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domingo, 12 de julio de 2015

LA EXTRAÑA MUERTE DE DAVID GOODIS


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David Goodis murió a las 11:30 de la noche del 7 de enero de 1967, en el Albert Einstein Medical Center, División del Norte, a un kilómetro de su casa. En el certificado de defunción reza como causa de la muerte un «accidente vascular cerebral», o, para que todos nos entendamos, un derrame cerebral.

Según la rumorología, unos días antes de su fallecimiento, David había sido golpeado en el momento de resistirse a un robo. Goodis era una persona de constitución delgada. Un hombre de corta estatura se le había acercado y le había exigido su cartera. David le miró de arriba abajo y se negó a su petición. De las sombras emergió una figura corpulenta que le puso fuera de juego.

Una de las teorías que se baraja sobre su muerte hace referencia a que ésta fue debida a las heridas derivadas de ese robo. Por otro lado hay conciencia que momentos antes de ser trasladado al hospital David se encontraba paleando la nieve que se acumulaba a las puertas de su casa y que sin justificación externa posible cayó desplomado y perdió el conocimiento. Registros del tiempo tomados en el Aeropuerto Internacional de Filadelfia muestran que efectivamente se produjeron nevadas los días anteriores a este hecho. No la hubo sin embargo, el día de 7 de enero de 1967, cuando David Goodis murió. ¿Qué teoría es cierta? Posiblemente las dos, y la muerte de Goodis sea una doble consecuencia de los excesos físicos realizados en la tarea de apartar la nieve del portal de su casa, acumulados al deterioro que ya padecía su organismo desde el momento del robo.

Cualquier médico que, con los datos en la mano, se pronuncie sobre este hecho daría por “Improbable que el acto de palear la nieve sea capaz, por si solo, de causar una muerte por derrame cerebral. En el peor de los casos habría provocado un incidente cardiovascular (un ataque al corazón). Es esta una teoría que me gusta creer. Resulta más «novelesco» el fallecimiento por una paliza después de no querer renunciar a su cartera. Es posible que se presentara un informe policial sobre estos hechos. De cualquier forma, si lo hubiere, no ha trascendido.

Se sabe que David Loeb Goodis nació en Filadelfia, de padres judíos, el 2 de marzo de 1917. Cursó un año en la Universidad de Indiana, pero el estudio universitario lo aburría. Así que empezó a trabajar en agencias de publicidad para ganarse la vida hasta que finalmente consiguió un contrato por seis años con la Warner Bross, después del éxito que obtuvo con una serie que se publicó en The Saturday Evening Post. Su historia fue llevada a la gran pantalla por Dalmer Daves, bajo el título de «Senda tenebrosa» (1946), y contó con la interpretación de Humphrey Bogart y Lauren Bacall.

La primera frase de su primera novela, escrita a los 21 años, es un compendio de su filosofía de vida: «Al cabo de un rato, uno se siente tan mal que quisiera detenerlo todo en ese momento». En ningún instante se le consideró un escritor “serio” y, tal vez, ésa sea la causa del porqué este hombre triste y melancólico, resolvió regresar a Filadelfia en 1950 y, a los 33 años, guarnecido de sus oscuridades y aversiones, encerrarse en casa de sus padres y hacerse cargo de su hermano esquizofrénico.

En 1963, después de la muerte de su padre comenzó el derrumbe definitivo de Goodis. Derrumbe que se aceleró en 1966, tras el fallecimiento de su madre. Como consecuencia de estas desgracias se recluyó por voluntad propia en un hospital psiquiátrico. Su fallecimiento se produjo el 7 de enero de 1967 en el Albert Einstein Medical Center. No había cumplido los cincuenta años. En ese momento, todos sus libros estaban descatalogados en las librerías de los Estados Unidos.

La vida de Goodis es un fiel reflejo de la vida de sus personajes. En las 17 novelas que escribió, el tema predominante es el infortunio, la mala suerte, el desamparo y la tristeza. Sus personajes se mueven en un mundo sin salida, el paisaje que los rodea rebosa en cielos oscuros, vientos helados, nieve, callejones estrechos y calor empalagoso. Los personajes de Goodis están marcados desde su nacimiento; nada ni nadie puede alterar el curso de sus destinos.  Un destino que en ningún momento conduce hacia la luz. Todo lo contrario, un destino que es sinónimo de muerte, desolación, envilecimiento, pecado, incapacidad, fracaso y dolor. Para Goodis, la existencia es un mero hecho aleatorio. Sus personajes viven intentando eludir el pasado y, agobiados por la desgracia, no esperan nada del futuro. En su mundo todo está relacionado, todo se mueve en círculos, todas las calles llevan al mismo punto sin salida. El propio pasado regresa, en un encuentro fortuito, a las vidas de sus personajes. La vida entera de un hombre se convierte en una mancha en el pavimento, en una decisión inadecuada, en un lugar de sombras. Su mundo está coloreado con un estilo preciso, que rechaza las metáforas, que desdeña toda retórica, que siempre opta por la frase corta.

Así fue como, sumergido en su propio mundo plagado de oscuridad, estragado por el alcohol, y en su ciudad natal -a la que amaba y despreciaba a la vez- se le presentó la muerte una noche ventosa y fría de comienzos de enero, mientras paleaba la nieve a las puertas de su casa. Podemos imaginar las palabras que se cruzaron, emulando aquellas citas de “Senda tenebrosa”:

-Hola, George.
-Hola, Vince.
-George, ¿estás muerto?
-Sí. Lo estoy.
-¿Por qué estás muerto, George?
-No lo sé, Vince. Me gustaría decírtelo, pero no puedo.

David Goodis tenía 49 años de edad en ese momento. Un infarto de miocardio o un derrame cerebral podrían ajustarse fácilmente a las causas de su muerte. Puestos a ser sinceros, sí, se puede sufrir un derrame cerebral por palear la nieve. Aunque esta idea se ajuste a la realidad yo no la creo. Me gusta más pensar en el escenario de un asalto en el que fue golpeado y, exacerbado por la ira, unos días más tarde cayó abatido por la pala que utilizaba para despejar de nieve el camino a casa. 
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