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jueves, 30 de marzo de 2017

BETTY LA NEGRA. (Walter Mosley)

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BETTY LA NEGRA (Black Betty)
Walter Mosley
TRADUCCIÓN: Cecilia Ceriani & Txaro Santoro
ANAGRAMA EDITORIAL
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«Betty la Negra» se desarrolla en los albores de los sesenta y comienza cuando Easy Rawlins recibe cuatrocientos dólares de manos del investigador privado Saul Lynx con la encomienda de localizar a Elizabeth Eady, conocida por todos como la negra Betty. Como dice Lynx: «Usted es famoso, señor Rawlins. Llámeme cuando tenga algo y que sea pronto.» Y pronto Rawlins acepta el trabajo porque padece una escasez crónica de dinero. Últimamente ha estado viviendo de sus inversiones inmobiliarias, pero su producto ha disminuido considerablemente, lo que lo lleva a asumir una labor que no le agrada en absoluto. Además de a sí mismo Rawlins tiene que alimentar a sus dos hijos adoptados; Jesús, («Juice» para su hermana), de quince años, a quien salvó de abusos sexuales reiterados antes de cumplir los tres años y de una futura vida de prostitución infantil, y a Feather, una niña cuya madre fue asesinada por su propio padre por el supuesto delito de haber dado a luz una hija negra. Jesús ha optado por permanecer en silencio, hablando con su hermana sólo de vez en cuando pero nunca con Rawlins; un Rawlins que admite su tristeza por esta situación una noche de soledad con Feather mientras ambos ven “Dobie Gilles” en la televisión. «-¿Por qué Juice no quiere hablar conmigo? –Porque no le gusta hablar contigo, papi, dijo como si nada. –Pero no importa, porque te quiere.»

Tras aceptar la invitación de Lynx, Rawlins no tarda en ser absorbido por un remolino de violencia. No en vano, él conoció a Betty en Houston siendo un niño. Betty, por entonces, era una leona. Los hombres morían por acercarse a ella. Tenía algo que los volvía locos. En aquel entonces no había demasiados hombres de color que pudieran permitirse una larga temporada con ella. La mayoría sólo podía acceder a una noche, con lo que el novio de ayer se las veía en un apuro con el que iba a ser el novio de hoy. Betty era capaz de hacer que la sangre corriera tres noches por semana.

Betty «la Negra» lleva trabajando veinticinco en Los Ángeles como empleada doméstica de los Cain, una familia de posición acomodada. Su desaparición, la desaparición de Betty, coincide cronológicamente con la muerte de Albert Cain, el patriarca de la familia. En el transcurso de sus investigaciones en pos del paradero de Betty, Rawlins se da de cara con varios cadáveres, al tiempo que es golpeado y apuñalado por diversos atacantes. Asimismo, es detenido por la policía y después de su liberación se ve obligado enviar a sus dos hijos a casa de un amigo y esconderse. «Me dejaron en una especie de sala de reuniones con barrotes. Había una mesa larga de madera de haya rodeada de sillas, también de haya, sobre un suelo de parqué de color pino. A través de los barrotes de la ventana podía ver el Boulevard Santa Mónica. Los coches iban y venían a sus asuntos. Ninguno de aquellos conductores sabía que me habían metido en la cárcel sin ningún motivo. Y si alguno se hubiera enterado de ello, no le habría importado. Y aunque le hubiera importado, no habría podido hacer nada para ayudarme.»

Para complicar aún más las cosas, Raymond Alexander -alias «Mouse»- acaba de ser liberado de prisión tras permanecer cinco años encerrado y está intentando descubrir quién lo delató tiempo atrás a la policía. «-Voy a cargarme a alguien, Easy. -¿A quién? –Aún no lo sé. Pero lo que sí sé es que alguien me entregó a los polis y que ese alguien estaba en el bar de John la noche que me cargué a Bruno. Alguien va a morir por esa mierda.» Una tercera trama implica a una agente de bienes raíces, una tal Clovis, (una especie de bóxer con un pésimo sentido del humor y un instinto infalible para los asuntos inmobiliarios), que ha implicado a Rawlins y a su socio Mofass, -amén de a toda la comunidad negra-, en un negocio de inversión destinado a la construcción de un centro comercial. Lo cierto es que los permisos municipales para la construcción de «Freedom´s Plaza», el supuesto establecimiento, son congelados y el proyecto degenera en una planta de tratamiento de aguas residuales. Y, como consecuencia... la bancarrota. «-Pero hemos contraído deudas para pagar los planos y todas las comisiones y tasas. El precio del solar, sin incluir los gastos realizados, no da ni para cubrir la mitad de lo que debemos.»

En poco tiempo Rawlins tiene que lidiar con su inseparable  compañero, el homicida «Mouse»; con el extraño hermanastro de Betty, «Marlon»; con un cobarde corredor de apuestas apellidado Jackson Blue y su paranoico ayudante Ortiz; con Marlon LaMone y la corporación Save-Co, la mayor cadena de supermercados del sur de California y con una docena de otras creaciones extrañas, subrayando este escenario, el doloroso anhelo por su hija Edna, que vive con su madre Regina en Mississippi.

Hay ecos de «Adiós muñeca» en «Betty la negra», pero éso no significa que Walter Mosley sea la versión negra de Raymond Chandler. Al menos, estos rumores no son más pronunciados que los que puedan derivarse de «The Real Cool Killers, (La banda de los musulmanes)», y no por ello hemos de considerar a Himes un  heredero de Chandler. El valor real de esta novela radica en las disgregaciones y la taquigrafía social que acompaña a toda la obra de Mosley. «La mayoría eran negros. Gente de piel oscura con rasgos marcados. Mujeres de ojos tan profundos que casi ningún hombre podría llegar a conocerlos totalmente. Y había niños, como alguna vez lo fueron Spider y Terry T, con un futuro tan funesto que a uno le entraban ganas de llorar de sólo oírles reírse. Porque uno sabía que detrás de la música de sus risas estaba el rechinar de las cadenas. Cadenas que llevábamos sin haber cometido ningún delito, cadenas que llevábamos desde hacía tanto tiempo que fundían con nuestros huesos. Todos las arrastrábamos, pero nadie las veía, ni siquiera muchos de nosotros mismos... Durante todo el camino de regreso a casa fui pensando en que un día nos llegaría por fin la libertad. Pero ¿y qué pasaría con todos aquellos siglos en que estuvimos encadenados? ¿Adónde van a parar cuando llega la libertad?»

Sus personajes, los personajes de Mosley, se enlodan en el mismo corrupto caldo de las ciudades americanas del crack del período de entreguerras. Una situación que ya ocupó y preocupó a Hammett, Chandler y Thompson, entre otros. El final de la edad de la inocencia para un país que recuperará sus arcaicos duendes durante la Guerra Fría. Ésta es la literatura que Mosley propone. La memoria de los negros de América sometidos a un racismo sigiloso y altanero de carácter violento, como aquél de las plantaciones sureñas de algodón, pero quizás más vejatorio y ultrajante. Un diformismo entre el negro rico y el pobre, que el blanco se había negado a abolir porque le resultaba muy útil. «Cuando una mujer blanca empieza a decirte lo importante que es y todos los problemas en los que podrías meterte... a su manera te está llamando negro.» Y entre ellos, entre el poder blanco dominante y el negro sometido, la presencia molesta de Rawlins, siempre dispuesta a recordarnos nuestra estrechez de miras a la hora de asumir que todos somos iguales más allá del color de nuestra piel. 
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