Saludo de bienvenida

Bienvenido a "L.B.Confidential". Espero que tus expectativas se vean cubiertas. Gracias por tu visita !!!
gadgets para blogger

martes, 18 de julio de 2017

FANTASMA. (Jo Nesbø)

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
FANTASMA (Gjenferd)
Jo Nesbø
TRADUCCIÓN: Carmen Montes Cano y Ada Elizabeth Berntsen
PENGUIN RANDOM HOUSE GRUPO EDITORAIL, S. A. U.
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Harry Hole regresa a Oslo en calidad de hijo pródigo. Procede de Hong Kong donde ha pasado los últimos años sobrio y luchando contra sus propios demonios. Baja del tren del aeropuerto en la estación central de Oslo. Lleva una maleta pequeña de lona, casi ridícula, y sale de la estación con pasos rápidos y ágiles. Hole se pasa su dedo protésico de titanio Made in Hong Kong a lo largo de la cicatriz que le recorre la cara desde la boca a la oreja. Han pasado tres años desde la última vez que estuvo allí, tres años desde que lo expulsaron de la policía, tres años desde que dejó la bebida. Nada ha cambiado en la ciudad del hielo. -¿Hachis? -¿Speed? -¿Violin?, le ofertan por las calles de Oslo. Ahora menos que nunca. Sin embargo, al final del libro, Hole se ha hecho acreedor a más cicatrices, tanto físicas como mentales.

Cada centímetro de su cuerpo le duele con el dolor insoportable del inconformista. El caso que se le presenta ahora es peor que cualquiera de los que ha vivido anteriormente. Es una cuestión personal. Oleg Falke, el hijo de Rakel, la que fuera el gran amor de su vida, está en prisión después de haber sido acusado de dar muerte a Gusto Hanssen, un joven de diecinueve años  adicto a la heroína. Hole no está convencido de la culpabilidad de Falke y se propone encontrar al verdadero culpable. Aun siendo advertido por sus antiguos colegas que se mantenga alejado del caso, Hole no se contenta con llevar una actitud ociosa e inicia su propia investigación, investigación que lo lleva a las sombrías profundidades del mundo de la droga y la prostitución.

Un desconocido está inundando la ciudad con un nuevo opiáceo de nombre “violín” (nombre curioso éste para tratarse de un narcótico), un alucinógeno sintético seis veces más potente que la heroína  que causa estragos entre la población de drogadictos de Oslo. Su control y distribución son dirigidos por un misterioso gánster ruso conocido como Dubái. Una figura sombría que se esconde detrás de toda la acción de «Fantasma» y a quien, probablemente, ésta debe el título.

El telón de fondo de «Fantasma» está empapado de diferentes narraciones, algunas de las cuales tienen más consistencia que otras. Los recuerdos en primera persona de Gusto Hanssen, destinados a llenar espacios en blanco, están bien pensados y encajan en la propia historia de Hole. Sin embargo hay dos sujetos que se involucran desde un principio en la trama y que luego desaparecen, sujetos que tratan de aportar sentido a la personalidad de Dubái. Uno responde a un esbirro ruso, un luchador de nombre Serguéi Ivanov y otro a un narcotraficante noruego, piloto de una línea aérea, el comandante Schultz. Lo único que une a ambos personajes son los números de teléfono de unos móviles sin registrar. Sin embargo ambos están a las órdenes del capo Dubái.

Serguéi Ivanov no está convencido de poseer lo que se necesita para ser sicario de Dubái. La misión que le han encargado –eliminar a Hole- no se presenta nada fácil. Cuando Hole nota la presión de la hoja del cuchillo de Ivanov sobre su garganta tantea la barra del bar con su mano libre, derrama su copa y encuentra un sacacorchos. Coge la empuñadura de forma que la punta asome entre los dedos índice y corazón. Es ésta -la punta del sacacorchos- quien perfora la piel a Ivanov y se desliza a través de su carne. Es así como le alcanza la tráquea y cuando el tercer latido de su corazón se desvanece por fin, Serguéi Ivanov está muerto.

Schultz es el encargado de sacar la droga de Oslo por orden de Dubái, envuelta en los oscuros herrajes metálicos que rodean el asa extensible de su maleta de ruedas. A Schultz lo terminan cogiendo, pero lo ponen en libertad después de que un quemador con tarjeta de identificación policial cambie la droga por harina de patata. Y tras su puesta en libertad, lo ejecutan en su casa, por miedo a que largue todo lo que sabe. Como personaje de apertura en un thriller, Schultz es consciente que está condenado a sufrir una muerte lenta y agonizante. No ha cubierto el libro la mitad de su recorrido cuando un ladrillo tachonado de clavos le ha arrancado la mitad de la cara. Hole le descubre con la oreja derecha clavada al parquet de su salón y, en la cara, seis cráteres negros y sanguinolentos. El arma del crimen se balancea a la altura de su cabeza. En el otro extremo de una cuerda que cuelga de una viga del techo hay un ladrillo. Del ladrillo sobresalen seis clavos ensangrentados...

Mientras que Hole es sin discusión la fuerza dominante en la narración, Dubái, el «Fantasma», presente en segundo plano, aporta una profundidad sorprendente a la novela. En tanto trata de limitar su nostalgia por los viejos tiempos, Hole se muestra molesto con los nuevos. La arquitectura moderna, simbolizada en el edificio espléndido de la Ópera y el tráfico de drogas a la nueva usanza, más organizado aunque no por ello menos pernicioso y corruptor, han abierto un muro entre los hijos y unos padres ignorantes y bienintencionados. Algo que embellece, según Hole.

«Fantasma» es una narración convencional en tercera persona que acompaña a Hole en un tortuoso viaje en torno a los demonios mentales que atormentan su vida, una vida ésta en la que se intercalan periódicamente recuerdos en primera persona del adicto Hanssen y observaciones sobre otros narcotraficantes. Las divagaciones de Hanssen  proporcionan un medio a Nesbø para explotar temas antiguos de familias rotas, hijos perdidos y padres abandonados. Por las páginas de «Fantasma» desfilan funcionarios corruptos y venales, pero también una policía tan ansiosa por lograr la paz en las calles y mejorar las estadísticas de delincuencia que involuntariamente hace posible la realización de los planes del capo de la droga Dubái.

«Fantasma» también es una aventura intensamente sombría, aquella que cabría esperar de los adictos a la droga en Oslo que se pasan el día tumbados en un arriate de carretera con los ojos cerrados, sentados en cuclillas buscando una vena que no esté rota o de pie con la flojera del yonqui en las rodillas. La atmósfera que Nesbø crea en «Fantasma» es intensamente oscura, aliviada por momentos, eso sí, con chascarrillos humorísticos que incluyen una herida en el cuello de Hole cosida con cinta americana o aquellos otros que hacen referencia a su único traje de lino, cuyas arrugas combate con el vapor del agua de la ducha. Al mismo tiempo «Fantasma» es una lectura convincente con una segunda parte donde la acción crece y donde la historia se vuelve más intensa, con giros y vueltas imprevisibles y una literatura que mantiene la tensión hasta el último momento. 
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

sábado, 8 de julio de 2017

LA ÚLTIMA TUMBA. (Alexis Ravelo)

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
LA ÚLTIMA TUMBA
 Alexis Ravelo
EDITORIAL EDAF, S. L. U.
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Ya no es algo novedoso asociar el nombre de Alexis Ravelo al de competencia literaria y «La última tumba» es una prueba asaz elocuente. La novela es un ejercicio de consolidación literaria, una demostración palmaria de que el autor ha alcanzado un grado de madurez notable. Ravelo es un escritor que hace literatura más allá del género, un escritor que ha crecido con el tiempo y con cada obra nueva. Un novelista que no decepciona.

Tras bordarlo en «La estrategia del pequinés», una historia callejera ambientada en la isla de Gran Canaria, Ravelo ahora  deslumbra con «La última tumba», una novela que le sirvió en 2013 para hacerse con el XVII Premio Ciudad de Getafe, un galardón más que merecido. Un trofeo que le ha aportado prestigio y que se encuentra muy alejado de cualquier componenda editorial ideada para propiciar la venta posterior del libro.

Adrián Miranda Gil ejerce de drogodependiente y chapero en el momento en que es acusado de la muerte por asesinato de Diego Jiménez Darias -asesor de un importante político regional-, cuyo cadáver es descubierto un lunes de junio de 1988 en el salón, revuelto y desordenado, de su casa de Santa Brígida. Después del juicio celebrado en Las Palmas en 1991, Adrián es condenado a veintinueve años de prisión. En 2011, tras cumplir veinte años entre rejas, Adrián afronta su libertad condicional como un preso modelo, desintoxicado y centrado en la rehabilitación. Cuando lo metieron en el trullo las cosas se compraban con pesetas y se podía fumar en lugares públicos. Hoy hay que calcular en euros y tener en cuenta la prohibición de fumar en cualquier sitio. La ciudad ha cambiado tanto en esos años que algunas cosas le producen miedo. Cuando entró en la prisión de Salto del Negro dejó atrás un mundo y el que se le presenta ante sus ojos ahora no se le parece en nada. Todo es nuevo. Nada ha cambiado.

Cuando Adrián Miranda sale de la cárcel tras cumplir veinte años de condena por un asesinato que no cometió un solo pensamiento  ocupa su mente: la venganza. Adrián busca el quién y el por qué. Lo mejor de la novela -todo sea dicho- es la búsqueda de las respuestas. «Eso sí, antes de cargarme a Felo (porque me lo voy a cargar, eso está claro), hay un por qué importante: por qué me jodió.» Es ésta una búsqueda que Adrián acomete con prudencia. Comienza a trabajar en la tienda de comestibles de su hermano, alquila un piso, no bebe, no se mete en líos, cuida sus pasos y no comete errores. Es meticuloso y calculador. «La cuestión es no apresurarse. Mantener la serenidad. Fingir que me estoy reinsertando, rehabilitando, socializando, estabilizando, equilibrando. Que lo pasado, pasado está, que no quiero volver a meterme en problemas.» Con lo que Adrián no cuenta es con que su acusación y condena no son fruto de un error judicial sino de una conspiración en la que él ha sido elegido como cabeza de turco.

«La última tumba» es, más allá de una deriva sangrienta de los gestos y los pensamientos, una larga confesión, un camino hacia la propia libertad, la de Adrián Miranda Gil, un personaje que, tras pasarse veinte años en la cárcel por un crimen del que es inocente, traslada al papel todo el odio que acumula dentro y la necesidad de llevar a cabo su propia justicia. «Ahora estoy en la calle y puedo ir y venir, pero no soy libre. No lo seré hasta que haga lo que tengo que hacer, que es acabar con ellos.» Surge así una novela, émulo de un diario personal, narrada en primera persona y cargada de pensamientos y monólogos interiores, en la que destaca el pulso narrativo del autor, un pulso que no tiembla a la hora de vivir una muerte o recrear una ejecución.

«La última tumba» palpita en la dualidad errátil entre el bien y el mal, la ficción (lo negro) y la realidad. Ambos mundos tienen mucho en común, la ficción es la cara oculta de la realidad. Así lo reconoce el propio autor cuando declara: «Toda mi obra está dominada por una serie de temas que aparecen, creo, en casi todos mis libros: la diferencia entre realidad y apariencia, la injusticia, la violencia entendida como el Mal absoluto, la presencia de la muerte, la esperanza, la fe. Esos temas aparecen en todas mis novelas y libros de relatos, y se despliegan en diferentes esferas, dependiendo del tipo de texto: la psicológica, la social, la ontológica, la política. Luego hay pequeñas obsesiones, pequeños guiños metaliterarios que aparecen aquí y allá y unen, al azar, unas obras con otras.» Así, el propio Adrián tiene dos caras, encarna dos personalidades: el drogadicto furioso, iracundo y descerebrado que ingresa en la cárcel y el hombre reflexivo que sale de allí veinte años más tarde, desenganchado y estudioso. Los dos se enfrentan interiormente, y los dos exigen venganza. Adrián es un canalla, pero a la vez es inocente. Simula haberse rehabilitado pero en secreto trama su desquite. No sé si Ravelo tuvo en mientes al Lou Ford de Jim Thompson y su tozuda migraña a la hora de crear su personaje pero ambos tienen mucho en común. Ambos, bajo una apariencia afable, esconden un asesino en lactancia.

El ejercicio del autor de contraponer dos mundos, el acaudalado, el rico, el de la prosapia social frente al de los pobres y desprotegidos no hace más que confirmar las palabras del propio autor. Ravelo define a los linajes de manera muy gráfica: «Willy era éso: el puente que prolongaba el maridaje entre los viejos zánganos y los nuevos poderosos; el ejemplo viviente de que las castas de la opresión se prolongan solamente si son capaces de inventar nuevos mecanismos de control del poder, cada vez más sutiles, más ocultos. De vez en cuando, para fingir que el sistema es justo, que funciona, que tiene sus garantías y es democrático, trincan a alguno de ellos con las manos pringadas, normalmente por la denuncia de otro que es de su mismo palo; pero la Ley siempre es más lenta, más torpe y está menos interesada en llevar al talego a estos hijos de la gran puta que a los cuatro miserables que sobreviven a base de vender mandanga o dar tirones.»

«La última tumba» es una novela adictiva y realista, dura y tierna a la vez, que presume de un ritmo trepidante y unos personajes bien construidos y, ¿cómo no?, es fresca, con esa frescura que aporta el empleo del lenguaje canario manejado con gran maestría por el autor. No soy quien para recomendar una novela (cada cual soporta sus gustos con su propio estoicismo) pero, de seguro, los que se aventuren a abrir las puertas de «La última tumba» no se van a arrepentir. Debo confesar que es ésta una «recomendación con truco», no es aleatoria. Estoy convencido que aquellos que se atrevan a introducir la nariz en sus páginas van a disfrutarla tanto como lo he hecho yo.
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

sábado, 1 de julio de 2017

TRES FUNERALES PARA ELADIO MONROY. (Alexis Ravelo)

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
TRES FUNERALES PARA ELADIO MONROY
Alexis Ravelo
ANROART EDICIONES
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Durante la última década, al tiempo que Eladio Monroy se ha abierto un hueco en el mundo noir, el prestigio de Alexis Ravelo ha crecido en paralelo. Y es que su obra no ha pasado desapercibida para el gran público. No es cuestión baladí el hecho de haber recibido el elogio crítico de autores ya consolidados y ser considerado hoy como uno de los narradores canarios más prometedores de su generación. Sus méritos están ahí: en 2013 se hizo con el XVII Premio de Novela Negra Ciudad de Getafe por «La última tumba» y en 2014 con el XXVII Dashiell Hammett de Gijón por «La estrategia del pequinés», dos de los más afamados galardones del género concedidos en España.

Cada día, a media mañana, el tuerto Casimiro, ya calvo y entrado en años, abre las puertas de su bar Casablanca en León y Castillo y comienza a recibir a los habituales. Casimiro es un barman para todo: dependiente, cocinero, limpiador y... zapeador compulsivo. Entre esos habituales que frecuentan el Casablanca se encuentran Roquito, Juan el del Pescado, El Chapi y, ¡cómo no!, Eladio Monroy. Monroy traspasa puntualmente la entrada del bar, día tras día, sobre las once y media, con el periódico bajo el brazo y su necesidad de cafeína a cuesta. Monroy fue años atrás jefe de máquinas en la marina mercante y sobrevive gracias a su pensión y a sus trapicheos, unos trapicheos que rozan el límite de la legalidad. En esta ocasión es el Chapi quien le propone uno más, un negocio bien remunerado, un bisnes irrechazable. «Mira, esta tarde llamas a Gerardo a ese teléfono, porque viene un tío de Madrid, que es representante o no sé qué ocho cuartos y viene a hacer un negocio, pero ni conoce ésto ni se fía demasiado... El tipo va a estar aquí un día o así. Tú lo recoges en el aeropuerto, lo llevas en coche a hacer sus gestiones, te pasas el día por ahí con él y lo acompañas otra vez al aeropuerto. Y te ganas veinte billetes.» Solo que la cosa no resulta tan fácil como la propone el Chapi. Monroy tiene que vérselas con dos detectives de poca monta y con un antiguo policía hoy encargado de las tareas de supervisión en una empresa de seguridad privada.

Las desgracias de Monroy no terminan aquí. Como cabía esperar nada le sale bien.  Ana Mari, su exmujer le requiere con premura para hacer efectivo el pago de una extorsión que está recibiendo del encargado de una agencia de servicios de compañía. Los hábitos sexuales de su ex y su actual marido, una especie de «millonario de manual sacado de una novela policíaca de los años treinta», son al parecer un «poco excéntricos». Tan excéntricos que les llevan a contratar a una joven eslovena para recrear sus fantasías sexuales. A pesar del servicio y la vigilancia los de la agencia se cuelan en la casa que el político posee en San José del Álamo y colocan videocámaras que graban las escenas de cama con todo lujo de detalles. Como consecuencia de ello surge un vídeo subidito de tono. Y la extorsión no se hace esperar. «Paco volvió a llamarme. Me dijo que podíamos llegar a un arreglo, por un módico precio. De entrada pidió dos mil euros.»

Monroy parece el hombre perfecto para este tipo de trabajo, pero como suele suceder siempre la cosa se complica y se ve enredado en una oscura y peligrosa trama de sexo que hará peligrar su seguridad y la de quienes le rodean. «Al parecer Roque, había estado pescando y volvía hacia casa, desde la avenida. Al cruzar, un cabrón le echó el coche encima y lo levantó por los aires. Parece que ni siquiera se había parado para ver si estaba vivo o muerto. Seguro que iba borracho, el hijo de puta.»

Es Eladio Monroy uno de esos personajes que dejan huella, de esos que te acompañan durante un buen trecho después de haber cerrado su libro. De esos que te vienen a la memoria cuando paseas por determinadas calles de la ciudad capitalina de Las Palmas de Gran Canaria. Porque es allí, en la calle Murga, donde vive. Allí en el Casablanca donde parlotea su lengua canaria y allí, en la isla, donde lleva a cabo esos trapicheos que rozan el margen de la legalidad. La ciudad es potencialmente subjetiva en la literatura y cualquiera de ellas, (hasta Las Palmas de Gran Canaria, una ciudad luminosa y amable, quizás la ciudad menos hardboiled del mundo), puede llegar a adaptarse y convertirse en una ciudad negra. Salvo contadas ocasiones Alexis Ravelo siempre ha familiarizado sus escritos con el paisaje de Gran Canaria. En sus descripciones recrea lugares y ambientes reales, y es así como Monroy despierta al tiempo que la ciudad con el ruido de los camiones de la basura, las cubas municipales, los vehículos de desinfección, los taxis vacíos, las guaguas, los camiones de reparto... Es  así como el mediodía ardiente y ruidoso de la calle León y Castillo le cae encima mientras se dirige a la Plaza de la Feria con dirección a su casa de la calle Murga. Así como recorre la Avenida Marítima, la Playa de las Alcaravaneras, el Club Náutico y la Base Naval con dirección al hotel Reina Isabel, en la Playa de las Canteras, mientras responde a las preguntas del visitante que siente curiosidad por todo lo que ve. «Pues tenía usted razón –dijo cuando pasaban por la zona del Muelle Deportivo y el sol chocaba contra la superficie del mar entre los yates y rebotaba hacia sus ojos con su alegría desbordante-: es una ciudad bonita.»  Como cita el autor al final del libro «cualquier ciudad es buena para una novela negra... pero da la casualidad que Eladio Monroy vive en Las Palmas. Que se le va a hacer.»

Ravelo maneja como nadie el lenguaje de la calle, un lenguaje que puebla unos diálogos que evocan a esos clásicos del hardboiled que él tanto admira, un lenguaje que no se deleita en detalles salvo cuando tiene que describir uno de esos parajes donde se desarrolla la acción y donde la estrechez moral y material adquiere su real gravedad.

La reflexión ética y social nunca ha dejado de estar presente en la novela de Ravelo. «No falta aspecto crítico en la novela negra española, pero sí es verdad que los que más venden no están en esa onda. El problema es que a veces tendemos a aburguesarnos por las necesidades del mercado y yo escribo para sacar al lector de la zona de confort.» El autor nunca ha ocultado su intención frente a la literatura: generar preguntas, que la gente se cuestione cómo está organizado el mundo. «Te das cuenta de que un canalla no se diferencia en muchos sentimientos de ti, en muchas sensaciones. Me interesa que el lector se inquiete.»  Viva, pues, esa inquietud que es capaz de generar tan buena literatura.
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

viernes, 23 de junio de 2017

EL DETECTIVE NOSTÁLGICO. (José Luis Correa)

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
EL DETECTIVE NOSTÁLGICO
José Luis Correa
ALBA EDITORIAL, S. L. U.
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
«El detective nostálgico» es, más allá de un misterioso viaje por la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, un viaje introspectivo al interior de Ricardo Blanco. La creación de Blanco supone la aportación más significativa del escritor grancanario José Luis Correa al panorama literario español. Su novela es una profunda reflexión sobre la condición humana y un tratado íntimo sobre el miedo, la venganza y el odio. «Ricardo Blanco me da pie a reflexionar sobre ciertos asuntos, a hacerme preguntas y cuestionarlas. Me viene bien que Blanco se encuentre afligido, porque así está centrado en el análisis de la vida.» En las primeras páginas de la narración Blanco sufre una agresión por parte de un desconocido. El detective es herido en el zaguán de su casa: «La primera bala destrozó el quinto azulejo contando por la izquierda. La segunda rebotó en un peldaño y fue a incrustarse en el buzón del ático B. La tercera me atravesó la clavícula, dejando tras de sí un dolor silencioso y un olor a carne quemada del que me costó Dios y ayuda desprenderme.» Ni que decir tiene que Blanco sobrevive al atentado y comienza así una profunda reflexión sobre su pasado y la búsqueda de los posibles motivos que han llevado a su agresor a intentar acabar con su vida. Después de darle mil vueltas al asunto Blanco llega a la conclusión de que su atacante es un aficionado. Lo de los tres disparos y la persecución por la escalera no encaja con la actuación de un profesional. No puede ser otro que un chapucero movido por la rabia. Tal vez una venganza. Lo cierto es que Blanco no encuentra hilo conveniente del que tirar...

Cuando los escritores más entregados hablan de sus personajes lo hacen como si éstos tuvieran vida propia y así Correa opina sobre su creación: «Hace balance y analiza sobre lo que es importante y lo que no lo es. Sufre un tiroteo y ve el lado oscuro de la muerte.» Blanco alcanza su plena madurez -se encuentra ya rondando los sesenta años-, cansado y reflexivo. Y sobre todo nostálgico. «Con el tiempo he descubierto que, al revés de la mayoría de la gente, yo no vivo la soledad como un entreacto entre dos amores. Yo me enamoro en el puente que une dos soledades. Y no tengo claro si puedo echarle la culpa a mi forma de ser, a mi trabajo o al puñetero destino.»

Correa es consciente de que la narración no tiene el dinamismo de una novela negra ya que el protagonista se pasa la mayor parte de la trama intentando recomponer las piezas del caso desde el sofá de su casa. «Al principio Blanco cree que la agresión proviene de un caso anterior, y eso me sirve de excusa para plantear reflexiones sobre sus recuerdos.» No deja de sorprenderme la maestría de algunos escritores para transmitir tanto en tan pocas páginas y sobre todo para lograr plasmar con tanto detalle los sentimientos: «Intenté pensar en algo agradable, recordar la última vez que había sido feliz. Me vino a la mente un paseo por la playa. Mis pies descalzos. La marea borrando cada una de mis huellas. Mi sombra como un péndulo que viene y va, entre el agua y la arena. Funcionó. El dolor se había enfriado.» Esta apatía de su personaje no preocupa a Correa que prefiere pensar que son «cosas que pasan a la gente normal con las única licencia que se permite la ficción.»

En «El detective nostálgico» Correa convierte a su personaje en víctima en un intento de retrotraerlo al pasado. A su día de nacimiento, un viernes. Al día de su primera comunión, en Santo Domingo. A sus días de estudiante en un colegio de curas. Al recuerdo de su primer amor, Malena. A sus días de mili en León. A sus relaciones con su abuelo Colacho. (No sabría decir cuántas cosas heredé de él. Y tampoco sabría encontrar su tumba en San Lázaro.) La introspección es algo intrínseco en la vida de Ricardo Blanco. Nada relacionado con aquella necesidad de confirmar su existencia presente en la primera novela de la serie: «Mi abuelo era la única persona que podía confirmar que yo había existido alguna vez, que no había sido un sueño de un triste escritor de novela negra, la invención de un profesor de literatura de provincias.»

Correa ubica sus historias en un paisaje próximo, concreto y palpable. Sus personajes se mueven por la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria –y en general por toda la isla- con la seguridad que les otorga un escritor que conoce el terreno al dedillo. No ha sido ésta, curiosamente, la opción preferente de los escritores canarios a lo largo de la historia. Las Palmas de Gran Canaria es una ciudad singular, con grandes bolsas de pobreza y con una tasa de paro altísima. Sin embargo, cosa paradójica, es también una ciudad cosmopolita y elegante. Cuando pensamos en ciudades cosmopolitas se nos viene a la mente miles de etnias fusionadas en un mismo espacio, concentradas en un punto común y la certeza de ser algo más libres y abiertos. Las Palmas es un lugar privilegiado entre el mar y las montañas, destino de turismo de negocio y finanzas, con una actividad frenética durante las veinticuatro horas del día.   

Correa rastrea en la realidad más oscura de una isla llena de luz para ensombrecer sus novelas con todo aquello que forma parte de lo más íntimo del ser humano. No es consciente el ciudadano de estas islas de vivir en un lugar especialmente violento. Pero basta hojear una de las novelas de este autor para llegar al convencimiento de que en la ciudad del sol todo es posible. Hasta el punto de recrear una balacera en el tranquilo y silencioso barrio de Acusa Seca en la no menos tranquila y silenciosa ciudad de Artenara, ante la presencia de cabras y baifos que triscan en el heno.

Más allá de la inequívoca habilidad narrativa de José Luis Correa destaca en su literatura el uso natural y consciente del español de Canarias. El seseo generalizado, el empleo del pretérito indefinido en lugar del pretérito perfecto, la aspiración del sonido ¨j¨, la utilización del pronombre personal “ustedes” para la segunda persona del plural y todo un diccionario de voces  propias –los llamados “canarismos”-, que dan identidad al léxico de estas islas. Vocablos como guagua y fotingo, guayaba y tunera, baifo y jaira, gofio y mencey y expresiones del tipo voy para allá, amularse o picar el ojo enriquecen una narrativa ya de por sí conceptiva que ha llegado a hacer de Correa una de las voces más genuinas del panorama literario actual.
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

sábado, 17 de junio de 2017

MIENTRAS SEAMOS JÓVENES. (José Luis Correa)

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
MIENTRAS SEAMOS JÓVENES
José Luis Correa
ALBA EDITORIAL
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Ricardo Blanco no es nuevo en estas lides de la investigación. Ricardo Blanco forma ya parte de la imaginería de la novela negra española por derecho propio desde que allá por 2003 se dio a conocer en «Quince días de noviembre». A partir de entonces hemos tenido ocasión de disfrutarlo en ocho entregas más de la saga, todas ellas publicadas por Alba editorial. El título de ésta que traemos a colación hoy, la octava de la serie, forma parte del himno universitario “Gaudeamus Igitur” (Alegrémonos pues, mientras seamos jóvenes. Tras la divertida juventud, tras la incómoda vejez, nos recibirá la tierra.) y se inicia con el descubrimiento del cuerpo sin vida de una estudiante italiana de doctorado en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y la detención de su supuesto asesino, un profesor de patología animal con dedicación en la facultad de Veterinaria de dicha Universidad.

Las casualidades de la vida hicieron que la presentación de «Mientras seamos jóvenes» tuviera que ser cancelada en su momento. El día anterior fue encontrado el cuerpo sin vida de una alumna de la universidad. Había sido asesinada en su propio domicilio a base de recibir severos golpes en la cabeza. El hecho mantiene similitudes notables con la descripción que Correa hace del asesinato de su protagonista. «¿Opiniones y conjeturas? Tal vez. Sim embargo, existía un hecho crudo y objetivo. El de una muchacha muerta en el zaguán de su piso, en la calle Montevideo. La cabeza reventada contra el cuarto escalón. La falda por la cintura. Las bragas alrededor del tobillo derecho. Los ojos entreabiertos. Y una mueca de horror imposible de olvidar.» La asonancia entre la realidad y la ficción, no podía ser de otra forma, afectó en grado sumo a las emociones del escritor.

La novela comienza con una entrevista en la cárcel del Salto del Negro, en la capital grancanaria, entre Jorge del Amo, asesino inconfeso de la estudiante italiana Paola Bortolucci, y Ricardo Blanco, un detective a la antigua usanza, un tipo duro y sentimental, sesentón pero con el espíritu del mejor Marlowe, bogartiano él, amante del jazz, que se presenta como un ser ingenioso, solitario y tremendamente cáustico. En ella Del Amo declara haber sido objeto de una encerrona, detrás de la cual intuye la sombra proyectada por alguien que quiere joderlo bien jodido. Paola había desembarcado en la isla a principios de septiembre con el comienzo del curso, recomendada por prestigiosos profesores de Sicilia. Sus relaciones con Del Amo comenzaron antes de Navidad, quizás generadas por el subidón que le proporcionaba a éste el hecho de que una mujer joven se hubiera fijado en él. A medida que se adentra en la investigación, Blanco no se siente seguro de que su cliente merezca el tiempo que le dedica para librarlo de una condena que todos dan por segura. No en vano a Del Amo le acompaña una fama de arrogante, de maltratador y mujeriego, que hace que a Blanco no le caiga bien. «No me caía bien. Me jodía reconocerlo pero Jorge del Amo no me caía bien. Desde la primera vez que lo vi en aquella habitación desabrida del salto del Negro hubo algo en él que no me convenció.»

«Mientras seamos jóvenes» es una novela que discurre sin diálogos, lo que no implica que no los haya. Es el cuentista, en este caso el propio detective, el que nos los deja entrever en una narración en primera persona, con una prosa ágil y dinámica, un lenguaje poético y directo a la emoción, unos personajes solitarios y complejos, el tema recurrente de la muerte y la visión socarrona del mundo, algo muy característico del personaje de estas tierras, ya presente en las novelas costumbristas de Galdós. En su «Carta a Pepe Carvalho» Correa lo deja bien claro: «¿Y qué me dices del humor? Sin duda es algo que tiene que ver con éso de la comida. A los parientes del norte les da acidez, a nosotros socarronería. Por eso ellos tienen ese rictus malhumorado y tieso, por éso sostienen la filosofía del amargado. Nosotros no, querido Pepe. Nosotros nos tomamos la vida de otra forma. Nos sabemos igual de perdedores, igual de mortales que ellos pero sobrevivimos a nuestra mortalidad con grandes dosis de humor. Nos encogemos de humor. Y sonreímos.»

La violencia de género, las intrigas académicas, los conflictos generacionales, la inmigración, la xenofobia, la lentitud de la justicia y la burocracia, se dan la mano en una obra que es, además de una novela negra, una reflexión sobre la actualidad (la local y la de otras latitudes) y un tratado sobre el miedo, la venganza y el odio. Según palabras  del propio Correa: «el escritor siempre trata de reflejar el alma humana, la bondad y la maldad, y los maltratos. Un tema éste delicado porque afecta a la vida cotidiana y doméstica y el inductor es alguien cercano, de tu propia familia, no un enemigo externo.»

A José Luis Correa le cuesta reconocerse como escritor de novela negra, él sólo se reconoce como escritor. Y tiene motivos para ello, no en vano su carrera de novelista se ha visto refrendada con importantes distinciones, como el premio Benito Pérez Armas, en Santa Cruz de Tenerife, 2000, el Ciudad de Telde, en Las Palmas de Gran Canaria en 2002 y el Vargas Llosa, en Murcia, también en 2002. «Muchos amigos consideran que mi novela no es negra, que es medio gris... Puede ser. Lo que está claro es que mi ritmo narrativo se acerca mucho más al bolero que a una trama de puñalada tras puñalada.» Lo cierto es que las novelas de Correa tienen carácter, son propias de un novelista que goza de un gran dominio de los recursos narrativos, que orienta hacia la caracterización de los personajes. La descripción del espacio es ejemplar. No se puede negar que «Mientras  seamos jóvenes» es un magnífico friso de los lugares, las gentes y los entresijos de Las Palmas de Gran Canaria. «A mí Las Palmas me ha parecido siempre una ciudad muy literaria. Aparte de mi amor por ella, entiendo que aquí se vive, se muere, se ama, se siente uno solo, en compañía, se disfruta, se hiere como en cualquier lugar del mundo. Mis personajes no podrían vivir en otro lugar. Piensan y viven como isleños y es natural que vivan aquí.»

José Luis Correa se confiesa un vago. La documentación le produce urticaria (según sus propias palabras) porque le requiere mucho tiempo y a él, como a todo escritor, lo que le gusta es escribir...
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

miércoles, 7 de junio de 2017

1ª EDICIÓN: ¿ACASO NO MATAN A LOS CABALLOS? (H. McCOY)

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
¿ACASO NO MATAN A LOS CABALLOS?
(THEY SHOOT HORSES, DON´T THEY?)
HORACE McCOY
SIMON AND SCHUSTER
1935
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

domingo, 4 de junio de 2017

ASESINATO EN EL COMITÉ CENTRAL. (M. Vázquez Montalbán)

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
ASESINATO EN EL COMITÉ CENTRAL
Manuel Vázquez Montalbán
EDITORIAL PLANETA
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Manuel Vázquez Montalbán, periodista, escritor y miembro del Comité Ejecutivo del PSUC, presenta en «Asesinato en el Comité Central» lo que el autor considera una novela de aventuras y una crítica al sentido religioso de la militancia del Partido Comunista. En medio de una profunda crisis de identidad el PCE afronta la reunión de su Comité Central en un ambiente de lo más tenso. El partido ha aglutinado a su alrededor gran parte del descontento social y ha sido incapaz de convertir ese apoyo en votos. Las luchas internas están a la orden del día. Según la trama argumental Fernando Garrido, secretario general del PCE, muere asesinado tras un breve apagón de luz en el transcurso de una sesión del sanedrín del partido. Un dolor de hielo le traspasó el chaleco y le vació la vida. «Volvió la luz y Santos fue el primero en comprender que la escena había cambiado, que no era normal que Fernando Garrido tuviera la cabeza sobre su carpeta, una cabeza ladeada que le enseñaba la boca abierta y los ojos más vidriados que los gruesos cristales de las gafas desplazadas hacia la frente.» Aquel, el partido, encargará la investigación a Pepe Carvalho, detective, hombre maduro y gourmet, ex agente de la CIA y antiguo militante comunista. Para Montalbán «Asesinato en el Comité Central» es, según sus propias palabras, «Una novela que entra en la fatalidad de muchas lecturas. Soy consciente de ello y he ido aplazando su publicación para que no pudiera interpretarse como una crítica en momentos en que había problemas en el Partido Comunista.»

El Partido Comunista de España (PCE) había nacido de la unión del Partido Comunista Español y el Partido Comunista Obrero Español y había sido legalizado en la Semana Santa de 1977 al amparo de la Ley para la Reforma Política impulsada por el Gobierno del entonces presidente Suárez. En aquellos momentos coexistían en el partido dos tendencias antagónicas y contrarias a la dirección del secretario general: «los leninistas» (también denominados “prosoviéticos”) que se encontraban muy cercanos a una postura ortodoxa y ligada a las directrices de la Unión Soviética y «los renovadores» que, por el contrario, defendían una actitud más moderada y aperturista. En 1981, el Partido Comunista estaba en crisis y el Partid Socialista Unificat de Catalunya también soportaba fuertes tensiones internas pese a haber conseguido una mayor presencia popular. Crisis de identidad, crisis generacional y crisis estratégica, todo en uno.

El argumento de «Asesinato en el Comité Central» gira en torno a  la corrupción de las instituciones sociales: el Partido Comunista Español, el gobierno, la CIA, el comunismo europeo y los partidos de derechas. También se deja notar el elogio a la dedicación y los sacrificios de los comunistas, víctimas a lo largo de su historia de innumerables asesinatos, persecuciones, encarcelamientos y exilios. Su lucha en la época de Franco por el bienestar social y su idealismo utópico, hechos todos ellos  que contrastan con la actualidad posfranquista y su papel ambiguo en alianza con el gobierno socio-democrático del PSOE. Así, según palabras de uno de los personajes de la novela: «Tal vez no tengamos una presencia relevante cuantitativamente hablando. Pero si tenemos una importante presencia cualitativa. Cuando se sale de una dictadura en general, sólo están realmente organizados los que han combatido sistemáticamente contra esa dictadura. En el caso de España éramos los comunistas. Éso nos hace imprescindibles en cualquier estrategia de izquierdas y para cualquier proceso de consolidación democrática.»

No pasa inadvertida en la novela la idealización de la figura  del añoso Santos Pacheco,  representante de la generación de los treinta, aquellos que vieron los primeros brotes del comunismo en los años de la Segunda República, aquellos que tuvieron que enfrentarse a todos los horrores de la guerra y el franquismo, en contraste con la generación joven -la que representa aquí Esparza Julve- que se sienten traicionados por la historia y sus mayores y que buscan alejarse de ellos. «Por aquella cabeza  ya no pasaban las sombras animadas de las dudas, sino recuerdos, una, dos, tres, mil biografías en relación con Esparza Julve, con Julvito. Carvalho había visto en los ojos de Santos la progresiva conformación de un ruego: ése no, por favor, otro cualquiera, ése no.»

Conviene dejar claro que en una novela negra lo importante no es tanto descubrir al asesino como destacar las peripecias violentas del investigador privado y su capacidad para afrontarlas. La novela negra es, esencialmente, acción. Aquí, como no podía ser menos, se nos presenta un protagonista heroico, fuerte, inteligente, audaz, violento e imparable en la búsqueda de la verdad y la defensa del bien. A este respecto dos cosas son destacables. La acción no transcurre en Barcelona, sino en Madrid. El clima que se respira aquí es el de la capital de España, contemplado desde la perspectiva de un periférico. Montalbán ofrece una visión lejana de Madrid, una visión crítica y por momentos injusta. Muy en el fondo se perciben las virtudes de una Barcelona “más europea” frente a la crudeza y simpleza de un Madrid más arcaico. «Yo suelo protagonizar películas en blanco y negro. Ustedes me ofrecen una superproducción en Technirama, con gobiernos y aparatos policiales por medio. Además en Madrid. Estoy cansado de viajar. Conozco Barcelona palmo a palmo y a pesar de eso a veces me resulta insoportable. Imagínense moviéndome por Madrid, una ciudad llena de rascacielos, funcionarios del ex régimen.» Y además, para colmo de males, la acción se sitúa en el seno del Comité Central del Partido Comunista de España, un mundo cerrado, con sus propias leyes y con personajes definidos en clave.

Contemplada desde la perspectiva actual «Asesinato en el Comité Central» tiene algunos aspectos mejorables. Muchos de sus personajes parecen estereotipos, algo de lo que ya avisó el autor en la presentación de la obra: «Fundamentalmente, los personajes son arquetipos, no personajes reales. La gente pensará, por ejemplo, que trato con excesivo cariño al sucesor del secretario general; pero si lo hago así es porque creo que no existe este sucesor. Hay quien cree identificar en el libro a Simón Sánchez Montero. Pero no es él, son varios.» Por otro lado, la urdimbre resulta un tanto tosca, con referencias y situaciones demagógicas en exceso. En cualquier caso queda al descubierto la mediocridad de las organizaciones, la falta de escrúpulos de quienes aspiran a controlar la existencia del prójimo, el mal funcionamiento de las instituciones, las traiciones y puñaladas traperas en política, en definitiva, las miserias del ser humano.
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

sábado, 27 de mayo de 2017

LOS MARES DEL SUR. (Manuel Vázquez Montalbán)

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
LOS MARES DEL SUR
Manuel Vázquez Montalbán
EDITORIAL PLANETA, S. A.
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
En esta ocasión, Pepe Carvalho no llega sólo, lo hace de la mano del galardón del Premio Planeta que le fue concedido en 1979 con sus envidiables ocho millones de pesetas y una tirada de 153.000 ejemplares. Es ésta quizás la novela más leída y traducida de la saga y con ella Montalbán se apañó premios, fama y muchos lectores. Aunque el escritor impuso su estilo en terrenos tan dispares como el ensayo, el teatro, la narración y la poesía, no se puede negar que se siente en su salsa en escritos de narrativa de estructura popular, cual esta serie de Carvalho.

Entre los elementos que apoyan este viaje literario por «Los mares del sur» destaca la existencia de una trama incubada en un asesinato, la presencia de un protagonista ya asiduo y las descripciones minuciosas de los escenarios. Aquí la exposición  de indicios, la crítica de gestos externos y el análisis irónico de la sociedad armonizan muy bien con la estructura general del producto. Sin embargo no nos encontramos ante una obra policíaca al uso, no nos llevemos a error. Es ésta una novela que rompe con la estructura del género. Las disposiciones de la narrativa policial son aquí quebradas conscientemente y con determinación. Sólo se conserva una vaga estructura formal que se confunde con una sucesión de entrevistas que el detective lleva a cabo con diferentes personajes pertenecientes a capas sociales diversas: desde un noble incrédulo, a un policía facha, un traficante, un taxista, una viuda de buen ver, algún que otro obrero y hasta una  militante de izquierdas. 

En la Barcelona de 1979, en vísperas de las elecciones municipales, Pepe Carvalho tiene que investigar las andanzas en su último año de vida de un significado hombre de negocios. El cadáver del constructor Stuart Pedrell, cincuentón en crisis, aparece en la Trinidad, con la cabeza recostada sobre cascotes de ladrillo, los ojos abiertos y las manos como caracoles de mármol enfrentados al cielo. Pedrell se había despedido de su familia hacía un año con el pretexto de un viaje a la Polinesia. Cuando Carvalho comienza a conocer la peculiar  personalidad de la víctima –sus aficiones intelectuales y su obsesión por seguir los pasos de Gauguin y emigrar a los mares del sur- va desenredando un complicado embrollo que tiene como fondo un sentimiento profundo de frustración general. «Todos supusimos que había marchado hacia Bali o Tahití o las Hawai, qué sé yo, y desde luego supusimos que sería una crisis pasajera. Pasaron los meses, hubo que hacer frente a una situación que parecía irremediable, hasta el punto que la señora Pedrell es hoy la que lleva los negocios y, finalmente, en enero esta noticia: el cuerpo de Stuart Pedrell aparece en un descampado de la Trinidad, apuñalado, y hoy sabemos con certeza que nunca llegó a la Polinesia.»

En la «serie Carvalho» Barcelona debe ser entendida como un personaje más. Y es que más allá de un mero decorado pasivo el espacio urbano barcelonés se manifiesta en el continuo hormigueo de Carvalho por sus barrios, sus calles, sus plazas, sus restaurantes y sus edificios singulares y representativos. En este recorrido con vocación de retrato Montalbán plasma la realidad física y social de la ciudad en la que vive y trabaja, ciudad con la que llega a mantener una relación de amor-odio. Ya lo comenta muy bien Paco Camarasa, el librero barcelonés, en el prólogo de «Huidas», uno de los tomos recopilatorios de la editorial Planeta: «De nuevo Barcelona y sus distintas Barcelonas. Una ciudad real y evocada que no produce en Vázquez Montalbán una novela localista ni costumbrista. Hoy esa Barcelona no existe físicamente pero la podemos vivir, oler, caminar, oír, beber y tararear a través de las páginas de Tatuaje, Los mares del sur o El balneario.»

«Los mares del sur» es un decurso de entrevistas yuxtapuestas sin que ello debilite una narración hábil, repleta de oficio, que por su tratamiento moderno se aleja del realismo al uso y,  por momentos, alcanza lo poético. Abunda aquí la parodia, la crítica, la sátira, el discurso y la descripción. Es innegable que en la novela se advierten elementos propios del género negro: la explotación estructural, un muerto como explicación de las injusticias existenciales, un investigador privado, las luchas de clase... pero todo ello se desarrolla al amparo  de la transición política y la aparición de la nueva democracia burguesa. Ésta, no podía ser de otra forma, sigue cometiendo las mismas tropelías que se adivinaban durante el período dictatorial. La incorporación de un marco histórico concreto, la España posfranquista, no es algo casual en Montalbán. Responde a una cuestión real. Es un guiño a la izquierda desmemoriada que ha terminado por abandonar su lucha anterior y ha hecho del olvido del franquismo y la guerra civil sus señas de identidad.

La saga negra de Montalbán es una manifiesta demostración de su particular visión del mundo, una visión fatalista y burlesca que  ha sido recogida con posterioridad por la nueva narrativa negra mediterránea. Muchos de los cánones con los que Vázquez Montalbán moldeó su novela negra están hoy presentes en la obra de Márkaris y Camilleri. El propio autor llegó a manifestar que las novelas de Carvalho son “novelas realistas, crónicas de lo que va a ser la vida española de transición desde la decadencia del franquismo”. La novela de Montalbán es pues una novela de «crónica», donde se incluye un discurso contracultural y escéptico opuesto al mensaje oficialista: el discurso del desencanto. En él la opresión y la explotación estructural se enmarcan dentro de un contexto histórico en el cual se describen detalladamente los ambientes. En «Los mares del sur» esta injusticia estructural se simboliza en la especulación inmobiliaria llevada a cabo durante el franquismo por medio de la construcción del barrio de San Magín, un barrio ficticio construido en las proximidades de Hospitalet, sin ninguna capacidad de aportar bienestar y que además se llevó a cabo para alojar a inmigrantes pobres. San Magín no representa el sur utópico sino el sur creado por la modernidad, el sur pobre y olvidado, el sur de la clase proletaria, el sur generado por el milagro económico franquista. Allí en el sur barcelonés, en el barrio de San Magín, Carbalho descubre que el millonario Pedrell ha encontrado su Tahití particular, viviendo sus últimos días bajo el nombre de Antonio Porqueres. Después de enredarse con una trabajadora comunista es herido de muerte por el hermano de ésta y abandonado en un solar de la Trinidad. Efectivamente, como señala Carvalho, Stuart Pedrell viajará a los mares del sur... pero en metro.    
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------