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viernes, 1 de mayo de 2015

«LA JUNGLA DE ASFALTO» FOTOGRAMA A FOTOGRAMA

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Hoy se hace complicado leer la novela de Burnett sin evocar las imágenes de la extraordinaria adaptación cinematográfica que en 1950 realizó John Huston. Los nombres de Dix Handley y Erwin Doc Riemenschneider están ineludiblemente asociados a los actores Sterling Hayden y Sam Jaffe.

En “La Jungla de Asfalto” Burnett arma una magnífica novela con un puñado de delincuentes cuyo objetivo es el asalto a la joyería Pelletier. El cerebro del golpe, el diminuto doctor Riemenschneider, acaba de salir de prisión, adora la riqueza, el poder y las mujeres, todo lo que parece sobrarle a Alonzo D. Emmerich quien durante muchos años ejerció como criminalista de fama, aunque su reputación se encuentra actualmente en entredicho. Será el encargado de financiar el golpe. Dix Handley, pistolero que persigue, habla y respira dinero, «un mal sujeto» se dijo el doctor al verlo por primera vez. Gus Minisi, conductor de atracos, italiano jorobado, que odia a todo el mundo, incluso a su madre y hermanos. Louis Bellini, más conocido por Schemer, revientacajas, que ejerce en sus horas libres de amante esposo y padre de un niño.

Con todo este material humano Burnett teje una historia de miserias y mezquindades, un estudio de caracteres, un retrato sombrío de la sociedad, todo ello con el telón de fondo de la gran ciudad -la jungla de asfalto- germen de la corrupción, donde  el delito, la infracción y las amenazas adquieren el carácter de denominador común.

...Pero el asalto a la Pelletier se tuerce. Una alarma que suena, la caída de una pistola que hiere de muerte a Bellini, la detención de Cobby y Gus y la pasión que por las jovencitas sufre Doc Riemenschneider. «Los hombres sólo son seres racionales en rarísimas ocasiones». 
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miércoles, 29 de abril de 2015

ANATOMÍA DEL MIEDO. (Jonathan Santlofer)

ANATOMÍA DEL MIEDO(Anatomy of Fear)
Jonathan Santlofer
TRADUCCIÓN: Norma Ricciardi Gamba
EDICIONES B, S. A., 2015
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La policía de Nueva York sigue la pista a un asesino en serie. Resulta ser un psicópata que mantiene vínculos con grupos neonazis que pregonan la supremacía de la raza blanca. La inevitable contienda entre la policía de Nueva York y los arrogantes agentes del FBI, que quieren apropiarse del caso, se torna inevitable. En medio de ésta amalgama de intereses cruzados surge la figura de una luchadora, Terri Russo, una hermosa detective cuya belleza guarda reminiscencias con las bañistas de las pinturas de Degas, y que se enfrenta al inacabable sexismo de sus colegas masculinos.

Nate Rodríguez, hijo de un oficial de la policía de Puerto Rico y de una trabajadora social judía, criado en un gueto espantoso, en un continuo y reiterado coqueteo con el alcohol y las drogas desde temprana edad, se vislumbra como un joven arcano y hermético. Atenazado por la prematura muerte de su padre –por la que sufre una culpabilidad agonizante- durante años ha evitado la acción y enterrado sus emociones en un bloc de dibujo. Intentó ser policía, pero no podía soportar la vida en la calle, por lo que utilizó sus habilidades artísticas para convertirse en un excelente dibujante. Tiene una diplomatura en psicología  y completó el curso de arte forense –que incluye hacer perfiles- siendo en la actualidad uno de los más reputados y brillantes dibujantes de retratos robots de América.

La detective de homicidios Terri Russo recluta a Rodríguez porque dos hombres han sido asesinados en la calle y el asesino ha dejado como tarjeta de visita dibujos de las víctimas clavados en sus cuerpos. Russo pretende discernir si es la misma persona la autora de las imágenes, a lo que Rodríguez responde de manera afirmativa. Rodríguez tiene poderes psíquicos que le permiten vislumbrar gente y eventos que nunca ha visto -él los llama “flashes cerebrales”-.

El libro se inicia con uno de sus trabajos sobre una víctima de violación, en el que reproduce un dibujo de su atacante, imagen que posteriormente conduce a su arresto. Nate Rodríguez es bastante hábil estudiando y creando caras, un experto en la lectura de las “expresiones fugaces”. Es capaz de interpretar el sistema muscular independiente e involuntario por el que se rige el rostro humano y descifrar el porqué éste revela los verdaderos sentimientos de la persona. «Cuando la gente busca una verdad, escucha lo que se le dice. Yo observo lo que pasa en la cara de mi interlocutor».

Lo que caracteriza a “Anatomía del miedo” y le otorga su seña de identidad es que Santlofer, un renombrado artista norteamericano cuya obra ha sido reseñada en el New York Times antes de dedicarse a la ficción, ha ilustrado el libro con más de cien dibujos que añaden una nueva dimensión a la ya de por sí intrigante historia. Las ilustraciones están realizadas a lápiz, salpimentadas con toques rojo-sangre, y personifican a las víctimas, los sospechosos y las escenas más relevantes del crimen. Algunas no son más grandes que un sello de correos, otras en cambio llenan una página entera. Estos dibujos ilustran la novela y se convierten en el centro de ella, ya que tanto el héroe como el villano se sienten atrapados entre sus trazos en un duelo mortal.

“Anatomía del miedo” es una novela absorbente. Si algunos de sus elementos resultan familiares, los dibujos del autor y sus ideas sobre la mente del artista - Nate Rodríguez- son refrescantemente nuevos, y mantiene la acción a un ritmo dinámico hasta la última página.
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viernes, 24 de abril de 2015

EL PENSAMIENTO DE S. DASHIELL HAMMETT EN PALABRAS

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  • “El dinero no es el problema. Son los principios.”
  • “Para tener lo que uno quería, era preciso dar a los demás lo suyo.”    
  • “Quien ahorra gana. Yo podría ayudarle a ahorrar dinero y problemas.”
  • “Aquí está el hombre y aquí está la evidencia en su contra. Haced lo que queráis.”
  • “Pero, compréndelo, si se pierde un hijo, siempre es posible tener otro; en cambio, sólo existe un halcón maltés.”
  • “Y cuando a uno le gusta el trabajo procura hacerlo tan bien como puede. De otro modo no tendría sentido. Esto es lo que soy yo.”
  • “Había sido honrado, cabal como una escalera de póquer del as al cinco, hasta que se lió con la bofia. Se convirtió en uno de ellos. Su mujer agotó la paciencia y le abandonó.”
  • “Te voy a entregar. Lo probable es que escapes con cadena perpetua. Eso quiere decir que estarás libre dentro de veinte años. Eres un ángel. Te estaré esperando. —Se aclaró la voz y añadió—: Si te ahorcan, siempre te recordaré.”
  • “Yo no sabía, ni me podía imaginar el asunto que tenías entre manos, había venido por casualidad a esta ciudad y te encontré. Viejos amigos, y todo eso que suele decirse, todavía no habían dejado de interrogarme cuando empezó el tiroteo.”
  • “Es tu oportunidad, Filippo —lo animé—. Todo lo que puedo darte es la libertad. La princesa, en cambio, puede darte una parte importante de los beneficios de un asunto fracasado, que quizá con muchas probabilidades te conduzca a la horca.”     
  • “Usted cree que yo soy un hombre y usted una mujer. Eso no es verdad. Yo soy un cazador de hombres y usted algo que ha estado corriendo delante de mí. No hay nada humano en ello. De la misma manera podría esperarse que un perro de caza jurara tiernamente con la liebre que atrapa.”
  • “Pero quiero que lo sepa. Hay muchos rusos como nosotros que alguna vez fueron alguien y que ahora no son nadie, y con esto no quiero aburrirlo repitiéndole un cuento del que ya se ha cansado todo el mundo. Pero recuerde que ese cuento de hadas es real para los que somos sus protagonistas.”
  • “Cuando a un hombre le matan a su socio, se supone que debe actuar de alguna forma. Da lo mismo la opinión que pudiera tener de él. Era su socio, y debe hacer algo. Añade a eso que mi profesión es la de detective. Bueno, cuando matan a un miembro de una sociedad de detectives, es mal negocio dejar que el asesino escape. Es mal negocio desde todos los puntos de vista, y no sólo para esa sociedad en particular, sino también para todos los policías y detectives del mundo.”
  • “Samuel Spade tenía larga y huesuda la quijada inferior, y la barbilla era una V protuberante bajo la V más flexible de la boca. Las aletas de la nariz retrocedían en curva para formar una V más pequeña. Los ojos, horizontales, eran de un gris amarillento. El tema de la V lo recogía la abultada sobreceja que destacaba en media de un doble pliegue por encima de la nariz ganchuda, y el pelo, castaño claro, arrancaba de sienes altas y aplastadas para terminar en un pico sobre la frente. Spade tenía el simpático aspecto de un Satanás rubio.”
  • “Los edificios hacían gala de una arquitectura afectada. Quizá había conocido tiempos mejores. Los altos hornos, con sus chimeneas de ladrillo levantadas al sur frente a una sombría montaña, habían impregnado la antigua pomposidad de una capa de suciedad ocre y de un humo espeso. En consecuencia, sus cuarenta mil habitantes vivían en una ciudad fea, hundida en un valle limitado por dos insípidos montes; las minas contribuían en gran manera a la fealdad general. Perdido entre las nubes negras que salían de las chimeneas de los altos hornos, se veía el cielo.”
  • “En la fotografía que ilustraba el reportaje podía verse la imagen de un hombre inteligente, con el cabello rizado, los ojos y la boca sonriente, un hoyuelo en el mentón y corbata a rayas. Su muerte estaba explicada en pocas palabras. Cuatro disparos le habían alcanzado en el estómago, el pecho y la espalda, a las once menos veinte de la noche anterior; murió en el acto. Los disparos provenían del 1.100 de Hurricane Street. Los vecinos que al oír los impactos se asomaron a la ventana vieron el cadáver tendido en la acera. Había un hombre y una mujer inclinados sobre él. La oscuridad de la calle no permitía distinguir nada con claridad. Nadie tuvo tiempo de salir a la calle antes de que el hombre y la mujer se marcharan. Nadie pudo explicar cómo eran. Nadie los vio alejarse. Las seis balas destinadas a Willsson habían salido de una pistola del calibre 32. Dos de ellas habían ido a estrellarse contra la fachada de una casa. La policía estudió la trayectoria de estas balas y dedujo que el tirador debió apostarse en un callejón que desembocaba al otro lado de la calle. Era todo lo que se sabía.”
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BIBLIOGRAFÍA PATRICIA HIGHSMITH (I)

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PATRICIA HIGHSMITH (I)


BIBLIOGRAFÍA
  • Extraños en un tren (Strangers on a Train, 1950)
  • El precio de la sal / Carol (The Price of Salt, también conocida como Carol, 1952). Publicada originalmente con el pseudónimo de Claire Morgan y reeditado con su nombre 37 años después (en 1989) con el título de Carol.
  • El cuchillo (The Blunderer, 1954)
  • El talento de Mr. Ripley / A pleno sol (The Talented Mr. Ripley, 1955). 1ª novela de la serie "Ripley"
  • Mar de fondo (Deep Water, 1957)
  • Un juego para los vivos (A Game for the Living, 1958)
  • Ese dulce mal (This Sweet Sickness, 1960)
  • Las dos caras de enero (The Two Faces of January, 1961)
  • El grito de la lechuza (The Cry of the Owl, 1962)
  • La celda de cristal (The Glass Cell, 1964)
  • Crímenes imaginarios / El cuentista (A Suspension of Mercy, también conocida como The Story-Teller, 1965)
  • El juego del escondite (Those Who Walk Away, 1967)
  • El temblor de la falsificación (The Tremor of Forgery, 1969)
  • La máscara de Ripley / Ripley bajo tierra (Ripley Under Ground, 1970). 2ª novela de la serie "Ripley"
  • Rescate por un perro (A Dog's Ransom, 1972)
  • El juego de Ripley / El amigo americano (Ripley's Game, 1974). 3ª novela de la serie "Ripley"
  • El diario de Edith (Edith's Diary, 1977)
  • Tras los pasos de Ripley / El muchacho que siguió a Ripley (The Boy Who Followed Ripley, 1980). 4ª novela de la serie "Ripley"
  • Gente que llama a la puerta (People Who Knock on the Door, 1983)
  • El hechizo de Elsie (Found in the Street, 1987)
  • Ripley en peligro (Ripley Under Water, 1991). 5ª novela de la serie "Ripley"
  • Small g: un idilio de verano (Small g: a Summer Idyll, 1995)

EXTRAÑOS EN  UN TREN. El atractivo de esta novela radica en la idea de un crimen sin móviles, de un crimen perfecto. Dos desconocidos acuerdan asesinar cada uno al enemigo del otro, proporcionándose así una coartada indestructible. Bruno, alcohólico con problemas edípicos, homosexual encubierto, viaja en el mismo tren que el ambicioso y trabajador Guy. Tras una insólita conversación, Bruno fuerza perversamente a Guy a poner al descubierto su punto débil, la única fisura en su ordenada existencia. Guy desea verse libre de su mujer, por quien se siente traicionado y que representa un obstáculo para su prometedor futuro. Bruno le ofrece un pacto: él matará a ésta y Guy, a su vez, al padre de Bruno, a quien éste odia. Guy rechaza tan absurdo plan y lo olvida, pero no así Bruno, quien, una vez cumplida su parte, reclama al atemorizado Guy que cumpla con la suya.

CAROL.  Carol es una novela de amor entre dos mujeres que se lee con la misma hipnotizada atención que despiertan las novelas policíacas de la autora.
Therese es una joven escenógrafa que trabaja eventualmente como vendedora, y Carol, una elegante y sofisticada mujer recién divorciada. Ambas establecen una relación cuando Carol decide comprar una muñeca para su hija, relación que cambia para siempre el curso de la vida de la joven dependienta.
Construida como una novela de suspense, está llena de páginas de templada calma rotas por repentinas y odiosas alarmas, que son más frecuentes y más emocionantes que en las novelas de trama policíacas de Patricia Highsmith. Carol es la primera novela de tema homosexual que no termina trágicamente, pero la fragilidad de la felicidad es un subtema que impregna las páginas del libro; para Highsmith, la idea de felicidad está indisolublemente unida a la de peligro.

EL CUCHILLO. Walter es un joven y prometedor abogado que se encuentra desposado con Clara. Ambos residen en una bonita casa en un barrio residencial y, a los ojos de la gente, dan la imagen de la pareja perfecta. Pero Clara ha ido aislando a Walter, y a veces los sentimientos que despierta hacia él no se corresponden con esa imagen idílica que desprenden de puertas afuera. Cuando aparece asesinada Helen Kimmel, una respetable mujer de clase media, Carol comienza a pensar que el asesino es su esposo. A partir de entonces Walter se obsesiona con el crimen, y se formula dos cuestiones que le arrastrarán al fondo de una trama criminal: ¿por qué no ver en este asesinato el espejo de sus deseos más ocultos? ¿Por qué no matar a Clara?

EL TALENTO DE MR. RIPLEY. En "El talento de Mr. Ripley", quizá la más talentosa novela de Patricia Highsmith, hace su presentación su más deslumbrante personaje: el escalofriante y amoral Tom Ripley, arquetipo de un género al que Patricia Highsmith dio a luz y que se sitúa entre la novela policíaca y la novela negra, entre Graham Greene y Raymond Chandler, donde el más trepidante suspense se da de la mano con un desenfrenado análisis psicológico. Mr. Greenleaf, un millonario americano, le pide a Tom Ripley que convenza a su hijo Dickie, que lleva una vida bohemia en Italia, para que regrese al hogar. Tom acepta el encargo y de paso pone tierra de por medio a posibles problemas policiales al tiempo que se da de frente con Dickie y su amiga Marge, con quienes establece una confusa y enmarañada relación.

MAR DE FONDO. La reputación de Vic es impecable; por el contrario, la de Melinda, su esposa, es bastante dudosa. Guapa y divertida, tiene un amante tras otro y no se molesta en ocultarlo. Vic, curiosamente, parece comprenderlo y hasta encontrarlo gracioso. Un día Vic le cuenta a Joel, el amante de turno de Melinda, que ha matado a uno de los amigos de su esposa. Joel le cree, se asusta y pone pies en polvorosa, y poco después la inquieta Melinda reanuda sus aventuras amorosas con Charley, que tiene la desgracia de perecer ahogado en una piscina. Melinda asegura que ha sido un asesinato y que el responsable es su marido. Pero ¿quién es capaz de creer a Melinda? ¿Y alguien tan civilizado como Vic sería capaz de cometer semejante desafuero? En ésta singular novela Patricia Highsmith cultiva un particular y perturbador género negro centrado en el sondeo de sentimientos y en el retrato psicológico.

UN JUEGO PARA LOS VIVOS. Theodore es dulce y afable, Ramón es irascible y temperamental. Theodore proviene de una próspera familia alemana, Ramón nació en la pobreza. Theodore no cree en nada, Ramón es un católico practicante. Aparentemente, nada les une, excepto Lelia, la amante que Theodore y Ramón comparten amistosamente. Pero Lelia muere brutalmente violada y mutilada. ¿A manos de quién? En el círculo bohemio y desenfadado de artistas en el que se mueven Theodore, Ramón y Lelia en México, a nadie parece molestar el triángulo amoroso que se forma entre los tres amigos. El asesinato de Lelia desencadena una creciente tensión entre los dos hombres que la comparten como amante. Numerosas dudas se ciernen sobre el sospechoso natural: Ramón. Sin embargo Theodore decide proteger a Ramón de la policía y de sí mismo. ¿Acaso les une algo más que una buena amistad y su amor por Lelia? Patricia Highsmith presenta una intriga cargada de una gran dosis psicológica. La culpa y los celos dificultan la investigación de la verdad que se esconde tras tras la muerte de Lelia, pero mucho más complicado lo pone la intensa amistad entre Theodore y Ramón que sobrevive a la sospecha de que uno de los dos es un asesino.

ESE DULCE MAL. La narrativa de Patricia Highsmith destaca por la combinación de tramas insólitas con el estudio psicológico de sus personajes. El clima de sus novelas se halla permeado por la realidad alucinante del crimen en el entorno cotidiano y la facilidad para la perpetración de la violencia en la sociedad contemporánea. El protagonista de “Ese dulce mal” es David Kelsey –químico brillante e ingeniero jefe en una empresa de fabricación de plásticos- quien vive en una casa de huéspedes en la ciudad de Froudsburg, en el estado de Nueva York. Cada fin de semana David deja su pensión para pasar el tiempo con su madre enferma en una clínica de reposo; o al menos eso es lo que dice a sus pocos amigos y los demás residentes de la posada. De hecho su madre falleció años atrás, y él pasa sus momentos de solaz en una mansión antigua situada en un lugar apartado al norte del estado. La casa fue comprada bajo el nombre de William Neumeister –literalmente “nuevo amo” en alemán-, y allí David se devana los sesos pensando en Annabel, la mujer que perdió unos dos años antes y que se encuentra casada con otro hombre –un giro de los acontecimientos al que él se refiere como “la situación”-. Ni que decir tiene que David está peligrosamente obsesionado por ella, una obsesión que lo lleva a extremos cada vez más retorcidos...  

LAS DOS CARAS DE ENERO. La historia comienza con un encuentro casual en Atenas. Rydal Keener, un joven vivaracho y juguetón que recorre Europa en busca de aventuras y emociones, se tropieza con Chester MacFarland, un estafador de complejas identidades y en permanente fuga. El triángulo lo completa Colette, una joven seductora, esposa de Chester. El funesto encuentro da lugar a una ambigua relación a tres bandas entre estos norteamericanos desarraigados que vagabundean por Europa buscando algo o huyendo de algo. Y entre ellos se desarrolla un peligroso juego de maquinaciones, anhelos y patrañas que incluye el asesinato y un apoteósico clímax en las ruinas del palacio de Cnosos. Una perfecta muestra de la maestría de Patricia Highsmith para aunar el thriller, la novela psicológica y el drama existencial, y de su habilidad para construir perturbadores personajes moralmente ambiguos.

EL GRITO DE LA LECHUZA. “El grito de la lechuza” se desarrolla en un pequeño pueblo de Pennsylvania, y la historia comienza cuando el tranquilo e introvertido ingeniero Robert Forrester sale del trabajo cosa de una hora después del fin de su jornada laboral. Mentalmente destrozado por un reciente divorcio vicioso, se siente solo, triste y deprimido. Forrester ha desarrollado el hábito de detenerse en una aislada casa de campo y ver como una mujer joven y bonita se desenvuelve a través de sus mundanas tareas domésticas. Estos actos no se suelen interpretar exactamente como Forrester piensa. A fin de cuentas él no está interesado en la captura de una imagen de la muchacha desnuda o incluso con su novio, Greg. Para Forrester sus actos tienen una trascendencia inocua, aunque para obtener una mejor visión de ella deba abandonar su coche, arrastrarse hasta la casa, y ver a la chica en la oscuridad. Cada vez que esto ocurre se promete que será la última vez, pero siempre regresa, inexplicablemente atraído por la imagen de simplicidad y armonía interna que la mujer desprende. Es consciente que debe librarse de la obsesión que le afecta. Interpreta que quizás le ocurre porque nadie más llena su vida, ni existe nada atractivo que le rodee, excepto aquella joven apellidada Thierolf.

LA CELDA DE CRISTAL. En “La celda de cristal”, Philip Carter ingresa en la cárcel por un delito fiscal que no ha perpetrado -ha sido tomado como chivo expiatorio por los auténticos desfalcadores-. Su estancia entre rejas es breve pero angustiosa y no sólo cambia su vida y la de su familia, sino que altera su discernimiento sobre el bien y el mal. Si el relato es un alegato contra la violencia y el sistema penitenciario, no lo parece, por la ausencia de moraleja o refrán final. En las novelas de Highsmith normalmente el malvado sale triunfador, para hacernos ver que en realidad el malo no lo es tanto, y que el bueno tampoco es el colmo de la perfección. Carter, desde el momento de la tortura sufrida en la cárcel, y a través de sus relaciones con los abogados, la familia y otros reclusos, va transformándose en otro ser, drogadicto y despiadado. Para él, las cosas suceden sin más, y así debe ocurrir en la mente de las personas que se deslizan poco a poco en los mundillos de la violencia y el crimen.

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jueves, 23 de abril de 2015

DEBERÍA HABERME QUEDADO EN CASA. (Horace McCoy)

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DEBERÍA HABERME QUEDADO EN CASA (I Should Have Stayed Home)
Horace McCoy
TRADUCCIÓN: Ignacio Orozco García
EDICIONES AKAL S. A., 2010
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Ralph Carston de veintitrés años comparte piso con Mona Matthews en una manera como otra cualquiera de ahorrar gastos. Mona y Ralph son dos de los miles de jóvenes que abandonan su casa en cualquier pueblo de Estados Unidos para buscar trabajo, dinero y fama en Hollywood. La tierra prometida. La Meca del cine. En Hollywood a nadie le importa lo que hacen los demás. Al caer la noche la ciudad se vuelve misteriosa y se llena de encanto, se convierte en la cuna de los milagros, allí donde hoy eres pobre y desconocido, y mañana, rico y famoso. Transcurren los años treinta; los años dorados del celuloide, pero también los de la Gran Depresión y la corrupción política. La sociedad norteamericana, además, anda agitada en el apoyo a los republicanos españoles y en el rechazo a la expansión del imperio hitleriano.

En los pueblos del interior del país todo el mundo se acuesta temprano para iterar por las mañanas la misma tarea repetitiva y  estar siempre pendiente del quehacer ajeno. No ocurre lo mismo en Hollywood. Allí cada uno procede a su libre albedrío. Así amonesta Mona a Ralph sobre el particular: «-¡Eres un completo imbécil! Escúchame... Si a ella no le importa, a ti tampoco debería. Si montas  una escena por esto será mejor que hagas el equipaje y te olvides. Quieres hacer películas, ¿no?» En Hollywood todo es posible, desde acabar en la cárcel por desacato a un juez hasta encontrarte en una fiesta en Beverly Hills rodeado de estrellas de cine, periodistas y famosos. No es impensable asimismo tropezarte con una vida de lujo siendo gigoló de compañía de una señorona rica. En cambio, el sueño de triunfar como actor resulta más difícil de alcanzar. Incluso el simple hecho de encontrar un insignificante papel de extra resulta altamente complicado. Y más si se tiene, como Ralph, ese acento sureño, de Georgia, que tan mal da en pantalla; téngase en cuenta que acaba de nacer el cine sonoro... Es por ello que la mayoría de los días no sabes cómo ingeniártelas para conseguir unos dólares y poder pagar el alquiler.

En sus pueblos de origen, por supuesto, todos saben –ya que eso es lo que cuentan Ralph y Mona en sus cartas- que ellos son unos triunfadores y unos actores de éxito. La realidad es muy distinta, por eso uno acaba pensando que mejor les hubiera ido si se hubiesen quedado en casa. Pero volver es ya imposible...

“Debería haberme quedado en casa” (1937) es una novela  que pone al descubierto las miserias de Hollywood, una ciudad cruel y agresiva, tan violenta que es incluso capaz de asesinar.
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jueves, 16 de abril de 2015

LOS SUDARIOS NO TIENEN BOLSILLOS. (Horace McCoy)

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LOS SUDARIOS NO TIENEN BOLSILLOS (No Pockets in a Shroud)
Horace McCoy
TRADUCCIÓN: Ignacio Orozco
EDICIONES AKAL, 2009
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El protagonista de “Los sudarios no tienen bolsillos” es Mike Dolan, un reportero que ejerce sus labores periodísticas en la ciudad de Colton. Dolan está harto de la corrupción que permea todos los niveles de vida de la ciudad, incluyendo su trabajo en el periódico. Acaba de recibir la enésima amonestación por parte del director respecto de una noticia demasiado “peligrosa” como para publicarse. La justificación que obtiene es que puede disgustar a los anunciantes, de modo que -explica el director- llevar un periódico consiste en establecer una línea diplomática con los que pueden sostenerlo que, no faltaría más, no son los lectores.

Dolan está ahíto de esta situación, de modo que presenta su dimisión, obtiene dinero prestado y edita un semanario al estilo del New Yorker. Es un plan atrayente a la par que arriesgado y más cuando el primer número aborda un reportaje sobre la corrupción en la liga de béisbol. Si la revista no le acarrea precisamente simpatías por parte del público, unos pocos números después sí que le reporta un enemigo declarado: denuncia a un médico abortista, hermano de uno de los principales prebostes de la ciudad. Éste intenta que la revista no llegue al público y no se le ocurre mejor manera para ello que secuestrarla -no judicialmente sino a fuerza de matones a sueldo-. Sin embargo, la denuncia está bien fundada y testificada, y el médico se suicida. Este hecho hace incrementar las ventas, pero pone en el disparadero a Dolan y a sus dos redactores: Ed Bishop, un periodista de tendencias izquierdistas y Myra, una misteriosa chica que no puede ocultar sus sentimientos hacia el periodista. La cuerda, que el intrépido redactor ha tensado ya demasiado se rompe cuando investiga a una extraña secta cuyos miembros visten túnicas y capuchones -muy al estilo del Ku Klux Klan-, un conjunto de fanáticos que  organizan reuniones a la luz de la luna. Dolan que ha pasado de tener que esquivar a sus acreedores y a los maridos celosos, a dirigir una cruzada en aras de la verdad, no tardará en comprobar que hay demasiadas personas interesadas en mantener las cosas como están y ponerle precio a su silencio. Pero Dolan no es de los que se echan atrás. La historia sólo puede terminar de una manera...

Esta novela no fue publicada en Estados Unidos hasta once años después de su nacimiento y así y todo lo hizo en una versión notablemente suavizada. Y es que no debía ser fácil que los editores encontraran agradable una denuncia tan diamantina sobre la prensa y sobre los poderes que la controlan. La historia se cuenta casi en su totalidad a través de unos diálogos vivos y nítidos que se hinchan con frecuencia y truecan en furiosos torrentes de lenguaje brutal. Limaginería de McCoy es a la vez económica y eficaz en la elección de palabras. Los lectores apreciarán el estilo violento del escritor y su oscura visión de una América atrapada en medio de la desintegración económica, social y moral.
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domingo, 12 de abril de 2015

EL PENSAMIENTO DE RAYMOND CHANDLER EN PALABRAS

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  • El ajedrez es el más grande desperdicio de la inteligencia humana después de la publicidad.
  • Ganar delicadeza sin perder fuerza, ése es el problema.
  • Cuando más dura la ironía, menos enérgico tendrá que ser el modo en que se lo diga.
  • La historia y la crítica literarias están tan llenas de jactancia y deshonestidad como la historia en general.
  • Una gran proporción de la literatura que ha sobrevivido ha tenido que ver con distintas formas de muerte violenta.
  • La frase con alambre de púas, la palabra laboriosamente rara, la afectación intelectual del estilo, son todos trucos divertidos, pero inútiles.
  • Por superficiales y accidentadas que sean la mayoría de las amistades, la vida es un asunto bastante sombrío sin ellas.
  • Soy estrictamente del tipo de los que se quedan al fondo, y mi carácter es una mezcla no llevadera de indiferencia exterior y arrogancia interior.
  • Una vez le escribí, en un estado de ánimo sarcástico, que las técnicas de ficción se habían estandarizado tanto que uno de estos días una máquina escribiría novelas.
  • Uno puede preferir un barrio de vida libre y fácil donde rompan las botellas vacías en la acera los sábados por la noche. Pero en la práctica no es muy cómodo.
  • La parte más difícil de su técnica era la capacidad de crear situaciones que estaban en el límite de lo inverosímil, pero que en la lectura parecían lo bastante reales.
  • Pienso que algunos escritores se sienten obligados a escribir en frases rebuscadas como compensación por una carencia de alguna clase de emoción animal natural.
  • Nuestro autor radial vino una vez a verme aquí y se sentó frente a esta ventana y lloró de lo hermosa que encontraba la vista. Pero nosotros vivimos aquí, y al diablo con la vista.
  • Me gusta la gente con modales, algo de intuición social, una educación ligeramente por encima del Readers Digest, gente cuyo orgullo de vivir no se exprese en sus aparatos de cocina o sus automóviles.
  • Tengo una historia en mente que espero escribir antes de morirme. No tendrá casi nada de dureza en la superficie, pero la actitud de mandarlo todo al infierno, que en mí no es una pose, probablemente aparecerá de todos modos.
  • ¿Qué hago en mi vida cotidiana? Escribo cuando puedo y no escribo cuando no puedo; siempre por la mañana o en la primera parte del día. De noche, uno tiene ideas muy brillantes, pero no se sostienen. Esto lo descubrí hace mucho.
  • Odio la publicidad, sinceramente. He pasado por la piedra de molino de las entrevistas y las considero una pérdida de tiempo. El tipo que encuentro en esas entrevistas haciéndose pasar por mí suele ser un engreído al que no me gustaría conocer.
  • Creo que escribiré una novela policíaca a la inglesa, sobre el portero Jones y dos hermanas ancianas en esa cabaña de techo a dos aguas, algo que tenga latín y música y muebles de época y un caballero auténtico; uno de esos libros en los que todos salen a dar largas caminatas.
  • La mortal repetición de palabras favoritas hasta que a uno le hacen gritar de impaciencia. Y las palabras favoritas son siempre pequeñas palabritas a medias arcaicas como jejuney umbrage y vouchsafe, ninguna de las cuales la persona de educación media podría siquiera definir correctamente.
  • Los norteamericanos, al tener la civilización más compleja que haya visto el mundo, siguen queriendo verse como un pueblo simple. En otras palabras, les gusta pensar que el artista de cómics es mejor dibujante que Leonardo, sólo porque es un artista de cómics, y el cómic está dirigido a la gente simple.
  • Es horrible admirar el libro de un hombre y después conocerlo, y destruir todo el placer que causó su obra con unas pocas posturas egocéntricas, de modo que no sólo a uno le disgusta su personalidad, sino que nunca puede volver a leer nada de él con una mente abierta. Su pequeño ego malo siempre está espiándolo a uno detrás de las palabras.
  • La mayoría de los escritores son gente tan fea que sus caras destruyen un sentimiento que quizá podría haberles sido favorable. Quizá soy demasiado sensible, pero varias veces me he sentido tan repugnado por esas caras que no he podido leer los libros sin que la cara se interpusiera. Especialmente esas caras de mujeres maduras gordas con ojos de cuervo.
  • Otros escritores están haciendo cosas todo el tiempo (charlas en ferias del libro, giras de firmas de autógrafos, conferencias, difusión de sus personalidades en tontas entrevistas) que, no puedo evitar pensarlo, los hacen parecer un poco baratos. Para ellos es parte del oficio, para mí, es lo que lo vuelve un oficio.
  • Cada cosa que uno alcanza elimina un motivo para querer alcanzar algo más. ¿Quiero ser un gran escritor? ¿Quiero ganar el premio Nobel? No si es demasiado trabajo. Qué diablos, les dan el premio Nobel a demasiados mediocres para que me interese. Además, tendría que ir a Suecia y ponerme un frac y pronunciar un discurso. ¿El premio Nobel vale todo eso? Diablos, no.
  • ¿Por qué diablos esos idiotas editores no dejan de poner fotos de escritores en sus sobrecubiertas? Compré un libro perfectamente bueno... estaba dispuesto a que me gustara, había leído sobre él y entonces le echo una mirada a la foto del tipo y es obviamente un completo imbécil, una basura realmente abrumadora (fotogénicamente hablando) y no puedo leer el maldito libro.
  • Un personaje en primera persona tiene la desventaja de que debe ser mejor persona para el lector que lo es para sí mismo. Demasiados personajes en primera persona dan una impresión ofensivamente engreída. Eso está mal. Para evitarlo, no siempre deben darle a él la réplica de impacto o la réplica final. Ni siquiera con frecuencia. Que otros personajes se lleven los aplausos. Que él se quede sin chistes, en la medida de lo posible.
  • Mi experiencia en ayudar a la gente a escribir ha sido limitada pero en extremo intensiva. Lo he hecho todo, desde dar dinero a futuros escritores para que vivan, hasta darles argumentos y reescribir sus textos, y hasta el momento no ha servido para nada. La gente que Dios o la naturaleza quiso que fueran escritores encuentran sus propias respuestas, y los que tienen que preguntar es imposible ayudarlos. Son simplemente gente que quiere ser escritora.
  • Declarando audazmente que harían a un lado todo optimismo ficticio, eligen automáticamente el aspecto oscuro de las cosas para no correr riesgos; como resultado, lo desagradable se asocia en sus mentes con la verdad, y si quieren producir un retrato sin defectos de un hombre, todo lo que tienen que hacer es pintar sus debilidades y después, aunque no sea más que para propiciar el instinto de bondad remanente por descuido en sus corazones, explicar que sus defectos son la consecuencia inevitable de un plan de vida equivocado.
  • La verdad en el arte, como en otras cosas, no debería buscarse mediante ese proceso de agotamiento alentado tan fatalmente en nuestro tiempo por los pedantes de la ciencia, y por la falacia de que se lo descubrirá considerando todas las posibilidades: un método que reniega de la intuición y de todos los mejores instintos del alma para recibir a cambio un puñado de teorías que, comparadas con las formas infinitas de la verdad inmortal conocida por los dioses, son como un puñado de guijarros respecto de mil kilómetros de playa cubierta de guijarros.
  • No puede planearse una buena historia; tiene que destilarse. A largo plazo, por poco que uno hable sobre el tema, lo más durable en lo que se escribe es el estilo, y el estilo es la más valiosa inversión que puede hacer un escritor con su tiempo. Las ventas se demoran, el agente se burla, el editor no entiende, y se necesitará gente de la que uno nunca ha oído para convencerlos poco a poco de que el escritor que pone su marca individual en lo que escribe siempre dará ganancia. No basta sólo con intentarlo, porque la clase de estilo en la que estoy pensando es una proyección de la personalidad y es preciso tener una personalidad antes de poder proyectarla. Pero si uno la tiene, sólo puede proyectarla en el papel pensando en otra cosa. Esto es irónico en cierto modo. Es el motivo, supongo, por el que en una generación de escritores "hechos". Sigo diciendo que no se puede hacer un escritor. La preocupación por el estilo no lo producirá. Ninguna cantidad de corrección y pulido tendrá ningún efecto apreciable sobre el sabor de lo que un hombre escriba. Es un producto de la cualidad de su emoción y percepción; es la capacidad de transferirlos al papel lo que hace de él un escritor, en contraste con la gran cantidad de gente que tiene emociones igualmente buenas y percepciones igualmente agudas, pero no lleva ni un millón de kilómetros de ponerlas sobre el papel. Conozco a varios escritores hechos. Hollywood, por supuesto, está lleno de ellos; sus libros a menudo tienen un impacto inmediato de habilidad y sofistificación, pero por debajo están huecos, y uno nunca vuelve a ellos.
«El simple arte de escribir. Cartas y ensayos escogidos». RAYMOND CHANDLER
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viernes, 10 de abril de 2015

ESCENARIOS DE NOVELA NEGRA

«LOS ÁNGELES» DE RAYMOND CHANDLER
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UNION STATION

«Al cabo de un rato salió por los arcos que daban a la parada de taxis. Echó un vistazo a la izquierda, hacia la cafetería, se volvió, entró en la sala de espera principal y miró el puesto de periódicos, la cabina de información y la gente sentada en los bancos de madera. había algunas ventanillas abiertas, otras estaban cerradas. No era aquello lo que le interesaba. Volvió a sentarse y alzó la vista hacia el gran reloj de pared.»
PLAYBACK, 1958
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BRYSON TOWER APARTMENTS

«Bajó hasta Wilshire y dobló hacia el este.
Veinticinco minutos después llegamos al Bryson Tower, un palacete de estuco blanco con farolas de cristal tallado y altas palmeras de dátiles en el patio principal. La entrada tenía forma de L. Se subían después unos escalones de mármol, se atravesaba un arco moruno y se cruzaba un vestíbulo demasiado grande, con una alfombra demasiado azul y decorado con unas jarras también azules, estilo Alí Baba, de dimensiones tales que en cada una de ellas cabían varios tigres. había un mostrador de recepción y tras  él un vigilante nocturno cuyos bigotes podrían entrar por el ojo de una aguja.»
LA DAMA DEL LAGO (THE LADY IN THE LAKE), 1943
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SECOND STREET TUNEL

«El picaporte hizo ruido y se oyó una voz que llamaba. No me moví. La boca de la Luger parecía la entrada del túnel de la Segunda Avenida, pero no me moví. Hacía ya tiempo que me había acostumbrado a la idea de que no era invulnerable.»
EL SUEÑO ETERNO (THE BIG SLEEP), 1939
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BULLOCKS WILSHIRE

«-Deme el dinero.
El motor del Plymouth gris vibraba en contrapunto con la voz de Agnes. La lluvia golpeaba con fuerza el techo. La luz violeta, en lo alto de la torre verde de Bullocks, quedaba muy por encima de nosotros, serena y apartada de la ciudad, oscura y empapada. Agnes extendió una mano enguantada en negro y cuando le entregué los billetes se inclinó para contarlos bajo la tenue luz del salpicadero. Su bolso hizo clic al abrirse e inmediatamente volvió a cerrarse. Después dejó que un suspiro se le muriera en los labios antes de inclinarse hacia mí.»
                                EL SUEÑO ETERNO (THE BIG SLEEP), 1939
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