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martes, 20 de diciembre de 2022

LECTURAS PRETÉRITAS 1: Donald E. Westlake

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UN DIAMANTE AL ROJO VIVO. John Dortmunder y su banda son contratados para robar un famoso diamante, conocido como Balabomo, que cobija celosamente un país africano. Dortmunder es extremadamente hábil y minucioso, pero lamentablemente desafortunado. Siempre fracasa. Con la suerte de espaldas, se ve condenado a planificar el golpe una y otra vez con una inercia y tenacidad casi religiosas. "La vida es un equívoco constante" parece decir el escurridizo diamante a la banda de Dortmunder. Ellos, impasibles, intentarán darle caza por tierra, mar y aire. Un diamante al rojo vivo es una de las obras maestras del extraordinario Donald Westlake. Sin lugar a dudas su novela más hilarante e ingeniosa. Una brillante comedia repleta de equívocos y llena de personajes inolvidables.

ATRACO AL BANCO. Cuando la última genialidad del criminal John Dortmunder -timar a inocentes familias vendiendo enciclopedias a domicilio- está a punto de proporcionarle un nuevo pasaje a comisaría, su amigo Kelp acude en su auxilio para ofrecerle el negocio del siglo: robar un banco. Pero no solo su dinero sino "todo" el banco. A las afueras de Nueva York, una entidad bancaria ha instalado provisionalmente sus oficinas en una caravana, lo que a Kelp se le antoja como un "montón de dinero con ruedas". Con esta idea en mente, Dortmunder y Kelp se lanzarán a tan lucrativa aventura con la única ayuda de un eterno aspirante a policía muy resentido con el cuerpo. Nada parece poder detener en su empeño a estas tres brillantes mentes criminales.

DIOS SALVE AL PRIMO. ¿Qué es un primo? El candidato perfecto para ser estafado. ¿Y quién es el rey de los primos? Fred Fitch, al que han estafado de todas las maneras posibles. Pero nada comparado con lo que le sucederá cuando se entere de la muerte de un pariente, el misterioso tío Matt, cuya existencia ignoraba y que le lega la nada despreciable cantidad de 300.000 dólares. Un botín muy apetitoso para todos los estafadores, embaucadores, farsantes, fulleros, bribones y truhanes de la ciudad de Nueva York, y también para los que se han cargado al tío Matt. Mientras trata de no perder el dinero, Fred Fitch se irá topando con una serie de singulares y picarescos personajes, cuyas intenciones no siempre están claras: una stripper, un abogado, un par de policías, un peculiar médico y un antiguo socio de su tío... Galardonada con el premio Edgar Allan Poe a la mejor novela de misterio en 1967, Dios salve al primo combina con maestría situaciones hilarantes, vibrantes persecuciones y una creciente tensión.

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viernes, 16 de diciembre de 2022

A 75 AÑOS DEL BRUTAL ASESINATO DE "LA DALIA NEGRA"

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En la mañana del 15 de enero de 1947, Betty Bersinger, una residente de la zona, paseaba a su hijo por un barrio del distrito de Leimert Park en Los Ángeles cuando se topó con un espectáculo espantoso: el cuerpo de una mujer joven, desnuda, seccionado en dos partes por la cintura. El cuerpo se encontraba a solo unos metros de la acera y Betty pensó, no sin razón, que se trataba de un maniquí.

A pesar de la extraña mutilación y los cortes en el cuerpo, no había en la escena ni una sola gota de sangre, lo que no dejaba lugar a la duda de que el crimen se había cometido en otro lugar.

La investigación subsiguiente fue seguida por el Departamento de Policía de Los Ángeles con la ayuda del F.B.I. Rápidamente se identificó el cuerpo a través de unas huellas dactilares borrosas; en una hora ya se conocía la identidad de la víctima.

La joven, de 22 años, resultó ser una aspirante a actriz. Elizabeth Short -este era su nombre-, más tarde dada a conocer como la “Dalia negra” por la prensa, por su supuesta afición a la ropa negra transparente y en concordancia con “La dalia azul”, película de cine negro que con guion original de Raymond Chander, se estrenaba por ese entonces en los cines de todo el país.

Las huellas de Short aparecieron dos veces en el vademécum del F.B.I. Una, por haber solicitado en enero de 1943 un trabajo como empleada en la comisaría del Campamento Cooke del ejército, en California. Y otra, siete meses después, por haber sido arrestada por la policía de Santa Bárbara por consumir bebida alcohólica siendo menor de edad. Su foto, que constaba en su expediente, no tardó en ser filtrada a la prensa.

En apoyo a la policía de Los Ángeles, el F.B.I. verificó registros de posibles sospechosos y realizó entrevistas en todo el país. En un primer momento se sospechó que el asesino podría haber tenido habilidades para la disección porque el cuerpo apareció cortado limpiamente. Y en este sentido, la investigación se centró en los estudiantes de la facultad de Medicina de la Universidad del Sur de California. En una segunda fase, y en ruptura potencial con esta línea, la investigación buscó una coincidencia con las huellas dactilares encontradas en una carta anónima que pudo ser enviada a las autoridades por el asesino, pero se cerró en cuanto las huellas no figuraban en los archivos policiales.

¿Quién mató a la “Dalia negra”? Lamentablemente, aún hoy, este hecho sigue siendo un misterio. Lo que no se puede negar es que la leyenda de Elizabeth Short se agiganta con el paso de los días...

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jueves, 8 de diciembre de 2022

PRIMERA EDICÓN: "DEAD CALM". (C. WILLIAMS)

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DEAD CALM
(DEAD CALM)
CHARLES WILLIAMS
THE VIKING PRESS - NEW YORK
1963

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Relectura: MILDRED PIERCE (James M. Cain)

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James Mallahan Cain, nacido en 1892 y fallecido en 1997, está considerado como el poeta del “asesinato sensacionalista”. Después de Dashiell Hammett y Raymond Chandler es el escritor que más se identifica con las historias urbanas de violencia, sexo y dinero que caracterizaron tanto el cine como la ficción popular en la década de los veinte, treinta e incluso cuarenta en los Estados Unidos. Sin embargo a diferencia de Hammett y Chandler, Cain no centró su atención en la consoladora figura del detective que pone una gota de orden en todo el caos urbano. Sus novelas están relatadas desde la perspectiva de los actores centrales, unos personajes confusos, ignorantes y demasiado corruptibles en sus dramas de traición y asesinato. Sus dos primeras novelas, “El cartero siempre llama dos veces” y “Double Indemnity” están narradas por hombres destruidos por mujeres fatales y ambas se convirtieron en películas de incalculable éxito.

En 1941, Cain publicó “Mildred Pierce”, su primera novela centrada en una protagonista femenina. Ya en 1945 fue llevada al celuloide protagonizada por Joan Crawford, en su única actuación ganadora de un Oscar de la Academia, como una madre sobreprotectora que intenta encubrir a una hija homicida. Esta versión de “Mildred Pierce” es hoy una pieza clásica del cine negro, pero su trama y su tono difieren marcadamente de la novela, una historia más “realista” sobre una mujer divorciada que intenta criar a sus hijas en una época tan difícil como fue la de la Gran Depresión en California.

En 1931, cuando la inseguridad y la miseria se transmitían a golpe de pandemia, un ama de casa de clase media de los suburbios de Los Ángeles, Mildred Pierce, con un don especial para la cocina, pone de patitas en la calle a su cada vez más perezoso y mujeriego marido, Bert, y consigue trabajo como camarera para mantener a sus dos hijas. Posteriormente, Mildred, construye un próspero negocio de restaurantes y tiene una apasionada aventura con un rico playboy llamado Monty, con quien finalmente contrae matrimonio. Al final de la historia, Mildred lo pierde todo debido a su abrumador amor por su pretensiosa, narcisista y engañosa hija mayor, Veda.

Lo curioso del asunto es que la novela no culpa exactamente a Veda; en todo caso, la disculpa. Los propios deseos de Mildred están decididamente enfrentados: los dos hombres con los que se casa provienen de estratos sociales más altos que el de ella, ambos se sienten por encima del trabajo manual que ella realiza. Debido a la depresión, ambos terminan sin un duro en el bolsillo. A Mildred le molesta ayudarlos, pero le gusta el poder que esto le otorga sobre ellos; igualmente le desagrada su superioridad, digamos que fingida, y sobre todo quiere poder  compartirla. Veda puede ser una solución, alguien a quien arrimarse. Pero Veda no es de fiar, Veda es una víbora...

Considere usted, amigo lector, estas oraciones, en las que Cain incluye un mundo de juicios sobre los valores de sus personajes: “Mildred adoraba a Veda, por su apariencia, su promesa de talento y su esnobismo, que insinuaba cosas superiores a su propia naturaleza”. Y esta otra, “Pero Veda adoraba a su padre, por sus modales grandiosos y maneras finas, y si él desdeñaba el trabajo lucrativo, ella estaba orgullosa de él por ello”. Cain es muy claro acerca de Vera: “Había nacido en una forma de vida que incluía gusto, modales, pero sobre todo un vivaz distanciamiento del dinero”. De lo que Vera no llegó a darse cuenta nunca fue precisamente de esto último, de que todas estas cosas descansan precisamente en el dinero.

Cain llegó a manifestar que veía a Mildred como una “víctima de la depresión, una venal ama de casa estadounidense que no sabía que  estaba usando a los hombres, pero se imaginaba a sí misma bastante noble”. Lo cierto es que la Mildred que creó Cain no es meramente inmoral, y si nunca es noble, a menudo sí es admirable, decidida, fuerte y segura de sí misma, así como lo suficientemente independiente para prescindir de la aprobación de todos, excepto de la de sus hijas. Mildred es una madre devota, pero ama a Veda de una manera que Cain considera  “antinatural, un poco enfermiza.” Cain opina que Mildred es vulgar e insípida, atractiva pero nunca hermosa. La Mildred de Cain es una víctima de la traición de los que ama; pero ella elige amarlos, y así es humillada por su propio esnobismo, codicia y egoísmo. Se muestra orgullosamente desafiante sobre sus propios orígenes sociales, rechaza la pretensión de Veda y se muestra furiosa con Monty por tratarla como una criada, pero también aspira a la riqueza y tiene sueños nebulosos de grandeza para su hija, imaginando vagamente cualquier tipo de éxito artístico.

“Mildred Pierce” está impulsada por el resentimiento de clase, la economía sexual y el chantaje emocional que Veda, eventualmente, trasmuta en chantaje literal. Lo que Mildred hace en formas socialmente aceptables (casarse con aspiraciones de mejora persiguiendo así el éxito social y material), Veda lo lleva a extremos obscenos. Mildred exige devoluciones emocionales, incluida una necesidad de afecto físico por parte de su hija -ya adulta- y constantemente trata de controlar sus decisiones, exigiendo el amor y el respeto que no obtiene de los hombres. Aspiraciones estas muy lógicas si Veda no fuera tan  repelente...

Al final de la trama el climax se vuelve apresurado, inexplicable y absurdo y todo depende de que Veda, cual Cenicienta, derive en una talentosa cantante de ópera en unas pocas semanas. Y como esto es ficción y en la ficción todo es posible, Veda transmuta en una gran soprano. Y de repente su talento se convierte en la razón de su crueldad. En un discurso maravillosamente desquiciado, un profesor de música italiano –un tal Treviso, Carlo Treviso- trata de explicarle a Mildred (quien le ha preguntado si está insinuando que su hija es una víbora), que de eso nada: “una viborita joven, en todo caso”. Él responde: “No, es una soprano ligera, que es mucho peor. Una viborita joven es capaz de querer a su mamá y hacer lo que su papá le dice, pero una soprano ligera no puede querer a nadie más que a sí misma. Es una hija del diablo, mucho peor que todas las víboras del mundo. Señora, no se meta con ella”. La inadecuación tautológica de esta explicación resume perfectamente la opinión de Cain sobre Veda.

La fábula de Cain que comienza como realismo social y desciende a un melodrama gótico surrealista, es la historia arquetípica de la competencia sexual entre generaciones de mujeres, en la que Cain no termina de decidir si simpatizar con la madre, que alguna vez fue deseable pero que envejece, o con la hermosa, talentosa y poderosa hija. Al final decide convertir a Veda en una serpiente, una perra, en una soprano ligera. “Una soprano ligera”, una voz de poca sonoridad y con graves limitados... si al menos la hubiera definido como una soprano lírica, todo este lío podría haberse evitado. 

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jueves, 27 de octubre de 2022

TODOS TE RECORDARÁN (Andreu Martín)

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Apenas unos meses después del atentado yihadista de las Ramblas de Barcelona, y con unas controvertidas elecciones autonómicas prácticamente encima, aparece en la escollera del puerto, entre bloques de hormigón y un alborotado mar oscuro, el cuerpo sin vida de Santiago Ortuño, inspector de la Policía Nacional, con dos impactos de bala en la cabeza, ambos con orificio de salida.

Hasta el momento de su fallecimiento Santiago Ortuño ejercía el trabajo burocrático más inútil, aburrido y despreciable del Cuerpo, en el Departamento de Extranjería de la plaza de Espanya, cuando un buen día se presenta en su despacho, exuberante y sin cita previa, Leire Alfaro, la Dorothy Gale del grupo musical Sandunga y los Rottweilers, una chica menuda, de veintisiete años, con un pelo negro corto, que lo que hace, precisamente, es cortarle la respiración a cualquiera. Leire solicita un permiso de residencia para su pareja, un tal  Abdullah Fayad, lampista iraquí que trabaja en el sospechoso, al tiempo que peligroso, negocio de los hermanos Shaddad, y a quien encontró abandonado en los escalones de la salida del metro de Liceu.

El enamoramiento desenfrenado de Ortuño con la cantante hace que éste se entrometa en una crucial investigación antiterrorista que llevan a cabo los Mossos D´Esquadra en el barrio del Raval con el punto de mira en la tienda de los Shaddad, donde se esconde una peligrosa célula yihadista interesada en adoctrinar a víctimas como Abduh en el terrorismo más radical. En medio de un gran revuelo, los diferentes grupos sociales y unos cuantos delatores tendrán que conducir la operación con toda la sutileza posible y torear cada una de los escollos con los que se van tropezando.

Andreu Martín ya había tratado el tema de las mafias con anterioridad. La mafia lionesa en “Barcelona conection” –Premio Hammett en 1989-, inspirada en el asesinato de Raymond Viccarizzi en su celda de la Modelo y la mafia china en “Societat negra”, Premio Crims de Tinta en 2012.

Martí es un apasionado del jazz y buena muestra de ello es la concreción del personaje de Leire, que además de cantante es contorsionista; sí, de esas que tanto tienen los pies en el suelo como en la cabeza. “¡No jodas! Y dices que es «contraformista», ¿eh? ¡Una «contraformista», tío, tiene que ser la leche!” Esa idea es “un capricho”, confiesa Martí, surgido de la noticia de un ladrón con esa habilidad que, metido en una maleta, hurtaba objetos de otras en el maletero de un bus Girona-Barcelona.

Pese a la atmósfera política que se vive en la Barcelona de “Todos te recordarán” no es precisamente esta una novela centrada en el tema, no obstante, si es un condicionante que marca la acción. Estamos, pues, ante una buena historia donde los malos, como no podía ser de otra forma, son los más fascinantes. Espero que la disfruten.

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domingo, 16 de octubre de 2022

CLÁSICOS DE LA NOVELA NEGRA

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CLÁSICOS DE LA NOVELA NEGRA
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El término Novela Negra empieza a cobrar especial relevancia a partir del año 1968 cuando cineastas como Jean-Luc Godard o Francois Truffaut muestran un especial interés por este tipo de literatura.

La denominación Hard-Boiled, sin embargo está reservada a un grupo de narraciones que surgen en la revista Black-Mask, publicación popular norteamericana que comienza a editarse allá por los años veinte, y que siguen el modelo de escritores como Carroll John Daly. Daly había dado vida a un popular investigador, Race Williams, personaje tosco, duro y de gran aceptación popular. Estas narraciones están escritas en primera persona, con argot callejero, haciendo hincapié en el cínico carácter del detective.

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PRIMERA EDICIÓN : "UN CIEGO CON UNA PISTOLA". (C. HIMES)

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UN CIEGO CON UNA PISTOLA
(BLIND MAN WITH A PISTOL)
CHESTER HIMES
WILLIAM MORROW & CO., INC.
1969
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jueves, 13 de octubre de 2022

LA CÁMARA DEL CRIMEN: WEEGEE

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“Aunque figure entre los enemigos públicos número uno de la lista del FBI, ningún malhechor alcanza la consagración hasta que yo lo he fotografiado”. Así de contundente y seguro de la calidad de su trabajo se mostraba en su momento Weegee, el cronista de Nueva York más oscuro de la década de los 30 y 40. No solo eso, el fotoperiodista confiaba tanto en sí mismo y anhelaba tanto alcanzar el reconocimiento público que, antes de que su nombre alcanzara la celebridad, ya firmaba sus instantáneas con un sello que rezaba: “Weegee, The Famous”.

Weegee era siempre el primero en llegar al lugar de los hechos y obtener instantáneas que revelaba en el maletero de su coche. Logró alcanzar un gran éxito, tanto es así que su personaje fue inmortalizado por Joe Pesci en la película “El ojo público”. El film de Howard Franklin, sin embargo, no fue el único en poner la vista en el reportero; Curtis Hanson, en “L. A. Confidential”; Sam Mendez, en “Camino a la perdición” y Dan Gilroy, en “Nightcrawler” también se inspiraron en su trabajo.

Su nombre real era Usher Felig, nació en 1899 en la ciudad de Zolochev, en lo que hoy es Ucrania, y a los diez años, cuando su familia llegó a la Isla Ellis –la puerta del sueño americano- se convirtió en Arthur Fellig. El alias, cuenta la leyenda, era una deformación fonética de “ouija”, mote con el que le bautizaron por su supuesta capacidad para comunicarse con los muertos, o al menos, de encontrar a los que habían fallecido de forma violenta antes de que lo hicieran las fuerzas de seguridad.

Encontró su profesión siendo adolescente, cuando un fotógrafo callejero le hizo un retrato. Quedó paralizado por la cámara, la placa, el procesamiento y la imagen de sí mismo. La idea de especializarse en asesinatos, accidentes, incendios y toda clase de sucesos truculentos fue consecuencia de observar lo que publicaban los diarios así como de percatarse que los reporteros, de noche, dormían.

A los 14 años dejó la escuela y comenzó a trabajar por cuenta propia para varios periódicos y agencias de noticias de Nueva York al tiempo que realizaba otros trabajos ocasionales. Uno de esos trabajos implicaba tomar fotos de ataúdes para un catálogo, otro mejorar las impresiones fotográficas para “The New York Times”. Pronto pasó a la fotografía de noticias y llegó a convertirse en un personaje con una habilidad especial para llegar a asesinatos y accidentes en el momento correcto. ¿Cómo?, se preguntarán ustedes. En el momento más importante de su vida Weegee decidió que Nueva York después del crepúsculo era toda suya. Y se instaló en su coche. “Se convirtió en mi hogar. Era un biplaza, con un maletero especial extra grande. Guardé todo allí, una cámara extra, los casquillos de las bombillas del flash, una máquina de escribir, botas de bombero, cajas de cigarros, salami, película de infrarrojos para disparar en la oscuridad, un recambio de ropa interior, uniformes, disfraces y zapatos extras... La radio de la policía era mi modo de vida. Mi cámara y mi amor... eran mi lámpara de Aladino”, asegura Weegree en su biografía.  

Él le puso ganas y los protagonistas de sus instantáneas se lo pusieron fácil a él. No en vano, el fotoperiodista, por origen o por empatía, congeniaba con los desheredados y estos estaban encantados de salir en sus instantáneas. Weegee siempre buscaba hacer la mejor fotografía posible, aguantaba el flash encima de la cámara y obtenía duros contraluces que daban veracidad y dramatismo a sus retratos.

Fotografiaba cadáveres y también personas vivas. A veces, en actitudes desesperadas: durmiendo en la calle, huyendo de un incendio o, simplemente, detenidos por la policía, pero también disfrutando de la vida al entrar a un teatro, bailando en una fiesta popular o tocando en un club nocturno. Llegó incluso a fotografiar la luz del día en una de sus instantáneas más icónicas en la que se aprecia una multitud en la playa de Coney Island, sonriendo y mirando a la cámara.

En 1945 le llegó la fama con la publicación de “Naked city”, su primer libro, del que se realizaron tres ediciones en un año. El éxito conllevó encargos para revistas que buscaban “imágenes tipo Weegee”, o lo que es lo mismo “la autenticidad”. Y eso significó una invitación para acudir a Hollywood. Sin embargo, su estancia en la meca del cine no le entusiasmó demasiado.

Muchas de sus tomas icónicas se centran en los espectadores. En octubre de  1941 un jugador de poca monta recibió un disparo nocturno cerca del patio de una escuela. Weegee, además de fotografiar el cuerpo, inmortalizó a la multitud de niños empujándose unos a otros para ver al hombre muerto. Esta fotografía es un sorprendente catálogo de emociones humanas, que van desde la alegría hasta la agonía. La estrella es una niña cuyo rostro revela una excitación y una curiosidad extremas. Weegee lo tituló: “Su primer asesinato”.

A mediados de la década de los 40, se convirtió en uno de los fotógrafos fundadores de “PM”, un nuevo periódico liberal dedicado a contar historias con imágenes. Los editores estaban interesados no solo en sus fotografías sino además en su personalidad: su cara de ojos de insecto, su enorme cámara Speed Graphic, el baúl de su automóvil lleno de trastos, sus hábitos nocturnos y sus formas descuidadas.

El punto de inflexión en su carrera y, según algunos, su gran tragedia fue exhibir su obra en el Museo de Arte Moderno a mediados de la década de los 40. Comenzó a verse a sí mismo como un artista y a firmar sus fotos como “Weegee, the Famous”. A partir de ahí se casó, produjo libros de arte, y se desplazó a Hollywood. En definitiva, se convirtió en una caricatura de sí mismo.

Cuando Arthur Fellig se convirtió en Weegee, el verdadero hombre desapareció. Y cuando quiso recuperarlo, no pudo: “Mi verdadero nombre es Arthur Fellig. Creé este monstruo, Weegee,  y no puedo deshacerme de él”. A los 69 años murió de un tumor cerebral.    

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