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viernes, 2 de diciembre de 2016

EL MUERTO SIN DESCANSO. (Donald E. Westlake)

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EL MUERTO SIN DESCANSO (The Busy Body)
Donald E. Westlake
TRADUCCIÓN: Emilio Gallego
BARRAL EDITORES
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Aloysius Eugene Engel, de ascendencia irlandesa y judía, es el hijo de de Fred P. Engel, un personaje que trabaja a sueldo para la Organización tomando apuestas y cuya falta de dirección en la vida le llevó a convertirse en un simple mensajero de su jefe, el Sr. Mayershoot. El Sr. Engel tenía la mala costumbre de dilapidar sus ahorros en las apuestas a los caballos lo que motivó que Engel Jr. creciera en un hogar constantemente amenazado por el caos financiero. La dominante esposa del Sr. Engel era, y es, una mujer ambiciosa y desea que su hijo acuda a la universidad. Ella no duda en usar la información que le proporciona su marido para impulsar la carrera de su hijo. No es que el padre de Engel hubiera estado colocado nunca lo suficientemente alto en la Organización como para manejar información importante, pero su patrón, Ludwing Meyershoot sí, y es éste quien le pone al corriente de una trama que trata de acabar con la vida de Nick Rovito, el jefe del grupo. Por lo tanto, Engel Jr. es promocionado a una posición en la que puede decirle a la cara al jefe del equipo, Nick Rovito, que su mano derecha está a punto de traicionarle y en el proceso, Engel Jr. termina ocupando el lugar de aquél. Engel mata inadvertidamente al tipo que está traicionando a Rovito, sin pensar siquiera en ello, ya que cuando aquél está a punto de estrangularlo, Nick amablemente le arroja un arma de fuego, que Engel no duda en vaciar, con los ojos cerrados, en el cuerpo del conspirador.

La historia comienza en serio con el funeral de alguien muy poco importante, un pelanas, un personaje llamado Charlie Brody que ha estirado la pata en cumplimiento de su deber. El único trabajo de mediana significación que realizó Charlie en su vida fue transportar grandes cantidades de narcóticos cosidos a su traje azul. Rovito siente como que no se ha celebrado un buen funeral en bastante tiempo, y recrea una pomposa despedida para Brody. Aunque tarde, toma conciencia de que la afligida viuda, ex prostituta ella, ha elegido ese traje azul para enterrar a su marido. Un traje con un cuarto de millón de dólares en drogas cosido a la chaqueta.

A Engel le toca pues ir a desenterrar a Charlie y obtener la chaqueta del traje. En el proceso, después de que un joven repudiado por la Organización le ayude a desenterrar a Brody, Engel debe golpearlo con la pala y enterrarlo en la tumba de Charlie. Y he aquí el gran problema, el ataúd de Charlie aparece vacío, y Engel se encuentra ahora en serios problemas con su jefe. Ya es bastante jodido tener que jugar a ladrón de tumbas, pero ahora el juego se endurece, Engel debe asumir el papel de detective, resolver el caso del cadáver desaparecido, y recuperar las drogas, o al menos averiguar que ha ocurrido.

«-Más me hubiera valido ir a la universidad- se queja Engel, como quería mi madre. Más  me hubiera valido ser un hombre decente y aceptar los flechazos de la terrible fortuna. Tengo dinero, prestigio, el respeto de mi comunidad, pero ¿vale la pena? ¿Vale la pena estar metido con un bestia como ésta tirado ahí en el piso? Para ir a cavar tumbas y romperle la cabeza a la gente con una pala y conducir un auto con cambios estándar y perderse cuarenta veces en Brooklyn y asociarse con bestias como Willy Menchik a esta hora de la noche, más me hubiera valido ser lechero»

Engel acude a la funeraria donde se preparó el cadáver de Charlie para su enterramiento y allí pide hablar con el director  de pompas fúnebres. Pero, ¡oh intrigante destino!, éste es descubierto por Engel en su estudio con un cuchillo en la espalda. Y para más inri, en ese momento, la atractiva esposa del difunto lo descubre y empieza a gritar. Y así nos damos de cara con Engel huyendo de lo que parece representar, más o menos, la mitad de la policía de Nueva York.

Ante cada nueva dificultad que se le presenta en su vida Engel se consume en un aura de melancólica renuncia, porque el destino está decidido a jugarle una serie de interminables bromas, y él tiene que decir algo al respecto, aunque sólo sea para que quede claro que no está de acuerdo con el tratamiento totalmente inmerecido que recibe de los poderes superiores. Engel es una creación seminal de Donald Westlake; un prototipo, si se quiere. Aloysius Engel es el embrión de John Dortmunder, un brillante y a la vez hilarante maestro de la mala suerte criminal, salido de la mente del genial Westlake.

En su carrera de casi cinco décadas, Westlake, que murió en 2008, creó un catálogo, tan variado y extraordinario, que abarca el crimen –desde ambos lados de la ley-, la ciencia ficción, la crítica, la ventura y no pocas agradables rarezas que no encajan en ninguna categoría. Westlake fue increíblemente prolífico y altamente legible; tenía un sólido fundamento de seguidores leales y gozaba del respeto entre sus pares. Él es conocido por muchos por sus novelas cómicas, la más popular de las cuales contó con un personaje de imborrable memoria que responde, como se comentó con anterioridad, al nombre de John Archibald Dorrtmunder. «La literatura cómica de cualquier tipo es la más difícil de escribir», dice Otto Penzler –amigo de Westlake en vida de éste-, editor y propietario de la Mysterious Bookshop de Manhattan.

Todo ésto puede explicar por qué Westlake no es más famoso fuera de los círculos de la escritura criminal, y por qué a veces es fácil pasar por alto que fue, al menos, uno de los escritores estadounidenses más versátiles del siglo XX.
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