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domingo, 29 de marzo de 2015

LA SERIE "BEVILACQUA Y CHAMORRO" DE LORENZO SILVA

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Lorenzo Silva dio comienzo a su carrera en la narrativa policíaca española en 1998 con “El lejano país de los estanques”, novela ganadora del premio Ojo Crítico -estos premios  fueron creados en 1990 por el programa “El Ojo Crítico” de Radio Nacional, y son unos galardones que reconocen y promocionan el trabajo de los jóvenes talentos que destacan en las modalidades de Música Clásica, Narrativa, Cine, Teatro, Música Moderna y Artes Plásticas-. “El alquimista impaciente”, segunda entrega de la serie, y “La marca del meridiano”, que se manifiesta en séptimo lugar, son galardonadas en su momento con los premios Nadal y Planeta respectivamente. El acervo de hogaño recoge los siguientes títulos:

  • El lejano país de los estanques (1998)
  • El alquimista impaciente (2000)
  • La niebla y la doncella (2002)
  • Nadie vale más que otro. Cuatro asuntos de Bevilacqua (2004)
  • La reina sin espejo (2005)
  • La estrategia del agua (2010)
  • La marca del meridiano (2012)
  • Los cuerpos extraños (2014)

En “El lejano país de los estanques”, novela que da comienzo a la serie, Silva presenta en sociedad al investigador Rubén Bevilacqua, sargento de la Guardia Civil y a su compañera, la cabo Virginia Chamorro. La por aquellos entonces bisoña pareja de sabuesos, avecindada en Madrid, se traslada a Mallorca, en un tórrido mes de estío, con el objetivo de esclarecer el crimen cometido en la persona de Eva Heydric, turista austriaca de vacaciones en la isla. Las visitas a urbanizaciones, discotecas y clubes nocturnos, así como a playas tanto nudistas como no nudistas, se encadenan con una cadencia de vértigo, para bosquejar, con acento informativo, el mundo de los batiburrillos y cambalaches que se suceden entre la populosa masa turística que violenta la isla. En el asesinato de Eva Heydric está implicado el progenitor de la víctima, heredero supremo la cuantiosa fortuna de su hija, aunque el ejecutor del crimen es Raúl, un joven despechado a la par que obnubilado por los encantos de Eva, de quien recibe un continuo y prolongado rechazo.

Rubén Bevilacqua vio la vida, auspiciado por la fantasía de Silva, en Uruguay y abordó las costas españolas acompañado de su madre a la edad de nueve años. Está en posesión de una licenciatura en sicología y desempeña las funciones de Guardia Civil por motivos puramente materiales. De temperamento huidizo y abstraído, es un policía mesurado, desvalido e íntegro, un auténtico filántropo, sobre todo, con las víctimas, con quienes se siente particularmente mancomunado. Las reminiscencias de ésta serie con la novela negra americana y sus divergencias con la narrativa policial clásica europea son manifiestas. La singularidad recae en el diseño de la figura de Virginia Chamorro, guardia civil competente y con aptitudes más que adecuadas para solventar situaciones en el encuadre criminal. Chamorro, quien cuenta con apenas veinticuatro años, ha agostado sus energías en un intento por seguir la tradición familiar y enrolarse en una academia militar. Agraciada en lo físico, alta y rubia, huraña en el trato y proporcionadamente tímida, con un expediente colmado de méritos académicos, Chamorro se revela como personaje indefectible en el avance de toda investigación. La narración no economiza situaciones en las que Bevilacqua,  presa de un carácter zafio, conservadurista y en desuso, trafica con los hechizos físicos de Chamorro.

En “El alquimista impaciente” (2000), un cadáver desnudo, sin rastros de violencia, aparece atado a una cama en un motel de carretera. La víctima es un ingeniero de caminos que ocupa un puesto de relativa importancia en una central nuclear próxima al pueblo. La investigación que se infiere no es una mera pesquisa policial. Bevilacqua y Chamorro deberán llegar al lado oscuro e inconfesable de la víctima, a su sorprendente vida secreta, así como a las personas que la rodeaban, tanto en su entorno familiar como en su lugar  de trabajo, y desentrañar un complejo entramado de dinero e intereses en los que se ven implicados algunos ayuntamientos de la zona. Como suele ser habitual en este género, el autor aprovecha la ocasión para, a través de las introspecciones del sargento, poner al descubierto todo un submundo de prostitución, drogas y placeres prohibidos; toda una red configurada alrededor de las más recientes oleadas migratorias en territorio español.

“La niebla y la doncella” (2002) gira en torno a un asesinato ocurrido años atrás en la isla canaria de La Gomera y al que no se encuentra solución creíble. El muerto es un joven de vida desordenada y carácter atolondrado. Por el crimen, en su día, se juzgó y absolvió a un político local cuya hija quinceañera mantenía amoríos con la víctima. El caso ha permanecido en un callejón sin salida durante meses, pero las afinidades de la madre del chico han forzado a reabrirlo. Chamorro y Bevilacqua se enfrentan a un crimen antiguo y disfrutan de muy pocas pistas para resolverlo. Tras desplazarse a la isla, la cabo y el sargento, con la colaboración no siempre vehemente de los guardias que en su día cerraron el caso de forma engañosa, se sumergen en la búsqueda de un asesino que parece haberse desvanecido en la niebla del bosque donde apareció el cadáver, hasta desembocar en un sorprendente desenlace, pues los culpables son dos números de la Guardia Civil destinados en las Islas Canarias, involucrados, a su vez, en asuntos de tráfico de tabaco e infidelidades conyugales. La corrupción dentro de los propios cuerpos policiales es uno de los temas con mayor aquiescencia en las novelas policíacas españolas y ya fue rentado por Montalván en la serie Carvalho y por otros autores tales como Andreu Martín, Juan Madrid o Joaquín Leguina.

“Nadie vale más que otro” (2004) prorroga el itinerario de las novelas anteriores en cuanto a la destreza narrativa del autor, y presenta, en un mismo volumen, cuatro casos, todos ellos homicidios cotidianos, a veces hasta vulgares, de esos que los investigadores resuelven con relativa rapidez. Así, el primero, nominado “Un asunto rutinario”, se encarga de seguir la pista a una red de drogas en El Ejido, lugar que aglutina una amalgama de inmigrantes de diversas nacionalidades. El segundo lance, “Un asunto familiar”, destripa un episodio de agresión sexual y posterior asesinato de una adolescente, en el que el culpable se manifiesta como uno de sus tíos, con quien la joven mantenía una estrecha relación. El tercero “Un asunto conyugal” se adentra en el mundo de los celos, e investiga un asesinato cuya causa reside en la infidelidad conyugal. Y por último,  en el cuarto, “Un asunto vecinal”, una mujer es testigo de un crimen que involucra a un empresario local y a sus empleados ucranianos. Los cuatro plantean situaciones frecuentes en la vida diaria, realidades afines a cualquier ciudadano, en definitiva a cualquier lector que deguste del género policíaco.

En “La reina sin espejo” (2005) el descubrimiento de una mujer apuñalada en un pueblo de Zaragoza debería significar un trabajo más para el sargento Bevilacqua y la cabo Chamorro, pero éste es un lance que presenta particularidades inusuales; la víctima es Neus Barutell, una afamada periodista casada con un prestigioso escritor catalán, y éste hecho por si solo enamora a la prensa más sensacionalista y somete a los investigadores de la Guardia Civil a una presión adicional. En estas desacostumbradas circunstancias, Bevilacqua y su compañera deben sumergirse con cautela en las entrañas de la vida pública catalana y hurgar en los vicios e inestabilidades encubiertos tras la imagen formal e impoluta de la víctima. La investigación se desarrolla en la ciudad de Barcelona y las primeras pistas apuntan a un crimen pasional en un mundo misterioso, alimentado de egolatría, lleno de fingimientos y con ramificaciones que alcanzan los sórdidos bajos fondos de la ciudad.

“La estrategia del agua” (2010) arranca con el desencanto y el escepticismo que embargan al brigada Bevilacqua tras un decepcionante arbitraje del sistema judicial, que ha puesto en libertad a un asesino al que había detenido después de una dilatada y penosa investigación. Un hombre llamado Óscar Santacruz aparece con dos tiros en la nuca en el ascensor de su casa. Todo hace indicar que se trata de la faena de un profesional, lo que en un principio parece una adjetivación desmedida dada escasa entidad de la víctima, quien cuenta con antecedentes insustanciales por tráfico de drogas y violencia de género. Los problemas en la vida de Santacruz se revelan  nimios, -aparte de sus roces con la justicia, se circunscriben a su divorcio, mal llevado y con un hijo de por medio-. Pero, ¿qué se  esconde tras la denuncia por malos tratos que pesa sobre la víctima? ¿Y sobre su detención por tráfico de drogas? ¿En qué oscuros asuntos estaba envuelto este personaje, en apariencia tan poco problemático? Nos encontramos ante una novela que gira en torno a las desigualdades de las relaciones conyugales, de las consecuencias que emanan de los errores y aciertos de los jueces; una narración que inquiere sobre los derivaciones de la moderna investigación policial, sobre las injusticias que provocan las leyes y sobre el mal, que a menudo se encuentra virtualmente entre las personas que un día amamos.

En “La marca del meridiano” (2012), novela que viene avalada por el prestigioso premio Planeta, el cadáver, con evidentes síntomas de tortura, de un subteniente de la Guardia Civil perteneciente a la reserva es encontrado colgado de un puente en Logroño. El caso se le asigna a un equipo de la Unidad Central -con sede en Madrid-, a cargo del brigada Rubén Bevilacqua quien para la resolución del mismo cuenta con la ayuda de la sargento Chamorro y del guardia Juan Arnau. Bevilacqua trabajó en Barcelona años atrás a las órdenes de la víctima, Rafael Robles, motivo más que suficiente para que las acciones de la Guardia Civil se trasladen a la capital catalana. Las conversaciones con la viuda, Consuelo, y el seguimiento de las cuentas de Robles llevan a la conclusión de que éste prestaba servicios de vigilancia y custodia de dinero para el crimen organizado. Corrupción policial y delincuencia se conjugan en una novela, que despierta sentimientos encontrados y opiniones contrapuestas.

En “Los cuerpos extraños” (2014) Silva se aproxima a la corrupción que anida en determinadas parcelas de la clase política española y realiza un análisis profundo de la podredumbre que se ha hospedado en ella. Pero esta novela, como sucede con todas las suyas, incluidas las no policiacas, incide en el enfrentamiento psicológico. El asesinato de una alcaldesa de un pueblo del Mediterráneo es el detonante de una indagación, que, como en todos los casos de Bevilacqua y Chamorro, termina siendo una confrontación entre el universo de las apariencias y el de los secretos delictivos más recónditos. O de los dos a la vez. Esta vez la sargento Chamorro esconde bajo su apariencia de funcionaria responsable y competente un drama privado, tan triste como irresoluble, al tiempo que Bevilacqua mantiene su inteligencia lúcida y despierta.

La serie “Bevilacqua y Chamorro” de Lorenzo Silva, además de acercarnos a los quehaceres diarios de la Guardia Civil, a la cotidianeidad de unos seres humanos que viven de su trabajo y lo hacen lo mejor que pueden, son una puesta al día en los cambios, métodos y actuaciones de este cuerpo policial en asuntos criminales y de delincuencia. Sin duda alguna, la rapidez y vivacidad en los diálogos, la movilidad de los escenarios, y sobre todo, las alusiones intertextuales del sargento protagonista, acercan la obra de Silva a la más pura novela negra americana.
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