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sábado, 19 de noviembre de 2016

PISTA NEGRA. (Antonio Manzini)

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PISTA NEGRA (Pista nera)
Antonio Manzini
TRADUCCIÓN: Teresa Clavel Lledó
SALAMANDRA BLACK
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Un cadáver es descubierto medio enterrado en una pista de esquí más arriba del municipio de Champoluc, en el Valle de Aosta. El cuerpo, desmembrado y en estado irreconocible, es hallado por un rastreador sin experiencia dedicado a limpiar la nieve. Pocas son las huellas dejadas por el asesino para el subjefe provincial Rocco Schiavone, trasladado recientemente a Aosta: hebras de tabaco, tiras de ropa, restos orgánicos de varios tamaños y una señal macabra que proclama que no nos encontramos ante un accidente sino ante un asesinato. 

Rocco Schiavone, de origen romano, nació y se crio en el Trastévere. «Un policía que nació en el Trastévere, de la quinta del sesenta y seis, cuando todavía no era el barrio turístico y bullicioso que ahora es, sino un lugar popular donde también habitaban bandidos y gente de malvivir».  Schiavone ha sido trasladado a la fuerza a Aosta. No cabe duda que Schiavone ha hecho algo grande para merecer un exilio como éste; se rumorea un pequeño incidente con el hijo de alguien demasiado poderoso que no tuvo reparos en hacer que lo desterraran al paraje más lejano y dejado de la mano de Dios de Italia. Un descenso a los infiernos, sólo que aquí no se tropieza con el fuego eterno, sino con un frío que rompe los huesos. Schiavone se comporta en Aosta como un león enjaulado en la nieve. Él no es otra cosa más que un policía corrupto al que le gusta la buena vida, dicho en otras palabras, el señor Rocco Schiavone es un cabrón con un alma inmensa. Con un sentido maleable de su quehacer, sus métodos heterodoxos, su porro mañanero fumado invariablemente en el despacho, su mal humor impenitente y su escala de “tocada de cojones”, en la que un caso de homicidio ocupa el grado 10, Schiavone no es un policía al uso. Es violento, sarcástico en el sentido romano de la palabra, pedante, infiel, grosero con las mujeres, cínico con todo y todos, y para mayor inri, odia su trabajo. Pero, y todo tiene su pero... Schiavone tiene talento.

Rocco Schiavone es, sin lugar a duda, la antítesis del detective clásico. Una especie de anti Salvo Montalbano, -el personaje de Camilleri-. Schiavone se podría calificar como el espejo que refleja el negativo de todos los elementos convenientes que encontramos en el Comisionado de Vigata. En realidad, Schiavone no es un comisario, sino un subjefe provincial (la calificación de comisario ha sido derogada años atrás). Es una persona deshonesta cuya única distinción de los criminales a los que persigue es su educación militar, un hombre astuto y sin escrúpulos, dispuestos a quebrantar la ley si hay un buen dinero de por medio.

La víctima de «Pista negra» es Leone Miccichè, originario de Catania y procedente de una familia dedicada a la vinicultura. Miccichè abrió entre picos y glaciares una actividad turística de lujo, junto con su esposa Luisa Pec, una hermosa mujer que, entre otras cosas está gestando un hijo. El hermano de Miccichè, Doménico, no mantenía buenas relaciones con la víctima en vida de ésta; ambos alimentaban una pelea continua por la tenencia de unas propiedades en Sicilia. Schiavone se encuentra ante tres caminos a seguir, la venganza de la mafia siciliana, las deudas o el crimen pasional. Difícil es dilucidar el más adecuado dada la transitoriedad de todas las cosas -desde el clima hasta la fiabilidad de los testigos-, en estos valles estrechos donde todos están ligados por rasgos de parentesco.

«Pista negra» pone de manifiesto que la época dorada de la novela negra, nacida en Estados Unidos a principios de los noventa y exportada con posterioridad al resto del mundo, ha quedado muy atrás. Poco o nada queda ya de esa contracultura literaria que surgió para denunciar el lado oculto del sueño americano. Por otra parte, por mucho que se esfuercen los nórdicos en intentar demostrar que su paraíso terrenal es una falacia, que allí también suceden cosas horrendas, la idea no termina de cuajar del todo. Gran parte de la novela policial nacida en esas tierras heladas tiene un aire espurio, fingido, que siempre está de manifiesto. Más conformes a la realidad, quizás, se encuentran los escritores italianos, que exhiben las penurias humanas con una naturalidad que solo puede explicarse por su larga convivencia con el crimen y la corrupción policial que asolan el país desde buen tiempo atrás.

A pesar de este compromiso con tal realidad, lo cierto es que los italianos, la novela negra italiana en general, no maravilla en demasía. Como sus correligionarios de otros territorios, no han logrado alcanzar los niveles de sublimidad de los añosos maestros del género que, además de crear un detective notable, se las componían para exhibir ante el lector un crimen de difícil resolución, un auténtico desafío intelectual. No obstante, siempre existen honrosas excepciones...

Con cinco novelas del género a sus espaldas, de las que «Pista negra» fue la primera traducida al español, la crítica italiana ha dado en señalar a Manzini como el heredero del reconocido escritor Andrea Camilleri. Esta extendida opinión tiene su justificación no solo en la conveniencia comercial de mantener vivo un negocio editorial fructífero, sino también en ciertas concordancias que son notorias entre ambos autores. La prosa de Manzini posee, como sucede con la de Camilleri, la enorme virtud de agradar; es fresca, descarada y dinámica y destaca por sus atrevidos diálogos coloquiales. Además, como su colega de Porto Empedocle, los secundarios de Manzini están esculpidos con pocos golpes de cincel, pero tienen un carácter sugestivo y se ofrecen al lector a través de la lente del subjefe Schiavone con toda su carga sarcástica. Derribar las estructuras y los estereotipos es una práctica seguida desde la antigüedad para crear antihéroes, sólo que el experimento no siempre funciona bien. Manzini, sin embargo, se las arregla para ser un escritor diferente sin ser empalagoso o cargante en exceso.

Antonio Manzini, guionista, director y escritor italiano, trabaja principalmente como actor de cine y televisión. Entre sus publicaciones se encuentran las novelas «La sangre podrida» (2005) y «El carrusel de hámsters» (2007). La serie de Rocco Schiavone comenzó en 2013 con la novela «Pista nera» -la «Pista negra», que analizamos aquí-, que fue seguida en 2014 por «La costola di Adamo» («La costilla de Adán», también publicada en español por Salamandra Black), «Non è satagionero» (Asimismo españolizada por Salamandra Black como «Una primavera de perros», en 2015), «Era di maggio» en 2015 y «Cinque indagini romane per Rocco Schiavone» en 2016. 
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lunes, 14 de noviembre de 2016

LBCONFIDENCIAL: ¡50.000 VISITAS!

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Si bien los números no guían mis actos, son más bien las letras, en este caso las estadísticas son un motivo más que suficiente para intentar impulsar mejoras en este diario personal que nació intitulado «LBCONFIDENTIAL» y, claro está, de agradecimiento por dejarme formar parte de sus vidas y poder compartir con ustedes, desde este modesto rincón, toda la satisfacción que me proporciona la lectura.

Nuestro, y digo bien «nuestro» querido blog, acumula ya más de 50 mil visitas desde aquel 14 de agosto del 2013 en que tuve la osadía de transcribir en estas páginas las impresiones que no me atrevía a plasmar en papel. Se trata de un número «bonito y redondo», irrisorio, eso sí, si lo comparamos con las espectaculares cifras que hoy se manejan en internet, pero que a mí me colma de satisfacción. Satisfacción suficiente como para animarme a seguir indagando en el cada vez más dinámico mundo de los lectores, los libros, los escritores y la literatura.

Aprovecho esta ocasión para animar a todos aquellos que se sientan atraídos por la «LA NOVELA NEGRA» a participar con sus críticas y comentarios en este blog, y poder así adentremos juntos en el mágico bosque de las hojas escritas, dispuestos a encontrarnos con esos personajes que pueblan la historia del hombre, su sentido del amor, de la amistad y de la vida...  Como decía Jorge Luis Borges: «Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído».

Dejo constancia del hecho y reitero que me siento agradado de poder compartir con todos ustedes esta pasión. Como ya dije en otra ocasión me encanta la novela negra. Se burla de la perdición. Hace de la condena una diversión. ¿Y a quién no le gusta la diversión? Así pues, amigos, espero seguir contando con todos ustedes. Gracias, mil. O para ser más exactos: ¡Gracias, 50 mil! 
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viernes, 11 de noviembre de 2016

EL DEMONIO VESTIDO DE AZUL. (Walter Mosley)

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EL DEMONIO VESTIDO DE AZUL (Devil in a Blue Dress)
Walter Mosley
TRADUCCIÓN: Rosa Corgatelli
ANAGRAMA
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«El demonio vestido de azul» se desarrolla en Los Ángeles en el año 1948. Easy Rawlins acaba de perder su trabajo en la compañía de aviones Champions Aircraff de Santa Mónica y tiene que hacer algo de dinero rápido para satisfacer su hipoteca. La mayoría de sus amigos son de color negro y pobres. Rawlins se sorprende cuando DeWitt Albright entra en el bar de Joppy. El olor y la atmósfera sucia del bar, por lo general, mantienen a los blancos a distancia. Sin embargo, todo lo relacionado con el señor DeWitt es de color blanco, desde su piel a los más pequeños  elementos de su indumentaria: traje de lino, camisa, sombrero panamá de paja, zapatos y calcetines de seda. Rawlins está acostumbrado a la compañía de los blancos, no en vano luchó durante la Segunda Guerra Mundial en África, Italia, París y Alemania. «Comí con ellos y dormí con ellos, y he matado a suficientes hombres jóvenes de ojos azules para saber que tienen tanto miedo a morir como yo». El Sr. Albright hace favores encubiertos para ciertas personas y quiere que Rawlins lo ayude en su próximo trabajo.

Ezequiel «Easy» Rawlins acude al local de John -un bar clandestino antes de que revocaran la Prohibición- con el objeto de averiguar si alguien ha visto a Daphne Monet, una mujer blanca, rubia, hermosa, difícil de encontrar y más bien fatal, a la que le gusta pasar el rato en los clubes negros de jazz. Los experimentados lectores de misterio pueden predecir que esta simple tarea terminará por sumergir a Rawlins en una complicada serie de intrigas que involucran a otros hombres ricos blancos, otras mujeres, más dinero, y un notable número de cadáveres.

Los temas de la raza y la guerra transitan por los dos primeros capítulos de «El demonio vestido de azul» como testimonios de una época. La novela se desarrolla en un período anterior a la aparición del «Movimiento por los Derechos Civiles», por lo que Mosley incluye indicadores de la segregación y la alienación cultural en su narrativa. Por otra parte, Mosley utiliza la novela como un vehículo para explorar la descarnada realidad de la gente negra, víctimas de la resaca racial y del absurdo sentimiento de superioridad de sus coetáneos blancos. La primera frase del libro establece ya las tensiones raciales en juego: «Me sorprendió ver a un hombre blanco entrar en el bar de Joppy». Y nos es que el Sr. Albright fuera blanco, es que «parece especialmente blanco en contraste con la barra oscura, sucia y negra del bar de Joppy». El carácter blanco viene a representar el poder que los blancos tienen sobre los negros en la sociedad de Rawlins. 

Rawlins recuerda, con sentimiento agridulce, los ojos de los soldados alemanes a quienes mató en combate durante la Segunda Guerra Mundial. Cuando mató a aquellos alemanes blancos él tenía el control, en lugar de suceder al revés. Al hacerlo, Rawlins expresa la frustración común de los soldados negros que regresaron a sus comunidades del Sur después de la Segunda Guerra Mundial y que habiendo luchado por su país se encontraron una vez más como ciudadanos de segunda clase.

Debido a que es consciente de su condición de relegado por su color, Rawlins está especialmente orgulloso de ser propietario de una casa. A lo largo de la novela, habla con amor de su humilde morada. De hecho, su orgullo por su casa es lo que lo motiva a enredarse en los turbios asuntos del Sr. Albright. Rawlins lo necesita para pagar la hipoteca. 

A través de las primeras páginas de «El demonio vestido de azul», Walter Mosley nos pone en antecedentes sobre la «Great Migration», la gran migración negra que condujo durante la primera mitad del siglo XX al desplazamiento de 1,75 millones de afroestadounidenses desde los estados meridionales hacia los del medio oeste, noroeste y oeste de dicho país en una huida desesperada del racismo y en la búsqueda de trabajo en las pujantes ciudades industriales. «Cuando abrí la puerta me golpeó en la cara la fuerza de la trompeta contralto de Lips. Escuchaba a Lips y a Willie y a Flattop desde que era un muchacho en Houston. Todos ellos y John, y la mitad de la gente que se hallaba en aquel recinto atestado, habían emigrado de Houston después de la guerra, y algunos antes. California era como el paraíso para los negros del Sur. La gente contaba historias de cómo podía comer fruta directamente de los árboles y conseguir el suficiente trabajo como para jubilarse algún día. Las historias eran ciertas en su mayoría, pero la verdad no era como el sueño. La vida era dura también en Los Ángeles y, aunque uno trabajara todos los días, seguía sin salir del pozo.»
En el fondo  «El demonio vestido de azul» es el clásico misterio del hallazgo de una chica. Lo que lo distingue, y le proporcionó a Mosley, hace veintiséis años, el elogio y la atención de la crítica, es el cuidado tratamiento del escenario de Los Ángeles de la posguerra y las relaciones raciales que se desarrollan en torno a la acción. 
«El demonio vestido de azul» hace honor a la tradición dura de Hammett, Chandler y Cain en su historia y en su actitud, pero Mosley nos lleva por algunas calles que sus predecesores espirituales no podían conocer, ya que eran blancos. Las escenas interesantes de la vida negra en 1948 proporcionan una especie de historia social que no existe en otra novela policíaca, y  prestan un ambiente que realza esta historia de crimen y violencia. Al igual que el mejor de los contadores de historias «noir», la fuerza de Mosley está en sus diálogos.

Mosley lleva a cabo todo ésto en el contexto de un movimiento rápido, entretenido, con una historia escrita en un estilo impresionante. Este es el tipo de libro que te deja el anhelo de leer más sobre las aventuras de Easy Rawlins.  Estoy dispuesto a apostar que Easy nunca llegará a trabajar de nuevo en esa compañía de aviones. Él tiene una larga y activa carrera por delante como detective privado.
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domingo, 6 de noviembre de 2016

UNA MUERTE ROJA. (Walter Mosley)

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UNA MUERTE ROJA (A Red Death)
Walter Mosley
TRADUCCIÓN: Susana Lijtmaer
ANAGRAMA
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Walter Mosley fue galardonado el 30 de mayo de 2016 con el «Grand Master» por la «Mystery Writers of America» (MWA). El premio «Grand Master» de la MWA representa el pináculo de los logros para un escritor de misterio y se estableció para reconocer las contribuciones de relevante importancia a este género. Cuando se le dio a conocer su triunfo en el «Grand Master», Mosley comentó: “El premio «Grand Master» es la cúspide de mi carrera como escritor de delito. Es uno de los acontecimientos seminales de mi vida.”

Walter Mosley pasa por ser uno de los escritores más aclamados y prolíficos en el terreno de la novela criminal actual. Empezó a escribir cuando tenía treinta y cuatro años, y desde entonces ha publicado más de cuarenta novelas. Es también el autor de color más exitoso y conocido actualmente en el campo de la novela criminal.

Mosley se dio a conocer al gran público por su serie sobre «Easy Rawlins»; serie que vio la luz con la novela «El demonio vestido de azul» allá por 1990. Ésta obra que fue llevada al cine y protagonizada por Denzel Washington. Mosley también ha escrito otras tres sagas, con  Fearless Jones, Leonid McGill y Socrates Fortlaw como protagonistas. Además, ha cultivado la crítica social, la ciencia ficción, no ficción, ficción para jóvenes, obras de teatro, novelas gráficas, y numerosos cuentos.

La segunda novela de Walter Mosley, «Una muerte roja», confirma que nos encontramos ante un narrador extraordinario. La historia se desarrolla en 1953, el período del macartismo. Cinco años después de su primera aventura acaecida en 1948 -«El demonio vestido de azul»- Ezekiel P. Rawllins, alias «Easy Rawlins», ha utilizado el dinero robado entonces para comprar un par de apartamentos de los que es titular en secreto y que ahora mantiene en alquiler. Él simula trabajar para Mofass, su supuesto manager, y en realidad se hace pasar por conserje de los apartamentos que posee, disfrutando tranquilamente de los frutos del alquiler que tales propiedades le generan. El problema se avecina, sin embargo, cuando un agente del Servicio de Impuestos Internos –IRS-, llamado Reginald Lawrence, le requiere para aclarar el origen de su peculio. Rawlins se ve enfrentado así a la amenaza de prisión.

Como si esto no fuese suficiente, EttaMae y LaMarque, la esposa y el hijo de su antiguo compinche Raymond Mouse, se presentan en su casa de Los Ángeles, procedentes ambos de Houston. EttaMae se ha distanciado de Mouse y quiere vivir con Easy. Rawlins desea a EttaMae, pero sabe que vivir con ella le podría acarrear un enfrentamiento con Mouse. Efectivamente, su implacable y mortal amigo Mouse no tarda en aparecer en Los Ángeles en busca de su ex mujer EttaMae, que ha huido con su pequeño hijo. La solución más fácil es encontrarle un apartamento a EttaMae y LaMarque y distanciarse de ellos.

La situación con el IRS da un giro inesperado tras la reunión de Rawlins con Lawrence. Rawlins es salvado de una acción drástica cuando un agente de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI), llamado Darryl T. Craxton le ofrece un trato. Craxton le propone arreglar sus problemas con Hacienda a cambio de su ayuda para desenmascarar a un sospechoso de actividades comunista llamado Chaim Wenzler. Wenzler, de religión judía, está presente en varias iglesias negras, incluyendo una ubicada en el vecindario de Rawlins. Easy sabe que para los negros éste es un mundo muy difícil, sobre todo para los negros pobres que aspiran a algo mejor. Los impuestos le acosan y, para defender sus propiedades, se ve obligado a aceptar el «trato» que le propone el FBI, trato que consiste en infiltrarse en la Primera Iglesia Baptista Africana, espiar a sus pastores y feligreses y, ¡cómo no!, al rojo Chaim Wenzler, un judío superviviente de los campos de concentración nazis, que ahora hace beneficencia para la muy negra iglesia baptista... No transcurre mucho tiempo hasta que un lento barullo de muertes e intereses complican la existencia de Easy Rawlins. Sin embargo, con su gran habilidad y su distanciada causticidad para estos casos, logra encontrar las salidas, destapa los problemas y, como no podía ser menos, vuelve a perder a su chica. Todo al estilo de los detectives del pasado, de aquellos de las películas en blanco y negro.

Walter Mosley ha creado un antihéroe maravilloso, algo descarado y profundamente humano: respeta a los débiles, no se aprovecha de las situaciones fáciles y tiene conocimiento de ser un perdedor, aunque hace justicia, ¡eso sí!, a su manera. Un grupo de fracasados cotidianos –aquellos por los que el autor siente gran comprensión- acompaña al detective continuamente, esbozando a la vez, en evocadores tonos grises, una época ya pasada de la historia de Estados Unidos. El resultado, gracias a su admirable ritmo, es sumamente sugerente, sin que resulten forzados los asomos de pasión, al menos no tan manifiestos como en muchas novelas del género. Los misterios se combinan con los convenios tradicionales de la novela policíaca, con elucidaciones sobre las desigualdades raciales y la injusticia social que han acompañado a través de la historia a los afroamericanos y otras personas de color. Mientras Mosley recupera el tono de Hammet, Chandler y Macdonald, con quienes ha sido comparado y de quien él mismo se siente continuador, Rawlins sigue claramente la tradición de Sam Spade, Philip Marlowe y Lew Archer, de quienes se diferencia en que Rawlins es un investigador privado sin licencia, sin formación o capacitación en la aplicación de la ley.

Mosley ha escrito diez novelas y una colección de historias cortas, protagonizadas todas ellas por «Easy Rawlins», su personaje más popular. «Una muerte roja», su segunda entrega, sólida y entretenida, es brillante en el retrato de un tiempo y un lugar indeleble a la realidad de Easy Rawlins, un hombre negro en un mundo que todavía no está preparado para aceptarlo. Mosley, con su talento único, ha creado un clásico del género. 

Reconfortan, por último, las declaraciones de propio Mosley: «Lo que admiro en escritores como Charles Dickens o Mark Twain es que son accesibles para todos y que elevan a la gente». Algo así consigue su libro, en un género distinto.
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lunes, 31 de octubre de 2016

BIBLIOGRAFÍA: FRED VARGAS

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FRED VARGAS
SERIE «COMISARIO JEAN-BAPTISTE ADAMSBERG»



EL HOMBRE DE LOS CÍRCULOS AZULES (L'Homme aux cercles bleus, 1991)

Unos misteriosos círculos azules trazados con tiza han comenzado a aparecer en las aceras de las calles de París. Dibujados durante la noche, contienen en su interior objetos cada vez más extraños, un desecho, un residuo, un objeto perdido: la pata de una paloma, encendedores de cigarrillos, un sombrero, la cabeza de una muñeca, un trombón, una bombilla, una pinza de depilar, un yogur... Acompañando a cada uno de ellos aparece la misteriosa frase: «Víctor, mala suerte, ¿qué haces fuera?» ¿Están esos círculos ahí para llamar la atención sobre la basura desechada? ¿O es que el artista situó esos elementos dentro de los círculos? ¿Es una diversión, o estamos ante algo más siniestro? La opinión de Adamsberg se decanta por esta esta última opción, y, al tratarse de quien se trata, mantiene una estrecha vigilancia sobre los informes de los medios de comunicación que consideran los círculos como una broma de mal gusto.  Esa es su actitud hasta que algo mucho más siniestro aparece en uno de los círculos azules: el cuerpo de una mujer con la garganta seccionada salvajemente. Los instintos de Adamsberg le dan la razón, y comienza a profundizar en un caso que por momentos adquiere tintes de tragedia. Pero la pregunta crucial es: ¿es el hombre que traza los círculos de tiza azul el asesino, o éste último es un oportunista inteligente que ha sabido ver su gran momento para llevar a cabo sus propios fines?

EL HOMBRE DEL REVÉS (L'Homme à l'envers, 1999)

Camille y Lawrence sostienen una discusión con Suzanne Rosselin, una estanciera que dirige sóla la ganadería de Les Écarts, -con mano de hierro  según dicen-, referente a la opinión de ésta según la cual Massart, un residente de la aldea, es un hombre lobo. Suzanne basa sus argumentos en que aquél no tiene vello. «-¿Es verdad Lawrence? –Verdad. La otra noche, mientras arreglabas la fuga. Dice que es un puto hombre lobo de mierda lo que está sangrando toda la región. Que por eso sus dientes no son normales.» Será éste, precisamente, el detonante que ponga en marcha una estremecedora historia plagada de violencia, odios y venganza. No en vano, al día siguiente de la referida discusión con Suzanne todo se complica. La pastora aparece degollada. Es encontrada tendida en la paja sucia, boca arriba, con los brazos abiertos y el camisón subido hasta las rodillas. En la garganta, una horrible herida deja escapar un mar de sangre. El lobo ha atacado de nuevo y Massart ha desaparecido. Soliman, hijo adoptivo de Suzanne, y el Veloso, su viejo pastor, deciden emprender la búsqueda del hombre lobo Massart. Para ello se las arreglan para convencer a Camille que los acompañe. Será ella la encargada de conducir una ganadera de veinte años de antigüedad, -¡la flor de la edad!-, resistente eso sí, pero sin dirección asistida y con frenos de tambor. Para colmo reina en ella un calor asfixiante y un penetrante olor a lana grasienta. A la mañana siguiente Camille atisba los defectos garrafales de la empresa: lo necio del proyecto, lo peligroso de la puesta en escena, lo desagradable de la promiscuidad con dos tipos casi desconocidos y que no parecen estar en el mejor momento de su quietud. Sin embargo todo está ya decidido y la «road-movie» da comienzo.

HUYE RÁPIDO, VETE LEJOS (Pars vite et reviens tard, 2001)

Durante días, una serie de mensajes cada vez más inquietantes y misteriosos, copias de textos antiguos del siglo XVII, posteriormente identificados como pertenecientes al «Liber  canonis» del gran médico y filósofo persa del siglo XI Avicena, y todos referentes a la gran epidemia de peste que afectó a Londres en 1665, son introducidos en la urna de Joss. «-Y primeramente para evitar la infección procedente de la tierra, hay que guardar las calles limpias y las casas, barriéndolas y quitando las inmundicias tanto humanas como de otros animales, teniendo principalmente cuidado con los mercados de pescados, carnicerías, triperías, en las que se hace ordinariamente acopio de excrementos sujetos a corrupción».  Por otro lado, extrañas marcas están empezando a aparecer en las portadas de diversos edificios de la ciudad; unos «cuatros invertidos», de unos setenta centímetros de alto, firmados con las iniciales CLT (correspondientes a la cita latina “Cito, longe fugeas et tarde redeas”, algo así como “¡Lárguese a toda velocidad y no aparezca por aquí por una buena temporada!”), símbolos que fueron utilizados en tiempos pretéritos para evitar la «Muerte Negra». El conocimiento de estos acontecimientos extraños llega a oídos del comisario Adamsberg, y su olfato perspicaz detecta algo siniestro. Es una sensación que se confirma cuando un cadáver carbonizado y lleno de pulgas es  descubierto en la Rue Jean-Jacques Rousseau número 117, y entonces, como no podía ser de otra manera, el pánico comienza a propagarse por toda la ciudad.

BAJO LOS VIENTOS DE NEPTUNO (Sous les vents de Neptune, 2004)

En esta narración Fred Vargas organiza una novela que aglutina, no sólo las consecuencias derivadas del «virtuosismo» de un asesino en serie en el manejo de un tridente, sino también el traslado de su escuadra a Canadá. El comisario Jean-Baptiste Adamsberg y siete de sus oficiales se están preparando para recibir un cursillo de formación forense en Quebec. Unos días antes de su partida Adamsberg es conocedor de la noticia del asesinato de una mujer que ha recibido tres puñaladas en el estómago, y sobre el que el presunto asesino no tiene conciencia de culpa. Una serie de crímenes similares, entre ellos uno en el que se acusó en su día al hermano de Adamberg, se produjeron hace 16 años. -«Está muerta, Jean-Baptiste, está muerta, la han matado». Le puse la mano en la boca, le lavé las manos y le arrastré fuera. Lloraba. Le hice preguntas y más preguntas. «¿Qué ha pasado Raphaël? Cuenta, hostia.» «No lo sé», respondió. «Estaba allí, de rodillas, en el depósito de agua, con sangre y un punzón, y ella, Jean-Baptiste, ella estaba muerta, con tres agujeros en el vientre»-.

En Quebec Adamsberg se da de cara con el asesinato de una muchacha a cuchilladas, algo muy parecido a lo que vivió 16 años atrás con su hermano. Y ello le da pie para sacar a la luz ocho carpetas numeradas, ochos expedientes de asesinato, ocho crímenes escalonados de 1949 a 1983, ocho casos cerrados, ocho culpables atrapados casi con el arma en las manos. Toda una cadena de desafueros, cometidos por el misterioso «Tridente», un personaje al que Adamsberg ya ha puesto nombre. «En mi aldea de los Pirineos había un viejo al que nosotros, los mocosos, llamábamos el Señor. Los mayores le llamaban por su cargo y su nombre: el juez Fulgence.» Ello no tendría nada de extraño si no fuera por el hecho de que él asistió al funeral de ese hombre quince años atrás.

LA TERCERA VIRGEN (Dans les bois éternels, 2006)

Veyrenc se enamora perdidamente de Camille Forestier, la adorada de Adamsberg. No en vano ambos provienen de la misma región montañosa de Pau, región llena de rencores antiguos. Veyrenc es gascón, bearnés del valle de Ossau y Adamsberg, pirenaico del valle del Gave, vecinos que nunca se entendieron bien. La gente de aquellos lares podía matar por un pedazo de terreno. Adamsberg, receloso, visita a «el Nuevo» sin más objetivo que extirparlo de la proximidad de Camille. 

El equipo tiene que resolver varios misterios. El enterramiento de una mujer joven es perturbado; los profanadores reciben mucho dinero por abrir la tumba y su silencio les cuesta la vida. Resultan ser dos hombres degollados en Porte de la Chapelle, a pocos cientos de metros uno de otro. Dos pringados, dos bandidos de poca monta que trapicheaban en el Mercado de las Pulgas. La brigada de Estupefacientes y la de Homicidios se disputan el caso. Por otra parte, una enfermera -«El ángel de la muerte»-, que ha asesinado en serie a treinta y tres de sus pacientes, se escapa de su encierro. Es una asesina disociada, un individuo compuesto de dos partes no encajadas, una que mata y otra que vive con normalidad, ignorándose ambas de forma más o menos perfecta. Una forma peligrosa de psicopatía. En Normandía, dos ciervos han muerto y sus corazones han sido extirpados. Mientras tanto, Danglard ha encontrado una poción del siglo XVII que asegura la vida eterna y que alguien está tratando de volver a crear.

UN LUGAR INCIERTO (Un lieu incertain, 2008)

Diecisiete pies cortados a la altura de los tobillos, calzados en sus respectivos zapatos, son descubiertos frente al famoso cementerio de Highgate de Londres, donde reposan, entre  otros, los restos de Karl Marx y Charles Dickens. Este es el punto de partida de la nueva intriga policial ideada por Fred Vargas para su décima novela, «Un lugar incierto». El comisario Jean-Baptiste Adamsberg, tiene que cruzar el canal de la Mancha para asistir a un seminario internacional de tres días de coloquios, conferencias y debates, cuando se ve involucrado en el misterio de un necrófilo que dedicó su tiempo a cortar y coleccionar pies. Su fiel comandante Danglard reconoce un zapato que podría ser de su tío muerto hace veinte años, o de un primo, o de un hombre del mismo pueblo; lo cierto es que es un pie serbio, porque el tío de Danglard era serbio. Y como bien razona el propio comandante: «¿Qué puede meterse en unos zapatos? ¡Pies!. Y generalmente los propios. O sea que si los zapatos son de mi tío, hay muchas posibilidades de que los pies que están dentro le pertenezcan.»

Si en Londres los acontecimientos están irrigados de un carácter paradójico, en París, a la vuelta, un terrible asesinato deviene en un auténtico desatino. Un solitario hombre rico, vecino del barrio de Garches, periodista especializado en temas judiciales, aparece cortado, troceado y triturado en un montón de piezas de sangre, carne y hueso, repartidas a discreción por toda su casa. Los sospechosos no se hacen esperar: un hijo repudiado desde el nacimiento, el jardinero a quien la víctima ha dejado toda su fortuna, la familia de un pintor que busca venganza por la muerte de su hijo... Si algunas de las novelas anteriores de Vargas tenían un ligero toque surrealista, «Un lugar incierto» rebosa el vaso de la irracionalidad; la novela nos muestra a Adamsberg y su camarilla luchando contra un hombre que se considera a sí mismo digno sucesor de Drácula. ¡Ahí es nada!

EL EJÉRCITO FURIOSO (L'Armée furieuse, 2011)

Una mujer de edad, frágil y poseída por el pánico, viaja a París para ver al comisario Jean-Baptiste Adamsberg, el único policía en quien confía, con la intención de solicitar ayuda para la peculiar aflicción a la que se ve sometido su pueblo natal de Ordebec. Su hija ha tenido una visión: unos jinetes fantasmales atacan a las «manzanas podridas», de la sociedad, aquellos que son culpables de alguna fechoría. Uno de estos hombres ha desaparecido, y parece que tres más se encuentran en una situación similar, a menos que Adamsberg pueda hacer frente a  las fuerzas de la superstición que tienen sojuzgado al pueblo.

Adamsberg, acosado por sus propios problemas, se alegra de tener una excusa para escapar de París, aunque no mantenga ningún vínculo real con este caso. Entabla así amistad con una anciana del pueblo que conoce íntimamente al extraño grupo de personajes de Ordebec. Léo, la anciana, es Léone Marie de Valleray, condesa de Ordebec. Cuando Léone es encontrada tendida en las baldosas del comedor de su casa con la cabeza bañada en un charco de sangre, Adamsberg se decide a resolver el caso con la ayuda de su extraño elenco de ayudantes.

TIEMPOS DE HIELO (Temps glaciaires, 2015)

Alice Gauthier, una respetable profesora de matemáticas, aparece en su bañera con las venas abiertas, en lo que aparentemente pasa por ser un suicidio. Sin embargo, una semana antes, la Sra. Gauthier había tratado de enviar una carta a un cierto Amédée Masfauré, pero cuando tuvo el buzón frente a sí se le nubló la vista y cayó derrumbada en brazos de una mujer de rojo. Ésta, tras darle siete vueltas a lo que pensaba hacer, depositó la carta en el pequeño receptáculo amarillo. El comisionado Bourlin, del distrito 15 de París, menciona esta muerte a su colega el Comisario Adamsberg. De hecho, uno de los acólitos del comisario, el comandante Danglard, es requerido para que aporte algo de luz sobre una señal misteriosa que aparece grabada en el lateral blanco del tocador anejo a la bañera de la muerta. Se trata de dos líneas verticales, y entre éstas, dos transversales superpuestas, una línea cóncava y una barra central oblicua.

El comisionado Bourlin, acompañado de Adamsberg, visita a Amédée Masfauré, destinatario de la carta de Alice Gauthier. Éste vive en Haras de la Madeleine, en el municipio de Sombrevert, donde su padre, Henri Masfauré, acaba de suicidarse  muy pocos días antes de un tiro en la boca. Y, para no ser menos, el mismo signo que el encontrado en el baño de la Sra. Gauthier aparece mellado en el cuero de la carpeta de la oficina del muerto. Posteriores investigaciones llevan al descubrimiento que Amédée Masfauré se reunió con la Sra. Gauthier, en casa de ésta, el día anterior a su muerte. Allí fue puesto al corriente de las circunstancias que concurrieron en el fallecimiento de su madre, una década antes. Alice Gauthier formaba parte de una expedición a Islandia, que involucró a Marie-Adelaide, madre de Amédée, a su padre, Henry, y al secretario de éste, Víctor, cuyo apellido es, sospechosamente, Masfauré...
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domingo, 30 de octubre de 2016

TIEMPOS DE HIELO. (Fred Vargas)

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TIEMPOS DE HIELO (Temps glaciaires)
Fred Vargas
TRADUCCIÓN: Anne-Hélène Suárez  Girard
EDICIONES SIRUELA, S. A.
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¡Cuidado, porque estamos a punto de vernos rebotados desde el Círculo Polar Ártico hasta Robespierre! Cuatro años después de la publicación de «El ejército furioso», Fred Vargas regresa con «Tiempos de hielo», una de esas grandes novelas a las que ella nos tiene acostumbrados. ¿Cómo consigue esta mujer involucrarnos en semejantes enredos?... ése es su secreto. Y lo cierto es que siempre resulta eficaz. Y sin necesidad de irse por las ramas. 

Nos reencontramos aquí con la brigada criminal del decimotercer distrito de París. Con el extraño y poco convencional Adrien Danglard, el mayor consumidor académico de vino blanco, al igual que con la rolliza Violette Retancourt, un acorazado rubio capaz de arrasar con todo. Con el pirenaico Veyrenc, un individuo de pelo bicolor que ejerce de poeta convencido. Con Voisenet, un especialista en peces de agua dulce. Con Mercadet, un enfermo de narcolepsia, cuya adicción al sueño lo empuja a largas horas de ausencia... Y, por supuesto, con el asocial y asilvestrado comisario Adamsberg, pequeño personaje de color marrón, que basa todos sus juicios en el instinto; un soñador irracional que toma decisiones incomprensibles para sus hombres. En «Tiempos de hielo», Adamsberg -Jean-Baptiste- se enfrenta a un doble suicidio, a dos víctimas hermanadas por un símbolo garabateado cerca del cadáver, una especie de “H” tachada por dos trazos irregulares. Éste es sólo el comienzo de una gran historia, que se extiende a una pequeña y salvaje isla islandesa antes de enfrentar a nuestros oficiales de policía nada menos que a ¡las grandes figuras de la Revolución Francesa!

Alice Gauthier, una respetable profesora de matemáticas, aparece en su bañera con las venas abiertas, en lo que aparentemente pasa por ser un suicidio. Sin embargo, una semana antes, la Sra. Gauthier había tratado de enviar una carta a un cierto Amédée Masfauré, pero cuando tuvo el buzón frente a sí se le nubló la vista y cayó derrumbada en brazos de una mujer de rojo. Ésta, tras darle siete vueltas a lo que pensaba hacer, depositó la carta en el pequeño receptáculo amarillo. El comisionado Bourlin, del distrito 15 de París, menciona esta muerte a su colega el Comisario Adamsberg. De hecho, uno de los acólitos del comisario, el comandante Danglard, es requerido para que aporte algo de luz sobre una señal misteriosa que aparece grabada en el lateral blanco del tocador anejo a la bañera de la muerta. Se trata de dos líneas verticales, y entre éstas, dos transversales superpuestas, una línea cóncava y una barra central oblicua.

El comisionado Bourlin, acompañado de Adamsberg, visita a Amédée Masfauré, destinatario de la carta de Alice Gauthier. Éste vive en Haras de la Madeleine, en el municipio de Sombrevert, donde su padre, Henri Masfauré, acaba de suicidarse  muy pocos días antes de un tiro en la boca. Y, para no ser menos, el mismo signo que el encontrado en el baño de la Sra. Gauthier aparece mellado en el cuero de la carpeta de la oficina del muerto. Posteriores investigaciones llevan al descubrimiento que Amédée Masfauré se reunió con la Sra. Gauthier, en casa de ésta, el día anterior a su muerte. Allí fue puesto al corriente de las circunstancias que concurrieron en el fallecimiento de su madre, una década antes. Alice Gauthier formaba parte de una expedición a Islandia, que involucró a Marie-Adelaide, madre de Amédée, a su padre, Henry, y al secretario de éste, Víctor, cuyo apellido es, sospechosamente, Masfauré...

En este viaje un legionario -Eric Courtelin- y Marie-Adelaide Masfauré fueron asesinados por un desconocido que aterrorizó, sin motivo aparente, a los demás excursionistas. Hasta el punto de que nadie ha abierto la boca acerca de lo que sucedió durante ésta insólita expedición a una isla de Islandia, la isla de Grímsey, donde lograron sobrevivir gracias a la caza de focas realizada por el desconocido... Para más inri, un tercer cadáver, el de Jean Breuguel, es encontrado en su apartamento en el distrito 15 de París. En su biblioteca aparecen tres nuevos libros sobre Islandia. Y sobre un pedestal de la cocina, grabado a punta de cuchillo, el mismo signo misterioso...

Adamsberg recibe una carta del Presidente de la «Asociación de Estudios de los Escritos de Maximilien Robespierre», un tal François Château, invitándole a una reunión secreta. La tal asociación organiza congresos donde sus militantes, disfrazados con atuendos de la época revolucionaria, reconstruyen las sesiones más memorables de la Asamblea Constituyente y la Convención, en una atmósfera revolucionaria. Los ex-turistas irlandeses de una década atrás, que tienen tendencia a desaparecer uno tras otro como en una novela de Agatha Christie, de repente aparecen en una lista de miembros de esta misteriosa asociación, como militantes de base, lista enviada a la policía por el Presidente bajo la apariencia de un conspirador, como en una novela de Alejandro Dumas. 

Como ya sabemos de ocasiones anteriores Fred Vargas no se detiene ante nada para divertirse y entretener al lector. Esta mujer tiene una imaginación de raíz fabulosa y ama las pistas falsas. En sus historias recurre a los vampiros, o al hueso del corazón de un ciervo, ese fetiche de hechicera que también figuraba entre los mejunjes brujeriles de la Celestina, o, ya en «Tiempos de hielo», a la inteligencia vigilante de la piedra que otorga la vida eterna. El amante de la novela negra que pone el pie por primera vez en el particular mundo de Vargas, muy alejado de los cánones leales al género, probablemente tendrá problemas para «poner allí sus crías». Lo cierto es que para recrear historias repletas de fantásticas leyendas Vargas no tiene igual. Ayer fue la “mesnada" Hellequin” en «El ejército furioso», esta vez el “afturganga”, una especie de muerto viviente que habita en la isla del Zorro, frente a las costas islandesas. En resumen, hay algo que no se puede negar: ¡Vargas, que lleva publicando novelas de detectives  durante casi treinta años, está en plena forma!
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viernes, 21 de octubre de 2016

DÍAS CONTADOS. (Juan Madrid)

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DÍAS CONTADOS
Juan Madrid
ALIANZA EDITORIAL, S. A.
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«Días contados» no es una novela negra. Juan Madrid deja de lado en esta obra el género policíaco para desmitificar una década que no es tal como nos la han descrito. Aquí no nos encontramos con asesinatos ni con sus subsiguientes investigaciones, aquí nos tropezamos con un relato convulso y fascinante, —se pregunta uno si se podía esperar otra cosa de Juan Madrid—, agridulce y a la vez brillante, sobre los desechos generados por una quimera. 

«Días contados» es la historia de un viaje a la parte virtual del espejo en el que se reflejaba la familia socialista, contada con el arte y la experiencia de un autor muy experimentado en el género de la novela criminal. «Días contados» es una novela social, una doctrina sobre la ciencia de la conducta, sobre el amor, sobre los efectos de la política en la gente corriente, y sobre el Madrid de la década de los 80. «Soy periodista de sucesos desde hace 20 años, y en mi trabajo diario viví lo que luego conté en mis historias. Pero me equivoqué, porque en España no existe un lector específico de novelas de género negro. Además, cada escritor tiene derecho a sacar a la luz sus obsesiones, y la mía sigue siendo la política.»

«Días contados» se sostiene sobre dos líneas argumentales de sustancial importancia: por una parte, una triste historia de amor, lastimosamente corriente, complicada en su desarrollo y muy bien concebida en cuanto a su tratamiento; y un ajuste de cuentas entre un policía y un traficante de drogas, contado todo ello al más puro estilo de su autor, Juan Madrid, no en vano uno de los máximos exponentes de la novela negra española y europea. A esto hay que añadir un componente documental muy profundo, que permanece ligado a la narración y que, a veces, se arroga las formas de una crónica informativa.

La historia de «Días contados» gira en torno a la figura de Antonio. Antonio es un fotógrafo madrileño que se traslada a vivir al barrio de Malasaña, un barrio pobre donde proliferan la prostitución, las drogas y la delincuencia. Su objetivo es realizar un reportaje fotográfico de los efectos de la «Movida madrileña» de los años ochenta, todo ello con el objetivo de realizar una guía de la misma dirigida a la clase social alta que acuda a Madrid atraída por la Capitalidad Europea de la Cultura 1992. La relación de Antonio con las gentes del barrio de Malasaña es el fundamento en el que Juan Madrid se sostiene para desplegar su retrato histórico de la sociedad madrileña de principios de aquellos años noventa, contemplando dos realidades sociales manifiestas. Por un lado la sociedad medio-alta y por otro los estratos más bajos y el submundo donde malviven los marginados, submundo éste en el que palpitan los personajes de la novela. De ambas realidades, siempre con Antonio como vínculo de conexión, se contrastan sus códigos de funcionamiento, sus relaciones sociales, sus espacios de ocio, sus posibilidades laborales, sus estructuras familiares y la forma que tienen de expresarse en el amor, en el sexo... Con Antonio y su cámara transitamos por las buhardillas del barrio de Malasaña, los pomposos despachos del Paseo de la Castellana, los tugurios de copas, los conciertos al aire libre y las calles del distrito centro. Y de esta forma nos codeamos con incondicionales de la coca y el caballo, camellos, chivatos de la policía, maoistas frustrados, policías corruptos, antiguos abogados laboralistas reconvertidos en empresarios adinerados, jóvenes predispuestas a ofrecer su cuerpo por quince segundos de gloria en la tele y, mucha, mucha gente solitaria.

En «Días contados» las alusiones a tiempos pretéritos están a la orden del día, en un intento de justificar la situación actual de los personajes. Es ésta una época en la que los avances en el mundo de las comunicaciones y la imagen son espectaculares, pero, infelizmente, estos progresos no revierten en la mejora de la calidad de vida de los individuos. Y los personajes de la novela son conscientes de ello, incluso los de las clases altas, como los directivos de la “Guía de la Movida”, para los que trabaja Antonio. Ellos saben que deben cuidar las apariencias porque la realidad social que se esconde detrás es, de todo punto, indecorosa.

Cada uno de los personajes que aparecen en la novela simboliza un fragmento de la realidad ideológica de la década que quiere representar el autor. Antonio realiza su deambular por el mundo marginal de la mano de Charo, una joven drogadicta y hetera que, tras muchas vacilaciones, acaba por convertirse en su amante. Charo, Vanessa y Rosa trabajan como prostitutas para altos empresarios; Lisardo es un camello y un chivato de la policía que vive a expensas de un padre explotador dedicado a turbios negocios urbanísticos; Ugarte es un joven en busca de futuro, que ha debido conformarse con breves ocupaciones en empresas de trabajo temporal. Las clases sociales más altas tampoco presumen de una vida muy decorosa: los policías entran en los domicilios particulares sin orden judicial alguna, realizan sus propios ajustes de cuentas, manipulan a los chivatos... Los empresarios, especuladores inmobiliarios de nuevo cuño, requieren los favores de prostitutas para sus celebraciones de alto standing. Todos comparten, eso sí, un pasado del que no han podido desprenderse. Los más desgraciados, alimentados con la violencia de género,  arrastran familias pobres, afines al machismo. Son nihilistas existenciales condenados al fracaso, aquellos que no pudiendo encontrar la salida de su personal carretera al infierno apuntan a una ciudad llamada «Esperanza». Son personajes que nacieron para no triunfar y solo les queda soñar. «Ayer soñé que era una princesa, es para mondarse, ¿no?», reza Vanessa con las pupilas dilatadas por las pastillas, el alcohol y el chute que se ha dado.

A pesar de la diferencia existente entre estas dos clases sociales, ambas se manifiestan como dos seres que se necesitan. Ambas convienen en su deseo de progresar, hasta que al final de la novela el protagonista, Antonio, descubre que la verdadera realidad de la década de los noventa es la de la clase marginal. «Después de que vuestro Franco muriera, después de la democracia, ésto es lo que queda. Chicas podridas por la droga que tienen que prostituirse para sobrevivir, gente que no sabe qué hacer ni adónde ir, atrapados en sus sueños vanos. Personas que morirán enseguida. Estas fotos son un documento espeluznante del final de una época, Pascual. La nuestra. Nuestro tiempo.»
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domingo, 16 de octubre de 2016

PRIMERA EDICIÓN: «LAURA». (VERA CASPARY)

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LAURA
(LAURA)
VERA CASPARY
HOUGHTON MIFFLIN COMPANY (EE.UU.)
1943
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