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jueves, 14 de agosto de 2014

ELMORE LEONARD: IN MEMORIAM

Ante el primer aniversario de la muerte de Elmore Leonard
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El próximo día 20 de agosto se cumple el primer aniversario de la muerte del escritor Elmore Leonard. Es imposible ignorar la energía que emana de su novela negra. Sin embargo el reconocimiento a su trabajo le llega tarde: es en 1992 cuando la organización “Mystery Writers of America” le concede su máximo galardón, el “Gran Maestro”. Leonard nace en Nueva Orleans. Su padre es un ejecutivo de General Motors, cuyo trabajo conlleva una existencia nómada para toda la familia. Pasa los primeros 10 años de su vida viajando por el sur de Estados Unidos motivo por el cuál conserva rastros de acento sureño. Se  gradúa en la “University of Detroit Jesuit High School” en 1943. Inmediatamente después se une a la Marina donde sirve con los Seabees durante tres años en el Pacífico Sur. Se gradúa en 1950  con una licenciatura en Inglés y Filosofía por la Universidad de Detroit. Durante 11 años, a partir de 1950, trabaja como redactor publicitario con Campbell-Ewald, agencia de Detroit, dedicado a escribir anuncios de coches. Durante ese período de su vida se levanta a las cinco de la mañana y redacta ficción durante dos horas antes de ir a trabajar. Después de dejar la agencia, pasa varios años componiendo guiones para películas educativas. De estas experiencias extrae una línea de conducta que acompaña a su ficción durante toda su vida: “No digas lo que ves, no describas lo que es obvio.” Ese aparente desapego es una de las características distintivas de su ficción. “Yo no quiero que usted tome conciencia de mi existencia en mis libros. Cuando usted está leyendo una novela no quiere que la gente le diga cosas, quiere verlo, escucharlo por sí mismo”.

Obtiene su primer  éxito cuando la revista “Argosy” publica su primer cuento, “Trail of the Apache” (“El sendero de los Apaches”), en 1951. Sus primeras ficciones, ya sea cuentos o novelas de larga duración, que publica durante la década de los años 50 y primeros años 60, son westerns, porque, según confiesa más tarde, le gustan las películas de vaqueros. En total publica más de 30 cuentos. En sus comienzos son las revistas las que compran su trabajo, no sólo pulps, sino también las más respetables “Argosy” y “Saturday Evening Post”. Su primera novela, “The Bounty Hunters”, aparece en 1953. Como la mayoría de los escritores de westerns, los argumentos de sus obras son extraídos del universo de su propia imaginería. En 1967 sus ventas son lo suficientemente importantes como para permitirle abandonar la ficción publicitaria. No pasa mucho tiempo antes de que Hollywood lleve sus novelas al celuloide. Cinco de ellas son representadas en la gran pantalla antes de 1972. “The Tall T” (“Los cautivos”, 1957), dirigida por Budd Boetticher, y “3:10 to Yuma”, basado en una historia publicada en 1953, y filmada por Delmer Daves en 1957. Su novela de 1961 “Hombre” es filmada en 1967 por Martin Ritt, con Paul Newman entre sus principales estrellas, pero, a pesar de que recibe 10.000 dólares por los derechos de pantalla, Leonard se da cuenta de que el mercado de los westerns está llegando a su fin. Dado su talento para el diálogo, encauza su labor profesional y se entrega a la escritura de guiones de cine: entre los más notables destacan “The Moonshine War” (“La Guerra Moonshine”), dirigida por Richard Quine en 1970 y “Joe Kidd” por John Sturges, en 1972. Continua publicando westerns, especialmente “Valdez Is Coming” (“Que viene Valdez”, 1970) y “Gunsights” (1979). Para entonces ya ha conseguido una notable reputación como escritor de novelas policiales. Éstas relacionan a Leonard con su verdadero entorno: la calle. Más tarde, amplía sus horizontes geográficos, escribiendo novelas ambientadas en Cuba y Ruanda, pero Detroit y Miami son sus puntos cardinales.

Lo que su escritura siempre muestra es la idea de cómo las nociones de ley y orden están en suspenso cuando los hombres se desesperan; y la desesperación, aunque impregnada de humor negro, es la atmósfera en la que los personajes de Leonard respiran. Cuanto más escribe, más grande es la sensación de sentimentalismo que emana de su obra, en parte heredada de sus escritos de westerns. La similitud estructural de la novela negra con sus western es suficientemente pronunciada. En 1997 sus obras de ficción le han hecho millonario, no sólo a través de la venta de sus libros, sino también a través de los ingresos derivados de los derechos de las películas: Burt Reynolds filma “Palo” en 1985, mientras que la película de Quentin Tarantino  “Jackie Brown” (1997) está basada en “Rum Punch”. Es el propio Leonard quien reconoce que Hollywood siempre ha apoyado su escritura. Tiene los ojos de un cineasta a la hora de  crear una escena y a la de insertar la acción en ella, sin embargo, es su diálogo abrasivo el que se muestra como su mayor activo; como Tarantino reconoce, la lectura de Leonard “me ha ayudado a entender mi estilo”. Leonard posee un oído agudo para las paradas y los arranques, los desvíos, zigzags y obscenidades de la conversación. Cada uno de sus “villanos” es una especie de “máquina diabólica” cuyo comportamiento impredecible permite que la acción se desarrollarse con el máximo riesgo para todo el mundo. Esos villanos, también, pueden ser esencialmente “el mismo tipo”, pero cada uno tiene un talento especial: Bobby Deo en “Riding the Rap” (1995), por ejemplo, es un jardinero cuidadoso que encuentra unos usos inusuales para sus tijeras de podar.

Si hay que calificar con una sola palabra la prosa de Leonard, ésta es “desnuda”, cuando él se sale de ella, los resultados  son poco convincentes: “Touch” (1987) es una fábula extraña que intenta reflejar el descubrimiento que Leonard hace del cristianismo y su abandono del alcohol, mientras que “Cuba Libre” (1998) es una especie de Cuba occidental. Sus novelas “Touch” (1987), “Get Shorty” (1990), “Out of Sight” (1996) y “Be Cool” (1999) son adaptadas al cine; “Out of Sight” también da lugar a una serie de televisión, “Karen Sisco”. El Marshall Raylan Givens, un personaje secundario que aparece en “Pronto” (1993) y posteriormente en “Riding the Rap”, se convierte en el foco de la serie de televisión “Justified”, para la que Leonard actúa como productor ejecutivo.

En 2001, el New York Times publica “Diez reglas en la escritura de Leonard”, consejos para aquellos que quieran acercarse a la escritura del autor: “Nunca abra un libro con el tiempo”, “Mantenga los signos de exclamación bajo control”, etcétera. Y agrega: “Mi regla más importante es la que resume la 10: si suena como escritura, lo reescribo”. Tal como lo describe Leonard suena fácil, pero por supuesto que no lo es. Sus mejores novelas son un barómetro perfecto de la América contemporánea.

Leonard se casa tres veces, en 1949 con Claire Beverly Cline (la pareja se divorcia en 1977); en 1979 con Joan Leanne Lancaster (alias Joan Shephard), quien muere en 1993; y ese mismo año con Christine Kent (la pareja se divorcia en 2012). Le sobreviven cinco hijos de su primer matrimonio, Jane, Peter, Christopher, Bill y Katy. Leonard pasa los últimos años de su vida con su familia en el condado de Oakland, Michigan. Sufre un derrame cerebral el 29 de julio de 2013. Los informes iniciales se decantan por su recuperación pero, el 20 de agosto de 2013, muere en su casa de Bloomfield Hills en Detroit. En el momento de su fallecimiento cuenta 87 años de edad.