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sábado, 8 de agosto de 2015

HARLEM: EL CORAZÓN DE LA AMÉRICA NEGRA

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Todo es relativo, ya lo decía Einstein, todo depende de dónde te encuentres exactamente para medir tu situación con relación al punto que se toma como referencia. Y todo depende,  sobre todo, del tiempo. Todo se transforma con el tiempo. Por eso los espacios que hoy se nos manifiestan como el corazón del universo, las grandes urbes donde se concentra una población ostentosa de seres humanos, los lugares donde se aglutinan las fuerzas geológicas del mundo moderno, pueden haber sido en el pasado -y de  hecho lo fueron- apenas un desastrado rincón lleno de rocas, agua y lánguida vegetación.

La isla de Manhattan, por supuesto, no fue una excepción. Nuestra imaginación sostiene que siempre estuvo ahí, en el corazón de la bulliciosa Nueva York, en el noreste del continente americano, clara y relumbrante, orgullosa de sus edificios de cuello de cisne gravados de poliédricas geometrías. Y sin embargo no siempre fue así. Hubo un tiempo en el que aquella isla, donde con el devenir de los años se han ido gestando buena parte de las leyendas, fue apenas un estéril campo azotado por un viento áspero, crudo y sin esperanzas. Pero el juguetón azar quiso que con el suceder de las estaciones las tierras perdieran sus cualidades para el cultivo y fueran abandonadas por sus propietarios. El área, solitaria y entristecida, fue acogiendo a nuevos residentes que buscaban propiedades baratas, y la gran demanda de viviendas hizo el resto.

Fundado en el siglo 17 –fue organizado formalmente en 1658- Harlem es un gran barrio de Manhattan, ubicado dentro de la sección norte de la ciudad de New York. Originalmente fue un puesto militar holandés llamado New Haarlem -lleva el nombre de la ciudad holandesa de Haarlem-, y con el paso de los años se convirtió sucesivamente en un pueblo agrícola, un campo de batalla, un suburbio industrial, una ciudad dormitorio, un gueto estadounidense, y un reconocido centro mundial de la cultura afroamericana.

Para entender la vida de Harlem existen un sinnúmero de guías y de libros especializados. Narraciones más o menos adecuadas a la realidad o simples relatos en primera persona, donde se cuenta el devenir de un Harlem raído y envejecido, pero a la vez expresivo. Harlem se encuentra en el Alto Manhattan, a menudo referido como «Uptown» por los lugareños, y se extiende desde el East River hacia el oeste, hasta el río Hudson, y desde la calle 155 al norte, donde se da la mano con el Bronx, hasta la calle 110, al sur, en los linderos de Central Park. La Séptima Avenida (conocida en la actualidad como el Boulevard de Adam Clayton Powell), atravesada perpendicularmente por la calle 125 (hoy renombrada Boulevard del Dr. Martin Luther King) y la Avenida Lenox (el actual Malcolm X Boulevard) son el centro de Harlem, la encrucijada de la América negra.

La América urbana es consecuencia del deseo de fortuna y el sentido bíblico de peregrinación que desde sus orígenes ha acompañado la historia del pueblo norteamericano. En 1905 se produjo un desplazamiento masivo de gente afroestadounidense –movimiento que ha cosechado el apelativo de «La Gran Migración Negra»- desde los estados meridionales hacia las zonas más industrializadas del país, en parte en una huida desesperada del racismo y en parte a la búsqueda de trabajo en las pujantes ciudades industriales. Entre los años 1920 y 1930, el Centro y el Oeste de Harlem se convirtieron en el foco del «Renacimiento de Harlem», una efusión del quehacer artístico sin precedentes en la comunidad negro americana. Sin embargo, con la pérdida de empleos en la época de la Gran Depresión y la desindustrialización de la ciudad de Nueva York después de la Segunda Guerra Mundial, las tasas de delincuencia y pobreza alcanzaron cotas importantes en el Harlem de aquellos tiempos.

Es ahí, en ese Harlem empobrecido y vicioso, donde Himes encontró el vehículo ideal para sus particulares dones. El clima de desconfianza, temor y violencia, tan patentes en el corazón de la novela de detectives, refleja los sentimientos del propio Himes respecto del individuo negro de la sociedad americana. Sepulturero y Ataúd Ed, hombres despiadados, suplantaron la pasividad de los anteriores protagonistas de sus novelas. Su Harlem, el Harlem de Himes, es un Harlem mental, una realización completa de sensaciones, reflexiones e instintos: el corazón de la América negra. En las nueve novelas del ciclo «Harlem» su narrativa pasó del descubrimiento a la acción; de lo puramente representativo a una especie de poesía épica.

Con una voz singular, una exacta economía de imágenes y descripciones, la grotesca adecuación de sus caracterizaciones y una velocidad desmedida en sus relatos, las novelas de Himes son un continuo desfile de fotogramas que recogen la vida y las pasiones de los negros menesterosos de su tiempo y lugar. Dormían en camas llenas de piojos, con el cuerpo comprimido por huesos decrépitos, los músculos doloridos y los pulmones tuberculosos. Las ratas holgazaneaban por los pasadizos y las cucarachas se arrastraban por los sumideros de las cocinas y por las sobras de la comida. Las moscas, dormidas, formaban masas informes como las abejas e hibernan en los marcos de las ventanas. Chinches, gordas y saciadas de sangre, explotaban la piel negra. Pulgas, perros y gatos dormían juntos sobre mugrientas esteras. Retretes obstruidos por inmundicias presidían las casas de techos desconchados de yeso y paredes quebradas de ladrillo. Éste era el Harlem de mediados del siglo pasado, el Harlem negro que Chester Himes conoció.

Nueva York se ha reinventado a sí misma a lo largo de la historia a costa de redibujar constantemente su pasado. Aunque en el caso de Harlem lo único perdurable sea la voluntad de cambio, el principio básico sobre el que se sustenta la modernidad, «el renacimiento de Harlem» erigió los cimientos para una revalidación integral de las energías culturales afroamericanas. Los hombres y mujeres del renacimiento de Harlem pudieron fracasar en su momento, pero acabaron convirtiendo su presente en su futuro. 
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