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jueves, 16 de abril de 2015

LOS SUDARIOS NO TIENEN BOLSILLOS. (Horace McCoy)

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LOS SUDARIOS NO TIENEN BOLSILLOS (No Pockets in a Shroud)
Horace McCoy
TRADUCCIÓN: Ignacio Orozco
EDICIONES AKAL, 2009
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El protagonista de “Los sudarios no tienen bolsillos” es Mike Dolan, un reportero que ejerce sus labores periodísticas en la ciudad de Colton. Dolan está harto de la corrupción que permea todos los niveles de vida de la ciudad, incluyendo su trabajo en el periódico. Acaba de recibir la enésima amonestación por parte del director respecto de una noticia demasiado “peligrosa” como para publicarse. La justificación que obtiene es que puede disgustar a los anunciantes, de modo que -explica el director- llevar un periódico consiste en establecer una línea diplomática con los que pueden sostenerlo que, no faltaría más, no son los lectores.

Dolan está ahíto de esta situación, de modo que presenta su dimisión, obtiene dinero prestado y edita un semanario al estilo del New Yorker. Es un plan atrayente a la par que arriesgado y más cuando el primer número aborda un reportaje sobre la corrupción en la liga de béisbol. Si la revista no le acarrea precisamente simpatías por parte del público, unos pocos números después sí que le reporta un enemigo declarado: denuncia a un médico abortista, hermano de uno de los principales prebostes de la ciudad. Éste intenta que la revista no llegue al público y no se le ocurre mejor manera para ello que secuestrarla -no judicialmente sino a fuerza de matones a sueldo-. Sin embargo, la denuncia está bien fundada y testificada, y el médico se suicida. Este hecho hace incrementar las ventas, pero pone en el disparadero a Dolan y a sus dos redactores: Ed Bishop, un periodista de tendencias izquierdistas y Myra, una misteriosa chica que no puede ocultar sus sentimientos hacia el periodista. La cuerda, que el intrépido redactor ha tensado ya demasiado se rompe cuando investiga a una extraña secta cuyos miembros visten túnicas y capuchones -muy al estilo del Ku Klux Klan-, un conjunto de fanáticos que  organizan reuniones a la luz de la luna. Dolan que ha pasado de tener que esquivar a sus acreedores y a los maridos celosos, a dirigir una cruzada en aras de la verdad, no tardará en comprobar que hay demasiadas personas interesadas en mantener las cosas como están y ponerle precio a su silencio. Pero Dolan no es de los que se echan atrás. La historia sólo puede terminar de una manera...

Esta novela no fue publicada en Estados Unidos hasta once años después de su nacimiento y así y todo lo hizo en una versión notablemente suavizada. Y es que no debía ser fácil que los editores encontraran agradable una denuncia tan diamantina sobre la prensa y sobre los poderes que la controlan. La historia se cuenta casi en su totalidad a través de unos diálogos vivos y nítidos que se hinchan con frecuencia y truecan en furiosos torrentes de lenguaje brutal. Limaginería de McCoy es a la vez económica y eficaz en la elección de palabras. Los lectores apreciarán el estilo violento del escritor y su oscura visión de una América atrapada en medio de la desintegración económica, social y moral.
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