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lunes, 9 de enero de 2017

HIJO DE LA IRA. (Jim Thompson)

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HIJO DE LA IRA (Child of Rage)
Jim Thompson
TRADUCCIÓN: Teresa Montaner Soro
RBA EDITORES
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«Madre blanca, hijo negro» (White Mother, Black Son) fue el título provisional de una novela de Thompson, que se publicaría en 1972 como «Hijo de la ira», y que está centrada en la iracunda progenie de una pareja interracial. Allen Smith es un claro ejemplo de los hijos autoproclamados prodigio, hijos que ambicionan subvertir el lugar de su padre tanto en la vida como en la cama de su madre, y que avanzan dando tumbos por los libros de Thompson, alternando entre lamerse las heridas y hurgar en ellas.

«Hijo de la ira» cuenta una relación madre-hijo más cruda aún que la que Thompson recreó en «Los timadores». Allen Smith, el orgulloso hijo negro de pelo rizado de una mujer blanca, se declara a sí mismo «999 milésimas, 24 quilates, 180 grados, cien por cien puro hijo de perra sin adulterar. El único en la historia de la ficción de la que la vida es una copia». Parábola ofensiva ésta, aunque caricaturesca, de las ansiedades raciales y sexuales de Thompson, que lo llevan a insinuar lo más personal en sus más viles creaciones. La novela está ambientada en Astoria, Queens, junto al río Este, en el complejo de apartamentos en que residió el escritor  a mediados de los años cincuenta.

Con Allen Smith, Thompson añadió el tema de la raza a su patentada receta del psicópata burlón: madre dominante, padre ausente, incesto, abusos, impotencia y delirios de grandeza, que llevan al personaje a creerse Dios y el diablo a un tiempo. Durante el primer día en su nuevo instituto, Allen es interpelado por su profesora de matemáticas sobre si ya ha estudiado geometría sencilla: «-¿Sencilla, seño´ita? –me rasqué la cabeza, soltando una enorme carcajada de negro-. ¡A mí desde luego no me pareció sencilla pa ná, seño´ita! ¡Me pareció complicá de na-riii-ces!». Las gamberradas de Allen tienden a combinar su superioridad intelectual con la grosería física; un vulgar arte del humor descargado en un estallido de odio.

Los atropellos de Allen rozan el arte de lo burlesco. Así, consigue colarle una droga hipnótica a su psiquiatra para, a continuación, pintarle el pene con tinta indeleble verde. Al director del instituto, el señor Velie, se la tiene jurada desde el primer día. Para llevar a cabo sus fines vengativos engaña a los miembros del Club de Estudiantes Negros para que afirmen haber visto a Velie insinuándose ante Allen en el servicio de caballeros. El rector de la universidad y el director del instituto son las principales víctimas de su odio. A continuación, como no podía ser de otra forma, Allen lo niega todo. Sin embargo, la mayor atrocidad salida de su mente perturbada, le lleva a invitar al apartamento de lujo de su madre a dos compañeros de clase, Lizbeth y Steve Hadley, negros como él e hijos de un médico. Allí los emborracha con vodka y convence a Lizbeth para que se deje afeitar la vulva; tres cuchillas le llevó conseguirlo. «Sólo las negras van por el mundo con semejante felpudo», le llega a decir. A continuación recrea un absurdo emparejamiento entre ambos hermanos. «Lizbeth salió bailando desnuda como un pájaro recién nacido. No estaba exactamente borracha, sólo lo suficientemente insensibilizada para desdibujar los límites de sus inhibiciones. Mientras Steve la miraba con la boca abierta, ella brincaba y giraba vertiginosamente por todo el cuarto, señalándose la entrepierna y canturreando: -Pito, pito, gorgorito, ni un pelito en el chochito...». La historia degeneró en una aventura sexual entre ambos hermanos que terminó con la cama de Allen por los suelos. «Para cuando Liz se hubo acomodado sobre la cama, con la cabeza entre las almohadas, las rodillas separadas y el trasero bien alzado, Steve ya estaba desnudo, encaramado y dentro».

Thompson subraya dos motivos evidentes para el odio de Allen. Uno, es la herencia de la esclavitud que Allen ha interpretado como un odio racial hacia sí mismo, no en vano sus travesuras más crueles van destinadas a humillar a otros negros. El otro, es su madre prostituta que desde que Allen era un bebé le ha hecho un hueco en su cama, donde se excita rozándose contra su cuerpo y negándole a él cualquier tipo de placer. «Podrás entender lo ingrato que resulta para una mujer blanca dar a luz a un hijo negro. ¡Yo atada a un puto negrito de pelo lanudo! Lo siento... no pretendía ofender. Pero odié a ese bastardo negro desde la primera vez que le puse los ojos encima. ¡Y puedes creer que le hice pagar por lo que me había hecho! Por supuesto, lo alimenté; me aseguraba de que tuviera su biberón siempre que quería, pero le obligaba a lactar entre mis piernas. Me o echaba hacia atrás para que me rozara el clítoris. Y de todos modos, ¿por qué diablos no? Me sentaba bien y a él no le perjudicaba en lo más mínimo. El mocoso era demasiado pequeño entonces para acordarse...»

La pregunta es: ¿Es Allen, a pesar de toda su obscenidad, más corrupto o racista que las voces que lo rodean? ¿Su madre? ¿El director del instituto que seduce a un estudiante negro? ¿El psiquiatra que desestima toda relación con el abuso infantil y le incita a recurrir a la homosexualidad? ¿Acaso Allen no se ha limitado a escenificar los deseos ocultos de Lizbeth y Steve? Si hay algo que justifique su odio es su pesar. «El bien y el mal estaban tan entrelazados en mi mente que resultaban inidentificables, así que tuve que crear mis propios conceptos paralelos.»

Como es de suponer, esta escatológica crónica de un joven negro no fue fácil de publicar. El editor de Thompson, Gold Medal, palideció al leerla y renunció a seguir trabajando con él. Arnold Hano, su editor informal, comentaría a finales de los sesenta: «Jim me enseñó sus últimas novelas. Cada vez eran más burdas; cada vez tenían más lenguaje ordinario, menos humor y menos paliativos para los aspectos más brutales de sus historias. Creo que fue el resultado de Hollywood, la bebida, la edad y una disminución general de su creatividad.» Lancer Books, una editorial de Nueva York que vendía de todo, publicó «Hijo de la ira» en 1972. Dedicada al cineasta francés Pierre Rissient, «Hijo de la ira» fue la última novela de Thompson.
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