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miércoles, 1 de abril de 2015

CONSEJO AMISTOSO A UN JOVEN ESCRITOR DE NOVELA NEGRA

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Antes de cuestionar si es usted consciente de lo que pone en juego al encaminar su vida por los senderos del noir me parece pertinente esbozar lo que mi pensamiento interpreta como novela negra. Toda narración noir cobija un relato sobre criaturas derrotadas. Los personajes de estos cuentos, nihilistas y existenciales, están condenados desde su nacimiento. No les está permitido morir, pero probablemente lo deberían. Y lo deberían, porque la vida que les espera es tan desagradable, tan extraviada y solitaria, que les es más rentable simplemente asobinarse y así conseguir evadirse de una vez. Y, a fuerza de ser sinceros, merecen la muerte. Ellos mismos envidian morir y envidian a quien se lo impide. En toda historia negra el perdedor está impregnado de avaricia; es un ser voluptuoso, desequilibrado y rencoroso, y estos atributos enquistan su naturaleza en una espiral descendente que inevitablemente les succiona y de la que no pueden escapar. No son capaces de encontrar la salida a su personal autopista al infierno y se dejan arrastrar por las parpadeantes luces de neón que apuntan a una ciudad imaginaria llamada Esperanza. Son conducidos a la decadencia por su propia falta de moralidad.

Sí, es cierto, en toda novela negra el protagonista está condenado, pero lo está desde su nacimiento. Lo Noir no es una tragedia, no es el destino quien conspira contra esa pobre alma desafortunada. En realidad es nuestro héroe quien ha sellado su propio destino cruzando una línea que no debió cruzar. Y la fatalidad no es necesariamente la muerte que él desea, hay una contingencia peor, la desintegración psíquica. Sin embargo, éste ser desventurado se deja arrastrar hasta el final, no opone resistencia alguna, su discernimiento le lleva a pensar que está mejor muerto, dado que es ésto lo que se espera de él.

El relato noir alcanza todos los estratos sociales. Por alguna razón que desconozco se ha convertido en moda entre ciertos escritores de misterio entender que la idiosincrasia del noir hay que buscarla entre la clase obrera. Pienso que ésto es un error. Hay muchos buenos ejemplos de protagonistas noir que han germinado en los sectores más ricos de la sociedad y para ello no tenemos más que recurrir a una buena parte de la obra de Cornell Woolrich; Lou Ford en “El asesino dentro de mí” de Jim Thompson, es hijo de una familia media acomodada; Walter Huff en “Perdición (Double Indemnity)” de James M. Cain, comparte sus raíces con la generalidad sin más; “Chet Arnold”, alias “Roy Martin”, en “El nombre del juego es la muerte” de Dan Marlowe, es un criminal completamente insensible y amoral surgido de la ralea más despreciable de malhechores...

Así que, ahora que estamos en posesión de nuestra definición de noir, la pregunta que hay que plantearse es: ¿advierte usted el riesgo que corre al escribir noir dado que muchos de los grandes escritores de novela negra, como Jim Thompson, David Goodis, Gil Brewer y Dan Marlowe, murieron impregnados de la más rotunda desesperanza. Muchos lectores desechan leer cierta clase de noir. Podrían estar dispuestos a aceptar unos personajes  difíciles o cínicos y unos ajustes sombríos, pero desean un final feliz, o al menos un final con esperanza, y no hay esperanza en la narración noir. Así que sabiendo que hay un público limitado para el noir, que muchos lectores de misterio que se tropiecen con su libro van a estar incesantemente consternados, ¿por qué desea usted intoxicarse con esta literatura?

No permita que el abatimiento incline su ánimo hacia la desidia. No consienta que languidezca su interés. A usted, que se inicia en el noble arte de la escritura, le voy a hacer una propuesta que no podrá desechar. Acceda a que su protagonista noir cruce una línea moral donde no haya vuelta atrás. Oblíguele a cometer un asesinato, un robo, un acto de traición o de cobardía o cualquier otra villanía que a acuda a su mente. Siga poniendo a su personaje en situaciones cada vez más terribles, de las que apenas sea capaz de escapar, y repita esto hasta que la tensión se haga insoportable. Dele a su héroe noir un fino rayo de esperanza, una válvula de escape a su situación. Esta creencia puede ser real o puede ser un espejismo o incluso podría ser sólo una ilusión febril por parte de su héroe, pero para él, no le quepa duda, será muy real. Cuando llegue al convencimiento de que puede librarse de la condena, tire de la alfombra de debajo de sus pies y envíele al abismo. No sienta remordimientos por lo que ha hecho. ¡Esto es noir! 

Voy a darle un consejo amistoso, amigo escritor que busca acomodo en esto de las letras, explicando por qué me encanta leer noir. La mejor novela negra puede ser una experiencia mucho más excitante que la que se pueda encontrar leyendo cualquier otro tipo de misterio, -es el equivalente verbal a una droga, fácil de consumir, oscuramnete empirizante, totalmente adictiva-, y la razón de ésto se aposenta en el hecho  que puede exponer verdades sobre la condición humana que otro género de ficción apenas insinúa. Hay una resonancia en la mejor novela negra que es casi imposible encontrar en la ficción de cualquier otro género literario.
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