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jueves, 30 de marzo de 2017

BETTY LA NEGRA. (Walter Mosley)

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BETTY LA NEGRA (Black Betty)
Walter Mosley
TRADUCCIÓN: Cecilia Ceriani & Txaro Santoro
ANAGRAMA EDITORIAL
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«Betty la Negra» se desarrolla en los albores de los sesenta y comienza cuando Easy Rawlins recibe cuatrocientos dólares de manos del investigador privado Saul Lynx con la encomienda de localizar a Elizabeth Eady, conocida por todos como la negra Betty. Como dice Lynx: «Usted es famoso, señor Rawlins. Llámeme cuando tenga algo y que sea pronto.» Y pronto Rawlins acepta el trabajo porque padece una escasez crónica de dinero. Últimamente ha estado viviendo de sus inversiones inmobiliarias, pero su producto ha disminuido considerablemente, lo que lo lleva a asumir una labor que no le agrada en absoluto. Además de a sí mismo Rawlins tiene que alimentar a sus dos hijos adoptados; Jesús, («Juice» para su hermana), de quince años, a quien salvó de abusos sexuales reiterados antes de cumplir los tres años y de una futura vida de prostitución infantil, y a Feather, una niña cuya madre fue asesinada por su propio padre por el supuesto delito de haber dado a luz una hija negra. Jesús ha optado por permanecer en silencio, hablando con su hermana sólo de vez en cuando pero nunca con Rawlins; un Rawlins que admite su tristeza por esta situación una noche de soledad con Feather mientras ambos ven “Dobie Gilles” en la televisión. «-¿Por qué Juice no quiere hablar conmigo? –Porque no le gusta hablar contigo, papi, dijo como si nada. –Pero no importa, porque te quiere.»

Tras aceptar la invitación de Lynx, Rawlins no tarda en ser absorbido por un remolino de violencia. No en vano, él conoció a Betty en Houston siendo un niño. Betty, por entonces, era una leona. Los hombres morían por acercarse a ella. Tenía algo que los volvía locos. En aquel entonces no había demasiados hombres de color que pudieran permitirse una larga temporada con ella. La mayoría sólo podía acceder a una noche, con lo que el novio de ayer se las veía en un apuro con el que iba a ser el novio de hoy. Betty era capaz de hacer que la sangre corriera tres noches por semana.

Betty «la Negra» lleva trabajando veinticinco en Los Ángeles como empleada doméstica de los Cain, una familia de posición acomodada. Su desaparición, la desaparición de Betty, coincide cronológicamente con la muerte de Albert Cain, el patriarca de la familia. En el transcurso de sus investigaciones en pos del paradero de Betty, Rawlins se da de cara con varios cadáveres, al tiempo que es golpeado y apuñalado por diversos atacantes. Asimismo, es detenido por la policía y después de su liberación se ve obligado enviar a sus dos hijos a casa de un amigo y esconderse. «Me dejaron en una especie de sala de reuniones con barrotes. Había una mesa larga de madera de haya rodeada de sillas, también de haya, sobre un suelo de parqué de color pino. A través de los barrotes de la ventana podía ver el Boulevard Santa Mónica. Los coches iban y venían a sus asuntos. Ninguno de aquellos conductores sabía que me habían metido en la cárcel sin ningún motivo. Y si alguno se hubiera enterado de ello, no le habría importado. Y aunque le hubiera importado, no habría podido hacer nada para ayudarme.»

Para complicar aún más las cosas, Raymond Alexander -alias «Mouse»- acaba de ser liberado de prisión tras permanecer cinco años encerrado y está intentando descubrir quién lo delató tiempo atrás a la policía. «-Voy a cargarme a alguien, Easy. -¿A quién? –Aún no lo sé. Pero lo que sí sé es que alguien me entregó a los polis y que ese alguien estaba en el bar de John la noche que me cargué a Bruno. Alguien va a morir por esa mierda.» Una tercera trama implica a una agente de bienes raíces, una tal Clovis, (una especie de bóxer con un pésimo sentido del humor y un instinto infalible para los asuntos inmobiliarios), que ha implicado a Rawlins y a su socio Mofass, -amén de a toda la comunidad negra-, en un negocio de inversión destinado a la construcción de un centro comercial. Lo cierto es que los permisos municipales para la construcción de «Freedom´s Plaza», el supuesto establecimiento, son congelados y el proyecto degenera en una planta de tratamiento de aguas residuales. Y, como consecuencia... la bancarrota. «-Pero hemos contraído deudas para pagar los planos y todas las comisiones y tasas. El precio del solar, sin incluir los gastos realizados, no da ni para cubrir la mitad de lo que debemos.»

En poco tiempo Rawlins tiene que lidiar con su inseparable  compañero, el homicida «Mouse»; con el extraño hermanastro de Betty, «Marlon»; con un cobarde corredor de apuestas apellidado Jackson Blue y su paranoico ayudante Ortiz; con Marlon LaMone y la corporación Save-Co, la mayor cadena de supermercados del sur de California y con una docena de otras creaciones extrañas, subrayando este escenario, el doloroso anhelo por su hija Edna, que vive con su madre Regina en Mississippi.

Hay ecos de «Adiós muñeca» en «Betty la negra», pero éso no significa que Walter Mosley sea la versión negra de Raymond Chandler. Al menos, estos rumores no son más pronunciados que los que puedan derivarse de «The Real Cool Killers, (La banda de los musulmanes)», y no por ello hemos de considerar a Himes un  heredero de Chandler. El valor real de esta novela radica en las disgregaciones y la taquigrafía social que acompaña a toda la obra de Mosley. «La mayoría eran negros. Gente de piel oscura con rasgos marcados. Mujeres de ojos tan profundos que casi ningún hombre podría llegar a conocerlos totalmente. Y había niños, como alguna vez lo fueron Spider y Terry T, con un futuro tan funesto que a uno le entraban ganas de llorar de sólo oírles reírse. Porque uno sabía que detrás de la música de sus risas estaba el rechinar de las cadenas. Cadenas que llevábamos sin haber cometido ningún delito, cadenas que llevábamos desde hacía tanto tiempo que fundían con nuestros huesos. Todos las arrastrábamos, pero nadie las veía, ni siquiera muchos de nosotros mismos... Durante todo el camino de regreso a casa fui pensando en que un día nos llegaría por fin la libertad. Pero ¿y qué pasaría con todos aquellos siglos en que estuvimos encadenados? ¿Adónde van a parar cuando llega la libertad?»

Sus personajes, los personajes de Mosley, se enlodan en el mismo corrupto caldo de las ciudades americanas del crack del período de entreguerras. Una situación que ya ocupó y preocupó a Hammett, Chandler y Thompson, entre otros. El final de la edad de la inocencia para un país que recuperará sus arcaicos duendes durante la Guerra Fría. Ésta es la literatura que Mosley propone. La memoria de los negros de América sometidos a un racismo sigiloso y altanero de carácter violento, como aquél de las plantaciones sureñas de algodón, pero quizás más vejatorio y ultrajante. Un diformismo entre el negro rico y el pobre, que el blanco se había negado a abolir porque le resultaba muy útil. «Cuando una mujer blanca empieza a decirte lo importante que es y todos los problemas en los que podrías meterte... a su manera te está llamando negro.» Y entre ellos, entre el poder blanco dominante y el negro sometido, la presencia molesta de Rawlins, siempre dispuesta a recordarnos nuestra estrechez de miras a la hora de asumir que todos somos iguales más allá del color de nuestra piel. 
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martes, 21 de marzo de 2017

MARIPOSA BLANCA. (Walter Mosley)

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MARIPOSA BLANCA (White Butterfly)
Walter Mosley
TRADUCCIÓN: Susana Lijtmaer
ANAGRAMA EDITORIAL
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Walter Mosley es uno de los grandes escritores estadounidenses de novela negra. Su serie sobre Easy Rawlins, que comenzó con «El demonio vestido de azul», es tan buena como cualquier otra surgida en el Los Ángeles de la postguerra y «Mariposa blanca», escrita en la década de los 90, es el plato fuerte de la misma. La diferencia con aquellas obras clásicas es que Mosley ve a los hombres negros de entonces, que hoy le sirven de inspiración, como héroes. «Cuando empecé a escribir la serie sobre Easy Rawlins trataba de referirme a la generación de mi padre; hombres y mujeres negros que se trasladaban desde el sur profundo a diferentes partes del mundo. Son historias maravillosas de gente que vino a vivir aquí y marcó una gran diferencia». Es completamente posible interpretar la obra de Mosley con el mismo aliento que la de Raymond Chandler, Dashiell Hammett o James Ellroy. Pero a la vez es algo distinto, dado que el dolor que subyace en ella tiene unas raíces más profundas. Rawlins y Marlowe cumplen una función similar, sus autores utilizan sus aventuras para explorar la corrupción en el seno del próspero territorio de California. Ambos son legítimos ejemplos –de hecho icónicos- del crimen de ficción. No es difícil imaginarse a Marlowe llevando a cabo sus correrías por las calles principales de Watts, el barrio negro de Los Ángeles. Sólo que... Rawlins vive allí.

Su nombre puede ser Easy, -(«fácil» en inglés)-, pero su vida es todo lo contrario. Esta tercera entrega de la serie de Ezequiel Rawlins se desarrolla en 1956. Rawlins, el héroe de las dos anteriores novelas detectivescas de Mosley, se encuentra ahora casado con una hermosa enfermera negra llamada Regina. Es un padre modelo y un marido devoto. Rawlins y Regina están criando dos hijos, su pequeña Edna y Jesús, un joven mejicano rescatado por Rawlins en una aventura anterior. Sin embargo su vida, la vida de Rawlins, no es idílica. Él no ha contado a Regina sus negocios empresariales secretos, –es dueño de varias casas de apartamentos y unos terrenos muy codiciados-, o su trabajo de investigación para la policía. Existen casos de falta de comunicación entre los dos que nublan el futuro de su matrimonio.

La situación se agrava cuando Rawlins toma contacto con el policía negro Quinten Naylor y una serie de altos funcionarios de la ciudad que buscan ayuda para la localización de un asesino en serie de alto voltaje. «Cuando me llamó “señor” supe que el Departamento de Policía de Los Ángeles necesitaba otra vez de mis servicios. De vez en cuando la ley enviaba a uno de sus escasos representantes negros para que me pidiera que fuese a lugares que ellos jamás pisaban. Cuando la poli quería entrar en el gueto, yo valía para ellos más que una comisaría llena de detectives.» El encuentro se produce cuando aparece el cadáver de una joven blanca, Robin Garnett. Hasta ese momento las víctimas habían sido chicas de vida alegre, negras y bailarinas exóticas. La víctima blanca, sin embargo, es una estudiante universitaria de familia respetable. Al igual que las otras víctimas, su cuerpo es encontrado parcialmente quemado y mutilado. «Lo de Robin Garnett no tenía ni pies ni cabeza. La joven vivía con sus padres en Hauser, al oeste de Los Ángeles. Su padre era fiscal, y su madre ama de casa. Robin estudiaba en la Universidad Central de Los Ángeles. Tenía veintiún años y aún estaba en segundo curso. El periódico decía que había regresado hacía poco de Europa, y que pensaba especializarse en pedagogía.» Rawlins se muestra apático ante la repentina preocupación de los funcionarios blancos, sin embargo se ve obligado a ayudarles cuando la policía amenaza con mantener detenido indefinidamente a Raymond «Mouse» Alexander bajo la acusación de haberse reservado información relacionada con los cuatro asesinatos. Rawlins frecuenta bares, hace preguntas, entrevista a un sospechoso y llega a una revelación inquietante: la alumna blanca esconde una doble vida...

A pesar de que «El demonio vestido de azul» fue nominada a los premios Edgar y recibió varios galardones y que «Una muerte roja» demostró que el éxito de aquella no fue una casualidad, Mosley es más profundo y más rico en ésta tercera historia de Rawlins. La escuela dura de California, la de Raymomd Chandler y Dashiell Hammett, es digna de emulación; ¿por qué no seguir los pasos de los maestros? Rawlins lo hace, pero en sus obras subsiste el enfrentamiento racial entre el hombre blanco y el hombre negro. «Mariposa blanca» supera a las dos primeras historias de Rawlins en que sus personajes y el comportamiento marginal de éstos parecen ahora más familiares y aceptables.  

Mosley mantiene en esta obra varias líneas de pensamiento que se ejecutan en vías paralelas: la escena del club nocturno, las diferentes capas de la sociedad negra, las actitudes de los funcionarios públicos blancos, la necesidad de ocultar la prosperidad de los negros de clase media, la generosidad de la vida familiar a pesar de las privaciones... «Mariposa blanca» está llena de violencia y tiene un final difícil de creer, pero es un impresionante fresco de la vida de la comunidad negra de Los Ángeles en los años cincuenta y sesenta.

Es significativo observar como la raza dominante continúa acosando a la sociedad negra americana. El hecho de que Mosley se encuentre inevitablemente «entre corchetes» como un escritor negro es todo un dato. Pero no podemos obviar que lo está en un país obsesionado con el color de la piel. En la América de aquel entonces cualquier negro que osara creer que la sociedad era libre tenía que ser un demente. La madre de Mosley era judía rusa. Mientras que algunos de los miembros de este gremio pueden reclamar a Mosley como parte de su colectivo y aunque él pueda considerarse judío y, a la vez, afroamericano para prácticamente todos los estadounidenses es un escritor negro. Es complicado que allí lo consideren un escritor sin más. La negrura, –que sólo existe en nuestra mente-, es abrumadora en la sociedad americana. Así que vamos a necesitar a Rawlins. Vamos a necesitar a este héroe masculino negro para que, mientras resuelve sus misterios, nos recuerde que el verdadero crimen es nuestra incapacidad crónica para aceptar que todos somos iguales más allá del color de nuestra piel.
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lunes, 13 de marzo de 2017

NOMINACIONES A LOS «EDGAR ALLAN POE AWARDS 2017»



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El 19 de enero de 2017, en  Nueva York, «THE MYSTERY WRITERS OF AMERICA» anunció –con motivo de la celebración del 208 aniversario del nacimiento de Edgar Allan Poe- los nominados a los «EDGAR ALLAN POE AWARDS» de 2017, que honran las mejores publicaciones de ficción de misterio, no ficción y televisión, publicados o producidos en 2016. Los ganadores de los «EDGAR ALLAN POE AWARDS» serán presentados el 27 de Abril de 2017 en el Grand Hyatt Hotel, de Nueva York.
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BEST NOVEL

  • THE EX. Alafair Burke (HarperCollins Publishers - Harper)
  • WHERE IT HURTS. Reed Farrel Coleman (Penguin Random House – G.P. Putnam’s Sons)
  • JANE STEELE. Lyndsay Faye (Penguin Random House – G.P. Putnam’s Sons)
  • WHAT REMAINS OF ME. Alison Gaylin (HarperCollins Publishers – William Morrow)
  • BEFORE THE FALL. Noah Hawley (Hachette Book Group – Grand Central Publishing)

  
BEST FIRST NOVEL BY AN AMERICAN AUTHOR

  • UNDER THE HARROW. Flynn Berry (Penguin Random House – Penguin Books)
  • DODGERS. Bill Beverly (Crown Publishing Group)
  • IQ. Joe Ide (Little, Brown & Company – Mulholland Books)
  • THE DRIFTER. Nicholas Petrie (Penguin Random House – G.P. Putnam’s Sons)
  • DANCING WITH THE TIGER. Lili Wright (Penguin Random House – Marian Wood Book/Putnam)
  • THE LOST GIRLS. Heather Young (HarperCollins Publishers – William Morrow)

  
BEST PAPERBACK ORIGINAL

  • SHOT IN DETROIT. Patricia Abbott (Polis Books)
  • COME TWILIGHT. Tyler Dilts (Amazon Publishing – Thomas & Mercer)
  • THE 7TH CANON. Robert Dugoni (Amazon Publishing – Thomas & Mercer)
  • RAIN DOGS. Adrian McKinty (Prometheus Books – Seventh Street Books)
  • A BRILLIANT DEATH. Robin Yocum (Prometheus Books – Seventh Street Books)
  • HEART OF STONE. James W. Ziskin (Prometheus Books – Seventh Street Books)

  
BEST FACT CRIME

  • MORGUE: A LIFE IN DEATH. Dr. Vincent DiMaio & Ron Franscell (St. Martin’s Press)
  • THE LYNCHING: THE EPIC COURTROOM BATTLE THAT BROUGHT DOWN THE KLAN. Laurence Leamer (HarperCollins Publishers – William Morrow)
  • PRETTY JANE AND THE VIPER OF KIDBROOKE LANE: A TRUE STORY OF VICTORIAN LAW AND DISORDER: THE UNSOLVED MURDER THAT SHOCKED VICTORIAN ENGLAND. Paul Thomas Murphy (Pegasus Books)
  • WHILE THE CITY SLEPT: A LOVE LOST TO VIOLENCE AND A YOUNG MAN'S DESCENT INTO MADNESS. Eli Sanders (Penguin Random House – Viking Books)
  • THE WICKED BOY: THE MYSTERY OF A VICTORIAN CHILD MURDERER. Kate Summerscale (Penguin Random House – Penguin Press)

  
BEST CRITICAL/BIOGRAPHICAL

  • ALFRED HITCHCOCK: A BRIEF LIFE. Peter Ackroyd (Penguin Random House – Nan A. Talese)
  • ENCYCLOPEDIA OF NORDIC CRIME: WORKS AND AUTHORS OF DENMARK, FINLAND, ICELAND, NORWAY AND SWEDEN SINCE 1967. Mitzi M. Brunsdale (McFarland & Company)
  • SHIRLEY JACKSON: A RATHER HAUNTED LIFE BY RUTH FRANKLIN (W.W. NORTON – LIVERIGHT) SOMETHING IN THE BLOOD: THE UNTOLD STORY OF BRAM STOKER, THE MAN WHO WROTE DRACULA. David J. Skal (W.W. Norton - Liveright)

  
BEST SHORT STORY

  • "OXFORD GIRL" – MISSISSIPPI NOIR. Megan Abbott (Akashic Books)
  • "A PALER SHADE OF DEATH" – ST. LOUIS NOIR BY LAURA BENEDICT (AKASHIC BOOKS) "AUTUMN AT THE AUTOMAT” – IN SUNLIGHT OR IN SHADOW. Lawrence Block (Pegasus Books)
  • "THE MUSIC ROOM" – IN SUNLIGHT OR IN SHADOW. Stephen King (Pegasus Books)
  • "THE CRAWL SPACE” – ELLERY QUEEN MYSTERY MAGAZINE. Joyce Carol Oates (Dell Magazines)

  
BEST JUVENILE

  • SUMMERLOST BY ALLY CONDIE (PENGUIN YOUNG READERS GROUP – DUTTON BFYR) OCDANIEL. Wesley King (Simon & Schuster – Paula Wiseman Books)
  • THE BAD KID. Sarah Lariviere by (Simon & Schuster – Simon & Schuster BFYR)
  • SOME KIND OF HAPPINESS. Claire Legrand (Simon & Schuster – Simon & Schuster BFYR)
  • FRAMED! James Ponti (Simon & Schuster – Aladdin)
  • THINGS TOO HUGE TO FIX. Saying Sorry by Susan Vaught (Simon & Schuster – Paula Wiseman Books)

  
BEST YOUNG ADULT

  • THREE TRUTHS AND A LIE. Brent Hartinger (Simon & Schuster – Simon Pulse)
  • THE GIRL I USED TO BE. April Henry (Macmillan Children’s Publishing Group – Henry Holt BFYR)
  • GIRL IN THE BLUE COAT. Monica Hesse (Hachette Book Group – Little, Brown BFYR)
  • MY SISTER ROSA. Justine Larbalestier (Soho Press – Soho Teen)
  • THIEVING WEASELS. Billy Taylor (Penguin Random House – Penguin Young Readers – Dial Books)


BEST TELEVISION EPISODE TELEPLAY

  • "EPISODE 1 – FROM THE ASHES OF TRAGEDY" – THE PEOPLE VS. O.J. SIMPSON: AMERICAN CRIME STORY, TELEPLAY. Scott Alexander & Larry Karaszewski (FX Network)
  • "THE ABOMINABLE BRIDE" - SHERLOCK, TELEPLAY. Mark Gatiss & Steven Moffat (Hartswood Films/Masterpiece)
  • "EPISODE 1 – DARK ROAD" - VERA, TELEPLAY. Martha Hillier (Acorn TV)
  • "A BLADE OF GRASS" – PENNY DREADFUL, TELEPLAY. John Logan (Showtime)
  • "RETURN 0" - PERSON OF INTEREST, TELEPLAY. Jonathan Nolan & Denise The (CBS/Warner Brothers)
  • “THE BICAMERAL MIND” – WESTWORLD, TELEPLAY. Jonathan Nolan & Lisa Joy (HBO/Warner Bros. Television)

  
ROBERT L. FISH MEMORIAL AWARD

  • "THE TRUTH OF THE MOMENT" – ELLERY QUEEN MYSTERY MAGAZINE. E. Gabriel Flores (Dell Magazines)

  
GRAND MASTER

  • Max Allan Collins
  • Ellen Hart


RAVEN AWARD

  • Dru Ann Love

  
ELLERY QUEEN AWARD

  • Neil Nyren

  
THE SIMON & SCHUSTER - MARY HIGGINS CLARK AWARD

  • THE OTHER SISTER BY DIANNE DIXON (SOURCEBOOKS – SOURCEBOOKS LANDMARK) QUIET NEIGHBORS. Catriona McPherson (Llewellyn Worldwide – Midnight Ink)
  • SAY NO MORE BY HANK PHILLIPPI RYAN (TOR/FORGE BOOKS – FORGE BOOKS) BLUE MOON. Wendy Corsi Staub (HarperCollins Publishers – William Morrow)
  • THE SHATTERED TREE. Charles Todd (HarperCollins Publishers – William Morrow)
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domingo, 12 de marzo de 2017

PRIMERA EDICIÓN: "EXTRAÑOS EN UN TREN". (P. HIGHSMITH)

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EXTRAÑOS EN UN TREN
(STRANGERS ON A TRAIN)
PATRICIA HIGHSMITH
HARPER & BROTHERS
1950
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sábado, 11 de marzo de 2017

SÓLO LOS MUERTOS. (Alexis Ravelo)

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SÓLO LOS MUERTOS
Alexis Ravelo
Anroart Ediciones, S. L. 
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Aprovechando el tirón del género negro en España, a finales del siglo pasado comenzaron a despuntar en las islas algunos escritores prestos a referir la crónica negra, irrigando sus casos de corrupción, asesinatos, organizaciones criminales, tráfico de drogas, desapariciones y otros asuntos turbios que ponen de manifiesto que no es precisamente una suerte vivir aquí. El seguro de sol maravilla, pero no oculta las sombras que envuelven a una compacta  y a la vez compleja urdimbre económica y social cuya ley es la del silencio.

El escenario donde se desarrollan sus novelas, las novelas de Ravelo, es la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, («ciudad que amo y odio a un tiempo», según el propio autor), a la que éste reviste con lugares supuestos para desplazarla al terreno de la ficción sin dejar por ello de lado la evidencia. No tiene el habitante de Las Palmas de Gran Canaria la sensación de habitar una ciudad especialmente violenta, pero basta leer una novela de Ravelo para entender algo que distingue al buen escritor: lo que cuenta, aunque no haya pasado, es factible de hacerlo, porque personajes e impulsos para ello los hay en estas islas.

«Héctor Fuentes tomó un avión en dirección a Gran Canaria y después se lo tragó la tierra». Con estas palabras comienza «Sólo los muertos», la segunda entrega de la serie de Eladio Monroy ideada por el escritor grancanario Alexis Ravelo. Ravelo es un sustancioso descubrimiento literario originario de las islas, (me niego a aplicarles el calificativo de «afortunadas»), que tiene una forma muy peculiar de escribir que nos traslada a los clásicos del género, Ledesma y Madrid. Sus novelas han sabido crear un universo particular y creíble, un microcosmos entrañable, (sobre todo para los que somos de aquí), donde la  Gloria y su carácter zampón, el senegalés Dudú y su pequinés Mecánico, el Chapi y sus porros de media mañana, el tuerto Casimiro, (Polifemo en miniatura según Ravelo) o el fofo y aburrido comisario Déniz y su promiscua Paloma son ejemplos vivos de la fauna dispar que puebla las islas.

En las novelas de Ravelo los arquetipos urbanos, aquellos que son reclamados por la trama, emanan de la personalidad de  Monroy: «En los libros de Eladio Monroy, lo que mejor describe la ciudad no es un espacio o una calle concreta, sino el carácter de Eladio: me di cuenta de que este personaje era la ciudad. Por este motivo, la personalidad de Eladio es un mosaico de claroscuros y contrastes: es un tipo sentimental y violento, duro pero tierno, superviviente y perdedor. Su vestimenta campechana se alterna con un  perfecto dominio de internet y, luego suele emplear un lenguaje soez mientras, a un tiempo, lee a los mejores literatos. Eladio representa a esa ciudad de los portuarios que, de repente, se ha metido en la globalización.»

Eladio Monroy reside en la calle Murga número 15, en las inmediaciones de la Mayor de Triana, tres pisos por debajo de su atractiva vecina Gloria y su voraz apetito. Todos los días Monroy se pregunta qué hacer al tiempo que se responde que casi nada. Sentado en su mesa habitual del bar Casablanca, en la calle León y Castillo, hojea el periódico del día mientras degusta el café que le sirve el tuerto Casimiro, multitareas del bar. Eladio Monroy es un antiguo jefe de máquinas de la marina mercante, divorciado y a la vez jubilado por obra y gracia de José González (don José para sus pacientes, “Pepita” para los amigos), en su día inspector médico de la Casa del Marino y hoy dedicado a sus aficiones para matar el rato. Monroy vive de los pequeños rituales que tejen la rutina diaria de toda persona.

Este «Philip Marlowe de garrafón», como le adjetiva el propio escritor, contacta con Carlos Molina, empleado en una agencia de investigación, quien le propone la búsqueda de Héctor Fuentes, un ejecutivo homosexual que huye a Gran Canaria con los secretos de una multinacional por equipaje. Amante de la buena literatura Fuentes, participante en foros literarios en internet, frecuenta la librería Ei2, una de las tantas que pueblan la calle de Triana, donde es controlado por Gloria, encargada de la venta de libros. Monroy localiza a Fuentes entre los estantes de la librería y le persigue hasta el monumento a Juan Negrín, en la bifurcación de Triana con San Pedro. Allí, en la terraza El Mordisco, traba conversación con él y toma conocimiento de su intención de vivir una vida sabática con su pareja, un cocinero  asturiano de alto standing, que responde al nombre de Nico. La historia se complica cuando Fuente aparece muerto en su casa por «causas naturales», o al menos ésa es la conclusión a la que llega el comisario Déniz cuando se tropieza con un fiambre con un par de puñaladas en el pecho y otra en el cuello. Y la verdad es que razones no le faltan para pronunciarse así. Lo cierto es que Monroy se ve involucrado en un caso que le viene algo grande. No es la primera vez que se mete en líos. Pero quizás ésta sea la última...

Ravelo, que en su blog «Ceremonias / pequeñas píldoras para leer rápido y pensar despacio», bromea consigo mismo etiquetándose de “escritorzuelo” y “escribidor” afirma que el texto no es más que escritura hasta que la mirada del lector lo convierte en literatura. Presume de un estilo rápido, supedita la estética al desarrollo del argumento, con constantes juegos lingüísticos y conceptuales. Los males de la globalización, la opresión de los menos privilegiados, la homofobia y la violencia de género tienen cabida en sus novelas, con fidelidad a las constantes del género negro y con frecuentes guiños a la tradición literaria canaria. Así, en sus narraciones están presentes la crudeza del escritor surrealista tinerfeño Agustín Espinosa (Ravelo no se cansa de reivindicar “Crimen” como una de sus obras de referencia) y la ironía amarga de Alonso Quesada. «Llegué a la novela negra por casualidad. Había escrito ya un par de cuentos de corte fantástico y varias obras de teatro, también novelas de corte psicológico que tuve el buen gusto de tirar a la basura. Así que más por divertimento que para demostrarme nada en concreto, me planteé un ejercicio de estilo consistente en escribir una historia hard boiled que estuviera ambientada en la ciudad en la que vivía y en la que, no por ello, cambiara ninguna de la constantes del género. Y, fíjate, creo que en esto había algo de las reflexiones de Pedro García Cabrero y Agustín Espinosa en torno a nuestro paisaje, pues tuve que reflexionar mucho sobre mi entorno, mistificarlo en una ficción verosímil, por decirlo de alguna manera. Al final hice una concesión: el protagonista no es un detective, sino una especie de rufián. Por lo demás, las constantes del género estaban ahí, los críticos no la trataron mal y los lectores le hicieron el boca a oreja, lo cual me dijo que no iba por mal camino.»

La novela policiaca, o “negra” como la denominan los franceses, cuenta desde hace años con acento canario gracias al trabajo de unos narradores a los que no debemos perder el rastro. Entre ellos, Alexis Ravelo, con una obra sólida y consistente, seria y libre, se encuentra en la punta de lanza del género. Y como vulgarmente se dice “llegó para quedarse”: «No he huido de la novela negra. Solo huyo de la policía antidisturbios, de la otra no porque no tengo motivos. Todavía.»
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domingo, 5 de marzo de 2017

ROSY & JOHN. (Pierre Lemaitre)

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ROSY & JOHN (Rosy & John)
Pierre Lemaitre
TRADUCCIÓN: Juan Carlos Durán Romero
PENGUIN RANDOM HOUSE, GRUPO EDITORIAL
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Jean Garnier no tiene nada que perder, su madre, Rosie, -su padre le dio ese nombre en 1964, el año en que Gilbert Bécaud, su ídolo, cantaba «Rosy & John»- está en la cárcel, su amante ha muerto en un extraño accidente y él ha perdido su trabajo tras la desaparición misteriosa de su jefe. A medida que la desesperación se apodera de su persona Jean idea un plan diabólico. Siete artefactos explosivos, siete obuses, están programados para estallar en los próximos siete días en distintos puntos de la geografía francesa. La primera bomba funciona correctamente, a este respecto Garnier tiene todas las razones para estar satisfecho. ¿Pero estallarán las demás? Según él programó todas las bombas con 3,99 euros en internet y los cables los compró en Leroy Merin... Lo más grave es que todo el mundo piensa que si dice la verdad sobre la primera bomba, la de la rue Joseph-Merlin, también dice la verdad sobre las demás. Los seis próximos obuses. Él ha prometido una carnicería. «La explosión es tan potente que hace temblar el barrio entero. Como si se tratara de un terremoto, la onda expansiva puede sentirse a un centenar de metros.» Después de la explosión de esta primera bomba Jean se entrega a la policía con una petición increíble: la liberación de su madre y la adjudicación a ambos de una nueva identidad, el traslado a Australia y una cantidad de dinero suficiente para sobrevivir.

Frente a este joven desperdicio, frente a Garnier, el comisario jefe Camille Verhoeven debe actuar con más delicadeza que nunca. Con su estatura teatralmente baja –apenas supera el metro y medio-, su brillante calvicie y sobre todo su mirada cortante, Verhoeven se enfrenta a uno de los más importantes dilemas de su carrera. ¿Es Jean Garnier una amenaza seria para el país o simplemente es un individuo con delirios de grandeza? Verhoeven  es consciente que cada minuto que pasa puede costar cientos de vidas. «La deflagración barre escaparates, vehículos y todo lo que hay en el cerebro. Durante unos segundos nadie piensa, las ideas  parecen también barridas por la explosión, como la llama solapada de una vela. Desaparecen hasta los ruidos ordinarios, y reina sobre el lugar del siniestro una calma tensa, vibrante, como si la ciudad acabase de morir de pronto.»

«Rosy & John» es la tercera entrega de la serie del comisario Verhoeven, una saga escrita por el ganador del premio Goncourt, Pierre Lemaitre. «La idea del libro me llegó una noche cuando transitaba ante una acera destruida. Los autores de novelas somos siempre cuidadosos con este tipo de detalles», comentó el autor al respecto de la idea que generó el relato. La novela es una especie de eslabón perdido en la bibliografía de Lemaitre, una obra breve que tiene su origen en un reto que le fue propuesto en su día al escritor. Lemaitre plantea su obra en capítulos cortos, lineales, con una extensión máxima de tres hojas, recuperando el texto original de una Smartnovel, una novela digital por entregas. Sí, porque «Rosy & John» es la adaptación al papel de este folletín digital, publicado allá por 2012 como «Les Grands Moyens», algo así como «Las medidas drásticas».

Sobre el proceso de creación de la novela, un relato por entregas como hemos dicho, Lemaitre se manifiesta al final del libro de la siguiente manera: «La editorial SmartNovel me propuso escribir un folletín para smartphone. Las condiciones eran duras: los episodios no debían sobrepasar las tres páginas de una pantalla normal, es decir, el tiempo medio que pasa un parisino en el metro entre dos trasbordos. El editor conocía mi pasión por el folletín decimonónico y por Alexander Dumas, y sabía que no podría resistirme. Así que me lancé a la aventura y propuse a Camille que retomase el servicio.»
La historia que surge de todo ello es estresante y aterradora, pero realmente funciona. Sin embargo todo va dirigido en esa única dirección. El temporizador ajustado para que funcione en el momento justo, las horas que se van desgranando como una espada sobre el corazón de cada capítulo; todo está enfocado a tratar de llevar al lector a una situación de estrés, de angustia, de incertidumbre... Pero la historia es demasiado exagerada, carece de finura y trata de hacer, (permítaseme el juego de palabras), del objetivo no alcanzado su auténtico objetivo. Después de leer «Alex», «Rosy & John» es decepcionante.
Pero bueno, estamos ante «un folletín» como lo califica su autor. Éste es un libro que no va a dejar huella ni sorprenderá a nadie. Cierto es que el lenguaje de Lemaitre resulta fácil y fluido, no en vano «Rosy & John» es una novela relajante y fácil de leer. Tampoco se puede negar su gran plasticidad visual y su riqueza de recursos y precisión mecánica. La novela prescinde de capítulos y se articula en una sucesión de escenas de días y horas, cautivas del despótico avance de un contrarreloj: ¿cuándo y dónde explotarán las otras bombas que Garnier ha ocultado? Aquí no hay ni guerra santa ni fanatismo religioso, aquí hay un «genio» de la mecánica, -un chapucero diría yo-, que con un patrón binario, en un solo bloque, con una postura inamovible y rudimentaria del todo impermeable a los matices, apoyado en artilugios de ferretería, trae de cabeza a toda la policía francesa.
Su literatura, la literatura de Lemaitre, es un juego con la propia literatura, y que el amigo Garnier haga acopio de obuses de la Primera Guerra Mundial, recogidos al borde de la carretera, transportados en un coche alquilado y los haga estallar con un despertador y un relé, es una broma que Lemaitre quiere gastarse a sí mismo.

La fuerza compacta que emana de la brevedad de «Rosy & John» es su máximo inconveniente, ya que Lemaitre es un descriptor de emociones y sus personajes se expresan a través de ellas. Aquí, desde luego, éstas –las emociones- destacan por su ausencia;  Jean Garnier no refleja un solo sentimiento en toda la obra, un solo sentimiento que no vaya más allá del rescate. «¿Por dónde empezamos Jean? Tú decides. –Por el rescate... Sí por el rescate, le dije que aceptaría tres millones. Pero eso fue ayer. Hoy son cuatro o nada.»   
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lunes, 27 de febrero de 2017

EL TOM RIPLEY QUE YO CONOCÍ

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Conocí a Tom Riplie en 1954 cuando se acababa de publicar «El talento de Mr. Ripley» en el que se recogía la primera parte de sus memorias. Tenía entonces 25 años de edad y se encontraba en Italia reclutado por un acaudalado empresario de Nueva York, Herbert Greenleaf, con el objeto de convencer a su hijo Dickie para que volviera a casa y siguiese una carrera adecuada. Allí le localicé en la pequeña ciudad costera de Mongibello, al sur de Nápoles, donde se enamoró de Dickie y luego acabó con su vida para evitar ser abandonado. El cuerpo de Dickie nunca fue encontrado. Aún hoy hay gente que cree que se suicidó. Fue Dickie el primer hombre al que mató y el único al que lamentó matar. En realidad el único crimen que se arrepintió haber cometido. Con ayuda de unas cartas falsificadas Tom pasó a ser su heredero y no tengo razón alguna para poner en duda que aún sigue disfrutando de esos beneficios.

Dickie Greenleaf fue una de las pocas personas decentes a las que Tom mató. Más adelante también acabó con el coleccionista de arte Thomas Murchison, golpeándolo en la cabeza con una botella de vino en la bodega de Belle Ombre. Murchinson, aquel jactancioso americano poseedor de un Derwatt, empeñado en demostrar que su cuadro era una falsificación. La realidad es que a Tom nunca le gustó el asesinato, pero la gente siempre se empeñó en que lo realizara. Hay que reconocer que sin el dominio de «este arte», y su falta de escrúpulos para llevarlo a cabo, Tom no sería Tom.

Si en aquellos tiempos usted hubiese tenido la oportunidad de acudir a una fiesta en Belle Ombre, a la casa-castillo que Tom regenta con su esposa en el pequeño pueblo de Villeperce, cerca de Fonteinebleau, habría contemplado con placer al matrimonio turnándose ante el clavicémbalo antes de invitarle a usted a disfrutar de la deliciosa comida preparada por su ama de llaves, la francesa Madame Annette. Tom habría sacado su mejor vino de la bodega, estremeciéndose ante la sangre de Murchison que todavía tiñe el suelo.   

Después de la publicación del segundo volumen de sus memorias, que apareció en 1970 bajo el título de «La máscara de Ripley», su biógrafa, Patricia Highsmith, presentó una copia a un amigo con la inscripción “Para Charles con amor... de Tom”. Highsmith, quizás con la anuencia de Tom, firmaba sus cartas con el nombre de su geniecillo favorito, un psicópata encantador cuya dedicación a una vida de arte y refinamiento borró por completo su conciencia. Highsmith llegó a completar cinco entregas de las memorias de Ripley que abarcan un período de su vida de 37 años. En ellas da cuenta de cómo Ripley mató al menos a ocho personas, la mayoría de ellas desagradables en extremo, y como, sin embargo, siempre salió libre.

No es de extrañar que Highsmith sintiera una especial empatía por Ripley. Con más de seis pies de altura, guapo, encantador, él siempre se mostró capaz de afrontar una pelea. Nunca mató a nadie sin un motivo justificado. A sus ochenta y tantos años no es una persona jactanciosa y rara vez se arrepiente de lo que hace. La verdad es que su deseo siempre fue cultivar flores en el jardín de su residencia de Belle Ombre y complacer los caprichos de su encantadora esposa Heloise. Su impulso homosexual, que tantos comentarios insidiosos suscitó, parece haber remitido con el paso de los años.

Los padres de Tom murieron en un accidente en el puerto de Boston cuando él era aún un niño pequeño, dejándolo al cuidado de su tía Dottie, -la «condenada tiita Dottie», como solía recordarla Tom-, una mujer severa de la que no guarda buenos recuerdos. Desde entonces Tom ha tenido miedo al agua. De hecho odia el mar. No en vano su elemento favorito es el fuego. En una ocasión, creo haberlo leído en la tercera entrega de sus memorias que se publicó allá por 1.974 bajo el título «El amigo americano», contempló con satisfacción como un par de mafiosos sin escrúpulos se asaban en su coche. ¡Muy propio de Tom! Creo haber leído que fue parte de un plan para ayudar al ingenuo e indefenso John Trevanny, un vecino de Villeperce, a cumplir una comisión de asesinato en la que Tom jugó un papel decisivo. Trevanny padecía leucemia y en la idea de que sus días estaban contados decidió aceptar una oferta para acabar con un par de matones en Hamburgo, con el fin de dejar algo de capital a su esposa e hijo después de su muerte. En realidad Tom hizo la mayor parte del trabajo sucio y así me lo confesó un día en Belle Ombre. La esposa de Trevanny, Simone, acabó escupiéndole. Aquello fue todo lo que recibió en pago por sus servicios.

Me tropecé con él, con Tom, por última vez en 1992 en el puente de Moret, al poco de publicarse «Ripley en peligro», la quinta entrega de sus memorias. Me contó que una enigmática pareja norteamericana, los Pritchard, se había empeñado en sacar a la luz los asesinatos que había cometido tiempo atrás. Hasta Tánger fue perseguido por estos pegajosos personajes empeñados en descubrir todo su historial delictivo, desde el asesinato de Dickie Greenleaf hasta el de Thomas Murchison, pasando por las falsificaciones de los cuadros Derwatt. Allí en el Loing, un afluente del Sena, los Pritchard se pasaban los días rastreando el río arriba y abajo en busca de los restos de Murchison. Recuerdo que en aquél momento un policía informó a Tom que su camioneta estaba estacionada ilegalmente. Tom se encontraba acompañado de Ed Banbury, un cómplice en el fraude de los Derwatt a quién había solicitado ayuda. Antes de regresar al vehículo lanzó un anillo de la suerte al Loing. Perteneció a Murchison, cuyo cuerpo se halla sumergido en el mismo río desde años atrás.

Desde el momento en que conoció a Ripley, Highsmith sostuvo la idea de que él llevó una existencia autónoma. En 1980, en unas declaraciones a la televisión británica, reveló que “sentía como si fuera el propio Ripley quién estuviera escribiendo”. Ella dio a entender en sus notas para «Ripley en peligro», la quinta y última entrega de sus memorias, que temía que su amado Tom se estuviera volviendo loco. Tal vez por eso no hemos tenido noticias de él últimamente. Si es así es una locura de modales perfectos, de buen gusto, de una civilidad a prueba de bomba.
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TRAS LOS PASOS DE RIPLEY. (Patricia Highsmith)

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TRAS LOS PASOS DE RIPLEY (The Boy Who Followed Ripley)
Patricia HIghsmith
TRADUCCIÓN: Jordi Beltrán
EDITORIAL ANAGRAMA, S. A.
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En esta cuarta entrega de la «Ripliada», publicada en español en 1980 bajo el título de «Tras los pasos de Ripley», Tom Ripley sigue disfrutando de una vida cómoda en el pueblo de Villeperce, a las afueras de París, en la satisfacción financiera que le produce la asignación a su esposa Heloise por parte de sus padres y sus propios negocios turbios en el mundo del arte. Un extraño adolescente de 16 años, que responde al nombre de Billy Rollins, se cruza en su camino y Ripley pronto llega al convencimiento de que es hijo del magnate americano de la alimentación John Pierson, fallecido recientemente, y a quien la familia reclama angustiada después de tres semanas sin noticias suyas. «¿Y si el chico que había conocido la otra noche era Frank Pierson? Dieciséis años. Desde luego, esa edad era más probable que los diecinueve años que el muchacho confesaba. Maine y no Nueva York. Al morir el viejo Pierson, ¿no había salido una foto de toda la familia en el International Herald Tribune? Una foto del padre sí había salido, y de pronto Tom se dio cuenta de que no acertaba a recordar su rostro... Pero al chico de hacía tres días le recordaba mejor de lo que solía recordar a la gente. Tenía el rostro más bien melancólico y serio, y no sonreía con facilidad. Boca firme y cejas oscuras. Y el lunar de la mejilla derecha, no lo bastante grande como para salir en una foto normal, quizás, era una señal.»

No hace falta decir que la muerte del millonario John Pierson está rodeada de incógnitas. Pierson llevaba una década confinado a su silla de ruedas a raíz de un fallido intento de asesinato relacionado con sus negocios alimentarios. Su muerte se produjo cuando la silla cayó por un precipicio en Maine, en su finca de Kennebunkport, debido a un accidente o a un suicidio o quien sabe a qué...

Frank pronto confiesa a Riley que fue él quien mató a su padre, aunque el resto de su familia no sospecha nada. «Yo maté a mi padre –susurró Frank-, sí, le empujé en aquel... Sí. Recuerdo..., me dio la sensación de que no podía seguir mirando sus hombros y su cogote un segundo más. Pensé..., no sé qué pensé, pero me lancé hacia delante y de un puntapié quité el freno, apreté el botón de avanzar y, por si fuera poco, di un empujón a la silla que se precipitó al vacío. No quise verlo. Sólo oí el ruido.» Ripley trata de convencer a Frank que su acción no tiene por qué arruinar el resto de su vida, apoyando este argumento en sus experiencias pasadas. Sólo un hombre como Ripley, acostumbrado a nadar en «aguas revueltas», podría ayudar a Frank en su lucha desesperada contra el sentimiento de culpa que le corroe. Por primera vez, Tom Ripley revela al lector su cara oculta: la de un hombre generoso, dispuesto a todo para ayudar a un ser en apuros.

De acuerdo con Andrew Wilson, en su biografía del año 2003 «A life of Patricia Highsmith», ésta viajó a Berlín expresamente con el fin de investigar los escenarios donde se desarrollaría la cuarta salida de Ripley. Después de varios viajes a Berlín Highsmith quedó fascinada por la ciudad, una fascinación que es casi tangible en «Tras los pasos de Ripley».

Sin embargo, ¿qué es lo que en realidad ocurre en Berlín a donde Tom viaja con Frank en un intento de evitar la presencia del  hermano mayor y un detective privado, enviados por la madre del propio Frank con el objeto de acelerar la búsqueda de éste? El viaje se realiza en la década de los 80 cuando Berlín se encontraba dividido por el Muro. Durante una visita al bosque de Grunewal Frank es secuestrado y su madre recibe una petición de rescate. Ripley decide entonces representar un papel personal en la liberación del joven.

Lo primero que se echa en falta en «Tras los pasos de Ripley» es el sentido del peligro existencial que acompañó al protagonista en las tres entregas anteriores. En «El talento de Mr. Ripley», «La máscara de Ripley» y «El amigo americano», Tom Ripley tiene que luchar por su propia supervivencia –su libertad y su cómoda forma de  vida-, mientras que en «Tras los pasos de Ripley» su preocupación se centra en el bienestar de Frank. El muchacho sigue a Ripley a Francia después de haber oído hablar de él en relación a una pintura Derwatt, -en realidad una falsificación de Bernard Tufts-, que poseía su padre en vida. Allí el adolescente decide no separarse de él.

La cuestión de la sexualidad de Tom es un zumbido constante en el trasfondo de la «Ripliada». La extraña fascinación entre personas del mismo sexo es un tema recurrente en la escritura de Highsmith. Lo que hizo tan convincente este hecho en casos anteriores fue la manipulación malintencionada –y en último extremo asesina- de uno de los protagonistas, ya se tratase de Bruno, en el debut de Highsmith en «Extraños en un tren» o del propio Ripley en su relación con Dickie Greenleaf en «El talento de Mr. Ripley». Aquí, sin embargo, en el trasfondo de esta relación en apariencia homosexual, Frank es completamente inocente.

Quizás la complicada biografía de Highsmith fue un perfecto caldo de cultivo para la génesis de la personalidad de Ripley. Su padre, el padre de Highsmith nunca figuró en su vida; sí su madre, aunque en exceso. Esta relación la marcó para siempre, convirtiéndola en una persona de difícil trato. Fue una mujer infeliz, solitaria, alcohólica y su lesbianismo nunca floreció en un amor constante. En muchos sentidos Ripley no es diferente a ella. A lo largo de su vida Highsmith vivió con la sensación de que merecía pertenecer a una clase social más alta. Durante su adolescencia tomó conciencia de su atracción por las mujeres. Ripley le proporcionó una ventana a través de la cual canalizar toda su rabia contenida. En su escritura ella tomó venganza por los daños sufridos durante toda su vida a manos de los demás. No sólo de su madre sino también de sus amantes. Las brutalidades de la vida no solo la condujeron al alcohol sino que la llevaron a una exfoliación malsana a la hora de escribir. Y Ripley fue el personaje sobre el que más escribió...
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