librerías italianas en 2016 de la mano de Mondadori, tras su éxito “No está solo”, con un electrizante thriller: “El Ángel”. Es esta una novela de múltiples capas, compleja, llena de giros y vueltas y satisfactoriamente oscura. “El Ángel” supone, asimismo, el regreso de la pareja formada por Colomba Caselli y Dante Torre, dos personajes que luchan contra sus propios demonios mientras resuelven crímenes extremadamente desagradables. En esta ocasión el gambito de apertura de la jugada es el vagón de primera clase de un tren procedente de Milán, una especie de barco fantasma en misterioso trato con las sombras. A las doce menos diez de la noche el tren entró en la estación Termini de Roma y descargó en el andén número 7 una cincuentena de pasajeros. Del coche de lujo, del vagón de primera clase, extrañamente, no salió nadie. Todos los pasajeros fueron encontrados muertos. Aunque todo apunta a un ataque terrorista e ISIS reivindica la autoría a través de un video, Colomba prefiere pedir consejo a Dante Torre, a quien no dirige la palabra desde hace meses. Torre es la única persona capaz de ver lo que nadie más es capaz siquiera de imaginar.
La subcomisaria Caselli, que acaba de reincorporarse al servicio tras su último caso, es quien se encarga de evaluar la masacre. «Se trataba de una mujer que se había reincorporado al servicio después de una larga convalecencia y de una serie de contratiempos que habían sido objeto de debate durante meses en todos los talk shows. Se llamaba Colomba Caselli y, más adelante, alguien consideró que su llegada había sido un golpe de suerte. Ella no.» Las sospechas recaen inmediatamente sobre los de siempre: los musulmanes. Se suceden unas cuantas redadas a varias mezquitas locales hasta que Dante empieza a sospechar  que tal vez el Estado Islámico no es del todo culpable. Lo que la pareja descubre mientras viaja por Alemania, adonde la han conducido las últimas pesquisas, es que la verdadera responsable de tal locura es Giltiné, una especie de ángel vengador, una malvada tan antológica como metafísica, un ser diseñado para matar que va dejando las huellas dactilares de la Stasi y el KGB allí por donde pisa. «Musta estaba en lo cierto, realmente es un ángel. Sólo que se trata de un tipo peculiar: el Ángel de la muerte.» No va muy desencaminada esta afirmación, no en vano Giltiné es el nombre de la diosa de la  muerte en la mitología lituana. Una mujer que disfruta inyectando jeringas llenas de mescalina y psilocibina en los ojos de sus víctimas. Una joya diseñada a la medida para el caso.
El dúo ideado por Dazieri tiene su química, por lo excéntrico de uno, una excentricidad que roza lo esperpéntico, y la mesura de la otra. Dante y Colomba son dos personajes heridos e insobornables. Él, un héroe frágil y a la vez inteligente, claustrofóbico, adicto al café y a las pastillas (el primero lo toma de todos los gustos y colores, las segundas a destajo), un personaje que ha pisado el infierno y conoce la maldad del alma humana con todo lujo de detalles. Ella, al contrario, una heroína fuerte y testaruda, respetada dentro del cuerpo de policía y que aún conserva las huellas del Desastre. Puede que esta pareja no ofrezca muchas esperanzas en cuanto a la ficción pero no es menos cierto que el escritor ha sabido cogerle el pulso.
Así que, de nuevo Dante y Colomba, un crimen horrendo y una frase que puede hacer historia: “La muerte llegó a Roma a las doce menos diez de la noche”... Y luego un entramado de conspiraciones sazonado a ritmo de thriller. Dazieri no da tregua, encargándose de que siempre haya un foco de acción abierto con objeto de atraer la atención del lector. El escritor se vale de su profesión de guionista y utiliza imágenes de impacto visual que le permiten economizar en descripciones.
Estoy convencido que los amantes de las novelas sobre asesinatos despiadados y violencia sin límite lo pasarán en grande con este libro, muy alejado de las historias de Brunetti y Montalbano. Aquí el ritmo marca con su frenética acción la necesidad de mantener al lector en un estado de continua ansiedad y reforzar así la duda del misterio y la promesa de un desenlace brillante y colorido. El resultado, no podía ser de otra forma, es que se cae en lo excesivo. Hay demasiado caos y el conjunto comienza a perder pie. No queda claro quien supera a quien, si la realidad a la ficción o al contrario. Existe, o así me lo parece, una alteración desequilibrada de la acción por el mero hecho de exagerar. Pero (todo en esta vida tiene un pero) el escritor lo tiene claro: «Lo que intento hacer en los libros es hablar de mis dudas, no dar respuestas.»
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