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sábado, 24 de diciembre de 2016

OBSERVADA. (Renée Knight)

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OBSERVADA (Disclaimer)
Renée Knight
TRADUCCIÓN: Carlos Mayor
SALAMANDRA BLACK
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No es «Observada», -tal como la conocemos en español; algo así como «Renuncia» o «Negación», si aceptamos la traducción literal del inglés-, una novela que se adapte a los cánones establecidos en la apertura de este género de literatura. «Observada» no comienza con un asesinato más. Tampoco con el descubrimiento de un cadáver. El primer movimiento de su autora, Renée Knight, es algo especial; es un movimiento hecho con «imaginación». Sigan ustedes leyendo y descubrirán el por qué.

Catherine Ravenscroft, una exitosa cineasta de documentales recibe un libro titulado «El perfecto desconocido». Durante el transcurso de su lectura ella se siente reconocida en la heroína de la historia y comprueba horrorizada que en él se relatan detalles de unos sucesos ocurridos en su vida veinte años atrás, unos sucesos que ella ha tratado por todos los medios de olvidar. El terrible secreto que encierra el libro es capaz, de llegar a hacerse público, de destruir la armonía que ha presidido su vida y su matrimonio durante todos esos años. Ella es consciente de que alguien rencoroso, que no la aprecia bien, ha descargado su responsabilidad en el libro.

La Sra. Knight es nueva en estos menesteres de la escritura y viene precedida de algunos créditos en la televisión. Nada hacía suponer que pudiera saltar al campo de la literatura criminal y situarse en primera línea con su «ópera prima». Pero éso es precisamente lo que ha hecho, con una historia asombrosamente inteligente y retorcida, diseñada para mentes ávidas de emociones. Su primera genialidad, después de poner al lector al corriente de las trivialidades de la vida de Catherine, ha sido retrotraerlo dos años en el tiempo, y aprovechar la ocasión para introducir la figura de la persona que se ha empeñado en atormentarla.

Es ésta persona un viejo maestro de escuela retirado, llamado Stephen Brigstocke, un viudo, que descubre un buen día entre las pertenencias de su difunta esposa un manuscrito horripilante. La figura de Brigstocke adquiere un halo siniestro y sospechoso en ésta novela. Su esposa, Nancy, es descrita con tal realismo que no es fácil llegar a saber si, al igual que la madre de Bates en «Psicosis», está viva o muerta. En ésta parte del libro, -unos capítulos que se alternan con los que narran las vicisitudes de la vida de Catherine-, relatada en primera persona para estar mucho más cerca del lector, se describe como Brigstocke no duda en transcribir el libro, operación que le ocupa un año, y enviarlo a Catherine, debidamente encuadernado. Éste, el libro, contiene detalles de un terrible secreto que ella ha mantenido oculto a su marido y a su hijo durante todos esos años. La otra persona que sabe lo que realmente ocurrió, Nancy, está muerta, pero «El perfecto desconocido» sugiere que el secreto de Catherine no se enterró con ella.

«Observada» se cuece a ritmo lento, con un Stephen que se sitúa en posición de acechar a Catherine y una Catherine que intenta subrepticiamente averiguar cómo rayos entró el maldito libro en su casa. («¿Cómo coño ha entrado esa novela en su casa? No recuerda haberla comprado. Es como si hubiera aparecido de repente en el montón de libros de su mesilla de noche»). Ambos mantienen diferentes puntos de vista y parecen guardar secretos el uno del otro. En un terreno paralelo Stephen y Nancy también mantienen un matrimonio lleno de secretos. («¿Cómo podía haber metido Nancy aquellas fotos en nuestra casa? ¿Cómo podía habérmelas escondido, haber permitido que infectaran nuestro hogar?»). Y para colmo cada pareja tiene un hijo, un aspecto de la trama, éste, que finalmente va a tener una trascendencia notable.

Tanto Catherine como Stephen son demasiado inteligentes para sostener las mismas estrategias de forma indefinida. Ella decide dejar de tener miedo y pasar a la ofensiva. Mientras tanto es inevitable que Richard Ravenscroft y Nick, el hijo que comparte con Catherine, lean «El perfecto desconocido» y descubran el secreto por sí mismos. Nick lo lee sin llegar a darse cuenta que tiene algo que ver con su madre; es por ello que recibe la ayuda de Brigstocke, quien lo ilustra sobre la verdad a través de internet: «Pobre Nick. Está esperándome, quiere más información sobre las fotos. ¿Quién las hizo? Y se lo cuento. Luego cuelgo la imagen de Jonathan que he elegido... Y añado las palabras: “Jonathan Brigstocke. 26 de junio de 1974 – 14 de agosto de 1993. Un perfecto desconocido que murió al salvarte la vida”.»

A través de la historia de Stephen y de los hechos recogidos en  «El perfecto desconocido» el lector comienza a comprender como se llegó a gestar el libro. Y quién lo escribió en realidad. Y qué postulados de su articulado pueden catalogarse de locos y de poco fiables. La Sra. Knight demuestra en todo momento un agudo sentido de la oportunidad. Ella sabe exactamente cuándo llevar la acción hasta los límites del suspense y cuando enfrentar directamente, cara a cara, a Catherine con Stephen. Ésto último se produce cuando ella decide presentarse en casa de éste y dejar un mensaje en el correo. En él le insta a hablar, a cambiar sus puntos de vista. Stephen, como ya el lector podrá suponer, se siente ofendido y no responde. «Ha sido como si metiera una serpiente sin ojos –hace referencia al brazo de Catherine- por el buzón... Tendría que haberle dado un hachazo. Pero me equivoco de criatura endemoniada. Es más sirena que medusa. Hemos detectado la maldad de su voz, que trataba de atraernos hacia la puerta y luego ha cantado por el teléfono. Ahora resulta que quiere que la escuchemos. Tiene algo que decir. Bueno, pues es demasiado tarde.»

Si, como ya comentamos, «Observada», no se ajusta a los patrones de apertura establecidos para este tipo de literatura, su cierre es aún más sorprendente. Me cuesta elucidar con rotundidad si el desenlace de la novela nos conduce a la normalidad o si, por el contrario, es un exceso de crudeza. Cierto es que Catherine ocultó durante dos décadas su fatídico «escarceo» amoroso con un veinteañero; «escarceo» que degeneró en un aterrador desenlace. Como consecuencia de ello el Sr. Brigstocke la hizo pasar por un verdadero infierno, hasta que reconoció su error. La Sra. Knight tenía todos los motivos para contentarse con éso. Pero ella decide llegar más allá y recrea un final que podríamos catalogar de «resentido». Esta decisión habrá levantado no pocas ampollas entre aquellos que se muestren partidarios de abandonar el relato allí donde el Sr. Brigstocke reconoce su culpa y aquellos otros que, por el contrario, ven en su «terminación adicional» un motivo más de entretenimiento. Usted, amigo lector, tiene la palabra. 
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