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jueves, 23 de abril de 2015

DEBERÍA HABERME QUEDADO EN CASA. (Horace McCoy)

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DEBERÍA HABERME QUEDADO EN CASA (I Should Have Stayed Home)
Horace McCoy
TRADUCCIÓN: Ignacio Orozco García
EDICIONES AKAL S. A., 2010
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Ralph Carston de veintitrés años comparte piso con Mona Matthews en una manera como otra cualquiera de ahorrar gastos. Mona y Ralph son dos de los miles de jóvenes que abandonan su casa en cualquier pueblo de Estados Unidos para buscar trabajo, dinero y fama en Hollywood. La tierra prometida. La Meca del cine. En Hollywood a nadie le importa lo que hacen los demás. Al caer la noche la ciudad se vuelve misteriosa y se llena de encanto, se convierte en la cuna de los milagros, allí donde hoy eres pobre y desconocido, y mañana, rico y famoso. Transcurren los años treinta; los años dorados del celuloide, pero también los de la Gran Depresión y la corrupción política. La sociedad norteamericana, además, anda agitada en el apoyo a los republicanos españoles y en el rechazo a la expansión del imperio hitleriano.

En los pueblos del interior del país todo el mundo se acuesta temprano para iterar por las mañanas la misma tarea repetitiva y  estar siempre pendiente del quehacer ajeno. No ocurre lo mismo en Hollywood. Allí cada uno procede a su libre albedrío. Así amonesta Mona a Ralph sobre el particular: «-¡Eres un completo imbécil! Escúchame... Si a ella no le importa, a ti tampoco debería. Si montas  una escena por esto será mejor que hagas el equipaje y te olvides. Quieres hacer películas, ¿no?» En Hollywood todo es posible, desde acabar en la cárcel por desacato a un juez hasta encontrarte en una fiesta en Beverly Hills rodeado de estrellas de cine, periodistas y famosos. No es impensable asimismo tropezarte con una vida de lujo siendo gigoló de compañía de una señorona rica. En cambio, el sueño de triunfar como actor resulta más difícil de alcanzar. Incluso el simple hecho de encontrar un insignificante papel de extra resulta altamente complicado. Y más si se tiene, como Ralph, ese acento sureño, de Georgia, que tan mal da en pantalla; téngase en cuenta que acaba de nacer el cine sonoro... Es por ello que la mayoría de los días no sabes cómo ingeniártelas para conseguir unos dólares y poder pagar el alquiler.

En sus pueblos de origen, por supuesto, todos saben –ya que eso es lo que cuentan Ralph y Mona en sus cartas- que ellos son unos triunfadores y unos actores de éxito. La realidad es muy distinta, por eso uno acaba pensando que mejor les hubiera ido si se hubiesen quedado en casa. Pero volver es ya imposible...

“Debería haberme quedado en casa” (1937) es una novela  que pone al descubierto las miserias de Hollywood, una ciudad cruel y agresiva, tan violenta que es incluso capaz de asesinar.
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