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domingo, 14 de octubre de 2018

HIJOS DE LA STASI (David Young)

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HIJOS DE LA STASI (Stasi Child)
David Young
TRADUCCIÓN: Carlos Jiménez Arribas
HARPERCOLLINS IBÉRICA, S. A.
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La vida a la sombra del Muro de Berlín ha sido terreno fértil para escritores como Len Deighton, Joohn Le Carré e Ian MaEwans. Esta novela de David Young, «Hijos de la Stasi», nos acerca  de nuevo a la antigua República Democrática Alemana, a la Destsche Demokratische Republick, la DDR como llegamos a conocerla, y más concretamente al corazón brutal de su infame aparato policial, a la Volkspolizei o Policía del Pueblo, a la VOPO, y en concreto a la Kriminalpolizei o KRIPO, su Brigada de Policía Criminal. Hoy evocar a la DDR es pensar en la Stasi, el Ministerio para la Seguridad  del Estado y su red de informadores oficiosos, la singularidad de sus métodos y el ingente número de personas que tenía a su cargo. Entrenamiento y alojamiento de terroristas internacionales, asesinatos, secuestros, chantajes, coerción, fraude electoral y muchos más crímenes y abusos flagrantes de los derechos civiles y humanos, eso fue la Stasi. En este contexto, Young nos presenta una nueva y sorprendente protagonista, la Oberleunant, o lo que es lo mismo la inspectora, Karin Müller, una mujer cuya vida familiar viene acompañada de alguna que otra sorpresa.

Una de las decisiones que Young tomó a la hora de escribir «Hijos de la Stasi» fue darle el protagonismo a una mujer teniente en una época en la que la gran mayoría de las mujeres de los países soviéticos trabajaban, al contrario de lo que ocurría en el bloque occidental. Apostilla Young que «aunque las novelas ambientadas en la Guerra Fría suelen estar dirigidas a hombres, las mujeres leen más novela negra y es por eso que decidí que mi protagonista fuese una mujer». 

La Oberleunant Karin Müller es la mujer de mayor rango en la KRIPO, cuyos poderes están de hecho limitados por la poderosa Stasi, el Ministerio para la Seguridad del Estado. Ella está orgullosa del esfuerzo de su gobierno por crear una sociedad más justa. Su ascenso es una prueba positiva de que todo funciona correctamente y para demostrarlo se le encarga un caso políticamente delicado. En el Berlín Oriental de 1975 Müller es requerida a investigar la muerte de una adolescente acribillada a balazos al pie del Muro. Todo hace pensar que la chica huía, pero lo curioso es que la escapada se producía hacia la parte occidental... La Stasi solicita a Müller que descubra la identidad de la chica al tiempo que le asegura que el caso está cerrado y le anima a que se abstenga de hacer más preguntas. En la antigua República Democrática Alemana las mentes curiosas no estaban bien vistas.  

Si bien su vida profesional, la vida profesional de Karin Müller, va viento en popa, su matrimonio hace agua por todas partes. Su esposo, Gottfried, es un maestro de escuela recientemente reprendido por el Estado y enviado a trabajar a un reformatorio en la costa del Báltico, todo ello en un esfuerzo por realinearlo con los valores comunistas. Gottfried devora las noticias occidentales y frecuenta una iglesia regida por un pastor sometido a vigilancia, conductas estas poco recomendables en una sociedad regida por un sistema que se alimenta del miedo y la paranoia.

Abrir con un asesinato puede ser el tropo más acostumbrado de la moderna novela de detectives, pero en medio de las tormentas de nieve que presiden la narración de Young no hay nada más reconfortante que la calidez de la familiaridad. Young incorpora una subtrama, aparentemente no relacionada con la historial principal, que recrea las condiciones restrictivas y duras experimentadas por un grupo de jóvenes en el Jugendwerkhof de Prora Ost en la isla de Rügen, una especie de reformatorio juvenil, un hogar para seres desarraigados destinados a ser adoctrinados en los procedimientos del Estado. Mientras ambas narraciones fluyen hacia un desenlace común, la profundidad de la corrupción y la conspiración existentes en una sociedad tan cerrada como la Alemania oriental de la posguerra se vuelven demasiado patentes.

Llega a comentar Young que el Jugendwerkhof de «Hijos de la Stasi» es ficticio pero menciona el de la ciudad de Torgau como inspiración, un reformatorio este de Torgau tristemente conocido por los abusos sexuales y el maltrato a que se veían sometidos los niños allí recluidos. «A  menudo los niños se encontraban allí no porque hubieran hecho algo malo, sino porque quizás sus familias sí lo habían hecho», puntualiza el escritor al tiempo que añade que «una gran cantidad de jóvenes y niños fueron presionados para ser informantes no oficiales de la Stasi en esos centros.»

Se cree que cuando cayó el Muro en 1989 alrededor del 6% de los 173.000 colaboradores extraoficiales de la Stasi eran menores de 18 años. La incorporación de menores al organigrama estatal  comenzó en la década de los 70 y fue en aumento en los 80. «Lo interesante es que las personas sospechosas de ser informantes a menudo no lo eran, mientras que los amigos y amantes de quienes no se sospechaba a menudo lo eran», argumenta Young. 

«Hijos de la Stasi» está avallada por el CWA Historical Dagger Award del 2016, el más importante galardón destinado a la novela policíaca e histórica en el ámbito anglosajón. Su éxito creciente ha provocado que el argumento se extienda a una serie de cinco libros (en un principio el contrato que firmó Young recogía una trilogía), ambientados todos ellos en la Guerra Fría, y que tienen como referente «El niño 44» de Tom Rob Smith, una novela ambientada en la Rusia estalinista, y el film «La vida de los otros» de Florian Henckel Von Donnersmarck. Una fórmula esta de «neo noir» emergente encuadrado en los regímenes comunistas que toma el relevo de  los relatos inspirados en la Segunda Guerra Mundial. Quizás lo más logrado de esta ficción distópica sea la recreación del ambiente histórico de la Alemania de Erich Honecker, la pobreza masiva, la desconfianza pública, la miseria, el sufrimiento y la opresión así como la aproximación al desenfreno del espionaje y la continua violación de los derechos humanos e intelectuales de los individuos, algo que presuntamente llevó al autor a hacerse con la Historical Dagger. Un debut prometedor, desde luego, que esperemos tenga continuidad en próximas entregas.
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domingo, 5 de agosto de 2018

LA SED. (Jo Nesbø)

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LA SED (Tørst)
Jo Nesbø
TRADUCCIÓN: Lotte Katrine Tollefsen
PENGUIN RANDOM HOUSE GRUPO EDITORIAL S. A. U.
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Sangre. Sí, sangre. Esta vez a Harry Hole le llama el olor de la sangre. La tranquilidad de Oslo está siendo turbada por un «vampirrista», alguien con un profundo trastorno psicológico que tiene un gusto especial por la sangre humana, sangre que trasiega como si de un gran reserva de rioja se tratase. La historia comienza con el asesinato de Elise Hermansen una joven abogada especializada en apoyar a víctimas de abusos sexuales que sufre un inesperado y terrible mordisco con unos dientes protésicos de hierro después de acudir a una decepcionante cita concertada a través de Tinder. Tinder, para los que no estén iniciados en ello, es una aplicación geosocial que permite la comunicación entre los usuarios en base a sus preferencias personales y que facilita su posterior encuentro. «Las nuevas tecnologías nos hacen más vulnerables pero nos adaptamos a ellas» opina Nesbø.

Los fragmentos de óxido y pintura negra que la dentadura metálica deja en las heridas de las víctimas tienen a la policía desconcertada. Se llega incluso a barajar la posibilidad de que alguien se haya afilado los dientes. Dos días después del hallazgo del primer cadáver aparece otro, una mujer de la misma edad también usuaria de Tinder, en una escena igual de inquietante y singularmente similar. A medida que los cadáveres del «vampirista» se van acumulando, el departamento de Delitos Violentos no ve otra solución que acudir a Harry Hole. Este se muestra renuente a aceptar un trabajo que se lo arrebató todo. El chupasangre le es familiar a Hole, está convencido de que es alguien a quien conoció en un pasado remoto. Así que, a pesar de la promesa hecha a su mujer de no volver a pisar el terreno de la investigación criminal, a pesar de todo lo que arriesga, es incapaz de dar la espalda a un trabajo con el que guarda una profunda relación de amor-odio. Es como si escuchara de nuevo «la voz de un hombre al que intenta no recordar» y se lanza a la caza de la figura que lo persigue.

«La existencia de los vampiros tiene su fundamento tanto en la zoología como en la ficción». El vocablo «vampiro» apareció allá por el siglo XVIII coincidiendo con el período de peste que asoló Europa, especialmente su zona oriental que es donde la leyenda adquirió una mayor relevancia, para designar a un engendro que chupaba la sangre de los vivos hasta matarlos. La enfermedad que padece tal aberración es conocida como «síndrome de Renfield», un término que hace alusión al personaje que, con el mismo nombre, fue descrito en uno de sus manuscritos por el novelista Bram Stoker en su archiconocida obra literaria «Drácula» en 1897. Hoy existen  algunas enfermedades como las epidemias de peste, la porfiria, la esquizofrenia y la rabia que ayudan, al menos parcialmente, a dar una explicación científica a la existencia de este fenómeno, la leyenda de los vampiros.

Los vampiros eran unos seres de aspecto aterrador, con una apariencia tan horrible que, previendo el susto, no se reflejaban en los espejos, y que hacían gala de una gran fortaleza física. Eran noctámbulos, actuaban solo de noche, y su principal característica era que atacaban de forma epidémica a los vivos a los que desangraban hasta producirles la muerte. Quienes sufrían el «vampirismo clínico» estaban en una zona intermedia entre la realidad y la fantasía. Eran gente que sentía la necesidad física y el impulso de beber sangre, la propia o la de otros, con tal de que fuera sangre, y para ello eran capaces de llegar al extremo de matar. «La sed» gira en torno a la idea de que «algunos investigadores cometen el error de creer que el vampirista, que es una persona normal pero enferma, está inspirada en primera instancia en estos mitos». Un vampirista es alguien que se satisface bebiendo sangre, así de simple y así de complejo. El vampirista de nuestra historia, un psicópata de pecho tatuado, un personaje que creíamos muerto en la cárcel en la entrega anterior, es un gourmet, un sibarita, una persona con un gusto especial por la sangre. Tanto es así que la bebe mezclada con limón después de hacerla pasar por la licuadora. ¡Tremendo explosivo! Como para no soltar la botella tras el primer sorbo.

Entre la omnipresencia de la música que salpica una serie que ha vendido ya más de treinta y tres millones de ejemplares en cuarenta idiomas (no olvidemos que Nesbø fue cantante de un grupo de rock y que esta pasión la ha heredado indefectiblemente  su detective) en «La sed» resurge la relación padre-hijo. La relación entre Hole y su hijastro Oleg. Oleg se postula como policía en la academia donde su padrastro imparte clases y  siente que este le traiciona cuando descuida a su madre, Rakel Fauke, en los momentos delicados en que esta permanece ingresada en el hospital de Ullevål con un coma inducido. «Cree que le traiciono al seguir con la investigación mientras ella está aquí» se lamenta Hole. Aquí radica el verdadero corazón de «La sed», la búsqueda de la reconciliación en lugar del reconocimiento y la aclamación. La elección moral y el consuelo pueden ser ilusiones a los ojos de algunos pero «hacemos lo que tenemos que hacer porque somos lo que somos». La pregunta surge por sí sola: ¿Qué hace Hole en esos momentos además de luchar contra los malos? Simplemente... ¡compra un bar! Que no es poco tratándose de Hole.

Lo que no deja de sorprender en la narración de Nesbø es el flujo y reflujo de los hilos de la trama. Perspectivas oblicuas, escenas fragmentadas y puntos focales cambiantes se suceden y crean una atmosfera inestable mientras la historia se desgrana dejando esquirlas a su paso. Los asesinatos se encadenan, cada uno más horroroso que el anterior, y aunque Hole aporta a la investigación el vigor necesario, se enfrenta a un revés tras otro. El pánico se extiende. Cuando le tiende una trampa al asesino, éste se encuentra un paso por delante...

Nesbo empaqueta su historia con papel suspense. En sus últimos capítulos la novela deja a un lado el procedimiento policial y amparada en la brutalidad de los asesinatos y los continuos e inesperados giros de la trama deriva hacia el horror. A pesar de ser una obra tan compleja y multicapa lo mejor de «La sed» es su dramático final. El escritor orquesta un gran desenlace que convoca a los dos antagonistas a un juego inteligente, dramático y lleno de acción.  Un juego que va a requerir al lector un vaso de buen rioja (mejor es dejar cóctel de sangre y limón para otra ocasión) para calmar los nervios. 
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jueves, 12 de julio de 2018

LA MUJER OCULTA. (Karin Slaughter)

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LA MUJER OCULTA (The Kept Woman)
Karin Slaughter
TRADUCCIÓN: Victoria Horrillo Ledesma
HARPERCOLLINS IBÉRICA, S. A. 
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Will Trent no daba señales de vida desde 2013 (téngase en cuenta que esta novela vio la luz en 2016), un tiempo que ha empleado Karin Slaughter para recrear un par de libros independientes. En este último y, posiblemente, mejor relato de la serie hasta la fecha, la escritora entrelaza una historia macabra con las misteriosas relaciones de pareja de uno de sus personajes más atractivos, el agente del Georgia Bureau of Investigation (el GBI) Will Trent.

Cuando se descubre el cuerpo sin vida (asesinado sin ningún género de duda) de un varón cercano a la sesentena en un solar en obras de Atlanta el Georgia Bureau of Investigation se hace cargo del caso. Caso que adquiere el carácter de peligroso cuando el cadáver es identificado como el de un expolicía, un detective de primera con querencia a la corrupción. El edificio donde ha tenido lugar el crimen, un club nocturno en construcción, pertenece a un poderoso grupo inversor que cuenta entre sus miembros con Marcus Rippy, una estrella del baloncesto de alto perfil. Como no podía ser de otra forma Trent y Rippy compartieron en tiempos pretéritos una aventura conjunta, seis meses de investigación que culminaron con la reputación intacta del genio de la canasta. Ahora va a suceder, ¡oh casualidad!, que esta lumbrera del balón redondo, este «chico malo», se encuentra relacionado con la muerte del expolicía.

La víctima del asesinato, Dale Harding, es hallado con el extremo puntiagudo del pomo de una puerta incrustado en su tráquea. El gran volumen de sangre encontrado en la escena del crimen hace pensar en otra víctima, víctima que no ha dejado, al margen de su sangre, rastro alguno. La médica forense Sara Linton cree que a la pobre mujer (porque de una mujer se trata) no le queda mucho tiempo de vida. Trent y su equipo se ven forzados a encontrarla antes de que sea demasiado  tarde.

Will Trent, agente del Georgia Bureau of Investigation, es un personaje complejo, henchido de cicatrices tanto físicas como emocionales, un disléxico de nacimiento que tiene que codificar por colores cada informe que lee. A lo largo de los siete libros anteriores (este completa la octava entrega) Slaughter insinuó ya los primeros traumas de Trent quien fue abandonado de pequeño y creció en un orfanato. Su problemática relación con su sádica esposa Angie Polaski y su inestable romance con la forense Sara Linton son los ingredientes básicos de una historia enredada y no apta para cardíacos.

La estrella del libro es, sin embargo, Angie Polaski, la conflictiva esposa de Will Trent. Polaski ha estado presente en la vida de su esposo desde siempre pero nunca antes se nos había permitido conocerla tan a fondo como sucede aquí. «Angie Polaski no había dejado de entrar y salir de la vida de Will como un mosquito desde que tenía once años. Se habían criado juntos en el Hogar Infantil de Atlanta y ambos habían sobrevivido a los malos tratos, el abandono, la negligencia y la tortura». De todos los sufrimientos que puede argumentar Trent en su vida ninguno es comparable al tormento por el que le ha hecho pasar la Polaski. Es esta una mujer mezquina, retorcida, cruel y  vengativa, todo un dechado de virtudes. Todo un personaje al fin... pero un personaje que ha formado parte de la vida de Trent durante treinta años. Y eso es mucho tiempo. Eso es toda una vida.

«El momento más peligroso para una mujer maltratada es aquél en que intenta abandonar a su acosador». Vale la pena citar este pasaje de «La mujer oculta» para mostrar las distintas formas en que Slaughter retrata el abuso de mujeres y niños y su condena y desprecio por la existencia de estos comportamientos.
El concepto de «violencia de género» da nombre a un problema que hasta no hace mucho era considerado un asunto de familia que no debía trascender de puertas para afuera. Hoy es un problema que traspasa fronteras y que está presente en la mayor parte de los países del mundo.
La violencia no es innata, no es algo consustancial al género humano, si así lo fuera todas las personas serían violentas o todas practicarían la violencia de la misma manera. Los maltratadores son selectivos en el ejercicio de la violencia lo que demuestra que son capaces de controlarse en cualquier otra situación. «Me sacó de casa de mi madre a rastras, tirándome del pelo. Estuvo a punto de matarme de una paliza. Me metió en un arcón y me tuvo encerrada en el garaje».
El problema de la «violencia de género» va más allá de cualquier planteamiento numeral. Además de ser una cuestión de derechos humanos y de salud pública conjuga manifestaciones culturales y visiones institucionales y hay que abordarla desde la desigualdad entre hombres y mujeres. Si es cierto que cada vez es mayor el rechazo ante situaciones de este tipo no lo es menos que cada vez la violencia hacia la mujer es más hábil y encubierta. «Me pega. Me viola. Me obliga a suplicarle que siga haciéndolo. Y después tengo que pedirle perdón por haberle hecho perder el control. Me obliga a darle las gracias cuando me permite ir a tomarme un puto café o llevar a mi hijo a jugar con sus amigos».
No es este el sitio ni el momento adecuado para abordar un tema tan espinoso en la medida que merece. Pero no puedo dejar pasar la ocasión para afirmar rotundamente que la violencia hacia las mujeres es un atentado contra los derechos humanos, contra la integridad y la salud de las personas y el desarrollo de las naciones y el mundo. No es menester decir que se hace imprescindible una reflexión profunda sobre la forma en que los individuos, las instituciones y la cultura en general, deben abordar el tema de la construcción, reproducción y comprensión de la violencia en términos generales y particularmente la ejercida hacia las mujeres.
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lunes, 18 de junio de 2018

NO ESTÁ SOLO (Sandrone Dazieri)

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NO ESTÁ SOLO (UCCIDI IL PADRE)
Sandrone Dazieri
TRADUCCIÓN: Xavier González Rovira
ALFAGUARA
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«Uccidi il padre» en italiano, algo así como «Matar al padre», es la primera novela de lo que se espera sea una nueva serie del escritor italiano Sandrone Dazieri. Cuando una mujer es encontrada decapitada en un parque de las afueras de Roma y su hijo de seis años desaparece, la unidad de policía asignada al caso arresta al esposo de la mujer e intenta lograr su confesión. Pero el mando principal de la Brigada  Móvil de Roma, Alfredo Rovere, tiene sus dudas y asigna la investigación a dos de las principales mentes analíticas del país: la inspectora del departamento de Homicidios Colomba Caselli, una detective joven, dura y aguerrida que aún se recupera de un horrible asesinato masivo del que milagrosamente salió con vida y Dante Torre, una especie de genio que pasó su infancia atrapado dentro de un silo y cuya capacidad de deducción solo es igualada por sus paranoias. Alimentado por la mano enguantada de un ser enigmático, a quien conoce como «el Padre», Dante salió de su terrible experiencia con una claustrofobia paralizante pero, también, con una sed insaciable de conocimiento. No en vano, los últimos veinticinco años de su vida los ha dedicado a coleccionar cachivaches y mantiene en su apartamento una habitación de tres por cuatro llena hasta los topes de recuerdos de tiempos que no llegó a vivir. Hoy toda evidencia sugiere que el Padre ha vuelto al trabajo y se encuentra activo después de permanecer dormido durante décadas. Cuando Colomba y Dante comienzan a seguir su rastro comprenden que, sea lo que sea que está pasando, es más oscuro de lo que se podían imaginar.

Es esta la historia de dos héroes habituales marcados por su pasado, dos héroes con el alma rota y la personalidad dañada, dos héroes  que comparten el dolor y un deseo mutuo de justicia. Es esta una trama que desciende a las profundidades de las cloacas de la Italia más negra para constatar que siguen tan podridas como siempre. Es este, en fin, un thriller que se sale de lo convencional y todo gracias a unos personajes insólitos. Por un lado Colomba Caselli, una joven guapa, atlética y dura, algo impulsiva eso sí, que vive atormentada por las secuelas de lo que fue un atentado con explosivos ocurrido meses atrás en París y del que salió ilesa pero incapaz de concentrarse en nada de nada. El Desastre, como ella lo llama, ocurrió cuando Colomba se encontraba a orillas del Sena tras la pista de un asesino reincidente, culpable de dos homicidios, algunos atracos y otros  atentados por encargo. Un restaurante japonés de lujo situado encima de unos grandes almacenes saltó por los aires con fragmentos de metralla, polvo de cemento y aire incandescente. Allí Colomba localizó al asesino, quien antes de morir la vio, la reconoció, la estudió en detalle... y ya pueden imaginar el resto. El otro personaje, Dante Torre, estuvo recluido en un silo once años y ahora se dedica a sobrevivir buceando en sus recuerdos y poniendo su poderoso intelecto al servicio de los desaparecidos. «El niño del silo» es un proyecto de hombre. Un personaje demediado, partido en dos mitades. Una quedó atrás en su Cremona natal y la otra la arrastra penosamente consigo. Un tipo enterrado que encuentra en esta aventura un camino a la salvación, una salvación que está muy lejos de sentir a pesar de que ocurrió hace ya veinticinco años. Un extraño secuestro el suyo sobre el que policías y jueces se hacen los locos. Un extraño secuestro que, aunque parezca increíble, une a ambos personajes.

El tráfico de niños es hoy en día un problema muy grave a nivel mundial. En las últimas décadas el contrabando y el mercadeo de menores se han convertido en fuente real de ingresos para las organizaciones criminales. Motivos como la adopción ilegal, la explotación laboral, la prostitución, la pornografía, el abuso sexual, la obligación a mendigar y otros tantos por el estilo se encuentran detrás de este execrable delito. El tema de las desapariciones de menores es algo que preocupa a los progenitores desde hace tiempo, no en vano un buen porcentaje de los casos activos de desaparecidos corresponden a adolescentes. Facilitar que los menores adquieran la autonomía y la madurez suficiente para moverse con seguridad en un mundo tan complicado y difícil requiere tiempo y dedicación por parte de los padres. Educar es un difícil equilibrio entre la conciencia de los riesgos y el desarrollo de la autonomía personal. Según Dazieri «Lo que mueve a mis protagonistas no es ni la venganza ni el castigo a los culpables sino el deseo de salvar a las víctimas. Y creo que si se tiene que salvar a alguien de una violencia intolerable casi cualquier medio es lícito. Dante es sobre todo una víctima que quiere que a nadie le suceda lo que le sucedió a él y se juega la vida para lograrlo.» Dante, no descubro nada nuevo, es un tipo extraño con un amplio conocimiento del secuestro y el trauma. Un personaje sobre el que Dazieri se documentó en profundidad a la hora de ver cómo reaccionan las víctimas infantiles afectadas de traumas de encierros.

«Yo creo que el thriller es más adecuado para contar la época actual. Para mí la novela negra es hija de una época romántica en la que aún podía creerse que los héroes podían salvar el mundo, solitarios, como caballeros. No creo que siga siendo posible. Bajo el nombre novela negra, como al final ha triunfado se ha publicado mucha morralla y el mío era un intento de ruptura en esa dirección.» Así se expresó Dazieri en su momento  sobre «No está solo», un thriller estructurado al estilo clásico, en presente, con algún que otro flash back y en el que cada parte destapa poco a poco una sorpresa. No cabe la menor duda que «No está solo» un thriller condenadamente fino, ejecutado con aplomo, que toca todas las notas correctamente, pero que hasta cierto punto le falta alma, o chispa o como ustedes quieran llamarlo para llevarlo al escalón compositivo más alto. Podría pensarse que esta crítica es inhumana sobre todo teniendo en cuenta que decididamente recomiendo su lectura. La acción es genial pero echo en falta sorpresas genuinas, algo para confundir al lector. Aun así estoy deseando vérmelas con «El Ángel» porque estoy convencido que Dazieri es muy capaz de aparecernos con algo definitorio en el género. Cualidades no le faltan.  
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lunes, 28 de mayo de 2018

NUNCA MIRES ATRÁS. (Claudio Cerdán)

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NUNCA MIRES ATRÁS
Claudio Cerdán
MENOSCUARTO EDICIONES
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Es esta una novela sin grandes pretensiones que no por ello deja de ser entretenida, algo muy adecuado para pasar un buen rato.  Y digo un «buen rato» porque la fábula está bien escrita, es animada Y encima permite avanzar algo en el conocimiento del singular personaje en que ha llegado a convertirse Sonia Ruíz, esa adorable treintañera con querencia a los líos que de un tiempo a esta parte se nos ha hecho tan familiar. Para aquellos que se animen a adentrarse en este singular proceso creativo les advierto que le esperan unos pasajes tan realistas, tan cotidianos que basta solo con acercarse a las páginas del periódico para contemplar  como la realidad supera muchas de las veces a la ficción. Una novela interesante, sí. Y toda ella salpimentada con un tufillo a pulp (no sé si por la formidable portada de Miguel Navia) y con unas elevadas dosis de acción y misterio que no dejan de agradecerse.

Sonia Ruíz acaba de pasar la peor noche de su vida y amanece sin bragas y con una enorme laguna mental. Al tiempo que la rescata de un pringoso y maloliente contenedor de basura, una especie de ataúd de desperdicios en el que dormita semidesnuda, Mila se presenta como una antigua compañera de instituto y la requiere para que localice a su marido en fuga que la ha dejado con una casa hipotecada y un montón de deudas. Sonia bucea en sus recuerdos y no contempla a Mila en absoluto. De compañera de instituto, nada. Pero ella no es de esas que rechazan un trabajo así como así y de inmediato pone manos a la obra. El marido de Mila es un tal David Martínez García, un personaje muy cercano a las peñas futboleras ultras que pululan alrededor del nombre del Real Madrid. Las pesquisas llevan a la Ruíz a tratar con grupos neonazis y con la mafia rusa y el caso, no es para menos con semejante gentuza, adquiere tintes sangrientos. 
  
“Me tomo cada novela como un nuevo reto. Considero que explorar nuevos horizontes y salir de tu zona de confort es algo que te hace evolucionar como escritor. Quizá  por eso me propusieron participar en la colección SeisDoble de la editorial Menoscuarto sabiendo que aceptaría sin pensarlo. Para quien no conozca esta colección, se trata de una serie de novelas que cuentan casos de la detective Sonia Ruíz. Lo curioso del tema es que cada libro lo realiza un escritor distinto que no solo debe respetar lo que hicieron los anteriores, sino aportar más matices al mundo de la protagonista.” Así, con estas palabras, se incorpora Claudio Cerdán, el joven escritor yeclano, al proyecto de Menoscuarto. Y lo hace no sin reservas: “Pensaba, lo diré claro, que iba a meter la pata hasta el fondo. Así que con Sonia Ruíz me tiré de cabeza a la piscina.” Y es que no debe de ser una labor fácil hacerse cargo de la herencia emprendida por plumas de tanto renombre como Lorenzo Silva y Andreu Martín.

Hay que reconocerle el valor a ciertas editoriales que se lo curran bien y que no paran en mientes a la hora de ofrecerle al lector propuestas que optan por romper con lo de todos los días y que se adentran en el terreno de lo arriesgado para crear proyectos que se hacen difíciles de rechazar por su originalidad y por la curiosidad que despiertan. Dar vida a un personaje femenino y dejarlo en manos de diversos autores, cada uno con sus chifladuras y sus rarezas, sin que por ello degenere en una piltrafa, es un reto creativo de cierta envergadura. Un personaje femenino que bien puede corresponder con el de la madrileña Sonia Ruíz, una treintañera algo alocada, que vio la luz en “Nada sucio” y no tardó en tomar conciencia de que se encontraba sola, abandonada por su marido, y con un cargamento enorme de recibos por pagar. Y como remedio más inmediato decidió dedicarse a las labores detectivescas sin otro adiestramiento que dos meses al servicio de un detective forjado a la antigua usanza. ¿Y qué quieren que les diga? Que desde entonces la pobre mujer no ha dejado de meterse en líos llevada de la mano por los mejores autores de novela negra de este país. Y han sido ya unos cuantos los «fregaos» en los que estos señores se han empeñado en involucrar a la pobre chica a expensas de una salud cada vez más quebradiza. No podía faltar aquí Claudio Cerdán, claro, un escritor cáustico y punzante y ¡cómo no! encantado de joder a sus personajes. Y vaya si jode a la pobre muchacha, porque eso de hacerla pasar una noche en un contenedor, ligerita de ropa y expuesta a todo tipo de miradas indiscretas, no es algo que esté al alcance de cualquiera.

Claudio Cerdán no es nuevo en esto. Irrumpió en la escena del negro con “El país de los ciegos” en 2011 y con ella se alzó con el Novelpol al año siguiente. Desde entonces ha seguido dando guerra. Es un escritor que está acostumbrado a los personajes oscuros, algo que se ha hecho muy familiar en sus libros. Sus novelas están pobladas de delincuentes peligrosos, de criminales recién salidos de la cárcel, de policías corruptos y perdedores que ignoran qué sentido dar a sus vidas.

Nos damos de frente aquí con un caso de violación en grupo, una noticia de relleno en los telediarios de un día cualquiera, pero un tema muy en boga en estos momentos en España tras el fallo judicial de La Manada, un fallo que ha provocado movilizaciones multitudinarias y ha llevado a la unanimidad de los partidos políticos en torno a la improcedencia de la sentencia. Gallego, Jorge Pérez y El Charly son aquí La Manada, tres personajes cercanos a la ultraderecha que una noche sin luna tropiezan con una chica perdida y tras veinte minutos de abusos deshonestos le destrozan la vida. Para ellos es algo normal. Una forma más de divertirse. Para Mila significa adentrase en los tortuosos caminos de la venganza. Decía John Stuart Mill, el último de los grandes economistas clásicos, en su tratado «Sobre la libertad» que esta consiste en poder hacer todo aquello que no cause perjuicio a los demás. ¿Tiene justificación un acto de venganza en una coyuntura como esta? Lo único cierto es que en situaciones extremas la gente suele tomar decisiones erróneas.

Es esta una historia que desgraciadamente está de moda. Aquellos que no sean propensos a impresionarse con facilidad tienen aquí la oportunidad de adentrase en una historia detectivesca con grandes dosis de acción y misterio. Una historia, que por la actualidad de su temática, les hará reflexionar. Así pues, a disfrutar. 
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martes, 15 de mayo de 2018

¿POR QUÉ YO? (Donald Westlake)

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¿POR QUÉ YO?
Donald Westlake
TRADUCCIÓN: Alberto Cardín
EDICIONES JÚCAR
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La serie de este ladrón profesional, pesimista y malafortunado, comenzó allá por 1970 con un Dortmunder tratando de robar la misma esmeralda una y otra vez para terminar alejándose cómicamente de su objetivo. ¿Y si esta vez Dortmunder se hace con una joya singularmente famosa sin ni siquiera proponérselo, sin tener conocimiento alguno de que lo ha hecho hasta que la situación deviene en demasiado tarde? ¿Cuáles serían las complicaciones derivadas de intentar devolverla? Esto es lo que debió plantearse Westlake cuando dio vida a esta disparatada aventura. La idea promete y en realidad funciona, pero pienso que el resultado hubiera estado más en consonancia con una novela corta. Para “estirarla” el autor tiene que recurrir a todo un repertorio de subtramas y personajes secundarios, algunos más exitosos que otros, que, en muchos de los casos, terminan en el olvido. Westlake tiene sus problemas cuando intenta juegos malabares con varias bolas a la vez. Ocurre a veces en las aventuras de Dortmunder que Westlake comienza con una propuesta central de poco calado para terminar con más ideas periféricas de las que posiblemente podría usar. Éste es uno de esos momentos. Esta gema, no hay duda, tiene defectos, pero sigue siendo una gema.

Es esta la quinta entrega de la serie creada por Donald Westlake para el infortunado ladrón John Archibald Dortmunder, un personaje torpe y simpático y gafe como el solo. En esta ocasión a Dortmunder no se le ocurre otra cosa mejor que atracar una pequeña joyería de Queens justo después de que un equipo de ladrones internacionales esconda allí un inestimable rubí conocido como el Fuego Bizantino, rubí que se encuentra en viaje  de regreso a Turquía. Lo cierto es que la tal joya es un magnífico y antiguo pedrusco que atesora una enorme importancia histórica, política y religiosa para los turcos, los griegos y otros grupos mediterráneos afines. La joya fue robada del JFK por un grupo de griegos chipriotas que ahora utilizan al joyero de Queens (también griego) para sacarla clandestinamente del país antes de que el gobierno estadounidense pueda cederla generosamente a Turquía. Sin conocimiento de causa Dortmunder termina apropiándose de la piedra más caliente de la ciudad aunque, curiosamente, él piensa que es bisutería. Y una vez se da cuenta de su situación, intenta devolverla, cosa harto imposible, principalmente porque cada ladrón de la ciudad está ayudando a la policía a encontrarla para sacudirse de encima la presión que ésta ejerce sobre ellos. Lo cierto es que Dortmunder nunca llega a tener conocimiento de la existencia de ese batiburrillo de griegos, turcos y chipriotas que anhelan la joya porque, simplemente, esta subtrama desaparece sin dejar rastro... Y así se puede concebir el libro como una suma de partes fascinantes, más que un todo coherente.

De lo que no adolece esta historia es de personajes, personajes en la línea Westlake. El inspector Mologna (Maloney, como le gusta que le llamen) es un profesional curtido, inteligente, divertido, pragmático, astuto y defensor de la moral como el que más. Mologna no tiene un pelo de tonto y no tarda en darse cuenta que el robo del rubí ha sido cometido por un ladrón de poca monta, alguien que no es consciente de lo que tiene hasta después de tenerlo en sus manos, mientras que los federales, algo más desorientados en sus ideas, derivan sus investigaciones hacia la intriga internacional. Cuando Dortmunder se pone en contacto con él, con Mologna, para arreglar la devolución de la joya, éste le cuelga el teléfono. Es policía y los policías atrapan ladrones. Para él Dortmunder es un ser sin el más mínimo sentido del honor. Mologna quiere la gema y a Dortmunder a un tiempo, todo en orden y bien empaquetado. Otra medalla, otro titular halagador, otro ascenso, eso es lo que desea. Así que, tras colgar, intenta rastrear la llamada, cerrar la red. Pero no ha contado con Kelp, el amigo de Dortmunder, quien frustra el rastro por medio del uso de sus amados artefactos telefónicos. Y esto enfurece tanto a Mologna, que no está acostumbrado a ser engañado por su presa, que cuando contacta con Dortmunder le grita amenazándolo con un mes de cárcel una vez lo atrape. Luego se pasa el resto del libro tratando de compensar este error inexcusable.

Una de las tantas subtramas que pueblan el libro hace alusión a las facciones extranjeras que andan detrás del pedrusco robado. Éstas se sienten tan frustradas por su falta de éxito que unen sus fuerzas bajo la única condición que no sólo se debe encontrar el rubí sino asimismo al ladrón que se lo agenció. Westlake disfruta enormemente con la ironía de verlos expresar su desprecio compartido por el mundo de habla inglesa hablando inglés. ¡El lenguaje de los imperialistas! Es esta una valiosa adición a la historia que aporta razones a la visión satírica de Westlake sobre la política. Lo que no tengo claro es si el párrafo fue escrito demasiado rápido o si se hizo bajo presiones del editor. Lo único cierto es que la subtrama vence aquí sin más explicaciones.

La policía ha estado interrogando a todo aquel que pudo haber robado la joyería de Queens de la que se sustrajo el Fuego Bizantino. Los delincuentes de Nueva York no están contentos con estos interrogatorios, es más, se encuentran seriamente enojados con el cabrón que se llevó el maldito rubí. Y ninguno lo está más que Tiny Bulcher, una amenazante masa de malignidad que toma para sí el liderazgo de las operaciones conducentes a la captura  del ladrón. Es así como un soplón de la policía a tiempo parcial, que responde al nombre de Benjy Klopzik, sugiere a Bulcher que los delincuentes deberían unirse y encontrar a esa amenaza social que los ha llevado a una situación tan degradante, ya que la policía no está preparada para ello.

Una de las subtramas más cortas del libro retrata a Tony Costello, el reportero especializado en temas policiales del noticiario de las seis, irlandés de pura cepa con sonoridad italiana, que no es santo de la devoción de los policías irlandeses porque estos ignoran su procedencia. Para más inri, Costello no puede hacer públicos sus orígenes porque la mafia irlandesa que domina el departamento de Policía lo hace impensable. Como resultado de ello, las mejores exclusivas, los chismes internos y los informes bajo cuerda van a parar al hijo de puta de Mackenzie, un escocés al que todos creen irlandés.   

No es esta una de las farsas de Dortmunder más imaginativas, es cierto, pero hay un par de escenas invaluables (recuérdese el momento en que interrogan a Dortmunder mientras sostiene el Fuego Bizantino en la palma de la mano). Algunos de los diálogos son clásicos de Westlake, un Westlake que juega con un argumento irresoluble para dar con un final original y estiloso. Es esta combinación de tensión y humor la que hace de las novelas de Dortmunder algo único dentro del género negro.    
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sábado, 21 de abril de 2018

NADA SUCIO. (Lorenzo Silva y Noemí Trujillo)

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NADA SUCIO
Lorenzo Silva y Noemí Trujillo
MENOSCUARTO EDICIONES
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SeisDoble es una curiosa y atrevida propuesta literaria de Menoscuarto Ediciones que tiene su fundamento en la frecuentada y célebre serie francesa «Le Poulpe» (El pulpo), la última gran ofensiva del neopolar, un proyecto colectivo surgido en los años noventa en Francia, en el que en cada cuaderno un autor diferente se hace cargo del mismo detective. La idea es una tentativa de recuperar el carácter popular de la novela negra, con unos relatos sin pretensiones, un mensaje político inequívoco y unos precios al alcance de las masas más populares.

Abre el fuego en este novedoso proyecto de la pequeña editorial palentina Menoscuarto un relato que, bajo la firma de Lorenzo Silva y Noemí Trujillo, recrea una trama relacionada con el acoso laboral. «Nada sucio», que así se llama la historia, nos regala a una investigadora a la que cuesta creerse del todo. Treintañera, recién separada de uno de esos novios que se pasan la vida liados con la mitad de las mujeres del barrio, y sin un  miserable duro que echarse al bolsillo, Sonia Ruíz se embarca en la carrera de detective con el ánimo constrictivo de sobrevivir. Desocupada y con una hipoteca descomunal a cuesta, Sonia decide explotar la ridícula experiencia que le han reportado dos meses de trabajo a la vera de un detective privado forjado a la antigua usanza. Para ello requiere a su viejo amigo Pau Soria, un muchacho de veinte años con tatuajes en brazos y piernas, que no aprueba una asignatura de la carrera ni por casualidad y que está negado para todo aquello que no tenga que ver con la informática. Sonia es quince años mayor que Pau (ella lo ha visto crecer y ejerció de canguro cuando él era pequeño), adquiriendo ahora su relación la categoría de «amigos sin derecho a roce». «Nada sucio» parece interponerse entre ambos,  aunque su relación de amistad por momentos parece ir más allá. Y es que «no se puede exigir mucho a los amigos, si lo haces corres el riesgo de quedarte solo».

De manera un poco irreflexiva Sonia concibe la disparatada idea de dedicarse de lleno a la profesión de detective y comienza -con la ayuda de Soria- por colgar un anuncio «en el lado oscuro de la red», allí donde no queda rastro de identidad alguna y donde pululan los que tienen algo que ocultar. No a mucho contesta una clienta, una cajera de supermercado que sufre el acoso de su jefe. Es este el nacimiento de una trama sencilla y a veces ingenua que, con algún que otro contratiempo (el acosador resulta más escurridizo y difícil de cazar de lo que en un principio se podía suponer y la víctima es menos inocente de lo que proclama) Sonia resuelve con ingenio para satisfacción de su clienta y una mayor placidez de su ánimo. Y digo con ingenio, por no estimar a expensas de su compañero Soria que, en definitiva, es quien con tres mil euros de nada, zanja el asunto.

Cierto es que la protagonista es una detective, particular y de nuevo cuño pero detective al fin, y que la narración maneja elementos clásicos del género (una encomienda por parte de un cliente que desea abstraerse de acudir a la policía y un delito a investigar), amén de contemplar situaciones crudas y despiadadas y alguna que otra muerte poco justificable. Cierto es que los personajes son afines al arquetipo policíaco más riguroso. Pero, no es menos cierto, que la trama es muy plana, resuma un manifiesto toque ingenuo e infantil que anula toda posibilidad de sordidez y resta credibilidad al conjunto, que, en definitiva, no termina de enganchar. Si llegar a imaginarse a una pardilla Sonia Ruiz, sin la más mínima cualificación profesional, implicada en arduos menesteres detectivescos se hace complicado, concebir a un Pau Soria bobalicón y descuidado a ratos y crudo y cortante en los momentos finales de la historia, una especie de Jekyll and Hyde poco creíble que termina ejerciendo de espía del CSI, es algo inimaginable. Un Pau Soria que, en un alarde de atrevimiento, se desplaza fuera de Madrid pretextando que su abuela anda metida en líos y remata la aventura a golpe de billetes. En «Nada sucio» nos quedamos con la inexcusable y molesta impresión de que éste –Soria- termina alcanzando más protagonismo que la propia detective.

Para tratarse de ciento cuarenta y tantas páginas de nada,  encuentro incómoda la desmedida cantidad de veces que se hace referencia al realista Bukowski y al líder de Extremoduro, Robe Iniesta (al que, por cierto, no he tenido el placer de escuchar), en un intento de acercar el producto a los ambientes urbanos y a los aspectos humanos más sórdidos, algo que está muy lejos de lograrse. Quizás el «pecado» de esta novela radique en su falta de realismo. ¿Cómo es posible que una mujer que nunca se ha visto sometida a agresión violenta alguna, cuya única relación con el mundo criminal fue un trabajo esporádico de dos meses al lado de un sabueso de segunda fila, se tropiece de pronto con una pistola en la sien y logre mantener la calma diciéndose a sí misma que el personajillo que tiene frente a sí no es un violador, que éstos actúan de otra manera? ¿Cómo rayos lo sabe si nunca ha sido víctima de violación alguna ni ha llegado a investigar un delito de este tipo...?

Quizás, y esto lo explique todo, yo tuve la osadía de acceder a la serie por el «El lado oscuro» que proponía Andreu Martín, una novela ésta sin fisuras con un excesivo e incómodo realismo que engancha al lector desde la primera línea, un producto redondo, sin más. Hay en él humor e ironía, escenas de riesgo físico y de sexo explícito. Una novela que convence... 
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sábado, 7 de abril de 2018

TARDE, MAL Y NUNCA. (Carlos Zanón)

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TARDE, MAL Y NUNCA
Carlos Zanón
RBA LIBROS, S.A.
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En «Tarde, mal y nunca», su segunda novela, Zanón hace gala de uno de sus mejores recursos: su habilidad para narrar historias de perdedores, de gente acabada, de gente gris, de gente que habita esos barrios populosos y marginales que pueblan su Barcelona natal, allí donde la estrechez se abre paso a empujones. En este caso le tocó el turno a Epi, un ser inestable y olvidado que no encontró mejor manera de darse a conocer que reventándole la cabeza a martillazos a su colega Tanveer Hussein, un marroquí de ojos turbios aficionado a las putas. Epi no quiso escandalizar al mundo con su gesta, ni siquiera llamar la atención de nadie. Es más, se diría que lo hizo todo con reservada delicadeza. Sólo que lo hizo, ¡y vaya si lo hizo! Le dio con todas sus fuerzas, con los ojos cerrados. De refilón en la clavícula en un primer momento y de lleno en plena cabeza para rematarlo. Su objetivo, el objetivo de Epi, ese que siempre  parece justificarlo todo, fue tan sencillo como la vida misma. Su objetivo no fue otro que el de recuperar a la mujer que se le escapaba entre las manos. Recuperar a Tiffany Brissette, la mujer de su vida.

Esta es, pues, la historia de Epi Dalmau y su hermano Alex, hijos ambos de un padre profesor de instituto, quien, un mal  día, aburrido de la vida, terminó por mandarse a mudar, y de una madre que, por pena o angustia o vaya usted a saber por qué, anegó sus días mucho antes de morir. También es la historia de una chica peruana, Tiffany Brissette, una mujer fatal de cejas tatuadas de azul, que tuvo la desgracia de cruzar su vida con la de un esquizofrénico sin diagnosticar. Es la historia de su hijo de soltera, Percy, Percy José, un colegial inocente con un nombre extravagante. En definitiva es la historia de un barrio de gente pobre, de un barrio con un bar, un bar de barrio, un bar de los de toda la vida, regentado por un viejo que mata las horas atizando el plasma con el mando a distancia. Un bar de esos en que «las ensaladillas rusas, los pulpos y los huevos languidecen bajo una superficie de cristal como cadáveres en su nicho». Un bar que frecuenta un africano que arregla todos los males. Y un paquistaní sonriente y medio borracho a quien Alá, Yavhé o vaya usted a saber quién situó en el lugar inadecuado en el momento menos oportuno y al que, por el simple hecho de existir, le endilgan un asesinato sin comerlo ni beberlo.

Despiadada, irracional e impactante, «Tarde, mal y nunca» se adentra en los ambientes marginales y recónditos de la Barcelona de los barrios para mostrarnos unos personajes con pocas luces y al límite de su existencia. Unos personajes acantonados en lugares ignotos donde se relacionan con lo más oscuro de la sociedad, allí donde privan las drogas, la violencia y la prostitución. Zanón no pone nombres reales a estos escenarios supuestos... porque, como él mismo dice, «da igual dónde, aunque tenía en mente la zona de Collblanc, limítrofe con Hospitalet, donde vivía uno de mis mejores amigos a los veinte años. Tenía en la cabeza aquella calle, Ventura Plaja, y un bar que llevaba un tal Ayala, un ex boxeador loco por el ajedrez. Él siempre me decía que tenía que probar el boxeo. Un trozo de su cráneo se hundía...» Lo cierto es que mientras se lee a Zanón uno se imagina vecino de ese barrio, vive los fracasos de los demás y es que... «Si uno pasa mucho tiempo en la selva conoce y distingue el silencio que siempre hace presagiar lo peor. En el barrio pasa lo mismo. En las tiendas y entre la gente se respira cuándo la calle está nerviosa o dormida. Es la pulsión que recuerda que debajo del asfalto y de los paneles de cemento, bajo los aparcamientos subterráneos y las mil y una historias encerradas tras cada puerta, permanece la esencia viva de la tierra, el fuego y el agua. Como un ángel negro de la memoria, casi todas las cosas que se cuentan o pasan tienen un eco en las paredes del barrio. Historias viejas, mitos, refranes, mandamientos, amenazas coléricas, consejos publicitarios».  

Epi y su hermano Alex, los dos Dalmau, uno loco y asesino y otro un esquizofrénico que oye voces dentro de su cabeza e imagina la silueta del Pato Donald en la puerta del vecino, algo así como «Cristo sobre las aguas» que diría su madre. Ambos criados en un barrio popular de Barcelona y dejados de la mano de Dios tras la muerte de la vieja, subsistiendo de la pensión y la ayuda familiar que les proporciona la falsificación de la fe de vida de esta. Dos criaturas abocadas al fracaso en una novela corta e intensa, llena de pequeños detalles, descripciones y frases de barrio. «La cabeza se llena de imágenes. De ellos con su padre a cambiar cromos en el Mercat de San Antoni, o aquella vez en la escuela que Epi se partió la cara en su defensa y también aquella otra en la que él no lo hizo y permaneció escondido en la clase, a oscuras, esperando a que pasara la pelea. Recordó las peleas que le había hecho a su madre con respecto a su hermano pequeño y a ésta, joven y bonita, yendo a buscarles al colegio o secándoles el pelo con una toalla rosa que olía a jabón. Aquellas películas que veían los cuatro juntos los sábados por la noche riéndose hasta morir.»

Crítica social, retrato costumbrista, violencia física, delito, muerto, investigación, acción a raudales y un contundente estilo narrativo, para bordar una dura historia, una historia fatalista  en la que todos pierden. Y todo ello con la marca «Zanón», una marca de calidad indudable.    
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