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miércoles, 16 de septiembre de 2015

WILD THING*. (Josh Bazell)

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WILD THING (Wild Thing)
Josh Bazell
TRADUCCIÓN: Benito Gómez Ibañez
EDITORIAL ANAGRAMA S. A. Junio 2015
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De nuevo Bazell retoma la figura de Pietro Brnwa, aquel asesino a sueldo arrepentido que ejercía de médico en el peor hospital de Manhattan gracias al programa de protección de testigos del FBI, protagonista de la hilarante «Burlando a la Parca», y lo hace reaparecer aquí bajo el nombre de Dr. Lionel Azimuth. Todavía escondido con éxito de un tipo llamado David Locano, antiguo intermediario de alto nivel entre las mafias siciliana y rusa que quiere verle muerto porque piensa que se cargó al gilipollas de su hijo tres años atrás, y con la suficiente confianza como para aceptar un nuevo trabajo, Brnwa se enfrenta al monstruo del lago White, una versión americanizada del monstruo del Lago Ness. Un excéntrico millonario –Bill Rec- lo contrata para que verifique o desacredite la existencia del susodicho monstruo, al tiempo que debe acompañar y proteger a Violet Hurst, una paleontóloga despampanante y autodestructiva –pertinaz bebedora de cerveza, hasta el punto de agarrarse unas cogorzas de campeonato- cuya relación con Rec no parece exclusivamente profesional.

La pequeña ciudad de Ford tiene el aspecto de encontrarse a las puertas del Apocalipsis. Todo –casas, Asociación de Veteranos de Guerra, galerías comerciales, oficinas- está cerrado con tablas, destrozado o cubierto de matorrales. La dueña del restaurante trafica con droga por la frontera de Canadá con la ayuda de dos adolescentes; otro de los vecinos –Reggie Trager- elabora una filmación sobre el monstruo, basada en, siempre según el doctor Mark McQuillen, la degustación de un colimbo por parte de un lucio... Y por si semejante embrollo fuera poco, a este convite se suman unos narcotraficantes con ánimos belicosos y hasta la mafia, que sigue obsesionada en liquidar al asesino arrepentido.

A lo largo de la novela Bazell va pirueteando a la ligera a través de una amplia gama de temas, que abarcan desde los efectos del LSD en el cuerpo humano, a la descripción de que «el singular -referido al indiviso, de “tríceps”- es “tríceps” porque el término significa “tres cabezas”, en alusión a la forma que el músculo tiene de dividirse en un extremo», pasando por la exposición de las diversas escuelas de pensamiento en la biología evolutiva, la Hermandad Aria y los efectos de la criogenia en los seres humanos, entre otros.

Lamentablemente, casi todos los personajes de «Wild Thing», desde los traficantes de droga, continuando por una especie de cantante-bailarín procedente de un grupo musical infantil, hasta un magnate de la tecnología asiática e incluso la propia Violet, la paleontóloga, no son tan fascinantes como aquellos que completaban la multitudinaria y abigarrada tripulación de «Burlando a la Parca». Mediada la novela hace su presentación la figura de Sarah Palin, «célebre por su ignorancia» según palabras del propio narrador, -si es así, yo no tengo el disgusto de conocerla, y por tanto me abstengo de juzgarla-, quien actuará como árbitro en este viaje para autentificar la existencia del monstruo del lago.  En 2008 Palin fue candidata a vicepresidenta de los Estados Unidos por el Partido Republicano acompañando a John McCain en la candidatura presidencial, convirtiéndose así en la primera mujer que aspiraba a la vicepresidencia de ese país por el partido republicano, y la segunda en la historia tras Geraldine Feraro, quien en 1984 fue compañera de candidatura de Walter Mondale, candidato por el Partido Demócrata.

Es cierto que la novela está narrada a un ritmo vertiginoso, con comedido mal humor, meneo, mala baba y ágiles diálogos. Sirva de demostración este corte, en el que la pareja protagonista se enfrenta a una barca y su ocupante en las oscuras y quietas aguas del lago White:
-Ahora está poniendo algo en un anzuelo enorme que cuelga de esa cosa que sobresale por la borda –dice ella al cabo de un minuto-. Parece carne.
Momentos después oigo el motor del cabrestante, que hace un ruido aún más fuerte que el chaparrón. Más aún del que hacía el fuera borda eléctrico.
Violet me devuelve el visor, y veo que le hombre se incorpora y se vuelve hacia nosotros.
Donde debía estar su cara, hay un cegador punto de luz.
-¡Joder! –exclamo, tapando rápidamente la parte delantera del visor con el chaquetón. Demasiado tarde seguro.
-¿Qué?
Sin el visor, en el lago no hay más que oscuridad. La luz que sale de la cara del tío es invisible.
Las notas interminables a pie de página se encuentran en la frontera entre la información y la diversión, como ocurre en: «Personalmente, no creo que la tecnología sea tan mala. Si los dispositivos digitales reducen la posibilidad de que los niños desarrollen la capacidad y la atención necesarias para hacer cosas como diseñar nuevos dispositivos digitales, ¿acaso no es un problema que se delimita a sí mismo?» Estas notas al pie son, en definitiva, un mecanismo que no siempre funciona en la medida que pretende el escritor -a veces llegan a ser agotadoras- y ralentizan en gran medida el desarrollo de la acción. 

Ante todo ésto cabe preguntarse: si tenemos monstruos, narcotraficantes, chicas guapas, millonarios chiflados y pueblerinos encubiertos, ¿qué más se puede pedir? Los seguidores de «Burlando a la Parca» saben que tras la figura de Pietro Brnwa se esconde un personaje ocurrente, un tipo que, cual guerrero medieval, se enfrentó en su momento cara a cara y sin complejos a la mafia. Sin embargo este adalid de la libertad no se manifiesta aquí hasta bien entrada la narración. Asimismo hay que considerar la carencia de un digno oponente, «tres jorobas hechas con una manguera de ventilación, de plástico negro, estriadas, de medio metro de diámetro, agitándose torpemente y moviéndose por el lago por medios que no se ven pero se adivinan por las burbujas que emergen a la superficie» y unos políticos hipócritas que simplemente no dan la talla, no son rivales dignos en comparación con los perversos, probados y reales maleantes de «Burlando a la Parca».


*. Traducido literalmente «Cosa salvaje», ¿por qué no, «monstruo»?. Si ustedes prefieren creer que hay un engendro en el lago White, y pretenden encontrar entre las páginas  de esta novela una descripción detallada de su persona, pueden saltarse directamente la lectura de la misma porque aquí no van a tropezarse con nada parecido. Como indica el autor, ningún jurado del mundo los declarará culpables por ello.
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