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viernes, 8 de noviembre de 2013

LA MARCA DEL MERIDIANO (Lorenzo Silva)

Lorenzo Silva nace en Madrid en 1966 y ejerce su profesión de abogado hasta 2002, año en que decide dedicarse a la literatura. Desde 1985 ha escrito dieciocho novelas. Es finalista y ganador del Premio Nadal, en 1997 con "La flaqueza del bolchevique" y en 2000 con "El alquimista impaciente", respectivamente. Gana asimismo el Ojo Crítico de 1998 con "El lejano país de los estanques" , el Primavera de novela de 2004 con "Carta Blanca", y en 2002 el Planeta con la obra que nos atañe "La marca del meridiano" . 
El cadáver de un subteniente de la Guardia Civil perteneciente a la reserva es encontrado colgado de un puente en Logroño con evidentes síntomas de tortura. El caso se le asigna a un equipo de la Unidad Central con sede en Madrid, a cargo del brigada Rubén Bevilacqua, que cuenta con la ayuda de la sargento Chamorro y del guardia Juan Arnau. Bevilacqua trabajó en Barcelona años atrás a las órdenes de la víctima, Rafael Robles, motivo suficiente para que las acciones de la Guardia Civil se trasladen a la capital catalana. Las conversaciones con la viuda, Consuelo, y el seguimiento de las cuentas de Robles llevan a la conclusión de que éste prestaba servicios de vigilancia y custodia de dinero para el crimen organizado. Corrupción policial y delincuencia se conjugan en una novela que despierta sentimientos encontrados y opiniones contrapuestas.
Abordo la lectura de esta obra con la convicción de que me enfrento a una novela negra en su más puro estilo, no obstante, me asalta la extraña sensación de haber compartido las aventuras de un caballero andante que, teléfono en ristre, recorre la geografía patria, seguido de sus dos fieles escuderos, en pos de deshacer un entuerto que le viene muy ancho. La novela narrada en primera persona por el brigada Bevilacqua adolece de un ritmo ágil a la vez que  presenta una trama muy plana, hasta el punto que los acontecimientos se precipitan en las últimas páginas. Se echan de menos algunos ingredientes de la novela de género tales como una narración cargada de verbos que transmitan movimiento, un lenguaje duro y directo y unos personajes de marcada psicología. A cambio se nos ofrece un protagonista irónico y quijotesco, cuya personalidad anula la de sus compañeros, y que, paradojas de la vida, razona y se expresa en un lenguaje arcaico y de una calidad tal que , no en vano, ha hecho merecedora a la obra de ser premiada con uno de los más prestigiosos galardones de las letras hispanas.