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sábado, 13 de mayo de 2017

EL CUCHILLO. (Patricia Highsmith)

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EL CUCHILLO (The Blunderer)
Patricia Highsmith
TRADUCCIÓN: Manuel G. Palacio
COMPACTOS ANAGRAMA
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«El cuchillo» cuestiona a tres personajes diferentes bajo el prisma de los dos temas favoritos de Highsmith, la culpa y la justicia. El primero, Melchior Kimmel, es el propietario de una librería. La pornografía es su principal fuente de ingresos. Entre los coleccionistas serios de esa clase de libros es conocido como una persona en quien se puede confiar a la hora de conseguir cualquier volumen. Pero Kimmel también es un asesino que ha tenido la suerte de salirse con la suya tras haberse deshecho de su esposa, hecho éste por el que no siente ningún remordimiento. El segundo personaje en cuestión es un abogado, Walter Stackhouse, cuya esposa Clara se las ha arreglado para separarle de casi todos sus amigos debido a una desaprobación enfermiza de las acciones de su marido y a su imaginación neurótica, antecedentes que la han llevado a amar más a su perro Jeff que al propio Walter. Walter, por su parte, piensa deshacerse de Clara y el conocimiento de la muerte de la señora Kimmel a través de un artículo periodístico, así como el procedimiento en que ésta se llevó a cabo, le obsesionan sobremanera. Stackhouse está cada vez más convencido de la culpabilidad de Kimmel y se siente fascinado por él hasta el punto de visitar su librería. ¿Qué le seduce en la violenta muerte de una respetable mujer de la clase media? ¿Tal vez la posibilidad de que su marido sea un asesino? ¿O quizás la fascinación de poder hacer él lo mismo?

Cuando Clara aparece muerta -es encontrada al borde de un acantilado con evidentes síntomas de haberse suicidado- en circunstancias similares a las que concurren en el trance de la esposa de Kimmmel, Highsmitm introduce un tercer elemento en este extraño triángulo: el desagradable, extralimitado y agresivo detective de policía Lawrence Corby, de la Brigada de Homicidios de Filadelfia. Mientras Kimmel se siente seguro de sí mismo, Walter Stachhouse no es tan afortunado. Él es torpe y sus errores estúpidos lo ponen en una situación complicada ante la ley. Toma terribles y equivocadas decisiones con la intención de evitar a Corby viéndose obligado a reexplicar los hechos a sus amigos. Amigos, todo sea dicho, que han comenzado a perder la confianza que le profesaban. Corby, ante la similitud de ambas muertes, sospecha que Stackhouse y Kimmel están en connivencia. Es éste, Corby, un personaje tan desagradable que el lector se ve poco menos que obligado a sentir simpatía hacia Stackhouse. Patricia Highsmith es maestra en el arte de crear esta tensión moralmente ambigua.

Un asesino se siente acosado por otro hombre que aspira a convertirse asimismo en asesino. Tales diadas impares son el tema favorito -de hecho obsesivo- en la narrativa de Patricia Highsmith, puesto de manifiesto en «Extraños en un tren» y «El talento de Mr. Ripley». «El cuchillo» comienza con una nota de violencia brutal antes de pasar rápidamente a un entorno paralelo donde la violencia es mental, pero no por ello menos brutal. El libro es una cocción a fuego lento de la fascinación enfermiza que Walter Stackhouse siente por un desconocido que sospecha asesino de su esposa. Las consecuencias terribles generadas por esta curiosa afinidad se desgranan con precisión de detalles a lo largo de la novela y el humor cruel de Highsmith hace que culminen en un clima monstruoso y aparentemente inevitable.

«El cuchillo» es una obra extremadamente tensa. Situada entre dos de las creaciones más seminales de Highsmith, «El precio de la sal» y «El talento de Mr. Ripley», muestra claramente pinceladas de como la autora se las arregla para mezclar temas de éxito de sus libros anteriores y alcanzar así nuevas caracterizaciones de una complejidad notable para sus obras futuras. Estas historias de transición proporcionan una idea de lo que ocupa y preocupa a la autora en un momento determinado de su carrera. Aunque las dos novelas entre las que se posiciona puedan parecer dispares -«El precio de la sal» es esencialmente una obra de amor y «El talento de Mr. Ripley» presenta en sociedad a un psicópata encantador- la paleta de colores que ambas dibujan se confunde en «El cuchillo».

Walter Stackhouse lleva una vida aparentemente fascinante. Su título de abogado le ha posibilitado ocupar una posición destacada en la clase social superior. Su esposa es una agente de bienes raíces de éxito. Melchior Kimmel, por el contrario, es un inmigrante humilde que no padece miedo alguno a la hora de enfrentarse a su gruñona esposa Helen. Tal es así que en el momento de acabar con ella se siente imbuido de una especie de alegría oscura y un desbordante sentimiento de justicia, de agravios vengados, de años de insultos e injurias, de tedio y estupidez que por fin se ven satisfechos: «Con la derecha le dio un puñetazo en la cabeza lo bastante fuerte como para romperle el cuello... La mano izquierda de Kimmel encontró la garganta y apretó con fuerza para ahogar el incipiente gemido de su mujer... Después descargó el puño con la misma fuerza y regularidad de una maza contra la frente, la oreja, y finalmente le propinó un gancho en la barbilla como si estuviera pegándole a un hombre. Entonces sacó del bolsillo un cuchillo, lo abrió y hundió la hoja tres, cuatro, cinco veces en la carne.» Este arrebato sorprendente de violencia es clásico en la literatura de Highsmith. Kimmel y Stackhouse se encuentran, evidentemente, en puntos opuestos del espectro.

Sólo que la vida encantadora de Walter Stackhouse no lo es tanto después de todo. Al igual que Kimmel, Stackhouse se siente atrapado en un matrimonio sin sexo y dominado por una mujer grosera. Pero entonces conoce a una joven que llena su mente de nuevas posibilidades, de planes renovados, y todo ello pone en funcionamiento un mecanismo que lo lleva a un enfrentamiento directo con Kimmel y Corby. El espectro de la ley, en la figura de un abogado de alto precio o de un gendarme tenaz, ha sido el punto de apoyo en las tres novelas capitales de Highsmith. En «El precio de la sal» la ley castiga a Clara Aird por su obsesión con otra mujer. El deseo culpable de Walter Stackhouse y la obsesión de Melchior Kimmel por su propia inteligencia conducen a ambos a caer en los brazos de la justicia criminal. Los tres personajes son precursores de Tom Ripley, un ser obsesivo, a veces atormentado por la culpa, que sin embargo sabe de forma instintiva encontrar su propio camino. La obsesión y la culpa son, por naturaleza, incompatibles con la libre determinación. Como Kimmel tan elocuentemente lo expresa en el párrafo final de la novela: «...sabía que no se movería, y no porque tuviera miedo del arma o de la muerte, sino por algo más profundo que recordaba desde su infancia. Era el terror a un poder abstracto, al poder de un grupo coordinado, al terror a la autoridad.» Hay una clara progresión pues entre la impotencia de Clara Aird, la desesperanza de Walter Stackhouse, la soberbia de Melchior Kimmel y el dominio de sí mismo de Tom Ripley.
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