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miércoles, 18 de febrero de 2015

HAMMETT EN LAS ISLAS ALEUTIANAS

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Dashiell Hammett permanece aproximadamente 24 meses, entre 1943-1945, en el ejército estadounidense. Asignado al Cuerpo de Señales, escribe manuales de capacitación y da conferencias y programas de radio sobre la marcha de la guerra en todos los frentes. Edita un periódico, convirtiéndose en la figura de un mentor y un padre para los jóvenes soldados, siendo muy bien acogido por ellos. Dos de sus discípulos llevaron una exitosa carrera en el periodismo estadounidense. Todo ésto ocurre en las Islas Aleutianas, un lugar que Hammett, en contraste con los muchos miles de soldados que sirvieron allí en la Segunda Guerra Mundial, amaba en realidad.

Samuel Dashiell Hammett es recordado hoy como uno de los más grandes escritores de novela negra de Estados Unidos. “El halcón maltés”, un relato cuyo atractivo continúa hoy en día, se puede considerar como una de las pocas historias de detectives que vulnera sin esfuerzo el camino que va del género de misterio a la literatura. Hammett inventó allá por los años 1920, el duro y lacónico detective privado, de temperamento viril y seductor, que deambula por las calles impartiendo su particular justicia. “Hammett fue el primer poeta de la delincuencia”, escribe el novelista y crítico literario Jerome Charyn.

Que el ejército americano aceptara a Hammett es un fiel reflejo tanto de las necesidades de “mano de obra” en el año 1942 como de la persistencia del escritor. A sus 48 años de edad Hammett está enfermo de los pulmones, y éste no es precisamente un hecho que inspire confianza a las tropas. Pero ese año Estados Unidos no tenía la seguridad de la victoria que adquiriría más tarde, por lo que Hammett fue admitido. Pero en lugar de enviarlo a Europa, donde sin duda esperaba ir, los militares lo enviaron a Alaska después de un año de trabajo de escritorio en Fort Monmouth, Nueva Jersey. Adak y otros puestos de las islas Aleutianas fue el lugar donde terminaron muchos de esos soldados  considerados alborotadores, homosexuales e izquierdistas.

A pesar de los problemas políticos de Hammett, el Ejército de Adak es amable con él y sabe exactamente cómo utilizarlo. Como soldado, Hammett nunca negoció con su fama y nunca se interesó por un rango más alto –ejerció de sargento algunos meses antes de su puesta en libertad en 1945-. La victoria de las Aleutianas sirvió de alivio a la nación ante cualquier amenaza de los japoneses contra Alaska y la Costa Oeste y mejoró la posición estratégica de Estados Unidos en el Pacífico Norte. Pero no representó un bálsamo para las decenas de miles de soldados que seguían estacionados allí. 
                
Poco después de llegar a Adak, a principios de septiembre de 1943, el cabo Dashiell Hammett retoma un manuscrito que había sido iniciado por el cabo Robert Colodny, un historiador experto que aterrizó con anterioridad en aquellas tierras. Hammett mantiene los subtítulos de Colodny, pero vuelve a escribir el texto. “La Batalla de las Aleutianas: Una historia gráfica 1942-1943”, folleto que da por terminado en octubre de 1943, con unas 24 páginas de texto y densamente ilustrado, y que es impreso y distribuido a las tropas al año siguiente. Hammett es sancionado por la Sección de Inteligencia del Ejército aunque su propósito, así como el de todos sus proyectos en Alaska, no fue otro que mejorar la moral de las tropas.

Su siguiente proyecto es la creación de un periódico que toma por nombre “El Adakian”. El general Harry F. Thompson, comandante de la base aérea de Adak, piensa que un periódico puede aportarle una conexión con la guerra en el resto del mundo. Hammett, con poca o ninguna experiencia en el mundo periodístico, se dispuso pues a publicar un periódico matinal, cuatro páginas en total, -eventualmente seis páginas los domingos-, cuya tirada llega a alcanzar los 5.000 ejemplares. Toda la operación, incluyendo a los periodistas e ilustradores, sus mesas y sillas y el mimeógrafo, es confinada a un cobertizo situado en las colinas justo al noroeste de la pista de aterrizaje y a pocos kilómetros del puerto. El personal encargado de su redacción trabaja con ahínco todas las noches. El periódico suministra noticias de la guerra, la política, los deportes y el entretenimiento. El “Adakian” de Hammett brindó a sus lectores más noticias de la guerra que las  ofrecidas por cualquier otro folleto militar. Fue un periódico concebido exclusivamente para los habitantes de Adak; por motivos obvios no podía ser enviado por correo. Sin embargo, los soldados de otras bases en las islas Aleutianas tenían conocimiento de su existencia, debido a sus “dibujos cómicos”. La publicación incluía  dos, tres y a veces hasta cuatro caricaturas aludiendo a problemas que eran muy populares. Hammett ordenó a sus ilustradores -Bernie Anastasia, Oliver Pedigo y Donald Miller- que representaran la vida y las quejas del soldado raso en Adak. Es el propio Hammett quien suministra la mayor parte de sus títulos. Se inspira en los dibujos animados de The New Yorker, aplicando su propia ironía y humor burlón a la vida de Adak.

Hammett escribió cientos de cartas de Adak -a su ex esposa, a sus dos hijas, a otras amantes y, por supuesto, a Hellman-. Muchas de ellas fueron publicadas en 2001 como “Cartas escogidas de Dashiell Hammett: 1921-1960”,  libro editado por el estudioso  biógrafo de Hammett, Richard Layman, con la colaboración de la nieta del escritor, Julie M. Rivett. Las cartas muestran el lado más ardiente del escritor y su encantador ingenio.
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