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sábado, 29 de noviembre de 2014

PAN, EDUCACIÓN, LIBERTAD. (Petros Márkaris)

PAN, EDUCACIÓN, LIBERTAD (Psomi, Paideia, Eleftheria)
Petros Márkaris
TRADUCCIÓN; Ersi Marina Samará Spiliotopulu 

Tusquets Editores, Noviembre 2014
Márkaris, lastrado con una dosis de desilusión mayor que nunca, nos conduce de la mano en “Pan, educación, libertad” por un viaje a la sombría Europa-ficción del año 2014. Grecia y España son los primeros países del sur en declararse en quiebra y ambos abandonan el euro, regresando al dracma y a la peseta, respectivamente. En la fiesta de fin de año los billetes falsos vuelan, los gritos de triunfo y los aplausos se suceden. A los pocos días  el gobierno decreta la suspensión de pagos. Atenas es un campo de protestas y manifestaciones que inmovilizan la ciudad a todas horas, haciéndola prácticamente intransitable.

Esta especie de guerra encubierta ha dejado al país en un estado lamentable de pobreza, con un exceso horroroso de desempleados, desilusión a porrillo, gente sin hogar, abatimiento por todas partes y no pocos suicidas. Las cuentas pendientes están a flor de piel y todos, a la menor ocasión, se echan la culpa por los años de dispendio y el disparatado tren de vida llevado en la época de la bonanza.

Atrapado en una encrucijada entre un presente catastrófico y un futuro de lo más incierto, el tercer caso de la «trilogía de la crisis» compromete al comisario Jaritos en un viaje a través del tiempo. Una serie de asesinatos en serie, cuidadosamente planificados, le obliga a fijar su atención en la generación de la que proceden las víctimas: la generación de los míticos luchadores contra la dictadura, llamada popularmente «generación de la Politécnica», debido a los espeluznantes sucesos que tienen lugar en aquella Universidad en 1973 y que comportan la caída de la dictadura militar.

Una generación que, una vez acabada la lucha, se autoprotege sin cesar con floridos martirologios. Sus miembros, seducidos por un expresivo activismo antifascista y por los éxitos conseguidos una vez que llega la democracia, se convierten, en virtud de los servicios prestados al país, en personajes intocables.

Esa generación acapara todos los puestos relevantes de la sociedad, a todos los niveles: en la política, en los sindicatos, en las cooperativas agrícolas y en la enseñanza. Una auténtica y tupida red de ayudas y favores mutuos que muchas veces se desarrolla con prácticas más propias de la mafia que de ciudadanos responsables en busca del bien común y de una libertad largamente deseada.

Muchos de los que en su día se oponen a la dictadura, como es el caso de los tres asesinados –el rico contratista Yerásimos Demettzís, el catedrático de Derecho Nikos Zeologuis y el sindicalista Dimos Lepeniotis–, rentabilizan en su propio beneficio sus años de cárcel y las supuestas torturas que sufren, no del todo probadas: tesis plagiadas ante las que todo el estrato universitario hace la vista gorda; concursos públicos amañados y, en general, chanchullos e intrigas a discreción. Todo un Estado paralelo.

Conforme se va adentrando en las biografías de las víctimas, Jaritos comprueba que el clientelismo habitual de los empresarios griegos y el Estado queda muy atrás, hasta llegar a conformar una tupida y densa red de enredos con los que aquellos se enriquecen mediante alianzas ocultas y medios ilícitos.

En todo ello, como el comisario va averiguando con verdadera repugnancia, aflora lo peor de la cara de la ya de por sí maltrecha economía griega: subcontratas de inmigrantes ilegales, tráfico de influencias y presiones ejercidas desde las más altas esferas ministeriales, o empresas-tapadera montadas por sindicalistas con el fin de repartirse entre unos cuantos los fondos europeos. Fondos europeos que nunca llegan a quienes tienen que llegar, pero que, constantemente, se hermosean con grandes palabras para la ocasión: cohesión social, programas para la investigación y el desarrollo, infraestructuras e inversiones. Un panorama de pesadilla.
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