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domingo, 15 de noviembre de 2015

MARLEY ESTABA MUERTO. (Carlos Zanón)

MARLEY ESTABA MUERTO
Carlos Zanón
RBA Libros, S.A., 2015
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El escritor barcelonés Carlos Zanón, con su obra «Marley está muerto», propone una serie de relatos navideños que dan como resultado una «novela trinchada  de cuentos», según sus propias palabras. «Me planteé escribir estos cuentos como capítulos de una novela a la que faltarían otros capítulos, pero al final es una novela trinchada de cuentos». La anécdota de fondo es, en efecto, la Navidad. En la Barcelona actual hay personas que deambulan sin rumbo por las calles de una ciudad que ha dejado de pertenecerles. Los relatos de esta gente anónima se entrecruzan para hablarnos de crimen, de deseos, de miedos y de tristezas. Para ponernos en la pista de aquél personaje, más joven que Leonard Cohen -«¿Quién hubiera dicho que Leonard Cohen me iba a sobrevivir?»- que teme morir injustamente en la época de Navidad. Aquél que cuando viaja no sale de las habitaciones de los hoteles. Aquél al que la gente le asusta. Aquél que piensa en conocidos y desconocidos que le aterran. Y que en su momento cede el protagonismo al dueño del hotel donde se aloja, el Hotel Carme, ubicado en la calle Amílcar, como el nombre del general cartaginés, («Barcelona, Europa, la “merda en barca», según Zanón). Un hotel donde siempre celebran la Nochebuena, piden pizzas al Lord Byron, parten nueces y brindan con champán helado. Un hotel donde su dueño es acusado de violar a una empleada, -«Liz es Elizabeth, ¿no?»-. ¿Una broma? No, la Navidad.

La ciudad estará resacosa de festejos navideños y poblada de historias negras pero no por ello la música deja de sonar a todo gas, aunque no sean villancicos sino Morrissey, Dire Straits, Elvis Presley, Roberta Flack o The Beatles entre otros. 
- La pregunta
- ¡Va, joder!
- ¿Preparado?
- ¡Sí!
- ¿Lennon o McCartney?

La muerte ronda a las personas en todo momento, en cualquier distrito y de cualquier manera. Borrachos, drogadictos, matones, adúlteros, mentirosos, enfermos mentales y sintechos destilan sus miserias por las páginas de esta singular novela. Tuki, con su cirrosis, su bazo gigantesco, como un cártel mexicano, un agujero negro, el silencio lunar. La Dolors –Dolors Santaolalla- con un setenta por ciento de minusvalía psíquica y una pensión por ello. Lucho, un imbécil que apenas conoce el idioma que habla -«creo que es un castellano arrastrado al que le faltan la mistad de las palabras»-. «Tio Noel Loco», que puede aparecer cualquier día en nuestras vidas y ponerlo todo patas arriba. Pero nunca en Navidad. En abril, en agosto o en noviembre un taxi lo deja frente a la casa de su cuñado, -¡pobre hombre!- disfrazado de Santa Claus, a veces cargado de regalos a veces sin ellos. A veces llega con un pavo congelado y a veces bebido, más pobre que una rata, y con la sana intención de alterar el ritmo de la vida de su familia. Armagedón, a oscuras, en la cocina, a las tres de la madrugada, que ha llegado dispuesto a ahogar el dolor, el suyo, el de su hijo, el de su madre, el de su perra y por último el de su exesposa.
- Soy el Armagedón.
- Soy la Justicia.

Marc trabaja en la cocina del Lord Byron. Marc ama a Fiona con todo lo que tiene y lo que no. Solo la quiere a ella. Sueña con Fiona yéndose a dormir a su lado, confiada y cariñosa, en su cama. Fiona, sí. Fiona a todas horas. Pero para ello debe afrontar la presencia de su marido Andrés, fuerte y alto, calvo y enrojecido, una auténtica pesadilla para Marc.
- Es mi mujer. Son mis hijos. Aquí no pintas nada. Vete a tomar por culo, pizzero.

Algo pesado arrastra «Charly» tras de sí. Su problema es su relación con las mujeres. De cómo ha tratado él a algunas o de cómo le han tratado ellas a él. Su obsesión, sin embargo, es Laura. Ha quedado con una amiga -¿Mónica? ¿Marta?- para tomar una copa... y Laura sin llamar ni añorarle. Carlos Gonzalvo, «Charly», es abogado de Marc por culpa de una oreja seccionada.
-¿Cómo lo ve?
-El problema es la oreja. Al final la encontraron pero no se la han podido restituir.

Las fiestas navideñas se pueden convertir en la peor de las  pesadillas. En «Marley estaba muerto» tendrán ustedes el placer de «saludar» a los abuelos y al tío Sergio, fallecidos años atrás, que vuelven a casa por Navidad para celebrar las fiestas con Carlos, Ana Mari y los hijos de ambos, Silvia y Carlitos.
-Ana Mari, están muertos. Tenemos la casa llena de muertos. Deberíamos llamar a la policía, a un cura, no sé.

Marley es fantasma por Navidad en la plaza de Sant Felip Neri en el Barrio Gótico de Barcelona. Un barrio ni gótico ni moderno, sino una invención más donde Carlos Zanón imagina sus propios cuentos. Marley estaba muerto. Muerto desde hacía siete años. Muerto de un tumor cerebral. Marley fue miembro de la banda musical de Michael, al que éste dejó fuera cuando le diagnosticaron el tumor.
-¿Recogemos a Marley?
-No, joder, no vale la pena.

Piensa Zanón que los catorce cuentos que conforman «Marley estaba muerto», escritos todos ellos en tercera persona, participan del mismo mundo que sus anteriores libros, si bien en esta ocasión ha tratado de hacer cosas que van más allá: «utilizar el humor, el surrealismo, lo absurdo, la ternura, desnudarme más, arriesgarme, saltar al vacío». En cualquier caso Zanón tiene la virtud de hacer diana allí donde apunta; no en vano es uno de los mejores escritores de novela negra de España. O el mejor. ¡Para qué andarnos con ambages!
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